Hoy hablando de “La era del diamante” en la facultad, magnífica novela postcyberpunk donde las haya (yo diría que es el máximo exponente del género), me ha venido a la cabeza esta pequeña historia. No os mentiré; de entrada os cuento que la protagonista está inspirada en una pequeña gran persona con el mismo nombre. Así que ya sabéis qué cara poner a la prota de este relato más bien largo
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Foto por Paper Dreams
El calor abrasaba cada uno de los módulos de plástico desechable del complejo de apartamentos A-25. En menos de quince metros cuadrados Ellen, o 3113n como la conocían en la MetaRed, comía, dormía y se divertía… en otras palabras; vivía. Para usar el cuarto de baño tenía que salir al bochorno del exterior para atravesar veinte metros de descampado y acceder al complejo común, donde por unos cuantos euros podía ducharse, hacer la colada en máquinas de siglos pasados y bañar al perro. Pero Ellen, o 3113n, no tenía perro ni quería.
Su pasión era la Gracia, ella la buscaba, la exprimía y la vendía al mejor postor. Para Ellen la Gracia era el valor innato de aquellos pocos escogidos por el dedo de Júpiter, aquellos que en sus campos de trabajo destacaban sobre el resto de cabezas convencionales. Para Ellen la Gracia era más que unos cientos de miles de euros, para ella la Gracia lo era absolutamente todo. Sin embargo no se interesaba por la Gracia en esencia pura sino del resultado que resulta de su operacionalización. Ellen hablaba con muy pocas personas en la realidad, pero cuando se conectaba a la MetaRed y se convertía en 3113n era la reina del negro y verde, la pitonisa y el oráculo de Delfos en potencia máxima. Así que cuando 3113n tenía ganas de hablar sobre su trabajo solía contestar siempre con el mismo ejemplo; “imagínate a Salvador Dalí, ese hombre era Gracia en esencia pura, todo Gracia y solamente Gracia. Cada cosa que salía de su pincel era una obra de arte. Cada pensamiento que tenía era una obra de arte. Cada jodida cosa que dijese era una obra de arte. Simplemente porque Salvador Dalí era Gracia en esencia pura. Pero a mí no me interesa Salvador Dalí, a mí me interesan sus cuadros, únicos en todo el mundo porque vienen de su maldita mano de trazos perfectos. Así que yo buscaría sus cuadros, los explotaría al máximo y los vendería al mejor postor. A eso me dedico.”
Ellen salía muy poco de su módulo plástico de quince metros cuadrados, pero 3113n estaba a todas horas volando por el ciberespacio a toda velocidad, siempre buscando nuevas Gracias, siempre atenta a los movimientos de los gurús de la información. Sus dedos sobre el teclado corrían tanto que parecían fundirse con el negro de las teclas. El sonido que se levantaba al trabajar 3113n era una sinfonía armónica de bello código sobre el monitor del ordenador. Largas líneas de comandos para indexar rápidamente las millones de nuevas páginas webs que se creaban en todo el mundo a diario. Logaritmos de búsqueda compleja para dar con la Gracia definitiva, la Gracia de las Gracias, la que la llevaría al Cielo.
Ellen sabía que ella misma era una Gracia, de no ser así no podría ser la mejor en lo suyo. Muchos otros vivían de lo mismo pero ninguno podía equipararse con el nivel de 3113n. Las grandes compañías discográficas la llamaban semanalmente para que buscase a la nueva estrella del urban rap. Los grandes laboratorios la mandaban e-mails para que encontrase al futuro descubridor de la vacuna definitiva contra el VIH. Y pagaban bien, rápido y en negro. Pero aún así, 3113n tenía que declinar gran parte de las ofertas por falta de tiempo, pero sobre todo de interés.
3113n era un número en la MetaRed, una dirección IP que cambiaba cada cinco minutos y que era imposible seguirle el rastro. Los minutos pares no múltiplos de 4 estaba en Bejing. Los impares no múltiplos de 5 estaba en Heidelberg. Los pares pero múltiplos de 4 estaba en Madrid y los que eran múltiplos de 6 estaba en Osaka. Y así una larga lista de servidores-proxy que cambiaban su rastro según avanzaban los números en su reloj digital atómico. Pero Ellen a diferencia de 3113n estaba siempre en el mismo sitio, concretamente en Halifax, Canadá.
Aquella mañana de verano se vio obligada a salir al exterior del complejo de apartamentos. Había decidido que una vez al mes tenía que ir físicamente al super para hacer la compra, sino, su piel terminaría por rechazar totalmente el sol y seguramente caería enferma por mil motivos desconocidos para ella. Se vistió con una sudadera universitaria tres o cuatro tallas más grande y se cubrió con la capucha. Los vaqueros se le antojaban pequeños, pues la mayor parte de su vida la pasaba en bragas. Caminó presta por la acera con las manos en el bolsillo-canguro y con la mirada fija en los cuadrados que iba pisando. Estaba trabajando en un gran proyecto, tal vez El Proyecto. Había dado con un tipo en Tokyo que era un genio de la computación biomecánica. Era un alumno de postgrado de la Waseda y estaba desarrollando un trabajo magnífico sobre la aplicación de la conducta gregaria de algunas especies de insectos a la regulación social de las metropolis mundiales. Nunca antes se había conseguido con éxito, él parecía rozar la cumbre.
Ellen se llevó el flequillo a la oreja mientras pensaba en la ética y moral de su trabajo. ¿Estaba realmente bien vender el talento de un ser humano? Desde luego King Bob no se disgustó cuando 3113n le firmó un contrato con la Sony Music, pero… ¿quién dice que King Bob no hubiera estado mejor en otra compañía? ¿O quién dice que King Bob de tener dos neuronas sanas no habría escogido otra por su propia cuenta? Apartó esos pensamientos mordiéndose infantilmente el labio inferior y encaró la calle del supermercado.
