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	<title>Meta-Relatos &#187; Relato negro</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>Después de perderse</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Dec 2011 08:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio.R</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[calle]]></category>
		<category><![CDATA[estrecha]]></category>

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		<description><![CDATA[Un tanto extraño es este relato, no sé por qué pero es salirme de la saga de Gary y de la III GM y me salen unos relatos muy extraños, en fin, espero que se valore en consecuencia. Todo era nuevo para él. Era nuevo en la ciudad y comparada<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/despues-de-perderse/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #888888;"><em>Un tanto extraño es este relato, no sé por qué pero es salirme de la saga de Gary y de la III GM y me salen unos relatos muy extraños, en fin, espero que se valore en consecuencia.</em></span></p>
<p><div class="wp-caption aligncenter" style="width: 433px"><img src="http://farm5.staticflickr.com/4045/4346164501_db2a2240a8_z.jpg" alt="" width="423" height="640" /><p class="wp-caption-text">Foto por Problemkind</p></div><br />
<span id="more-4289"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Todo era nuevo para él. Era nuevo en la ciudad y comparada con la suya, ésta era enorme. Necesitaba un medio de transporte para casi cualquier cosa, ya que ir andando suponía un gran tiempo y ya que no tenía coche el transporte urbano era lo suyo. El primer día acabó en la esquina opuesta de la ciudad. Ya que no tenía prisa, se dio un paseo por aquella zona. Era una zona de pequeñas calles, muy estrechas y llenas de vida. Caminaban por la calle gente de muy diversos tipos. Pasó por delante de varias tiendas y restaurantes y sus olores impregnaban las calles y entraron en sus fosas nasales. No consiguió identificarlos todos, pero no le importó, disfrutaba de aquello. De tanto oler y ver comida, le entró un poco de hambre así que decidió entrar en una pequeña pastelería, que parecía muy antigua, puesto que todo el mobiliario era de madera y pudo ver a un señor al fondo de la tienda sacando unos dulces de un enorme horno.</p>
<p style="text-align: justify;">Se acercó al mostrador y una anciana con una pequeña sonrisa le pregunto que quería. No supo responder, eran tantos los diferentes dulces que tenía que cada vez que recorría la vitrina encontraba uno con mejor pinta que el anterior. Después de un rato esperando, la anciana le dijo que si prefería que ella le eligiese uno si el estaba tan indeciso. Pensó que sería lo mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">Se dio la vuelta, cogió un pequeño trozo de papel y unas pinzas y eligió una pequeña caña con chocolate por arriba y en el centro se veía una oscura crema de chocolate. Se le iluminó la cara. ¿Cómo demonios podría la anciana haber elegido tan bien? El chocolate le volvía loco. Sacó unas monedas y le pagó a la señora y salió de la tienda con una gran sonrisa surcándole la boca. Se sentó en un banco de una bonita plaza, donde varios niños correteaban, unas madres los vigilaban y unos señores estaban sentados en un banco hablando.</p>
<p style="text-align: justify;">Al rato se sentó al otro extremo del banco una chica, que sacó un libro y se puso a leer. Allí estaba, como habían previsto. Se acercó un poco y le dijo que era nuevo en la ciudad y si podría decirle algunos sitios que visitar, sitios donde los jóvenes fueran, etcétera&#8230; la chica aunque un poco recelosa, empezó a contarle un poco los diversos lugares a los que podía ir.</p>
<p style="text-align: justify;">Se alejó un poco y dobló una esquina. Se quedó allí de pie y cuando la chica se alejó la empezó a seguir. Cuando entró en la primera callejuela que no había nadie, saco la nueve milímetros de la mochila, le puso el silenciador, apretó el gatillo y se alejo por donde había venido, tranquilamente. A los cinco minutos, consultó el correo en su móvil y ya tenía la confirmación de la transferencia a su cuenta y un archivo adjunto con el nuevo lugar en el que debería perderse&#8230;.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>[Especial Halloween] No te quedes en el despacho hasta tarde</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 08:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[despacho]]></category>
		<category><![CDATA[doctorado]]></category>
		<category><![CDATA[zombies]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy no toca relato de la saga de Archibald porque es&#8230; ¡Halloween! Así que os dejo con una entrega especial. ¿Habéis visto muchas pelis de miedo? Si no habéis visto Donnie Darko por Halloween&#8230; no sé a qué esperáis No recordaba el pasillo tan largo. Le estaba costando una eternidad<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/especial-halloween-no-te-quedes-en-el-despacho-hasta-tarde/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy no toca relato de la saga de Archibald porque es&#8230; ¡Halloween! Así que os dejo con una entrega especial. ¿Habéis visto muchas pelis de miedo? Si no habéis visto Donnie Darko por Halloween&#8230; no sé a qué esperáis <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 385px"><img src="http://farm5.static.flickr.com/4076/4775636278_9f33fac482.jpg" alt="" width="375" height="500" /><p class="wp-caption-text">Foto por thinkgeekmonkeys</p></div>
<p><span id="more-3838"></span></p>
<p style="text-align: justify;">No recordaba el pasillo tan largo. Le estaba costando una eternidad llegar hasta el hall principal, donde podría salir del edificio sin ningún problema. Sus pasos eran contestados con un eco inquietantemente cercano que no cesaba; avanzaban sin parar.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera vez que notó su presencia fue en la cafetería. Había bajado desde el despacho para tomarse un café rápido y volver al trabajo. El lugar estaba más vacío de lo normal, y desde el otro lado del patio central, el mismo que separa Sociología de Políticas, el eco repicaba sin descanso. Al principio era como el zumbar de millones de avispas. Después se hizo consciente de los lamentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Regresó al despacho sin mucha preocupación. &#8220;Los politólogos se están corriendo una buena por Halloween&#8221;, se dijo mientras sorbía del café caliente. Sin embargo, no mucho tiempo después, la lectura de unos artículos importantes fue interrumpida por débiles golpes en la puerta. &#8220;Adelante&#8221;, dijo sin levantar la vista de los papeles. Más golpes, esta vez algo más contundentes, fue la única respuesta que obtuvo. &#8220;¡Adelante, está abierto!&#8221;, se escuchó decir más alto.</p>
