[Historias de Galia] Sembrando penumbra

by shimohira

Tercera entrega de la nueva mini-saga. Os recuerdo que serán un total de 7 relatos cortos, cada uno de una longitud aproximada de 2 minutos de lectura. En total 14 minutos de media, así que no seas vago y deja la consola :P

Foto por mafate69

-¡Corred hacia la barricada! -la voz de un desvalido capitán intentaba alzarse entre el caos sinfónico de las baterías de artillería draconiana. Los proyectiles llovían sin cesar y las explosiones provocaban sangrados internos en los oídos de la resistencia de Riburgo-. ¡Moved el culo y tomad esa barricada de una maldita vez!

Eliza corrió con los demás hacia el objetivo marcado por el capitán sorteando los socavones en el asfalto levantado. A su alrededor la gente se desplomaba en rígidas trayectorias cuando era alcanzada por las balas enemigas. Todo sucedió muy rápido.

Cinco minutos después Eliza veía al capitán, con la cabeza sangrando, encender un cigarillo y llevárselo a la boca lentamente. Expulsó el humo como si estuviera haciendo una obra de arte suspendida en el aire. Miró a Eliza y asintió con aprobación.

-Lo has hecho bien, muchacha, no todos los días se asalta una barricada de esa forma -señaló a un montículo de madera astillada cerca de los pies de ella-. Quiero que te reportes esta misma noche en la tienda verde del campamento sur. Di que vas de mi parte. Ellos sabrán de qué va la cosa.

-¿La tienda verde, señor? -sin quererlo desvió la mirada de los ojos del capitán y terminó fijándola en un cadáver tendido entre dos barriles de explosivos. Tenía la boca abierta y los ojos enfocando el infinito del cielo gris. Espesas nubes cubrían el rostro del sol apagado.

-Así es, será la única tienda que veas de ese color, así que no tienes por qué preocuparte -sonrió de lado y volvió a esculpir arte en humo.

-Sí, señor.

Dos horas más tarde, Eliza caminaba cabizbaja por la antigua avenida Rickert pensando en las palabras del capitán. ¿Qué había hecho ella para merecerse un destino especial? Intentando hacer memoria sólo conseguía recordar los segundos anteriores al asalto, cuando sus compañeros de pelotón morían en medio de la calle y decían adiós a hijos secuestrados y hola a padres asesinados. Lo siguiente estaba borroso; fugaces imágenes relámpago asaltaban su mente sin conseguir un recuerdo nítido y duradero.

-¿Quién eres tú? -preguntó un joven en la entrada del campamento sur. Apuntaba con su fusil a Eliza.

-Vengo de parte del capitán Braün. Tengo que reportarme en una tienda de color verde.

-Otro más para los chalados de Müller… -pareció que se le escaparon las palabras sin querer-. Pasa. ¡Ah, por cierto! Tienes la cara manchada de sangre, límpiate antes de ver al capitán Müller… aunque mejor pensado seguro que le gusta, déjatelo.

Entonces Eliza se fijó en su uniforme por primera vez en el día; el verde militar estaba teñido de rojo ya oscurecido. ¿Qué había hecho en la barricada para que pareciera que se había bañado con la sangre de los draconianos?