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	<title>Meta-Relatos &#187; Cuentos y fantasía</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Contrucciones como subversiones.</description>
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		<title>Tranquilidad reposada</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Apr 2010 20:01:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[bosque]]></category>
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		<description><![CDATA[Un pequeño relato sobre el paso del tiempo y mundos olvidados. Personalmente me ha gustado mucho.


Los rayos de sol se colaban por las grietas e impactaban directamente contra el suelo de cerámica rota. Las piedras que conformaban los muros estaban tan deterioradas que en algunas zonas el muro no existía. En la zonas donde sí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Un pequeño relato sobre el paso del tiempo y mundos olvidados. Personalmente me ha gustado mucho.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3592/3470599565_5cb153c6d8.jpg" alt="" width="500" height="335" /><p class="wp-caption-text">Foto por Tasa M</p></div>
<p><span id="more-2945"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=1ede095" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=1ede095" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Los rayos de sol se colaban por las grietas e impactaban directamente contra el suelo de cerámica rota. Las piedras que conformaban los muros estaban tan deterioradas que en algunas zonas el muro no existía. En la zonas donde sí lo hacía, las cicatrices de la impronta del tiempo dejaban pasar un magnífico espectáculo luminoso.</p>
<p>El techo, como los muros, se había venido abajo en gran medida, por lo que el cielo se podía divisar entre las hileras de bancos de madera vieja ya carcomida. Las nubes cruzaban con parsimonia el inmenso azul que radiaba en todas direcciones, una sensación de plenitud invandió el corazón de London cuando respiró el aire balsámico de la antigua capilla.</p>
<p>Quién diría que en medio del bosque quedaran en pie los restos de una antigua capilla glumeria, aquella civilización que por ser tan antigua ni se tenían datos escritos sobre su existencia. La única prueba de que estuvieron allí eran los restos, que como la capilla, permanecían desafiantes al paso del tiempo.</p>
<p>London recordó la primera vez que se aventuró en el bosque con su hermano. Tan sólo eran unos chiquillos y jugaron toda la tarde a los exploradores. El cielo era tan azul como entonces. Los pájaros trinaban desde las ramas y marcaban el sendero de una London risueña. Pero después de Aquello todo cambió, y London derivó en una persona apagada y consumida. Por eso el hallazgo de la capilla encendió una pequeña llama en su corazón; porque aquellas piedras agrietadas habían evocado en su memoria los tiempos en los que podía sonreír con tranquilidad.</p>
<p>Dedicó diez minutos a pasear por entre las columnas que quedaban en pie. Observó con gran detenimiento los glifos grabados en la piedra y las imágenes de carros tirados por criaturas ya extintas. Su abuelo le dijo una vez que las gentes de los prados del sur los llamaban caballos, y que hace siglos eran usados como medio de transporte común. A London se le hacía raro pensar en un viaje a lomos de un animal.</p>
<p>Un jilguero voló por el tejado y se introdujo en un capitel agujereado. Aquel hecho hizo que pensara en los agujeros que había por toda la capilla; piedras, madera, mármol, cerámica&#8230; en todas partes había orificios del tamaño de las bellotas, y tenían además el aspecto de haberse practicado en ráfagas consecutivas. Con ira y odio.</p>
<p>-¡London! ¡London, querida, dónde estás!</p>
<p>Una mujer asomó por uno de los rincones donde el muro había desaparecido.</p>
<p>-Por fin te encuentro. El maese Treband lleva casi media hora queriendo reanudar la marcha, y su humor ha empeorado tanto que ya no es tolerante para las exploraciones de una chiquilla como tú.</p>
<p>-Marcia, ya no soy una chiquilla -contestó London con enfado.</p>
<p>-Yo sí que no soy una chiquilla. ¡Mírame! ¡Vieja y cansada, incapaz de interesarme por los placeres del bosque!</p>
<p>-Mejor nos ponemos en marcha -comentó London mientras se acercaba a Marcia-. No queremos que maese Treband acabe fulminado por su impaciencia, ¿verdad?</p>
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		<title>[Cantos de batalla] Desesperación</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 15:43:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Artion]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos de batalla]]></category>
		<category><![CDATA[final]]></category>
		<category><![CDATA[minotauro]]></category>

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		<description><![CDATA[Última entrega de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. La canción que he usado para este relato&#8230; ¡me encanta! Espero poder estar a la altura de ella. Por otra parte, he pensado que tal vez en un tiempo futuro recupere esta mini-saga, por lo que he dejado el final bastante abierto. Tal vez pueda dar la sensación de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Última entrega de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. La canción que he usado para este relato&#8230; ¡me encanta! Espero poder estar a la altura de ella. Por otra parte, he pensado que tal vez en un tiempo futuro recupere esta mini-saga, por lo que he dejado el final bastante abierto. Tal vez pueda dar la sensación de que está incompleta, pero repito, como seguramente la retome he preferido suspenderlo en el aire. Espero que os guste.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/70/199576285_6e9ad4b2a5.jpg" width="500" height="375" /><p class="wp-caption-text">Foto por crowolf</p></div>
<p><span id="more-2926"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=faf3f8f" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Artion rodeó a la bestia esquivando a los lentos esqueletos que le buscaban ciegos, y cuando encontró el talón del minotauro se lanzó al ataque. Mientras tanto, Phéroz que parecía entender la estrategia de Artion, se dedicaba a derribar cuantos esqueletos podía para que no le molestasen. El alfanje cortaba la carne a duras penas, y tras varios sablazos consiguió abrir una herida que comenzó a sangrar profusamente. El monstruo giró violentamente e intentó pisar a Artion con la otra pezuña. Por poco lo consigue, y Artion rodó en el suelo entre nubes de polvo y hierba levantada.</p>
<p>Repitió la operación un par de veces más, pero el minotauro no parecía mostrar signos de sufrimiento.</p>
<p>-¡Usa esto! -gritó un herido von Habsberg lanzando el estoque hacia Artion-. ¡Clávaselo en la herida!</p>
<p>El estoque se quedó corto y el minotauro lo cubrió con el cuerpo impidiendo el avance de Artion. Con una mano intentó cogerle, pero Artion fintó sobre su eje y se escapó por encima de los dedos de la bestia. La otra mano se dedicaba a intentar agarrar un tronco para usarlo como arma. Artion, de nuevo, tuvo que esquivar la mano que intentaba apresarle, y dando un salto hacia atrás asestó un corte en un dedo del monstruo. La sangre le salpicó la cara y le cegó momentáneamente, sin embargo, fue tiempo suficiente para que la bestia le golpeara con la otra mano y le lanzase por los aires en dirección opuesta.</p>