<p style="text-align: justify;">A los golpes se sumaron arañazos; arañazos que helaron su alma. Después los gemidos y lamentos de nuevo.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;¡Ya basta, aquí hay gente que quiere trabajar!&#8221;, gritó por miedo más que por enfado. El pomo de la puerta giraba lentamente, pero no terminaba de dar la vuelta necesaria para abrir la puerta. &#8220;¡Se acabó, voy a llamar a seguridad!&#8221;. No sabía tan siquiera si tenían de eso en el campus. Daría igual, cuando descolgó el auricular encontró que no había línea.</p>
<p style="text-align: justify;">La puerta se terminó de abrir. Los gemidos se impusieron en el despacho. Tres personas, de mirada perdida y andar lento, caminaban hacia él con lasciva decisión.</p>
<p style="text-align: justify;">Minutos después corría por el pasillo central, el cual no recordaba tan largo. Los ecos de pasos cercanos le perseguían a todas partes. No vio a nadie más, pero sí notó que sus perseguidores incrementaban en número a medida que avanzaba hacia la salida.</p>
<p style="text-align: justify;">Por fin llegó al hall principal.</p>
<p style="text-align: justify;">El mostrador de las secretarias estaba vacío. Por uno de los bordes, lustrosamente pulidos, un reguero de sangre goteaba rítmicamente. Horrorizado abrió la puerta y corrió por el campus hasta la verja que separaba, simbólicamente, el mundo académico de la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que divisó le horrorizó más que las criaturas del despacho: la ciudad ardía en llamas. Columnas de humo negro se erigían por doquier.</p>
<p style="text-align: justify;">Y los gemidos llegaban de todas partes&#8230;</p>
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		<title>Cerveza, universitarios y Su: un regreso silencioso</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 19:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[fiesta]]></category>
		<category><![CDATA[Sally]]></category>
		<category><![CDATA[Su]]></category>
		<category><![CDATA[universitarios]]></category>

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		<description><![CDATA[Vuelve Su en un pequeño spin-off. Resulta que quería resucitar a mi personaje femenino Sally/Molly, sin embargo, como llevaba tantos años sin escribir relatos largos para ella&#8230; pensé que sería buena idea coger a Su y hacer que se pareciera a Sally. Para los que no conozcáis a Su os<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/cerveza-universitarios-y-su-un-regreso-silencioso/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Vuelve Su en un pequeño spin-off. Resulta que quería resucitar a mi personaje femenino Sally/Molly, sin embargo, como llevaba tantos años sin escribir relatos largos para ella&#8230; pensé que sería buena idea coger a Su y hacer que se pareciera a <a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/juegos-nocturnos-el-regreso-de-sally/" target="_blank">Sally</a>. Para los que no conozcáis a Su os recomiendo la lectura de su propia saga: <a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/mini-saga-huidas-a-medianoche/" target="_blank">Huidas a medianoche</a>. Vamos a ello.</p></blockquote>
<p><span id="more-2784"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=4f91b1e" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=4f91b1e" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://blog-quiver.deviantart.com/art/Manuel-Rebollo-Article-01-125303620"><img src="http://th05.deviantart.net/fs43/300W/f/2009/160/e/9/Manuel_Rebollo_Article_01_by_blog_Quiver.jpg" alt="" width="300" height="464" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por Manuel Rebollo</p></div>
<p>La luna coronaba la noche envuelta en un manto de nubes densas. El asfalto caliente incitaba a las carreras, y los universitarios borrachos cogían el coche de papá-mamá para quemar el embrague calle abajo. Ellos creían que se estaban corriendo la fiesta más dura de la historia.</p>
<p>-¿Realmente piensas que poner el BMW de mami a 140 es lo más duro que se puede hacer? -Su escupía las palabras desde detrás del cuello de un botellín de cerveza mexicana.</p>
<p>-¡Claro, tía! ¡Ya verás cuando esos carrozas vean el asfalto mañana! ¡Van a flipar! -contestó un joven borracho que intentaba abrazar a Su. Ella no se dejaba.</p>
<p>-¿Quieres ver algo duro de verdad? -dejó el botellín en una mesa de piscina.</p>
<p>-¡Por supuesto! -pero su mente bebida enfocaba los planos existenciales hacia el lado sexual de la vida, interpretando &#8220;quieres ver algo duro de verdad&#8221; por &#8220;te la voy a chupar hasta dejartela como un mastil&#8221;-. Por cierto, ¿a qué clase vas tú?</p>
<p>-A ninguna -susurró Su acercándose al joven y metiéndose la mano en el bolsillo trasero de los vaqueros. Había leído a la perfección las babas del chico.</p>
<p>-¡Ah, ya veo! ¡Eres de otra carrera!</p>
<p>-Eso mismo&#8230; Mira, observa. ¿Ves al chico de la camiseta verde? El que baila con la rubia de silicona. Por cierto, ¿desde cuando las universitarias se operan las tetas?</p>
<p>-Ésa no es de la carrera&#8230; Será una furcia -contestó el chico como si fuera una observación física, en el sentido científico de la palabra.</p>
<p>-Bien, pues quiero que no apartes los ojos del chico&#8230; Él todavía no lo sabe, pero va a ser muy afortunado esta noche. Sonríe a la rubia&#8230; La besa&#8230; La magrea&#8230; Y se va a por una birra&#8230; Ahora fíjate bien. Abre mucho los ojos. Sé que estás borracho, pero me gustaría que emplearas toda tu atención en esto. Muy bien. ¿Ves al chico coger una cerveza de los hielos?</p>
<p>-Sí&#8230;</p>
<p>-Pues ahora ya no.</p>
<p>El silbido estalló sobre el hombro del universitario dejándole un pitido desagradable en el interior de la cabeza. Su sostenía una pistola con silenciador que todavía humeaba justo detrás de él. Hasta borracho supo que el chico de la camiseta verde no se había echado ketchup en la cabeza y jugaba a ser un muerto en el jardín.</p>
<p>-¿Has visto? Eso es la mitad de duro de lo que realmente significa la palabra duro. La otra mitad os la mostraré en un momento. Él por fortuna -dijo señalando al cadáver-, no va a conocer el significado real de la palabra. Lo bueno empieza ahora. Lo malo para vosotros.</p>
<p>Y sonriendo hizo bailar una y otra vez la corredera de la pistola. Al final no quedó nadie para quemar más embragues alemanes de exportación.</p>
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		<title>[Microrrelato] Desgaste vital</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 18:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[chica]]></category>
		<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>
		<category><![CDATA[seducción]]></category>

