Continúa la mini-saga de “Historias de Galia” con esta quinta parte. Vamos a ello.

Foto por sy parrish
Quinto día desde el comienzo del ataque draconiano a la Villa Laforet y Eliza apenas había pegado ojo. Lo que antes era un prado verde lleno de flores silvestres y rumiantes pastando a sus anchas, era ahora un erial marchito repleto de socavones allí donde los obuses hacen impacto. De ellos todavía se podía divisar el humo ascender a los cielos.
El capitán Müller se ofreció voluntario para formar la segunda columna de resistencia rural, un intento fingido de soldados bien entrenados y con suficiente equipamiento. De los doscientos hombres que Müller comandaba con el capitán Camile, quedaban vivos algo menos de la mitad, sin poder incluir al desdichado capitán que murió al desprenderse parte del techo del salón principal. Así que Müller se las apañaba como podía con ochenta y tantos hombres designando a sus “locos”, como los demás empezaron a llamar al grupo de doce que vino con Müller desde Riburgo, como tenientes y sargentos. Eliza en concreto fue ascendida a teniente.
La tarea de Eliza era muy sencilla; gritar a veinte hombres malnutridos y desesperados para mantener la línea oriental del enemigo. Dicha línea se materializaba en un muro bajo de piedra que había sido reforzado con una trinchera poco profunda y unos cuantos sacos terreros. Una ametralladora de 30mm descansaba por primera vez en muchas horas. Su artillero también lo hacía, pero con una diferencia de días.
-¡Teniente, blindados enemigos por el páramo! -el páramo era la zona más allá del perímetro de seguridad establecido en función del alcance de los morteros enemigos. Eliza hizo despertar al artillero de nuevo.
-¡Todos a sus puestos! ¡Quiero este muro intacto!
En realidad tal cosa era imposible, pues en el momento de sus palabras el muro era ya una montón más o menos compacto de polvo de piedra. A quinientos metros asomaron unas cabezas rectangulares terminadas en punta; cascos draconianos.
-¡Fuego preventivo!
La ametralladora pesada escupió munición incandescente trazando delgadas estelas fugaces en su trayectoria parabólica. Nubes rosadas y difusas se esfumaban en la lejanía allí donde las balas alcanzaban carne enemiga.
Para cuando los tanques blindados invandieron el perímetro de seguridad, Eliza ya estaba preparada para encontrarse con su destino. Había tomado la decisión de no dejar caer aquel muro aunque le costase la vida. Daría hasta la última gota de sangre por frenar al enemigo. Se encomendó en las manos de la furibunda diosa de la ira ciega, haciendo honor a su apodo de “Cazadora de cabezas”.
Espero que el retraso que esta sufriendo la saga no se deba a que no la terminaste
Tranquilo. Está todo hecho. No lo he publicado por: despiste, y por el partido del Madrid, que me ha hecho olvidar el relato que tocaba hoy xD (y eso que no soy del Madrid).
La publicación está programada para mañana a las 12.00
La canción es de las que más me han gustado hasta el momento.