<p>Mientras él se recuperaba el minotauro ya había cogido un tronco y lo zarandeaba en amenazantes curvas derribando decenas de esqueletos. Pronto la tierra quedó cubierta por huesos astillados y humo verde que se escapaba hacia el cielo. Phéroz se lanzó a la espalda del monstruo y quedó enganchado con sus garras, despellejando la piel por la acción de su propio peso y enfureciendo más al minotauro. Éste se revolvía pero no conseguía desprenderse del felino, quien seguía deslizándose lentamente por la espalda de la bestia con las garras como principal punto de contacto. Cada pulgada que Phéroz descendía sus garras se hundían más en la carne, hasta que al final comenzaron a desgarrar tejido muscular y en poco tiempo el tigre quedó cubierto por la sangre del minotauro que le caía como una catarata.</p>
<p>Artion se incorporó valiéndose de una rodilla y observó que von Habsberg luchaba desesperadamente contra un grupo de esqueletos que se habían arremolinado sobre él. Le dolía la espalda y llegó a la conclusión de que la armadura no le serviría de mucho, pues lo único que conseguía con ella era perder agilidad. Se la quitó con facilidad (la caída había roto los pequeños eslabones que unían ambas partes) y corrió a por el estoque aprovechando que el monstruo intentaba desesperadamente quitarse de encima a su molesto inquilino. Pasó por debajo de sus patas y agarró el estoque en carrera. Notó que le pesaba tres veces más.</p>
<p>Decidió que primero liberaría a von Habsberg de la horda que se le venía encima. Cogió velocidad y describió un gran arco con el estoque a la altura de los codos. La hoja de la espada barrió cinco esqueletos de una sentada, y aunque no los remató, los dejó en el suelo el tiempo suficiente para poder sacar a von Habsberg del tumulto. Artion agitó una y otra vez el estoque para alejar a los esqueletos, los cuales por no experimentar el miedo seguían avanzando y encontrándose con la hoja de la espada. Sin embargo, este hecho también consumía con mayor celeridad las fuerzas de Artion.</p>
<p>-Yo estoy bien. Sólo necesito tomar un poco de aliento. Encárgate del minotauro y yo haré lo que pueda con estos huesos.</p>
<p>-No puedes ni sostener una daga, no me vengas con heroicidades -dijo Artion al tiempo que esquivaba un ataque.</p>
<p>-Ambos sabemos que el minotauro es la prioridad, y tú estás en mejores condiciones que yo para rematarlo.</p>
<p>Phéroz apareció de repente totalmente cubierto de sangre. El minotauro estaba sobre sus rodillas lamentándose de las heridas.</p>
<p>-¡Aprovecha la oportunidad! -gritó von Habsberg subiéndose a lomos del tigre-. ¡No te preocupes por nosotros!</p>
<p>Artion asintió mirando a los ojos azules del jinete felino, y en ellos descubrió la honradez de quien está dispuesto a dar su vida por una meta superior al propio ser. Así que se prometió que lo haría lo suficientemente rápido como para no tener que recoger el cuerpo inerte de su compañero de entre una multitud de esqueletos humeantes. Corrió hacia el minotauro que seguía de rodillas y lo rodeó. La herida del talón seguía sangrando, y sin pensárselo dos veces, clavó el estoque verticalmente con toda la fuerza que pudo reunir. La afilada punta se hundió en la masa rojiza y se abrió paso por el tendón de Aquiles. Viendo que ya no podía hundirlo más empezó a golpear con el puño, a modo de martillo, la empuñadura del arma. La bestia no podía más que gemir y pretender levantarse con la otra pata, cosa que consiguió antes de que Artion pudiera dejar de golpear el estoque para esquivar la cadena que le amenazaba.</p>
<p>El golpe impactó en su tórax y le dejó sin aliento en la tierra. Comenzó a vomitar sangre que se mezclaba con el polvo en sus labios, formando costras ásperas que caían en trozos rugosos. El minotauro giró sobre su pata buena y volvió a latiguear con la cadena de la muñeca. Los eslabones fallaron y dejaron una enorme huella a pocos pies del cuerpo de Artion. Haciéndose consciente de que si no se movía moriría aplastado, reptó usando las uñas hasta la pata herida del monstruo que ya había empezado a armar el látigo otra vez. Agarrándose a la empuñadura del estoque se incorporó y lo retorció con la esperanza de poder frenar a la bestia. Ésta desgarró el aire con un lamento sonoro y giró el cuerpo para agarrar el estoque y sacarlo de allí. Apartó a Artion de un manotazo y comenzó con la tarea de sacar el arma.</p>
<p>Unas explosiones nacieron detrás de él. Una segunda carga volvió a estallar. El minotauro retiró la mano del estoque y se encaró hacia la arboleda a la pata coja. Artion no comprendió que los arcabuceros de su compañía habían llegado hasta que sintió el humo de la pólvora penetrar por su nariz.</p>
<p>-¡Sargento! ¡Hemos encontrado al sargento! -gritó un hombre por encima de su hombro.</p>
<p>-¡Las bestias de Mephisto han llegado a la arboleda! -bramó otro.</p>
<p>-¡Carguen los arcabuces!</p>
<p>El minotauro se revolvió de dolor y desafortunadamente las cadenas de sus muñecas latigueron el aire una vez más. El cuerpo decapitado del soldado que había ido a socorrer a Artion se desplomó a su lado escupiendo sangre por las carótidas seccionadas. El minotauro se había vuelto loco por el dolor y arremetía desenfrenadamente contra todo a su alrededor. Los soldados retrocedieron unas yardas con temor a las cadenas. Artion observó que del calzón del soldado muerto colgaba una pistola cargada y lista para usarse. La agarró y corrió de nuevo hacia el estoque. Gritó para mitigar la sensación de dolor que le atravesaba la espalda de arriba a abajo. No le costó llegar hasta el estoque y con la culata del arma golpeó la empuñadura repetidas veces. Lo haría hasta que el minotauro cayera de rodillas doblado por el dolor. Las cadenas le rozaron varias veces, una de ellas arrancándole parte de la oreja derecha.</p>
<p>Finalmente la bestia no pudo resistir el dolor y se agachó, momento que Artion aprovechó para treparo por el lomo y coronar la nuca del animal. Éste se revolvía e intentaba coger a Artion sin preocuparse de las cadenas que flagelaron su propia espalda en el intento. Artion se sentó en la nuca, como si fuera un niño pequeño a hombros de su padre, y amartilló el pedernal. Apretó el cañón fuerte contra el cuero cabelludo de la bestia y esperó a la explosión en la cazoleta. El disparo provocó una gran nube de humo y el minotauro se desplomó en dos tiempo. Artion cayó con él ya sin consciencia.</p>
<p>Cuando Artion se levantó en la camilla del hospital de campaña horas más tarde, sobre su regazo reposaba una carta amarillenta con la letra de Elizabeth. En la camilla de al lado se encontraba von Habsberg que fumaba una pipa tallada a mano.</p>
<p>Algo le decía que pasarían muchas semanas antes de poder volver a ver a su amada.</p>
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		<title>[Cantos de batalla] Despertar</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 12:29:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como dije ayer, hoy sábado colgaré los dos últimos relatos de esta nueva mini-saga. Aquí el primero de ellos.