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		<description><![CDATA[Hacía tiempo que no escribía un microrrelato. La última vez fue hace 5 meses atrás para un concurso asturiano. Espero no haberme oxidado. Baja del coche y pisa fuerte sobre el asfalto; luna llena en el cielo que proyecta sombras espectrales a través de la cortina de nubes grises que<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/microrrelato-desgaste-vital/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hacía tiempo que no escribía un microrrelato. La última vez fue hace 5 meses atrás para un concurso asturiano. Espero no haberme oxidado.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.flickr.com/photos/marimoon/2567076468/sizes/o/"><img title="Rebelde" src="http://farm4.static.flickr.com/3069/2567076468_396a515a32_o.jpg" alt="Foto por marimoon" width="500" height="375" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por marimoon</p></div>
<p><span id="more-2788"></span></p>
<p>Baja del coche y pisa fuerte sobre el asfalto; luna llena en el cielo que proyecta sombras espectrales a través de la cortina de nubes grises que navegan eternamente.</p>
<p>Largas piernas en botas de cuero que configuran el opuesto del alquitrán prensado. Falda corta y en los labios una sonrisa que dice &#8220;atrévete&#8221;. Largo cabello moreno que flota en el aire, crea y destruye ondas asimétricas sin ningún orden cósmico.</p>
<p>Un hombre se acerca, le besa en la boca y sus cuerpos se funden por un momento en el oscuro de la calle, creando una estela de calor corporal detectable a dos millas de distancia. Después un objeto duro a la altura del bolsillo, forma cilíndrica y de considerable tamaño. Duro como el metal.</p>
<p>Ella lo vuelve a tocar, esta vez deslizando suavemente las uñas sobre la superficie pulida.</p>
<p>Un disparo. Un cadáver.</p>
<p>Si te atreves con ella ten presente el final, porque sus labios son la fruta prohibida del Edén que se perdió.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Juegos absurdos</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 00:16:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[Ágora]]></category>
		<category><![CDATA[Amenábar]]></category>
		<category><![CDATA[Pulp Fiction]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy he visto Ágora, lo nuevo de Amenábar, y bueno, bastante entretenida pero también bastante aburrida. No sé por qué pero la película me ha incitado a escribir lo siguiente. Cuando lo leáis comprenderéis por qué digo que no sé qué me ha hecho escribir este relato. Creo que algo<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/juegos-absurdos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hoy he visto Ágora, lo nuevo de Amenábar, y bueno, bastante entretenida pero también bastante aburrida. No sé por qué pero la película me ha incitado a escribir lo siguiente. Cuando lo leáis comprenderéis por qué digo que no sé qué me ha hecho escribir este relato. Creo que algo me recordó a Pulp Fiction.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Miedo" src="http://farm3.static.flickr.com/2664/4087177569_aca4ca5dff_o.jpg" alt="No juegues con locos, es peligroso" width="501" height="262" /><p class="wp-caption-text">No juegues con locos, es peligroso</p></div>
<p><span id="more-2573"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f5b6db2" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f5b6db2" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Pelo negro, muy corto, a cepillo, sucio, grasiento, muchos días sin una ducha. Gafas de sol en el bolsillo, chaqueta de piel, vaqueros, cinturón ancho, deportivas, sin corbata, por Dios.</p>
<p>Mueca torcida, cejas arqueadas, mirada fija, frente arrugada, una mala hostia increíble. Mano levantada, pulso firme, una gota de sudor resbalando por su sien, un hombre a punto de morir.</p>
<p>-Tienes tres segundos para decirme dónde coño está el cuerpo de la chica.</p>
<p>Silencio absoluto. En la calle la sirena de una ambulancia grita como una adolescente en un partido de fútbol universitario.</p>
<p>-Cuando hablo me gusta que me contesten.</p>
<p>La culata de la pistola surca el aire y golpea la mejilla del hombre haciendo saltar diminutas gotas de sangre densa a su chaqueta de piel.</p>
<p>-Me has manchado la chaqueta, cabrón.</p>
<p>Mira la mancha, después al hombre atado a la silla y después de nuevo a la mancha. Tenía un problema con aquel hombre, le pegó, le ató y le amenaza con una pistola en la cara, pero ahora tiene otro problema; una mancha.</p>
<p>-Muy bien, veo que no quieres hablar.</p>
<p>El disparo recita poesía. Pólvora comprimida en un casquillo de metal. La moqueta se mancha con más sangre. El hombre atado grita de dolor.</p>
<p>-Por última vez, dónde está la chica, y no creas que la próxima vez dispararé tan abajo -dijo señalando con el cañón del arma al zapato agujereado.</p>
<p>-Está en un muelle, en el puerto -su rostro se tuerce hacia todos lados, formando arrugas imposibles.</p>
<p>-En qué muelle.</p>
<p>En la habitación los resoplidos del herido.</p>
<p>-En qué puerto.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Otro disparo. Más gritos. La ambulancia a lo lejos, perdiéndose.</p>
<p>-¡No lo sé, joder! ¡No lo sé!</p>
<p>-¿No lo sabes?</p>
<p>-¡No, joder! ¡Estás como una puta cabra!</p>
<p>-¿Piensas que estoy como una puta cabra? ¿Crees que una cabra haría esto?</p>
<p>Otro disparo. Esta vez una ventana volando en mil esquirlas que reflejan el rostro de terror del hombre atado. Un disparo más; una lámpara que cae al suelo dejando una alfombra metálica y cristalina, fragmentos de bombillas aniquiladas.</p>
<p>-¿Crees que una cabra puede disparar un arma de fuego?</p>
<p>Sus palabras no tienen sentido, él mismo lo sabe. Sabe que está como una cabra.</p>
<p>-Y ahora dime, ¿quién llevó a la chica a ese muelle que dices?</p>
<p>-Carrigan. Fue Carrigan -sus palabras se tropiezan en una carrera desesperada por liberarse.</p>
<p>-Con que Carrigan&#8230; ¿y dónde está Carrigan ahora mismo?</p>
<p>-En el muelle, supongo.</p>
<p>-Y no sabes dónde está el muelle.</p>
<p>El hombre atado mira con pavor a la &#8220;cabra&#8221;.</p>
<p>-No.</p>
<p>-Buen chico&#8230;</p>
<p>Se da la vuelta y coge un vaso de plástico verde, lo llena en la pila de la cocina con agua y bebe rápidamente. Se limpia los labios con la manga de la chaqueta manchada de sangre y vuelve con el hombre atado. Le sonríe.</p>
<p>-Todavía no sé qué hacer contigo.</p>
<p>-No hagas nada.</p>
<p>-¿Nada? Buena idea -se encoge de hombros-. Pero si no hago nada&#8230; ¿quién vengará a mi pobre amiguita?</p>
<p>Murmullos en la calle. Los vecinos empiezan a juntarse en la acera para ver qué pasa en el interior de la vivienda. Los disparos han alertado al vecindario. Hay que acabar rápido.</p>
<p>-Mi amiguita está muerta, solamente quiero enterrar su cuerpo, ¿entiendes?</p>
<p>El hombre atado afirma con la cabeza. Varias veces.</p>
<p>-Pero el cuerpo sin vida de mi amiguita está en un puto muelle de una puta ciudad costera que tendrá más de cinco puertos&#8230; Y claro, eso es una gran jodienda, ¿no crees?</p>
<p>Asiente una vez más.</p>
<p>-Quiero que me digas tu nombre.</p>
<p>-James.</p>
<p>-James qué.</p>
<p>-James Compton.</p>
<p>-Muy bien, James Compton, te diré qué vamos a hacer.</p>
<p>Da una vuelta sobre sus talones y le sonríe como un payaso infantil.</p>
