Estoy excitado. Mis dedos hiperactivos no pueden dejar de teclear. Creo que he parido el mejor microrrelato bélico de mi repertorio, y eso que he escrito un huevo y medio. Sinceramente me he enamorado de él y su protagonista, tanto que me estoy pensando en dedicarle algo más que un microrrelato, tal vez un cuento corto de cincuenta páginas. Eso no estaría mal. Joder, luego os parecerá una puta mierda, pero a mí me seguirá pareciendo la leche. Entonces es cuando llega eso de: “que te den por el culo”.
Estoy hasta los putos cojones, joder. Esta puta guerra me tiene harto. Estoy cansado de tanta trinchera húmeda y tanto catre maloliente. Estoy tan harto que me pegaría un tiro en la boca, pero eso sólo traería más problemas a mi familia, la acusarían de traidora a la patria por parir a un hijo que prefirió darse muerte él mismo a morir honorablemente en el campo de batalla. Pero les voy a decir una cosa, ese puto campo de batalla del que tanto hablan los coroneles y demás maricas de oficina que no pisan un centímetro cuadrado de barro, que duermen calientes en sus tiendas de campaña a cincuenta kilómetros del frente y desayunan café nuevo con jodidas tostadas francesas todas las mañanas, no tienen ni puta idea de qué significa la frase “morir honorablemente”. Cuando tienes a dos hijoputas a tres metros por sorpresa, y tú ya tienes acoplada la bayoneta mientras ellos lo único que procuran es no mearse en los pantalones, y entonces disparas el rifle a uno de ellos y mientras le ves caer de espaldas con la cara torcida cargas contra el otro y notas como el filo se hunde en la carne blanda, y todo eso lo notas a través de la madera del rifle. ¿Qué parte de “honorable” no entienden esos cabrones con galones?
El mundo acabó en 2034, cuando nuestro puto gobierno decidió que lo mejor era invadir Canadá y México, bombardear Europa con cabezas nucleares y mandar a los marines a Japón. Tres años desde aquello y yo sigo en esta jodida trinchera en el este de Francia porque los putos alemanes no se han rendido. ¡Y quién no! Pero peor sería estar en el frente oriental, donde los marines que tomaron Japón en poco menos de un año ahora se las ven putas con la guardia china.
Discúlpeme si digo muchos tacos, pero, ¿sabe? A uno se le crispan los nervios cuando lleva tres años en la guerra. Tienes que hacer guardias interminables y fácilmente puedes estar treinta y cuatro horas sin dormir. Entonces es cuando echas mano a los “Carol´s Candy”. ¿Cómo? ¿Es corresponsal de guerra y no sabe qué cojones son los Carol´s Candy? Se lo explico en un momento, pero primero diga al gilipollas de su amigo que baje la cabeza si no quiere ver sus sesos en el barro, la trinchera ya está suficientemente sucia para que un cámara pierda la cabeza ahora. Bien, como iba diciendo los Carol´s Candy son unas bolitas negras de cafeína pura. Créame cuando la digo que son pura cafeína. Los llamamos así simplemente porque “caramelo de café” era muy gay, ya sabe, y porque el nombre oficial, “suministro energético tipo C-II” era muy largo. Así que los soldados americanos tomamos Carol´s Candies día sí y día también. ¿A qué venía todo esto? ¡Ah, sí! Decía que no se asuste si vomito un taco palabra sí y palabra también, pero es por culpa de esos jodidos caramelos, ¿sí? Le excitan a uno, pero es el precio que hay que pagar para mantenerse despierto. La otra opción es dejarte pegar un tiro, porque como le he dicho el suicidio sólo traería problemas a la familia.
Mire allí, los chicos del VI de asalto van a efectuar una nueva escaramuza. ¡Joder, qué le dije sobre la cabeza, bájela hombre, no quiero que el comandante me dé por el culo cuando le digan que en su batallón ha muerto un civil! ¿Ven lo que hacen? Lanzan gas para poder avanzar, pero no se crea señorita que es gas venenoso, en verdad cualquier gas denso vale, ¿sabe? Solamente lo quieren para avanzar. Entonces los alemanes activan los disipadores BMW que tienen… ¿o eran Mercedes? Qué más da. Activan los putos trastos y chupan el gas en menos que una zorra grita “dame más”.
Ve, como le decía. Los activan como están haciendo ahora y… ¡mierda! ¡Joder, ya les han llegado los refuerzos! Oigan, salgan de aquí cagando leches, ya les contaré en otro momento más chorradas sobre la guerra, la camaradería en el batallón y todas las mierdas y trapos sucios que quieran del alto mando. ¿No me ha oído joder? ¿No ve que a sesenta metros hay un puto tanque? No, no. Eso me da igual. Me la pela que esto lo vea la cúpula militar y me identifiquen, para entonces yo ya estaré sirviendo de abono a los viñedos franchutes. Ahora lo único que me preocupa es que se piren de aquí echando leches porque tengo que correr treinta jodidos metros de trinchera para avisar a los chicos del Regimiento de Zapadores. Putos alemanes, yo pensaba que estaban acabados…
Estos tres últimos relatos me han gustado más que otros anteriores. En mi opinión son los mejores junto al de la mandarina azul y el de los tres minutos. Esta útlima historia quedaría bien ampliada en plan cyberpunk, con más detalle y con ese estilo tan directo, frenético y cercano que le sabes poner a tus relatos.
Por cierto, no tiene nada que ver con esto, pero es que estoy haciendo un disco compliatorio con los mejores grupos punk de EE.UU., y quería pedirte que si puedes me digas las mejores canciones de Goldfinger y Flogging Molly. Si eso me las pones por aquí o me mandas un mail.
Gracias y salud…
[...] un Domingo, Mayo 10th 2009 10May Siguiendo con la historia de aquel soldado norteamericano en los viñedos franceses en una supuesta tercera guerra mundial, nos encontramos ahora en la campiña inglesa intentando [...]