Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En febrero - 22 - 2010

Mi primer relato histórico. Todos los detalles son reales menos la historia del protagonista, quien es un personaje inventado y puesto en contexto. Espero que os guste, sobre todos a los amantes del relato bélico.

Batalla de Viena por Józef Brandt

Cuando Müller olió por primera vez el humo ya era demasiado tarde, para entonces las tropas turcas avanzaban hacia Viena en una imparable marcha infernal arrasando la tierra a su paso con flamígeras llamas escupidas por la artillería del visir Kara Mustafá. Corría el año 1683 y no eran buenos tiempos para los vieneses, julio había quemado la mitad de sus días.

Casi dos meses después, Müller seguía pensando en su mujer e hijos muertos, pero lo que era más importante, seguía con vida para forjar su venganza al ritmo incansable del martillo de su ira, que poco a poco y con mucho tesón, logró hacerse un hueco en una compañía de mosqueteros al servicio de su majestad Leopoldo I y acercarse un poco más a su destino. El día por fin había llegado, era hora de no dejar turco con cabeza sobre territorio cristiano.

Bajo el estandarte del Papa y la cristiandad, tropas alemanas, polacas y austríacas corrían en busca del fulgor de la batalla colina abajo y bajo permanente fuego de artillería otomana. Müller era uno de los doscientos hombres que corrían con el mosquete al hombro en la compañía que estaría destinada a sufrir la peor parte de la batalla de Kahlenberg. Formando un apretadísimo cuadrado para soportar las cargas de la temida caballería turca, se movían torpemente hacia el frente de batalla mientras la tierra que pisaban parecía desmoronarse en pedazos. Toneladas de tierra arrancada por pesadas bolas de cañón saltaban por los aires y ensuciaban a los hombres que pronto acabarían mezclando sus cuerpos sin vida con ella.

A menos de treinta pies, Müller vio cómo una bola de cañón hacia saltar por los aires más de un cuarto de compañía al emperador Leopoldo I. Los hombres salían volando con las leyes de la gravedad incluidas cuando no lo hacían simplemente sus piernas o brazos independientemente. Intentó no desconcentrarse con los gritos de agonía de sus hermanos de batalla, pero el fragor de la contienda penetraba por sus tímpanos hasta el núcleo de su alma cristiana. Por fin dieron la orden de deternese. Habiendo introducido la bala de plomo y la pólvora en el mosquete, se dispuso a cumplir con su venganza. A lo lejos pudo observar cómo los valientes húsares de Jan III Sobieski asaltaban a base de carga de caballería la artillería del enemigo. Müller apuntó y esperó.

-¡Fuego! -gritó el capitán con voz ronca desde el centro del cuadrado rodeado por los piqueros.

La llanura repleta de trincheras se llenó de humo de mosquete en su totalidad. Espesas cortinas grisáceas impedían ver más allá de la longitud del propio brazo.

-¡Fuego! -la segunda carga tronó en medio del caos.

Müller intentó no ponerse nervioso al recargar su arma. Se consoló con el hecho de que al menos él tenía un mosquete, otros compatriotas se tenían que conformar con un anticuado y peligroso arcabuz, por lo que tenían que preocuparse de la mecha, el fuego, la pólvora, el enemigo y todos los diablos personales que afligían a las tropas cristianas.

-¡Fuego!

Él realmente no sabía si estaba matando algún turco o no, pues no siempre la bala salía en línea recta y mucho menos impactaba en carne humana enemiga. El humo volvió a apoderarse de su visión y las descargas de otras compañías hermanas le llegaban lejanas desde algún lugar del campo de batalla. Escuchó una descarga potente mucho más estruendosa que las demás, y en cuestión de milésimas de segundo observó que sus compañeros comenzaban a desplomarse a su lado. La herida en el cuello del hombre que estaba justo a su derecha le salpicó el rostro. Era la primera cosa caliente que experimentaba en días. Ahora les estaban disparando a ellos.

Un regimiento otomano les había ganado el flanco maniobrando con gran habilidad entre las trincheras que sus zapadores habían cavado durtante todo el verano. Otra descarga. Los hombres alcanzados se retorcían de dolor en el suelo que en pocos segundos quedó totalmente cubierto de sangre, que al mezclarse con la tierra formaba espesas costras que se pegaban a las suelas de sus botas de piel curtida.

Ruido de cascos. Una gran nube de humo les envolvió dejándoles sumidos en la más absoluta ceguera. Los cascos seguían acercándose. Müller rezó para que fueran los gloriosos húsares polacos, pero sus dudas se despejaron cuando una espada curva le arrancó la cabeza al hombre que tenía delante. Los piqueros del núcleo de la formación no estuvieron todo lo atento que deberían haber estado y bajaron sus largas armas cuando la caballería otomana ya había penetrado en la formación, cebándose con la primera línea de mosqueteros y avanzando rápidamente hacia el centro.

Müller recargó su mosquete por última vez en el suelo, empapándose con la sangre de sus hermanos e inspeccionado por la atenta mirada de varias cabezas cortadas. Cuando terminó la faena se pusó en pie y desafió a la misma muerte en un vis a vis temerario. Descargó su ira justo cuando un otomano pretendía darle fin con su espada. La curvatura de la hoja resplandeció débilmente entre el denso humo que todavía les envolvía. Müller supo que su vida había llegado a su destino final, aquella miserable luz en mitad del caos tenía que significar su anhelado reencuentro familiar. Lo primero que haría sería abrazar a sus pequeños y después besaría a su esposa con fuerza.

Disparó a quemarropa, pero demasiado tarde como para evitar que la trayectoria de la espada enemiga se desviase de su cuello. Al menos, por una vez pero no por ello menos glorioso, estaba seguro de que había abatido al enemigo otomano, quedando satisfecho y sonriendo complaciente,mientras descendía sin vida a la tierra mancillada, del resultado de su venganza. Pronto estaría con los suyos.

3 comentarios hasta el momento.

  1. incubus dice:

    Interesante…

    Basado en hechos historicos, no?…
    Si uno se mete de lleno al relato, quizas se podria a llegar a pensar que lo que dice el soldado en relalidad pudo ser verdadero tambien…

  2. shimohira dice:

    Seguramente existió algún hombre en las condiciones de Müller, después de todo no es tan extraño.

    Estoy preparando otro relato histórico de la época. A ver si lo termino, porque el tiempo de documentación lleva su tiempo.

  3. winga dice:

    Jamás pensé que podia quedar tan bien esta cancion con un relato de tipo belico, le ha dado mucha emocion, me gusta