<p>-Vamos a jugar a un juego muy sencillo. Yo pregunto y tú contestas. Con pocas palabras, ¿entendido?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Cuántos años tienes?</p>
<p>-Treinta y ocho.</p>
<p>-¿Estás casado?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Tienes hijos?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Conocías a mi amiguita?</p>
<p>-Sí, todo el mundo la conocía.</p>
<p>-Pocas palabras, James. Pocas palabras.</p>
<p>-Vale -en sus ojos el miedo.</p>
<p>-Y ahora viene la mejor parte del juego -dibuja una gran sonrisa y abre mucho los ojos-. La parte en la que mi mala hostia se canaliza desde mi cerebro enfermo hasta mi dedo índice, pasando por los nervios de mi cuerpo y los músculos de mi brazo que accionarán el gatillo para escupir plomo sobre tu asquerosa cara de solterón sin hijos, ¿entendido James?</p>
<p>No contesta. Sus pantalones se mojan sin control. El &#8220;hombre cabra&#8221; lo ve pero no dice nada.</p>
<p>-Dijimos que contestarías con pocas palabras.</p>
<p>Más silencio. En la calle más gente. Viejas en bata, señores gordos con albornoz. Mujeres maduras con su mejor lencería; siempre es buen momento para ligar con tu vecino jurista.</p>
<p>-James, te toca.</p>
<p>-Sí&#8230; -la voz sale a duras penas.</p>
<p>-Muy bien, ¿dónde está el muelle del que hablabas?</p>
<p>Duda unos segundos.</p>
<p>-No lo sé&#8230;</p>
<p>-¡Respuesta incorrecta! ¡Pierdes!</p>
<p>Tres disparos. Sangre y un cadáver. Los vecinos gritan horrorizados por el estruendo. La policía aparece por la esquina; dos coches patrullas con las sirena puesta.</p>
<p>El &#8220;hombre cabra&#8221; se marcha por la puerta trasera. Tiene que encontrar un puerto, un muelle y el cuerpo de su amiguita.</p>
<p>Le prometió un funeral digno.</p>
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		<title>Dibujos corporales</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 15:22:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[asesinatos]]></category>
		<category><![CDATA[detectives]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya iba tocando algo que no fuera de temática amorosa. Os dejo con un relato negro de detectives. Aquella última semana antes de retirarme me cambió completamente la vida. Empecé con ilusión lo que sería mi último caso pero pronto mi energía tornó en desesperación. La falta de pruebas y<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/dibujos-corporales/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Ya iba tocando algo que no fuera de temática amorosa. Os dejo con un relato negro de detectives.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 518px"><img class="    " title="Árbol muerto" src="http://farm3.static.flickr.com/2389/2356684129_3a58a6d772_b.jpg" alt="Foto por Greything" width="508" height="284" /><p class="wp-caption-text">Foto por Greything</p></div>
<p><span id="more-2403"></span></p>
<p>Aquella última semana antes de retirarme me cambió completamente la vida. Empecé con ilusión lo que sería mi último caso pero pronto mi energía tornó en desesperación. La falta de pruebas y la constante imagen de aquella niña muerta en mi cabeza no me dejaban progresar en la investigación. Les pondré al día.</p>
<p>El día 16 de octubre fue hallada una niña muerta en un piso de Madrid. Presentaba varios cortes en brazos y piernas pero la causa de la muerte fue un traumatismo craneoencefálico producido por un objeto romo y contundente. El forense examinó el cuerpo y pudo dictaminar que los cortes habían sido realizados después de su fallecimiento. Todos ellos presentaban una profundidad similar y eran perfectamente simétricos, lo que nos llevaba a un ensañamiento brutal.</p>
<p>La chica estaba vestida cuando la encontramos, pero en el análisis posterior se descubrió que había más de aquellos cortes por todo el tronco. Las fotos que me mandaron me horrorizaron. Los cortes rectos y limpios formaban la figura de un árbol cuyas raíces terminaban en la vagina de la niña. El jodido asesino había usado su cuerpo para poner en práctica sus dotes artísticas. Desde el primer momento pensé que era algún tipo de mensaje oculto, sentí una extraña conexión con el demente y supe que estaba intentando comunicarnos algo, pero no sabía el qué.</p>
<p>El análisis del piso no dio resultados concluyentes. Ninguna huella sospechosa ni tan siquiera un solo pelo. Pero el problema no había hecho más que comenzar.</p>
<p>Días después hallaron otro cuerpo más, esta vez en un aparcamiento al aire libre a las afueras de la ciudad. Era una chica joven y presentaba los mismos cortes que la niña, pero esta vez el asesino había elegido dibujar una bañera con olas cuyo desagüe, adivinen, era la vagina de la víctima. Tanto la niña como la chica compartían el mismo grupo sanguíneo y además compartían el mismo color de pelo y ojos. Sin embargo, en el aparcamiento pudimos dar con una pista que nos mantendría vivos durante unas horas; era la capucha de un bolígrafo manchada parcialmente con sangre. Llegué a la conclusión de que el asesino dibujaba su &#8220;obra&#8221; antes de llevarla a cabo en la piel de las víctimas.</p>
<p>Esperanzado por poder hallar una huella en el objeto, mi ánimo se esfumó cuando no pudimos sacar nada en claro. Interrogué personalmente a los familiares de ambas víctimas desarrollando una amplia base de datos donde crucé todo tipo de variables, pero no pude encontrar nada relevante. No había ninguna conexión más allá del pelo y los ojos entre la niña pequeña y la chica joven, quien fue identificada como una universitaria de la Complutense. Estudiaba en la Facultad de Biología y decidí pasarme por allí a ver si algún compañero podía aportar algo sobre sus últimas horas. Por lo que pude extraer, la joven había asistido el día de su muerte a clase y después comió con unas amigas. Estuvieron unas horas en la biblioteca terminando un trabajo para una clase y después se fueron a tomar algo a Moncloa, donde se despidieron para siempre.</p>
<p>Vivía el día aterrorizado y las noches las pasaba en completa desesperación. No conseguí conciliar el sueño durante días temiendo en lo más profundo de mi corazón que el asesino apareciera de nuevo, y así fue, tercera y última víctima; una anciana en el portal de su vivienda en el centro de la ciudad. Presentaba el dibujo de una calle urbana en pleno diluvio, y su vagina era esta vez la tapa de una alcantarilla abierta por donde se colaba el agua de lluvia. Sus ojos seguían el patrón del homicida y en su juventud disfrutó del mismo pelo rubio que las dos víctimas anteriores. Aquel bastardo era un demente, y seguía suelto.</p>
<p>Sin embargo algo me llamó la atención. No me cuadraba aquel saltó tan grande de años. La primera víctima tenía siete, la segunda veintidós y la tercera setenta y ocho. Algo me decía que todo aquello todavía no había terminado. Cada día regresaba a casa y me sentía frustrado. No era capaz de mirarme al espejo por vergüenza y empecé a discutir más a menudo con mi mujer.</p>
<p>La cuarta víctima llegó con el alba.</p>