Ante él se abría un espacio oscuro y borroso, difuminado en sus extremos y ligeramente luminoso en su parte superior. Se frotó los ojos y poco a poco fue recuperando la visión; había abandonado el pantanal y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Como dije ayer, hoy sábado colgaré los dos últimos relatos de esta nueva mini-saga. Aquí el primero de ellos.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><img class="  " src="http://farm3.static.flickr.com/2691/4269785401_492d59a3a5_b.jpg" alt="" width="400" height="532" /><p class="wp-caption-text">Foto por shandopics</p></div>
<p><span id="more-2922"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=3dc5b3b" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=3dc5b3b" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Ante él se abría un espacio oscuro y borroso, difuminado en sus extremos y ligeramente luminoso en su parte superior. Se frotó los ojos y poco a poco fue recuperando la visión; había abandonado el pantanal y se encontraba tendido sobre una roca llena de musgo en medio de la arboleda adyacente. Su mano derecha todavía sujetaba con firmeza el estoque largo. Le dolía todo el cuerpo y estaba exhausto.</p>
<p>-No te preocupes por la sangre -dijo una voz muy cerca de Artion-. Te golpeaste la cabeza cuando te saqué de aquella pocilga.</p>
<p>Hasta entonces no se había percatado de que su cara y cuello estaban manchados por sangre ya seca.</p>
<p>-Tú eres&#8230; -contestó intentando enfocar el origen de la voz.</p>
<p>-Soy Ludwig von Habsberg, y éste de aquí es Phéroz. Él te salvó.</p>
<p>Por fin encontró la fuente de la voz, y pudo ver a un hombre apoyado sobre el lomo tendido de una bestia descomunal; una especie de gato gigantesco del color de las naranjas y con rayas negras atravesando todo su cuerpo.</p>
<p>-No te preocupes, no muerde -dijo el hombre acariciando a la bestia-. Los llaman tigres, y vienen de muy lejos.</p>
<p>Phéroz bostezó. Unos árboles a su derecha cayeron con gran estruendo y una bandada de pájaros echó a volar presa del pánico.</p>
<p>-No hay tiempo que perder. Ya están aquí -el hombre le tendió la mano y Artion la aceptó humildemente.</p>
<p>Un virote atravesó con velocidad el follaje de los arbustos y rebotó fugazmente en la piedra que sostenía a Artion. Un mar de chispas salpicaron sus mejillas y von Habsberg tiró rápidamente hacia arriba para ponerle en pie.</p>
<p>-¿Puedes pelear?</p>
<p>-Creo que sí -dijo abriendo y cerrando el puño izquierdo. El derecho se resistía a soltar el estoque.</p>
<p>-Ese estoque no te conviene, es demasiado largo para luchar en la arboleda. Sin contar que a los esqueletos les da igual que les puncen. Toma este alfanje -se lo lanzó sin aviso-. Ahora prepárate.</p>
<p>Un silencio absoluto precedió a la espantada de las aves. Después una corta serie de silbidos rasgaron el aire y se materializaron en más virotes clavados en objetivos no deseados. Finalmente varias decenas de esqueletos irrumpieron desde la oscuridad de los árboles solamente dejando escuchar el entrechocar de sus huesos. El hombre de la bestia se armó con dos dagas cortas y se lanzó a la carrera. Muy de cerca le seguía la bestia, que en cuestión de segundos, le dobló y de una zarpada decapitó a varios esqueletos.</p>
<p>Al ver Artion la iniciativa de sus salvadores él también se vio inundado por nuevas fuerzas que brotaban calientes desde las yemas de sus dedos. Un esqueleto cojo se le acercó por el lateral y Artion comprobó la extrema ligereza del arma que le habían prestado. Agitó varias veces el alfanje en el aire para hacerse con él y acto seguido asestó un golpe plano al hombro del esqueleto, el cual se fragmentó y dejó caer al suelo el húmero y todo lo que le sucedía. El siguiente golpe derribó al enemigo dejando escapar humo verde por entre las fracturas.</p>
<p>Sin embargo, cuando Artion ya llevaba casi una decena de esqueletos derribados, el alfanje se le quedó atascado en una vértebra. Intentó tirar en el sentido de entrada pero le resultó imposible. Más esqueletos se le acercaban en silencio.</p>
<p>-¡Dale una patada! -gritó el hombre entre varios enemigos. Sus dagas parecían bailar clavándose una y otra vez en los cráneos enmohecidos.</p>
<p>Artion aceptó el consejo y estalló la columna vertebral que le retenía el arma de una patada firme. Para cuando consiguió liberar el arma no le quedaba tiempo más que para esquivar los ataques de los otros esqueletos. De repente un silencio radical invadió la arboleda para explotar en un feroz rugido a los pocos segundos. Los árboles se oían caer a unas yardas de distancia. Phéroz encorvó el lomo y bufó hacia el origen del estruendo.</p>
<p>Entre hojas cayendo y troncos astillados apareció una criatura mitad toro mitad hombre. Los esqueletos no se molestaban en apartarse de su camino y terminaban aplastados bajo sus pezuñas. El monstruo tenía la altura de varios hombres puestos a hombros unos encima de otros.</p>
<p>-Es un minotauro -explicó von Habsberg-. No temas. No es diferente al resto de monstruos del Averno.</p>
<p>-Nunca he tenido que lidiar con uno de ellos -contestó con cierta vergüenza que no consiguió entender.</p>
<p>-Tranquilo&#8230; de ahora en adelante tendrás muchas ocasiones.</p>
<p>Sonrió y se lanzó sin pensarlo a las patas del minotauro. Intentó clavar ambas dagas para ascender hasta el lomo pero el monstruo le derribó de un manotazo. Las cadenas rotas que llevaba en la muñeca latigaron el aire a escasos dedos de la cara de von Habsberg, quien aterrizó sobre alguno de los troncos caídos en el suelo, y donde quedó tendido doliéndose por el golpe.</p>
<p>Artion no sabía muy bien cómo actuar. Lo único que sabía con certeza era que debía hacer algo con presteza, de ello dependían sus vidas.</p>
<p>El minotauro le rugió a la cara lanzando en todas direcciones saliva caliente. De sus fosas nasales se desprendía un tufo fuerte e insoportable que contaminó rápidamente el ambiente. Phéroz danzaba alrededor de ellos dos derribando todos los esqueletos que podía. Tenía varios cortes visibles en el lomo.</p>
<p>Artion por fin despertó.</p>
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		<title>[Cantos de batalla] Lamentos en el cieno</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Mar 2010 17:48:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Segunda parte de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. Os recuerdo que serán un total de tres. Espero que os guste  