Entonces, al cruzar la calle, un Mercedes negro se paró a escasos metros de ella, obligándola a detenerse en seco para no ser atropellada y quedar fundida en el áspero de la carretera. La ventanilla trasera se deslizó en un movimiento casi etéreo y por el hueco que dejó se asomó un hombre de mediana edad, medio calvo pero con aspecto saludable. Era Robert K. Preston, famoso ingeniero metido a empresario y dueño de una de las empresas punteras en la construcción de robótica pública.
-3113n, ¿has mirado tu correo últimamente?
Vaya que si lo había mirado. Tenía una centena de e-mails de Preston Corp. Aquel encargo no le llamaba la atención.
-¿Cómo coño me has localizado?
-No eres la única que sabe manejar un ordenador, muchacha -le guiñó un ojo-. Aunque he de admitir que para tener 22 años eres… simplemente un as, la Top-Gun de la búsqueda de talentos.
-No me interesan tus adulaciones.
Ellen rodeó el coche de lujo y prosiguió con su camino. El hombre se apeó junto a un gorila puro músculo sintético que la agarró por los brazos y la alzó en volandas, dejando su cara muy cerca de la del señor Preston.
-Mira, niñata. Esto no es un trabajo convencional. Lo vas a llevar a cabo te guste o no -la examinó de arriba a abajo-. Como soy una buena persona te pagaré una importante suma, digamos que 1,5 millones de euros.
-¡Suéltame, bastardo! -se intentó liberar de su captor pero no pudo ni moverse un milímetro.
-Además, te proporcionaré el material que necesites. Sólo tengo una condición; que termines el trabajo en un máximo de siete días. Cada día que consigas restar a ese tope hará que tu talonario se vea incrementado en medio millón de euros, ¿me explico?
-Sí… pero que me suelte.
-Bájala.
El gorila obedeció.
-Bien, ahora vete a casita y ponte a trabajar. Mandaré a tu cuchitril de plástico una furgoneta con comida y bebida para una semana entera. Desconozco si tu nevera puede albergar tanta comida, cosa que dudo una vez vista tu mierda de casa, pero te apañas como puedas.
Ellen hizo una mueca de desagrado. Sabía que estaba atada de pies y manos.
-No hace falta que te diga que si fallas en tu cometido terminarás muy mal. De momento no tengo nada pensado, pero estoy entre la muerte y romperte los dedos para que no puedas teclear nunca más en tu vida -la volvió a examinar lentamente, de arriba a abajo haciendo una pausa en sus senos infantiles-. Así que más te vale aplicarte al máximo. Creo que no estoy siendo malo del todo.
Se encogió de hombros y volvió al coche con su guardaespaldas, perdiéndose en la lejanía del asfalto urbano salpicado de neones y semáforos intermitentes.
Ellen tendría que vivir una semana entera como 3113n, después de todo no era la primera vez ni la última que lo haría. Pero lo que más la molestaba era tener que dejar de lado sus investigaciones en Tokyo, aunque positivamente pensó que con el dinero que pudiera conseguir de ese mamonazo de Preston se podría costear un nuevo apartamento en un lugar más bonito, quizá California, París o la misma Tokyo.
Regresó corriendo a su apartamento modular y se desnudó por completo, se sentó en su silla verde y comenzó a teclear a la velocidad de las pulsaciones electromagnéticas del Metro. El objetivo era relativamente sencillo; encontrar la localización de un ingeniero robótico en algún lugar de Texas, descargar los planos del complejo donde la Mach Inc. le tenía preso a tiempo completo, y hallar la forma de llevarlo sano y salvo a Chicago, donde Preston Corp. tenía un laboratorio de ingeniería robótica.
En menos de cuatro horas ya había dado con el ingeniero en Texas y en siete u ocho horas más había confeccionado un plano-borrador del edificio donde estaba cautivo. En realidad no es que fuera un esclavo, los ingenieros de prestigio solían firmar contratos blindados a cambio de trabajar de por vida para la empresa, pero de vez en cuando, a alguno de esos cerebritos se le iba la cabeza y consideraba buena idea cambiar de aires, violando el contrato que una vez firmó y por ende poniendo en peligro su vida.
3113n trabajó a destajo durante cuatro días, al cuarto consiguió lo que Preston quería.
Ellen se mudaría pronto, a un sitio mejor y más bonito, donde el código fuente reluciera digno de encontrar a la Gracia de las Gracias.
Pues a Ellen debio de pasarsele por alto la Gracia de los relatos cortos
xDDD!!
Estaría contento con el simple hecho de que hubiera geolocalizado mi IP
[...] shimohira El relato de ayer me gustó tanto que he decidido seguirlo. La verdad es que tiene mucho que ver con la novela que [...]
Menos mal que sé que has hecho una segunda parte que ahora mismo voy a leer, sino te acusaria de dejarme un poco a medias. Bueno me encanta, supongo que ya te lo esperabas, tiene todos los elemenos, a Ellen, relato con toques que me recuerdan a los cuentos de Gibson…y esta canción!!!Pero quiero más Ellen, quiero tu libro!!!
El que más quiere mi libro… ¡soy yo mismo! xDDD
Sabía que te gustaría. El personaje de Ellen en la novela es una pasada
Por esas casualidades de la vida llegue a este blog y la estaría me ah fascinado seguiré leyendo los otros cuatro cortos que faltan saludos y sigan así
vmonsalve, ahora mismo estoy de parón, escribiendo nuevo material mientras me preparo para empezar mi doctorado, por lo que no sé cuándo volveré a publicar, pero será como mucho en un mes