<p>Amanecía cansado y mojado en mi cama. Las sábanas estaban cubiertas de sangre y a mi lado yacía el cuerpo inerte de mi mujer. Adivinen; mujer de mediana edad, rubia y de ojos marrones. El dibujo esta vez era una botella derramando su contenido que se perdía en su vagina rasurada.</p>
<p>Entonces comprendí por qué esa sensación de conexión con el asesino.</p>
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		<title>Juegos nocturnos, el regreso de Sally</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 17:34:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[chicas malas]]></category>
		<category><![CDATA[Sally]]></category>

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		<description><![CDATA[Los que llevan años leyéndome conocen uno de mis grandes fetiches; la chica (que no mujer) con roles masculinos. Hacía tiempo que no escribía ningún relato para mi &#8220;chica mala&#8221; por excelencia; Sally. ¿La recordáis alguno? Sally nació en mi etapa de bachillerato, allá por 2004-2005, y creció y maduró<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/juegos-nocturnos-el-regreso-de-sally/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Los que llevan años leyéndome conocen uno de mis grandes fetiches; la chica (que no mujer) con roles masculinos. Hacía tiempo que no escribía ningún relato para mi &#8220;chica mala&#8221; por excelencia; Sally. ¿La recordáis alguno? Sally nació en mi etapa de bachillerato, allá por 2004-2005, y creció y maduró en el 2006 de la mano de mi primer blog en Internet. Durante estos años ha aparecido en varios relatos como ella misma o bajo otro nombre, pero en esencia es la misma persona y la misma idea; mujeres malas que rompen reglas.</p>
<p>Me apetecía escribir algo irónico y cínico a la vez, un texto que vuelva a mis orígenes adolescentes y que demuestre de una vez por todas, que Sally a secas tiene más cojones que Lisbeth Salander, quien haría mejor en comprarse un Sony VAIO, montar una distro de Linux y tirar a la basura su pijo-Mac imperialista.</p>
<p>Que aproveche.</p></blockquote>
<p><span id="more-2365"></span></p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 255px"><img class=" " title="Sally" src="http://farm3.static.flickr.com/2623/3990791228_5a056e8298_o.jpg" alt="¿Quién no querría ir a la cama con Sally? Pero ten cuidado después..." width="245" height="344" /><p class="wp-caption-text">¿Quién no querría ir a la cama con Sally? Pero ten cuidado después...</p></div>
<p>Se abrochó los vaqueros lentamente, sintiendo bajo sus dedos todos y cada uno de los dientes de la cremallera encajando en cadena. Estaba eufórica tras forzar a un niñó de papá a practicar sexo oral en la parte trasera de una de esas discotecas de moda. Lo mejor de aquellos críos era que no opinían apenas resistencia, eran dóciles y mansos y por lo general solían obedecer sin rechistar, aunque no les gustara lo que se les ordenase.</p>
<p>Sally cruzó la calle sin prestar atención al tráfico y encaró la boca del subterráneo. Una brisa gélida azotaba su melena morena que parecía bailar en la noche, dibujando espirales oscuras que no brillaban con la luz de las farolas. Se metió el pelo por dentro del cuello de la chaqueta y solucionó el problema. Todavía conservaba el calor del encuentro con aquel chico y sentía que necesitaba más aquella noche, pero no sexo, sino bronca. Las bragas aún húmedas rozaban sus piernas y la sensación de frío comenzó a expandirse desde abajo. Necesitaba seguir caliente.</p>
<p>En la esquina del Metro, apoyados en unos cubos de basura con la tapa abierta dos hombres de unos treinta años fumaban un pitillo mientras reían descaradamente. Vestían trajes azul marino y camisa blanca, corbata y zapatos negros. &#8220;Gorilas de discoteca.&#8221; pensó Sally lamiéndose los labios. Se acercó a ellos asegurándose de hacerse notar. Caminó sensualmente moviendo más de lo normal las caderas, midiendo cada paso que daba y fijando su mirada férreamente en los hombres.</p>
<p>En sus labios media sonrisa dibujada.</p>
<p>Uno de ellos la vio venir y se arregló el cuello del traje, avisando a su amigo de la presencia de Sally. Ella se acercó lentamente al primero, rapado y de pelusilla morena por toda la cabeza. Sally no caminaba, flotaba livianamente sobre el asfalto. Con manos delicadas cogió su cigarrillo de la boca del hombre y dio una larga calada, para después lanzarle el humo a la cara. El otro hombre, de melena rubia y un pendiente notable los miraba con ojos grandes.</p>
<p>Sally se acercó al del pendiente y fingió que se le caía el cigarrillo a sus pies. Cuando se agachó a por él, rozó el sexo del otro hombre con su culo y se aseguró de mantener esa postura unos breves segundos, tiempo suficiente para calentar a cualquier hombre con más de dos neuronas. Lentamente se fue incorporando hasta dejar sus labios muy cerca de los del rubio. En un movimiento lento y casi eterno para el hombre, Sally comenzó a besar su oreja delicadamente. Podía notar la respiración acelerada del hombre que seguramente ya estaba erecto.</p>
<p>Le mordió el lóbulo y le arrancó el pendiente. La sangre pintó sus labios de rojo oscuro.</p>
<p>Como el otro hombre sólo veía la espalda de Sally no sabía muy bien qué había pasado, pero cuando ella se giró pudo comprenderlo todo. La mirada de la chica era seductora y atractiva, pero no una mirada que reflejase deseo carnal, sino más bien deseo criminal. De un codazo le partió la nariz y cayó de culo al suelo mientras se la sujetaba. Una patada en el mentón finalizó con el hombre rapado. Sally se dio la vuelta y esquivó rápidamente el puño del otro hombre, quien no paraba de gritar y de sangrar por la oreja. Uno de los puñetazos alcanzó la cara de Sally que empezó a sangrar profusamente por el labio que le habían roto.</p>
<p>En sus labios pintados de rojo donde se mezclaba la sangre de dos personas distintas había dibujada una sonrisa. El hombre que aún quedaba en pie lo estaría por poco tiempo más.</p>
<p>Sally bajó las escaleras del Metro mientras con la manga de la chaqueta se limpiaba la cara y los nudillos. Atrás había dejado a un hombre en el suelo y a otro dentro de un cubo de basura.</p>
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		<title>Muerto y cocinado</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 21:37:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[spaghetti westerns]]></category>