El cieno del pantanal atrapaba a más soldados que las garras de la muerte. La Segunda Compañía de la Columna real sacrificaba hombres a un ritmo de treinta o cuarenta por minuto, anegando con sus alaridos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. Os recuerdo que serán un total de tres. Espero que os guste <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/44/120064604_229869cf26.jpg" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por Lawrence Whittemore</p></div>
<p><span id="more-2914"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=4ffc68b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>El cieno del pantanal atrapaba a más soldados que las garras de la muerte. La Segunda Compañía de la Columna real sacrificaba hombres a un ritmo de treinta o cuarenta por minuto, anegando con sus alaridos de sufrimiento las oscuras tierras que pisaban. Pero el cieno era el menor de sus problemas, pues tenían por enemigo una horda de miles de esqueletos humeantes.</p>
<p>-¡Gasdor! ¡Coge diez hombres y vete a cubrir el flanco derecho, nos están machacando! -la voz de Artion se resistía a quebrarse en el estruendo de la batalla. Esquivó con destreza un sablazo oxidado y en un movimiento ascendente destrozó el cráneo vacío que le miraba inexpresivo a pocos palmos de distancia-. ¡Rápido, no podemos permitir que caiga el flanco!</p>
<p>El sudor era lo único que notaba vivo en su cuerpo; descendiendo rápidamente cuello abajo dejando marcado un rastro de inmanente calor. Con los nervios crispados por el continuo estado de alerta, Artion intentaba no ser alcanzado por las espadas del enemigo a la par que luchaba por liberarse de la prisión de lodo que le inmovilizaba los pies. De alguna forma los esqueletos humeantes no se veían tan afectados por las condiciones del terreno.</p>
<p>Un cuerno de batalla se elevó lastimero sobre el entrechocar del acero. El rey ordenaba la retirada inmediata.</p>
<p>-¡Leux, ve a por Gasdor y que deje inmediatamente el flanco, nos largamos!</p>
<p>-Sargento, me temo que ya no hay flanco -un proyectil de roca impactó a unos pies de ellos y les lanzó lodo a la cara. El barro se acumulaba en las escamas de sus armaduras y hacía más difícil el movimiento general. Por muchos esqueletos que tumbasen seguían viniendo más por la orilla norte del pantanal. Entre ellos y el enemigo se había acumulado una montaña de dos metros de altura, compuesta en su mayoría, de huesos astillados y cotas de malla oxidadas-. Dese prisa, sargento.</p>
<p>-Ve primero y agrupa a tantos hombres como puedas por el camino. Una vez llegues a la orilla seca forma dos líneas defensivas. ¡Y haz cargar a los hombres restantes todos los arcabuces que puedan!</p>
<p>-Sí, sargento.</p>
<p>-¡Corre!</p>
<p>Artion se dirigió hacia el flanco derecho todo lo rápido que pudo. Empezaron a llover virotes ígneos que se clavaban a sus pies según avanzaba jadeante. Los soldados del flanco corrían hacia la orilla seca entre gritos de terror y desesperación; habían penetrado sus filas en una proporción de uno a tres. Artion pudo ver cómo el cuerpo de su amigo Gasdor se hundía lentamente en el cieno. La sangre se mezclaba con el agua sucia y corría libre por entre las huellas de las pisadas. Los esqueletos pisaban sobre los cadáveres para avanzar más rápido.</p>
<p>-¡Corred, corred! ¡A la orilla seca! -gritaba mientras alentaba a los hombres-. ¡Todavía queda esperanza en la arboleda!</p>
<p>Un golpe fuerte lo derribó y le dejó momentáneamente sin respiración. Los latidos de su corazón era lo único que podía escuchar. Giró sobre su torso en el momento que un esqueleto clavaba fallidamente su espada en el cieno. De entre sus falanges nacía un humo verde que ascendía serpenteante. Artion se incorporó sin sentir las piernas, y blandiendo su sable de caballería asestó un tajo vertical directo al cráneo, el cual se fragmentó a la altura del temporal y por donde comenzó a escaparse más humo verde.</p>
<p>Otros dos esqueletos se acercaban rápidamente de cara. Artion corrió hacia ellos para ganar la iniciativa y golpeó lateralmente al primero. El golpe fue duro y plano, y la hoja del sable quedó enganchada en una de las vértebras; de ella todavía colgaban restos de piel. Intentó sacar la hoja tirando hacia sí pero el esqueleto le golpeó con una maza en el costado. Volvió a caer al lodo y en su caída notó quebrarse el sable. Desde el suelo, y con un barrido de pierna, derribó al esqueleto, justo a tiempo para levantarse y esquivar el ataque del segundo. Las pistolas que llevaba en el fajín estaban húmedas y rezó por que la pólvora prendiera adecuadamente. Martilló el pedernal para crear la chispa y ésta saltó a la cazoleta. Abrazó el esqueleto con el brazo libre y fijó el cañón del arma sobre la sien. Tardó unos segundos en prender y disparar. La bala de plomo hizo astillas la mitad superior del cráneo enemigo, pero en un golpe de mala fortuna, una de las astillas se clavó bajo el ojo de Artion. La herida comenzó a sangar en el acto.</p>
<p>Mientras tanto, en la orilla seca los hombres intentaban reagruparse en formación defensiva para contener el avance de los muertos. El ruido que hacían los rótulas peladas del enemigo al chocar entre sí apagaban las ganas de luchar de los soldados. Sin embargo, lejos de estar donde quisiera, Artion todavía se encontraba a decenas de yardas de la orilla. En un lapso de tiempo imperceptible los esqueletos a su alrededor se habían multiplicado en número. Descargó su segunda pistola con menos suerte que la primera, y la bala rebotó estrepitosamente en un escudo. Lo único que tenía para defenderse era su estoque y el puño desnudo. Decidió morir de pie; las heridas en la espalda eran la vergüenza del soldado.</p>
<p>Se lanzó a la línea de esqueletos gritando fuerte para acallar la cobardía que pudiera existir en su interior. El estoque se clavó terco en la cuenca vacía de uno de ellos y terminó saliendo limpio por el lado contrario. Lo extrajo apoyando un pie sobre la columna vertebral de su oponente y rápidamente se giró noventa grados para frenar a otro esqueleto. Con otro giro de muñeca evitó ser alcanzado por una espada oxidada y llena de musgo. Sin darse cuenta estaba rodeado. Pero para cuando invocó a Elizabeth, su amada, en lo que pensó que sería su último pensamiento, una mano de fuertes dedos le agarró de la hombrera y tiró violentamente hacia atrás.</p>
