Con Vendetta sigo mi ciclo de “Cartas en el humo” que desde hace tiempo es un proyecto serio y día a día va cogiendo más forma en mi mente y en el papel. Una vez más nos movemos al contexto de la III Guerra Mundial, con otra historia y otro personaje. Cada semana subiré algún boceto-experimento como este de hoy, es decir, lo que escribo en servilletas, esquinas de apuntes, hojas sucias… todo relacionado con el contexto de mi novela. Es por ello que no busquéis continuidad en los textos, solamente se relacionan en que viven del mismo tiempo histórico con idéntico trasfondo. Entre todos ellos formarán tarde o temprano un universo que espero sea lo suficientemente ancho como para dar muerte (ponerle fin vamos) a mi novela.
Y al final comprendí que todo formaba parte de una gran trama para obligarme a hacerlo. La muerte de mis padres, el despido, el embargo de la casa, el divorcio… todo formaba parte de su plan, pero para cuando lo supe ya estaba de mierda hasta el cuello. Al principio me sentó como una patada en el culo, toda mi vida se había esfumado en pocas semanas haciéndome pasar las peores horas de mi existencia. Todo lo que había conseguido con esfuerzo se desplomaba en la nada por la fuerza maquinadora de su plan. Pero ahora que estaba metido en el tema no podía quitarme de la cabeza una cosa: venganza.
Los disparos sonaban cercanos en aquel portal de mala muerte. Los cristales rotos crujían en el suelo y un coche atravesado en la calzada ardía en llamas formando una gruesa columna tóxica. Nadie pagaría por morir allí.
Tiempo atrás me distraía en el parque mirando los patos del estanque. La gente les echaba pan y esas cosas y ellos se acercaban confiados a la orilla. Algún crío de vez en cuando se ganaba un picotazo por arrimar demasiado la mano, entonces se ponía a llorar y la madre a toda prisa le cogía en brazos. Simplemente me gustaba ver todo aquello. Pero la guerra lo había cambiado todo. El parque era un cráter humeante y donde antes había un monumento de algún fulano, ahora una bomba sin explotar amenazaba con hacerlo de tanto en cuanto. Al menos días atrás, porque la verdad es que desde entonces no voy mucho por el parque.
Las circunstancias de la vida me habían obligado a meterme en la resistencia urbana, la milicia ya saben, bueno, al menos eso pensaba antes porque ahora que sé que todo formaba parte de sus planes no puedo seguir pensando en el azar. Así que los disparos que surcaban mi rostro en aquel portal hediondo a meados viejos no eran por casualidad, eran culpa de esos hijos de puta. Yo podría estar vendiendo latas de comida caducada en el mercado negro de Lyon, haciendo pan en Bruselas o robando gasolina en España para escapar a África, pero por su culpa estaba todavía en París pegando tiros y corriendo como un loco de portal en portal para salvar mi vida un día más.
Saben, no les recomiendo la guerra, en serio, es un asco. Pero sí que les diré que nunca olviden, nunca perdonen, sobre todo si mataron a sus padres y se llevaron a sus mujeres, sus casas y sus empleos sólo para obligarles a luchar. ¿Querían lucha? La tendrán, pero en la trinchera equivocada.
Espero con ansias esa novela. Promete mucho la verdad, pero este relato, nose poca accion, mucha palabreria… pero muy profundo, a su manera, encantador
El relato no buscaba la acción la verdad. Mi idea es ir poniendo aquí mini-relatos únicos sin conexión directa con mi novela, más allá del contexto y la historia de fondo, para que la gente se haga una idea del mundo sobre el que estoy escribiendo.
Pero tienes algo de razón, llevo dos semanas que me ha dado mucho por escribir cosas muy calmadas, supongo que todo escritor escribe en función de su estado de ánimo xDD