		<category><![CDATA[Tarantino]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días se ha estrenado la última película de Tarantino. Yo no iba a ser menos; os presento mi particular visión de los spaghetti westerns adaptados a los tiempos urbanos que vivimos. Errol era un tipo tranquilo y pacífico. Gustaba de fumarse un cigarrillo en la parada del autobús<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/muerto-y-cocinado/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hace unos días se ha estrenado la última película de Tarantino. Yo no iba a ser menos; os presento mi particular visión de los spaghetti westerns adaptados a los tiempos urbanos que vivimos.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2610/4162266542_2ac6288476.jpg" alt="" width="500" height="373" /><p class="wp-caption-text">Foto por Brandon Christopher Warren</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2272"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=264be3b" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=264be3b" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Errol era un tipo tranquilo y pacífico. Gustaba de fumarse un cigarrillo en la parada del autobús mientras observaba a la gente subir y bajar una y otra vez, nunca se cansaba. De vez en cuando salía por la noche a tomar unas cervezas en compañía de su soledad, y cuando estaba muy desfasado entablabla conversación con una mujer, de la talla y peso que fuera, la primera a mano.</p>
<p>Pero aquel era el Errol sobrio, el Errol sin perturbaciones mentales ni problemas de personalidad. El más mínimo contratiempo podía sacar de sus casillas a nuestro tipo, sumiéndole en una endiablada espiral de muerte, sangre y plomo. Cuando su cabeza pasaba a la otra dimensión, cuando ya no distinguía entre el valor de una bolsa de golosinas y una vida humana, era cuando desenfundaba su Beretta M92 y decía <em>buenos días</em> al mundo, bueno, más bien <em>buenas noches</em>, porque ver a Errol pistola en alto es lo mismo que ver lo último en tu penosa vida.</p>
<p>Cuando a Errol se le cruzaban los cables, ya fuera por cualquier nimiedad como que se le desaten los cordones, encontrar una mancha en su vaso de cerveza, o que el día tenga más nubes de las que su gusto pondría en el cielo, el Departamento de Policía echaba a temblar. Un mal día para Errol era un mal día en la vida de un poli de ciudad. Ambos hechos eran sinónimos tan universales como que se caga para fuera.</p>
<p>Aquella noche pertenecía a un día malo. Para todos.</p>
<p>El motivo es lo de menos, lo que importa cuando Errol tiene los cojones hinchados es quién y cuántos están por delante. No es lo mismo matar a cuatro pandilleros por los que nadie llorará, que veinte guardaespaldas federales, un alcalde y dos senadores. Cualidad y cantidad, he ahí la cuestión de todo.</p>
<p>Aquella noche la cualidad era lo que a Rocco Siffredi su pene, y la cantidad lo que la cerveza a una universitaria en celo. Leches, me refiero a que aquella noche Errol mató un huevo y parte del otro de gente VIP.</p>
<p>Comenzó bañando en sangre un restaurante de lujo del centro, el más apreciado por todos aquellos que tenían una entrada en la Wikipedia. Pasó por el plomo de su automática a más de cuarenta personas, incluyendo inocentes comensales, camareras y cocineros. Por supuesto también a los federales y políticos. Decir que Errol tiene suerte es quedarse corto. Si alguna vez te lo encuentras en una callejón oscuro y portas un arma de fuego, ni lo intentes. Simplemente tus balas nunca le alcanzarán, por muy buen tirador que seas. En el restaurante había más de veinte guardaespaldas de élite, todos armados y bien entrenados en combate. Errol sólo sufrió un corte en el cuero cabelludo a causa de una botella de Bourbon rota.</p>
<p>Los disparos llenaron durante tres escasos minutos todo el espacio sonoro del local. Allí dentro no existía otra cosa más allá de Errol y su pistola vomitando plomo cuan anoréxica verduras a la plancha. Uno, dos, tres, cuatro&#8230; ya se cansaba de contar los tiros en la cabeza que encadenaba sin fallar. La gente asustada se escondía debajo de las mesas donde habían estado pasando una agradable velada apenas unos minutos atrás, pero la pena es que nunca nadie les dijo que por muy caras que fueran aquellas mesas de madera noble de cerezo, las balas de núcleo de plomo recubierto de latón (como las que usaba Errol, qué casualidad), podían atravesarlas con facilidad.</p>
<p>Pronto, el suelo quedó pringoso y brillante.</p>
<p>Una vez terminó dentro, tuvo que negociar con media comisaría distrito Centro en la calle. No hace falta decir que &#8220;negociar&#8221; para Errol significa medir el tamaño de tu pistola. La de él era pequeña pero traviesa. El tamaño no importa, es de gilipollas, lo juro. El tipo del megáfono, seguramente un inspector novato recién salido de la academia, gritaba a pleno pulmón por la rendición de nuestro amigo Errol. No pasaron ni cuatro segundos cuando una bala atravesó el megáfono y posteriormente su garganta. Cuando el aparato cayó al suelo todavía se podía escuchar el gorgoteo de su faringe agujereada ahogándose en su propia sangre. Todo ello amplificado, por supuesto.</p>
<p>Después se sucedieron los tiros, las muertes y los coches en llamas. Eso de que un coche no explota cuando se le dispara es mentira. Si sabes dónde apuntar y con qué munición disparar es pan comido. Por supuesto, Errol también gustaba de usar munición incendiaria.</p>
<p>En total fueron treinta y cinco policías muertos, más siete peatones desafortunados.</p>
<p>Cuando todo acabó hacia las cuatro de la madrugada, Errol regresó a su apartamento en los barrios bajos de la ciudad. Pulsó el botón del ascensor de muy mala gana y esperó a que una de las dos puertas metálicas se abriera. Ding. Se abrió la de la derecha. Mala suerte. Aquella tarde después de comer, cuando se disponía a bajar la basura, Errol pensó que estaría bien que se abriera la puerta del ascensor de la izquierda.</p>
<p>Pero no fue así, dando lugar a otra mala noche para todos.</p>
<p>Ahora tendría que sacar la basura en un restaurante de lujo, no me preguntéis porqué.</p>
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		<title>Ojos hambrientos</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2009 14:58:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[Edgar Allan Poe]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Por culpa de un pequeño accidente doméstico, esta mañana me he visto sin mi libro de lectura (el cual he podido recuperar a la hora de comer), por lo que me he visto en la imperante necesidad de coger otro libro para matar el rato (si no leo por las<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/ojos-hambrientos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Por culpa de un pequeño accidente doméstico, esta mañana me he visto sin mi libro de lectura (el cual he podido recuperar a la hora de comer), por lo que me he visto en la imperante necesidad de coger otro libro para matar el rato (si no leo por las mañanas no soy persona, como los viejos si no van al cuarto de baño). Así que tras muchos años de separación, me he vuelto a encontrar con mi querido E. Allan Poe (mira que adoro sus cuentos, pero hacía años que no leía ninguno).</p>
<p>Ya os imagináis de qué va el cuento de hoy, ¿no?</p></blockquote>
<p><span id="more-2257"></span></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 501px"><img class="   " title="Monos" src="http://farm1.static.flickr.com/57/197863357_723659734c_b.jpg" alt="Foto de Thomas Hawk" width="491" height="315" /><p class="wp-caption-text">Foto de Thomas Hawk</p></div>