<p>Perdió el conocimiento cuando se golpeó la cabeza con un escudo enemigo, y lo último que experimentó fue el aire frío golpear su cara a medida que cogía velocidad.</p>
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		<title>[Cantos de batalla] Cartas</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Mar 2010 17:20:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Artion]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos de batalla]]></category>
		<category><![CDATA[carta]]></category>
		<category><![CDATA[Elizabeth]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>

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		<description><![CDATA[He decidido hacer una mini-saga de tres relatos épicos y una pequeña introducción. Hoy os dejo con la introducción y colgaré un relato cada día empezando desde ya mismo. Tiene tintes muy fantásticos y he considerado imprimir un ritmo muy frenético a la historia, tan frenético que es más propio de guerras modernas que de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>He decidido hacer una mini-saga de tres relatos épicos y una pequeña introducción. Hoy os dejo con la introducción y colgaré un relato cada día empezando desde ya mismo. Tiene tintes muy fantásticos y he considerado imprimir un ritmo muy frenético a la historia, tan frenético que es más propio de guerras modernas que de guerras a espada y escudo. Esta introducción la creo necesaria para presentar al lector el contexto de la historia, pues con tres relatos no puedo extenderme demasiado explicando los hechos que han llevado a tal o cual situación. Espero que os guste.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm4.static.flickr.com/3479/3854914173_ef928b5233.jpg" width="500" height="348" /><p class="wp-caption-text">Foto por Jashir</p></div>
<p><span id="more-2911"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=5b06f84" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>¿Recuerdas los verdes prados mecerse con la ternura de la brisa viajera a orillas del mar? ¿Recuerdas las historias contadas alrededor de vivas hogueras al abrigo de las cuevas? Dime, Artion, ¿me recuerdas a mí?</p>
<p>Allí donde estés, perdido bajo el cielo oscuro y a la luz de los luceros, quiero que pienses en mí todas las noches, cuando el fragor de la batalla haya cesado y los hombres puedan descansar en paz. Piensa en mí para no olvidar tu historia, pero sobre todo, piensa en mí para no olvidarte de la persona que te quiere y espera en tu tierra.</p>
<p>Artion, dime, ¿qué caminos lejanos pisan hoy tus pies? ¿Adónde se dirige tu mirada? Los hechizos del amanecer son hipnóticos para el soldado, eso me dijo una vez un viajero. Hace ya cuatro meses que marchaste con la columna principal del rey, y a pesar de tu corta edad, estoy segura que luchas como el más aguerrido de los viejos veteranos.</p>
<p>Cuando Mephisto se levantó de entre las ruinas para volver a conquistar el mundo temí por nuestro futuro. La tierra tembló y el cielo oscureció. La vida parecía distinta. ¡Todavía siento en las piernas el terror de los muertos caminar sobre nuestras veredas! Los pueblos ardieron noche tras noche sin parar hasta llegar a la mismísima frontera oriental. Y cuando el mundo parecía perdido, cuando en los ojos de la gente no brillaba la luz de la vida, aparecieron los movimientos de resistencia real. ¡Y nada menos que encabezados por el propio rey a quien se le daba por muerto!</p>
<p>Pero qué te voy a contar a ti; sargento de la guardia real y soberano de mis amores. La resistencia que encabeza Su Majestad es en realidad la resistencia de toda la humanidad, estarás de acuerdo conmigo. Me han llegado noticias de que cada día vuestras filas se amplian más y más gracias a la iniciativa de los aldeanos, quienes se os unen pueblo por pueblo para renovar nuevamente el fuego de la esperanza. Yo por mi parte sólo puedo alcanzar a comprender el sufrimiento que dejan atrás, pues como ellos, yo soy una de tantas que espera el regreso de sus seres queridos. Es por eso, por ellos y por mí, que te pido que cuides de esos hombres como sargento, y les guíes en la batalla con la destreza que te caracteriza.</p>
<p>¿Qué se siente al encarar directamente la muerte? ¿Qué se experimenta al mirar a los ojos de la muerte? Hace unos días hubo una refriega en los Llanos de Alquerún, y desde el tejado del pajar pude ver a los valerosos hombres marchar con las picas en alto. Formaron un rectángulo enfrente de una horda de incontables esqueletos descompuestos y cargaron al son de los oboes de batalla. ¿Qué se siente al saber que tu enemigo ya está muerto? Debe ser horrible. Por suerte, aunque supongo que ya lo sabrás, en Alquerún obtuvimos una importante victoria gracias a los Leones Plateados. Sus armaduras relucen tanto o más de lo que cuentan las historias, y sus sables se pueden ver cortar al enemigo a millas de distancia. Todavía me cuesta creer que todos esos Leones sean mujeres, y no porque piense que nosotroa no somos capaces de blandir un arma, sino por nuestros humores más dados a la paz y al sosiego.</p>
<p>Pero dime, Artion, dime sinceramente; ¿crees que ganaremos esta guerra? ¿Piensas que algún día volveremos a ver el sol como los días de antaño? No te lo quise decir en mis anteriores cartas, pero opino que es de justicia hacértelo saber. Artion, vas a ser padre. Mi barriga ha crecido lo suficiente como para que las vecinas empiecen a cotillear. No debes preocuparte de mí ni del niño que alberga mi interior, nuestra comarca está a salvo gracias a los Leones. Pero te suplico una vez más; no te olvides de nosotros. El recuerdo es lo único que le queda al soldado cuando se ha manchado las manos de sangre.</p>
<p>Espero que esta carta llegue pronto allí donde estés.</p>
<p>Tuya para siempre:</p>
<p>Elizabeth.</p>
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		<title>Keko descubre un poblado</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Mar 2010 17:29:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[bosque]]></category>
		<category><![CDATA[Keko]]></category>
		<category><![CDATA[tambores]]></category>

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		<description><![CDATA[Sigo con Keko y su paseo por el bosque. ¿Qué le pasará esta vez al muchacho?