<p>El día de mi mudanza fue, sin duda, un acontecimiento singular y extraño en mi vida. Los hechos que les voy a narrar sin mayor pretensión que la de divulgar lo acaecido, son de una naturaleza tan misteriosa que aterraría al más bravo de nuestros soldados, quien con gallarda valentía aseguraría que el relato le deja indiferente cuando sus temblorosas rodillas y su sudorosa frente reclaman lo contrario. Como les decía, todo sucedió el día en el que me mudé desde el barrio de Tiny Hill a Crimson Peak Street, sin duda un cambio muy positivo para mi negocio pues por entonces, llevaba mi propio bufete de abogados.</p>
<p>Era un piso amplio y muy luminoso, de una belleza sublime con un estilo muy sofisticado. Es difícil explicarlo, pues su decoración (escogida por el antiguo dueño), era simple pero completa a la vez, todo colocado al detalle sin dejar opción a ningún añadido más. Tenía la sensación de que si introducía alguno de mis viejos muebles rompería el hechizo que el antiguo dueño me había legado, así que decidí vender todos mis muebles a una casa de subastas.</p>
<p>El sitio era perfecto. Además de las habitaciones de típico uso para una vivienda, disponía de un gran estudio donde podría llevar mi negocio. Sin demora alguna y desde el primer momento, me instalé con mucho entusiasmo y trabajé las primeras semanas con mucha ilusión. Las fuerzas renovadas por el cambio se reflejaban en los ingresos y en poco tiempo adquirí cierto renombre en la zona. ¡Estaba tan contento con la casa y el trabajo que insté a Marie, mi prometida, a venirse conmigo! Todo iba de maravilla&#8230; hasta que todo cambió.</p>
<p>La magia del piso que me había hipnotizado desde el primer día, desaparecía a pasos agigantados de repente. Sería la tercera o cuarta semana de establecerme allí cuando sucedió el primer incidente. Estaba yo sentado en el gran sillón de orejas del estudio, disfrutando del aroma de un té indio que un colega me había regalado, cuando noté una presencia a mi alrededor. Marie no estaba en casa (al final accedió a vivir conmigo), y no teníamos ningún animal de compañía más allá de unos monos disecados que me habían traído de Sudáfrica. Estando yo repasando el informe de un caso importante que tenía entre manos, noté como algo me soplaba detrás de la oreja con mucha delicadeza. Lo primero que pensé fue que Marie había regresado sin percatarme yo de ello, sin embargo ella no estaba. Las ventanas estaban cerradas y fuera no parecía soplar nada de aire, pero por algún motivo interno y primitivo, presa de un terror naciente y soterrado en lo más profundo de mi racionalidad, cerré la puerta para que no se repitiese el suceso.</p>
<p>Volvió a suceder pasados dos minutos escasos.</p>
<p>Se pueden reír ahora que se lo cuento, pero les aseguro que la sensación en el momento era de lo más terrorífica. Aquella segunda vez pude notar el aliento de una presencia detrás mía, como si no estuviera solo en el estudio. Mi mente se empezó a distraer fácilmente de la lectura y comencé a percibir <em>bultos</em> a mi espalda. Sí, creo que <em>bultos</em> es lo mejor que puedo definir la situación. Era como cuando sabes que detrás tuya está la estantería y percibes mentalmente el espacio a tus espaldas (y que no ves) como ocupado y lleno. Lo mismo me pasaba a mí. Comencé a sentir un miedo irracional que afloraba de mi interior.</p>
<p>De repente, noté que la taza que me llevaba a la boca estaba completamente fría. El té que había preparado poco tiempo antes se había congelado en el imposible intervalo de diez minutos (si es que llegaban). Mi mano empezó a temblar presa de lo desconocido y derramé el contenido en los pantalones, lo que me permitió sentir el líquido frío y muerto en mis rodillas empapadas. Estuve dando vueltas por el estudio unos cuantos minutos, intranquilo y muy nervioso. Mi estado inquieto no me permitía pensar todo lo claro que deseaba; ¿qué había sucedido exactamente? ¿Qué explicaciones lógicas y racionales existían? Sin embargo, mi mente estaba en un estado de bloqueo total, solamente podía pensar en cosas como ¿qué ha sido esa sensación fantasmagórica? ¿Qué sucede con esta habitación? ¿Qué me va a pasar?</p>
<p>En poco menos de cinco minutos entré en estado de pánico. Pueden pensar que estaba exagerando y llevando demasiado lejos lo que simplemente podría haber sido una corriente externa que se colaba por alguna parte de la casa, pero por alguna extraña razón, mientras estuviese dentro de aquella habitación mi mente permanecería bloqueada y aterrada. Era un miedo más psicológico que <em>de facto</em>. Era un terror que nacía de los tabúes y prejuicios primitivos de mi ser y que afloraba en forma de torrente violento por cada poro sudoroso de mi cuerpo. Sin embargo, y contra toda lógica, era incapaz de salir del estudio. Una fuerza invisible que me castigaba y atormentaba me impedía al mismo tiempo salir, más bien era el efecto contrario; me invitaba a permanecer, y yo sumiso aceptaba.</p>
<p>No tardé en imaginarme que los ojos de los retratos me miraban, todos a la vez y clavándose en mi alma como dagas ardientes. ¡Hasta el retrato de la tía Emma me sonreía cuando siempre me había odiado! Todo en aquella habitación me parecía extraño. Los bonitos muebles que decoraban el piso nuevo se habían tornado en siniestras figuras de madera sacadas del mismísimo patíbulo. Tres clavos aparecieron clavados en el escritorio de cerezo, tres clavos ensangrentados con muescas profundas por el uso. Cada vez más sentía aquella habitación llena, ocupada, habitada&#8230;</p>
<p>Supongo que mi corazón estaba al borde del colapso, y mis ojos fuera de sus órbitas cuando lo vi. Los monos disecados que en su día me habían regalado ya no estaban en su pedestal. Por arte de magia (o brujería), habían desaparecido cobrando vida, porque otra explicación no me cabe. La puerta permanecía cerrada y no se había abierto ni un mísero milímetro desde que la cerré con mis propias manos. Las ventanas presentaban el mismo estado que la puerta. Pero los monos no estaban.</p>
<p>Como un loco rebusqué en todos los cajones y armarios en busca de los animales. Realmente, la razón me decía que era mejor no encontrarlos, porque de otra forma significaría que algo terrorífico estaba sucediendo, empero, el miedo primitivo de mi alma me movía una vez más. Estaba poseso por la situación y no controlaba mis actos. Destrocé medio estudio y los monos seguían sin aparecer. Los retratos seguían espiándome desde sus marcos.</p>
<p>Sin ningún tipo de razón, algo me empujó a salir al rellano. Supongo que fue la misma fuerza que minutos atrás me retenía con implacable eficiencia en el interior de tan aterrador estudio. Lo que divisé a dos pasos de la puerta quedó grabado en mis retinas. Todavía hoy, tres años después, cuando cierro los ojos veo la silueta de Marie muerta en el suelo. Un gran charco de sangre descendía escaleras abajo con un goteo pausado y calmado. Sobre su cadáver los monos me sonreían con malévola dentadura minúscula. En sus ojos percibí el odio más profundo que había conocido hasta el momento.</p>
<p>Después de aquello me desperté en el escritorio de mi estudio. Todo estaba en orden y las presencias invisibles habían desaparecido. Todo volvía a ser como las primeras semanas felices en la nueva vivienda. Aliviado de que todo había sido un sueño me tiré al sillón de orejas para descansar, pero poco tiempo después me sobresaltó la policía al aporrear la puerta de casa. Marie había sido hallada muerta en el río. La autopsia posterior al crimen, informó de que su cuello presentaba numerosos mordiscos de mandíbulas pequeñas, lo que sin duda había hecho perder mucha sangre a la víctima. El forense me comentó que parecían de un mamífero de pequeño tamaño, como un gato o una rata grande, sin embargo, se parecían mucho a las mordeduras de los primates africanos, opción que racionalmente desechó porque ningún zoológico había dado la voz de fuga animal. Sin embargo para mí esta frase supuso el comienzo de mi calvario.</p>
<p>Al regresar a casa, afligido y derrotado por la muerte de mi amada, me di a la bebida como nunca antes lo había hecho.</p>
<p>Los retratos me miraban mientras me ponía ebrio.</p>
<p>Los malditos monos no paraban de sonreír.</p>
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		<title>Pensamientos viciosos</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2009 15:49:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>
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		<description><![CDATA[Me siento malo, oscuro y sucio, sobre todo sucio. Es como si me hubiera caído por el agujero del alcantarillado y hubiera aterrizado en un río de heces, un lugar precioso y hediondo donde la mierda resalta la porquería de compresas usadas, pañales y biomasa en descomposición. ¿Que qué pasa?<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/microrrelato-pensamientos-viciosos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Me siento malo, oscuro y sucio, sobre todo sucio. Es como si me hubiera caído por el agujero del alcantarillado y hubiera aterrizado en un río de heces, un lugar precioso y hediondo donde la mierda resalta la porquería de compresas usadas, pañales y biomasa en descomposición. ¿Que qué pasa? Que viene un microrrelato de novela negra, eso pasa. La música no puede pegar mejor con el texto, estaréis de acuerdo conmigo, nótese las ironías de la vida.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2010/2211185265_c5b3ab3fb2.jpg" alt="" width="500" height="347" /><p class="wp-caption-text">Foto por Ferran</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2118"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=04f3a0a" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=04f3a0a" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Alguien tenía que morir en aquella habitación de mierda y ese no iba a ser yo, eso me juré cuando me encañonaban con una del .45 directamente en la frente. Los ojos de aquel malnacido parecían no tener fondo, eran dos pozos negros de alquitrán espeso que me revisaban de arriba a abajo con sed de sangre, o eso descubrí por fortuna cuando me abrió la cabeza con una botella de whisky, porque al principio creía que me miraba porque le ponía cachondo.</p>
<p>¿Cómo había llegado a esa situación? A ver, hagámos memoria juntos, pero no perdáis el hilo que me jode repetir las cosas dos veces. Por encargo de un importante cliente (el Departamento de Policía de Madrid) iba tras la pista de un tipo que había matado a siete personas en menos de una semana, o al menos eso creían ellos, pero a falta de pruebas sólidas me habían encargado el trabajito a mí para quitarse ellos el muerto de encima. Sea como sea, aquel tipo, gordo y de muy mal ver, no era trigo limpio. A mí sinceramente me importaba una mierda quién fuera ese fulano y a qué se dedicaba por las noches, pero me parece de un gusto pésimo cargar siete muertes sobre los hombros de un desgraciado cualquiera.</p>
<p>Seguí durante un par de noches al gordo en cuestión y pude comprobar de primera mano que los gordos también tienen agilidad, o al menos éste, no veáis cómo se me escapó la noche en la que se dio cuenta de que le seguían. Me pegué una carrera que ni en mi época en la academia militar, y tras vomitar un par de veces en el camino pude ver cómo se metía el condenado en un bar de mala muerte a las afueras de la ciudad. Con la manga de la chaqueta me limpié la boca de bilis y entré sin pensar demasiado en las consecuencias, primera cagada.</p>
<p>Una vez dentro os podéis imaginar qué leches sucedió. Resulta que era el garito de un amigo suyo y ambos me esperaban dentro ansiosamente. &#8220;Qué bien, una fiesta para mí&#8221;, les comenté de buena gana, seré un cabrón, pero soy educado, segunda cagada. Por desgracia ellos no lo eran y a la primera de cambio me atizaron en las rodillas con un palo de madera, tal vez un taco de billar o una escoba, yo qué sé. Luego el tipo del bar se marchó con otros cuatro matones y nos dejaron al gordo y a mí solos enfrente de la barra, vamos, lo que yo llamo una velada romántica.</p>
<p>Como dije, me abrieron la cabeza con una botella de whisky. El licor me llegó a los labios mezclado con sangre, pero lo peor no era su sabor sino el escozor que me producía en los ojos. Él me tenía agarrado por el pelo y tiraba de mí hacia atrás, todo esto yo de rodillas sin sentir nada de mis pelotas para abajo. Me sacudió bien fuerte y varias veces con la culata del arma, y en una de ellas me desplomé al suelo perdiendo casi el sentido. Una vez que has recibido tantas palizas desarrollas una habilidad que te permite no perder el sentido a costa de sentir un dolor extremo, es como si en una partida de videojuego en vez de morir te quedases con 1 de vida. Así estaba yo, con la barra vacía y a punto de comerme el game over, tercera cagada.</p>
<p>Lo increíble fue que saqué fuerzas de flaqueza y al incorporarme (seguía sin sentir las piernas), le di en la barbilla con la cabeza. Creo que me hice yo más daño que él, pero lo que importa es que conseguí desequilibrarle y forcejear con él por el control del arma.</p>
<p>Después sonó un disparo que retumbó en todo el condenado bar. Podéis imaginar quién disparó a quién si tenéis en cuenta que ahora mismo estáis hablando con un ser vivo y no con un muerto, capullos. Luego lo típico, asusté a los otros tipos del bar que habían vuelto a la sala para recoger mi cadáver pero en vez de eso tuvieron que sufrir la paliza de su vida. La policía llegó, se llevaron a todos en tres furgones (el gordo no había muerto porque le disparé en la pierna) y a mí me dieron una manta cutre de esas que preservan el calor y una palmadita en la espalda.</p>
<p>Esta mañana me ha llamado el comisario para darme las gracias. Por supuesto yo le he colgado sin no antes mandarle a tomar por el puto culo.</p>
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