Al principio los tambores se escuchaban débiles; golpes que retumbaban incesantemente en la espesa lejanía del bosque. Pero poco a poco se fueron haciendo más presentes hasta que Keko, asomándose por entre unos arbustos de frutos rojos y pequeños, pudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Sigo con Keko y su paseo por el bosque. ¿Qué le pasará esta vez al muchacho?</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><img alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/45/134142922_351c59faec.jpg" width="500" height="375" /><p class="wp-caption-text">Foto por djringer</p></div>
<p><span id="more-2906"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=da628c3" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Al principio los tambores se escuchaban débiles; golpes que retumbaban incesantemente en la espesa lejanía del bosque. Pero poco a poco se fueron haciendo más presentes hasta que Keko, asomándose por entre unos arbustos de frutos rojos y pequeños, pudo ver un poblado en una especie de celebración.</p>
<p>En el medio había una hoguera que crepitaba con furia, y arrojaba sus flamígeros brazos hacia las personas que estaban a su alrededor. Un segundo círculo más amplio daba vueltas lentamente con pequeños saltitos marcados por el ritmo de los tambores. Los músicos estaban en una esquina de la plaza.</p>
<p>Las personas del primer círculo estaban vestidas con largas vestimentas de color ocre, y sobre sus hombros llevaban las pieles y cabezas de diversos animales; pero sobre todo de toros y osos. Aquello asustó a Keko, y para evitar gritar se mordió la lengua con fuerza.</p>
<p>Al lado de los músicos había una gran mesa baja, compuesta por varios tablones de madera muy verde, que estaba repleta de platos y fuentes con comida. Frutas de colores muy vivos y carne recién asada que humeaba hacia el cielo. A Keko se le hizo la boca agua y decidió dar un rodeo para intentar acercarse al banquete. Cuando estuvo a un tiro de piedra de la gran mesa buscó un arbusto lo suficientemente poco denso como para dejarle pasar sin magullarle demasiado, y cuando lo encontró, se coló reptando como las serpientes.</p>
<p>Alargó el brazo hacia un cuenco repleto de manzanas muy rojas, y cuando creía que ya tenía algo para llevarse al estómago una fuerte mano le asió de la muñeca y le alzó en volandas. Era un hombre con una cabeza de tigre sobre sus hombros. Podía ver su verdadero rostro por entre los colmillos de la bestia, y no supo decidir cuál daba más miedo.</p>
<p>Keko gritó todo lo que pudo intentando escaparse de su captor, pero lo más que consiguió fue que le metieran en un saco de arpillera.</p>
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		<title>Keko se pierde en el bosque</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Mar 2010 18:22:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[bosque]]></category>
		<category><![CDATA[infantil]]></category>
		<category><![CDATA[Keko]]></category>
		<category><![CDATA[perdido]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras un parón debido a ciertas cosas de mi vida personal (como que tengo que organizar mi último curso de carrera en Inglaterra) no he podido actualizar el blog de forma normal. Así que como la Semana Santa está a la vuelta de la esquina ahora tendré mucho más tiempo. A ver si retomo el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tras un parón debido a ciertas cosas de mi vida personal (como que tengo que organizar mi último curso de carrera en Inglaterra) no he podido actualizar el blog de forma normal. Así que como la Semana Santa está a la vuelta de la esquina ahora tendré mucho más tiempo. A ver si retomo el ritmo. De momento os dejo con un cuento infantil que comencé hace unas semanas. Son varias partes y ésta es la primera.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/163/351517248_ed079c15d8.jpg" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por rachel thecat</p></div>
<p><span id="more-2904"></span></p>
<p>Para cuando Keko abrió los ojos los árboles ya estaban allí. Durante toda la caída había apretado mucho los párpados mientras le temblaban las rodillas, tanto que pensó que sus piernas quedarían colgando como los esqueletos de Halloween en las fachadas de las casas. Pero estaba vivo y sin dolor alguno; eso sí, estaba perdido.</p>
<p>Un estrecho sendero se abría camino por entre árboles muy altos cuyas copas se escapaban a la vista de Keko. Hasta donde él podía ver, no mucho más allá de unas piedras musgosas, el camino seguía y seguía hasta el infinito, serpenteando de vez en cuando y otras veces siendo invadido por los helechos.</p>
<p>Tuvo el impulso de llorar pero se contuvo. ¿Cómo podía haber acabado en medio de un bosque? El sol se filtraba con timidez por entre las hojas. La luz tornaba casi verde. Verde balsámico.</p>
<p>En la muñeca llevaba el reloj que le habían regalado por su cumpleaños, pero no tenía buena pinta; el cristal estaba roto y las agujas dobladas marcando las 13:07. ¿De dónde había caído? A su alrededor sólo había vegetación y sobre su cabeza, caótica y asfixiante, había una red tejida con gruesas ramas vestidas con grandes hojas.</p>
<p>Así que haciendo acopio de fuerzas decidió andar por el sendero. Pronto descubriría que aquella sería una gran aventura.</p>
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		<title>Desde aquella colina</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 15:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[comienzo]]></category>
		<category><![CDATA[inspiración]]></category>
		<category><![CDATA[regreso]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Estoy vivo! ¡Sí! Pero lo primero es lo primero y debo pedir disculpas por todo este tiempo que no he actualizado el blog. Han sido tres largas semanas de exámenes en la universidad y por fin hoy he terminado. Tengo muchas ideas anotadas y unas tantas ya empezadas, prometo que las desarrollaré. Además, he pensado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>¡Estoy vivo! ¡Sí! Pero lo primero es lo primero y debo pedir disculpas por todo este tiempo que no he actualizado el blog. Han sido tres largas semanas de exámenes en la universidad y por fin hoy he terminado. Tengo muchas ideas anotadas y unas tantas ya empezadas, prometo que las desarrollaré. Además, he pensado que al blog no le vendría un nuevo aire, así que tal vez me dé por remodelar algo <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Os dejo con un relato corto a modo de bienvenida (mi bienvenida, jeje), y dentro de poco más y más largo. Creo que la música ha sido la elección perfecta para este reencuentro.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.flickr.com/photos/daniele_sartori/3482620911/sizes/m/"><img alt="" src="http://farm4.static.flickr.com/3410/3482620911_578cd3980f.jpg" title="Regreso maravilloso" width="500" height="334" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por Daniele Sartori</p></div>
<p><span id="more-2818"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=61b9149" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Allí donde los cedros susurran al aire los quehaceres del hombre que solitario fuma en la colina, donde las flores bailan y saludan al cielo que en su azul abierto muestra la propaganda deliberada de los dioses tras celosías, allí y solamente en ese lugar, podrá el hombre solitario escribir los versos de tinta oscura que el papel manchará.</p>
<p>Nubes viajeras que mil mares han visto y pájaros veloces que distraen el pensamiento. Ranas en los vados y carpas en las pozas estancadas donde el agua torna verdusca en más de un sentido. Maravilloso lugar donde poder disfrutar de la vida narrada, y sin duda, palacio natural donde poder retornar cuando nuestras almas se vean afligidas por los embates de las no-queridas.</p>
<p>Allí es donde has de fumar, ver y pensar, pero sobre todo; soñar. Sombra fesca en los cedros y aire puro que inspirar. Coge la pluma y rasga con cuidado la prístina porción de mundo que los árboles te han legado. No desfallezcas en el intento si tus rodillas se hincan con el viento, pues algún día, por lejano que sea, tus esfuerzos verán los frutos de la dedicación.</p>
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		<title>[Las leyes de la selva] Consecuencias</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 12:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[leyes]]></category>
		<category><![CDATA[Naya]]></category>
		<category><![CDATA[oso]]></category>
		<category><![CDATA[selva]]></category>
		<category><![CDATA[sombra]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez más os pido perdón por la falta de contenido del blog; los exámenes ya han llegado a mi vida y estaré esta semana y la que viene muy ocupado con ellos. De todas formas, voy escribiendo un poquito cada día para ir teniendo borradores e ideas. Hoy os dejo la continuación de &#8220;La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Una vez más os pido perdón por la falta de contenido del blog; los exámenes ya han llegado a mi vida y estaré esta semana y la que viene muy ocupado con ellos. De todas formas, voy escribiendo un poquito cada día para ir teniendo borradores e ideas. Hoy os dejo la continuación de &#8220;La leyes de la selva&#8221;. Espero que os guste.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.flickr.com/photos/drp/44049363/sizes/o/"><img alt="Foto por drp" src="http://farm1.static.flickr.com/26/44049363_691f494c40_o.jpg" title="Árbol en sombra" width="500" height="375" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por drp</p></div>
<p><span id="more-2804"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=5d28d4a" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Una sombra alargada agita las ramas de los árboles en lo alto y hace caer con estrépito un par de cocos al suelo. El Clan de la Caverna se detiene en seco y forma un círculo bien cerrado. Naya queda en medio sin saber qué hacer.</p>
<p>-Abre bien los ojos -dice Zarpa, el oso que había servido de montura hasta hace poco-. No sabemos qué es.</p>
<p>Naya traga saliva y hace caso, pero no consigue ver nada, sólo el verde de la selva perforado aquí y allá por el dorado del sol. No muy lejos otro árbol se agita y esta vez caen ramas partidas al suelo, las hojas descienden más lentas como si bailaran por capricho.</p>
<p>-Sea lo que sea se mueve muy rápido -dice otro oso con una gran cicatriz en el hocico. Tiene los músculos muy tensos.</p>
<p>-¡Allí! -grita Naya.</p>
<p>Lo ve durante una fracción de segundo y después desaparece. Es una silueta alargada y sombría con forma de persona, y donde tendrían que estar los ojos hay un par de esferas rojas muy redondas. Se funde con el aire como si fueran uno y acto seguido aparece unos metros más allá como por arte de magia. A Naya le recuerda la ceniza de las hogueras cuando sopla el viento en la playa.</p>
<p>-¡Naya, usa el arco! -la voz del oso penetra en sus oídos al mismo tiempo que pierde definitivamente de vista a la sombra.</p>
<p>Cierra los ojos e intenta concentrarse en el objetivo. Primero siente la selva y después los árboles, desciende lentamente por el tronco de uno de ellos y conecta con las raíces. Están nerviosos. El aura subterránea está muy agitada, como si una tempestad hubiera azotado un mar del tamaño de una pequeña bañera. Por más que recorre el perímetro no detecta vida alguna, es más, los árboles empiezan a apagarse y todo se vuelve gris en su mente.</p>
<p>-¡Algo pasa, la selva está volviéndose gris!</p>
<p>Una flecha atraviesa un arbusto a gran velocidad y alcanza de refilón la pata de uno de los osos, provocándole un rasguño superficial que sin embargo no deja de sangrar lentamente. La flecha queda clavada a los pies de Naya, y ésta puede ver que no es una flecha normal y corriente; es una vara negra que se evapora en el aire en diminutas burbujas que absorben la luz de su alrededor. En pocos segundos ya no queda nada en el suelo, simplemente el agujero que dejó.</p>
<p>-Oguma, Tsume y yo iremos tras ese cobarde -dice Zarpa, jefe del clan-. Hikari y Noire, vosotros os quedáis aquí con Naya -y sin decir nada más, los tres grandes osos se adentrán sin vacilar en la vegatación de la selva.</p>
<p>-Naya, permanece alerta, ya hemos visto cómo actúa esa cosa -dice Noire señalando con su hocico la herida en la pata. Sigue sangrando.</p>
<p>-Deja que te cure -propone Naya arrondillándose ante el gran muslo herido-. En teoría esto lo sé hacer bien&#8230;</p>
<p>Coloca ambas manos sobre el corte y cierra los ojos. Un resplandor blanquecino brota de sus palmas y comienza a suturar la carne abierta con un hilo etéreo que parece flotar en el aire.</p>
<p>-Qué haríamos sin las sacerdotisas de la selva -Hikari sonríe como solamente puede hacerlo una osa-. Tenemos mucha confianza en ti, Naya&#8230;</p>
<p>Un silbido agudo perfora el follaje de los árboles y se clava en la tierra como una cama de púas bocabajo. Hikari cae al suelo enfrente de Naya; tiene un agujero en el cráneo por donde se desprende un fino hilo de sangre oscura que marca la trayectoria de la caída en el aire. Sus ojos todavía con vida miran al infinito de la selva. Pero su sonrisa ya está apagada.</p>
<p>-¡Hikari! -grita Noire cubriendo a Naya con su cuerpo-. ¡Hikari!</p>
<p>Un cuerpo no más grande que un lobo salta desde las ramas de las palmeras y aterriza a escasos metros de ellos. Es una figura humana pero totalmente negra, como la noche cerrada en los templados inviernos de la isla. Camina encorvada y muchas veces a cuatro patas, como un perro, pero claramente tiene la fisiología de una persona. No lleva ropa pero tampoco le hace falta, pues es totalmente liso. En vez de ojos tiene las esferas rojas que Naya había visto antes. Está paralizada por el miedo que le infunde la criatura.</p>
<p>-¡Naya, atrás! -Noire se lanza hacia delante y falla el zarpazo. La criatura es muy rápida.</p>
<p>En los siguientes segundos se suceden los zarpazos uno tras otro a la velocidad del rayo. Pocas veces consiguen alcanzar su objetivo, pero cuando lo hacen, en vez de provocar una herida, lo único que hacen es salpicar el aire con más burbujas negras que se comen la luz del ambiente, como la flecha, pero con la diferencia de que la criatura no desaparece.</p>
<p>Noire gira sobre sus cuartos traseros para evitar la finta de la sombra, se levanta sobre ellos y descarga todo su peso sobre el enemigo. Por un momento lo que parece la cabeza de la sombra desaparece, dejando en el aire un rastro de burbujas negras suspendidas, sin embargo, otra cabeza vuelve a brotar del cuerpo.</p>
<p>-¡Es como si fuera aire negro! -exclama Noire desesperado.</p>
<p>La sombra se escurre por entre las patas del oso y le toma la espalda, lo que la permite tirarle al suelo de un golpe tan sólido como las rocas. Naya no entiende cómo algo tan gaseoso puede hacer eso.</p>
<p>-¡Noire! -Naya quiere ayudar, pero las rodillas le tiemblan de terror.</p>
<p>Entonces sucede lo peor; la criatura parece alargarse momentáneamente y luego se comprime mucho más. Los hilos blanquecinos que suturaban la herida de Noire se desintegran y del corte empieza a emanar más sangre que antes. El oso gime de dolor y ve cómo la sombra se introduce en su propia carne menzclándose con la herida.</p>
<p>-¡Noire! ¡Nooo! -Naya corre hacia el oso pero éste la tira al suelo al levantarse-. ¡Noire! ¿Estás bien?</p>
<p>El oso no se mueve con naturalidad, sus articulaciones chirrían y la cabeza la tiene girada en una postura muy incómoda. Sus ojos ya no son ojos; son dos esferas rojas. Sonríe con malicia y se lanza con la zarpa en alto sobre Naya.</p>
<p>La niña cierra los ojos y aprienta fuerte la boca. Tiene miedo.</p>
<p>[Continuará]</p>
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		<title>[Las leyes de la selva] Memorias de verde</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jan 2010 16:49:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Asta]]></category>
		<category><![CDATA[leyes]]></category>
		<category><![CDATA[Naya]]></category>
		<category><![CDATA[selva]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días decidí colaborar en Dandel.net por una simple razón; me apetecía volver a escribir en la Blogosfera sobre Japón, anime y manga. Esto no supondrá un descenso en el número de relatos que publicaré por aquí, aunque tenéis que tener en cuenta que las dos próximas semanas estaré un poco desaparecido debido a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hace unos días decidí colaborar en <a href="http://dandel.net/" target="_blank">Dandel.net</a> por una simple razón; me apetecía volver a escribir en la Blogosfera sobre Japón, anime y manga. Esto no supondrá un descenso en el número de relatos que publicaré por aquí, aunque tenéis que tener en cuenta que las dos próximas semanas estaré un poco desaparecido debido a los exámenes en la facultad. Y sin más, volvamos con Naya.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.flickr.com/photos/aussiegall/364313299/sizes/m/"><img title="Selva" src="http://farm1.static.flickr.com/141/364313299_8bd39d49f2.jpg" alt="Foto por aussiegall" width="500" height="375" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por aussiegall</p></div>
<p><span id="more-2792"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=6c54433" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Naya galopa de cara al viento a lomos de un oso de tres metros de alto. Las pequeñas hojas verdes de la selva golpean su cara a medida que se abren paso entre la maleza. Olores refrescantes inundan sus sentidos y la sumen en los mares de su memoria. Cierra los ojos y recuerda.</p>
<p>El pequeño río que serpenteaba con aguas cristalinas por entre los árboles parecía entonar una bella canción. La época estival había llegado a su máximo esplendor y el rey sol abrigaba a las criaturas de la tierra en un cálido abrazo de ternura y pasión. Asta caminaba de un lado a otro haciendo resonar sus pasos en un intento casi fallido de captar la atención de la pequeña Naya.</p>
<p>-El viento que proviene de los mares susurra a los que tienen atento el oído, ¿es ese tu caso, Naya?</p>
<p>La niña mira al ciervo y sonríe con autosuficiencia.</p>
<p>-¡Sí!</p>
<p>-Bien, dime qué te canta el viento de los mares.</p>
<p>-Dice&#8230; que&#8230; -se lleva un dedo a la boca y muerde-. ¡Se acerca tormenta!</p>
<p>-Aceptable, pero dice mucho más. Si prestas atención a sus cánticos podrás conocer muchas más cosas, una de las más importantes son las noticias de las aves migratorias. ¿Y sabes por qué? Porque ellas han visto tierras que tú nunca llegarás a pisar.</p>
<p>-¿Y para qué quiero saber yo lo que sucede en un lugar donde nunca estaré?</p>
<p>La pequeña Naya, pequeña pero peligrosa para los maestros experimentados como Asta, tenía una mente despierta e inquieta. Sus preguntas podían poner en evidencia las palabras del más sabio de los animales de la selva.</p>
<p>-¿Para qué quieres saber qué hacen los lemures más allá de la Colina Tumbada? Sin embargo, aunque nunca vayas allí, te importa porque lo que allí suceda tiene consecuencias a este lado de la isla, ¿no es así?</p>
<p>-Sí&#8230; -no parecía demasiado convencida con la respuesta de su maestro.</p>
<p>-Bien, dejemos el viento y sus cantos por hoy, vamos a cazar algo para evitar que te quedes dormida -y se perdió al galope entre los helechos de la selva.</p>
<p>-¡Espera!</p>
<p>Naya tardó más de quince minutos en dar con Asta, quien estaba esperándola en una gran piedra con forma de pez. El sol penetraba tímido entre el espeso follaje, proyectando luces verdes que hacían flotar las sombras de los animales.</p>
<p>-Recuerda las enseñanzas; la respiración armónica se basa en percibir los latidos de la presa.</p>
<p>La niña se puso de pie en la piedra y extendiendo los brazos dibujó un arco en el aire. De la punta de sus dedos brotó una luz amarilla que se quedó fijada allí donde sus yemas tocaban las partículas del ambiente. En unos segundos conformó un arco luminiscente que se apagó cuando ella sopló esparciendo polvo dorado a los árboles de su alrededor. Cerró los ojos momentáneamente y tensó la cuerda imaginaria. &#8220;La respiración armónica se basa en percibir los latidos de la presa&#8221;, se dijo una y otra vez.</p>
<p>Naya intentaba sentir el corazón de la selva tal y como Asta le había enseñado. Primero tenía que sintonizar con los árboles, sentir el movimiento de sus hojas para ir descendiendo lentamente por el tronco, siempre siguiendo el curso de la savia. Cuando llegaba a la tierra comenzaban los problemas; las raíces de los árboles se expandían caóticamente en todas direcciones, y Naya tenía que averiguar la forma de recorrer el subsuelo saltando de raíz en raíz, así hasta que diese con una presa. Una vez que lo conseguía, tenía que volver a sentir, pero esta vez los latidos del corazón de lo que iba a cazar. Normalmente, todo esto suponía para Naya diez o quince minutos, en los cuales, Asta esperaba paciente detrás suya en postura muy atenta.</p>
<p>Encontró un pequeño conejo que comía unas flores no muy lejos de donde ella estaba. Tensó más el brazo y cuando creyó haber sintonizado el corazón del animal soltó la mano. Una flecha etérea recorrió a gran velocidad la distancia e impactó en el conejo. Ya tenía comida.</p>
<p>-Recuerda esto, Naya. No importa a qué distancia esté la presa, las flechas de la selva siempre llegan a su blanco, aunque como ya sabes, a más distancia más difícil es mantener la concentración necesaria para sintonizar correctamente los latidos del corazón.</p>
<p>-Entiendo&#8230; -contestó la niña mientras recogía el conejo del suelo. Estaba intacto. Parecía dormir.</p>
<p>-Además, las flechas de la selva son incorpóreas, esto quiere decir que no les importa lo que haya por medio, siempre&#8230;</p>
<p>-Siempre llegarán a su blanco -completó Naya-. Ya lo sé, Asta, me lo has dicho mil veces.</p>
<p>Ahora, Asta, con quien había compartido tantos momentos juntos, podía estar en peligro por su culpa. Tenía que apresurarse.</p>
<p>[Continuará]</p>
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