[El joven Ming y las Gracias perdidas] Oscuridad infinita
by shimohira
Tengo una canción buenísima para un texto que espero esté a la altura. ¡Abriros puertas del Infierno, porque llegan aquellos que guiarán nuestros pasos con su luz! Menuda frase me acaba de salir, pero resume el texto bastante bien
No hace falta decir que es la continuación de este otro relato.
La caída fue tan estrepitosa como dolorosa, un descenso que parecía nunca acabar por un túnel de paredes angostas sumidas en la más oscura de las oscuridades. Cuando el joven Ming impactó contra el suelo se sorprendió de no haber muerto al instante. Había estado cayendo durante más de diez segundos y sus cálculos le indicaban que había recorrido una distancia exageradamente mortal, sin embargo, solamente se había lastimado el brazo sobre el que había caído y poco más.
Tanteó el suelo a ciegas y pudo comprobar que era una superficie uniforme, mullida y bastante blanda. Estaba repleta de texturas suaves y agradables para sus temblorosas manos, y si aplicaba fuerza con un dedo fácilmente podía hacer un pequeño agujero, fresco y húmedo en su totalidad. No podía ser otra cosa que tierra fértil. Gateó unos metros antes de incorporarse y tantear en busca de algún punto de apoyo sobre el que asentar la cabeza, todo le daba vueltas y estaba bastante desorientado, pero no pudo encontrar nada, ni tan siquiera un desnivel en el terreno; tampoco a su maestro.
-¡Maestro! -el grito resonó hueco por el espacio, la sensación de infinitud le aplastó contra sus dolores-. ¡Maestro!
Aquel lugar debía ser enorme. Una débil corriente de aire formaba surcos en sus pantalones húmedos. No conseguía escuchar nada más que sus pasos rozando la alfombra vegetal que creía estar pisando.
-¡Maestro, dónde está!
Silencio absoluto.
Caminó sin rumbo durante lo que le pareció una eternidad y terminó por sentarse en el suelo exhausto. Estaba completamente solo y sentía cómo la angustia crecía poco a poco en su interior, la llama del pánico avivando los más profundos temores existenciales para sumir su corazón en las tinieblas de la desesperación. Cuando ya daba todo por perdido se percató de la existencia de dos puntos titilantes en el horizonte negro, dos puntos vivos que parecían danzar en movimientos cortos y ascendentes. Era fuego rojo.
Con energías renovadas se levantó y corrió hacia su descubrimiento. Tropezó varias veces por el camino para terminar rodando por el suelo blando, sin dolor, pero levantando un peculiar ruido muy agradable. Cuando estuvo lo suficientemente cerca del fuego aprisionado en un par de pequeñas antorchas sobre una plataforma de madera con unas escaleras muy desgastadas, entendió qué era lo que había estado pisando todo aquel tiempo.
Alejó los miedos de su mente y subió decidido los seis escalones, agarró ambas antorchas y alumbró el suelo tras bajar de la tarima de un salto. Bajo sus pies, altaneras y orgullosas, millones de flores negras encaraban la altitud del espacio sin más intención que estar allí. Sus hojas de un verde vivo resaltaban como un cuadro perfecto entre el negro de los pétalos y el amarillo de los pistilos. Eran las mismas flores que había visto minutos atrás en el camino embarrado.
Un ruido rompió sus pensamientos.
A pocos metros de él una figura oscura se desplomó con estrepitoso estruendo, quejándose y maldiciendo en alto. El joven Ming se acercó con cuidado y enfocando con una de las antorchas pudo ver al maestro Yang-Li sacudiéndose el barro de su túnica de seda.
-¡Bendito seas, Ming, ya era hora! -exclamó el maestro dándose la vuelta al instante, como sabiendo que su joven aprendiz estaba allí.
-¿Maestro?
-Sí, el mismo, quién si no -se terminó de sacudir las vestimentas-. Casi me como los dedos esperando a que dieras con ese maldito fuego. Déjame una antorcha, anda -estiró el brazo y sin más se la arrebató a Ming de la mano-. ¿Sabes? He experimentado cosas muy raras en estos últimos minutos.
-Explíqueme, maestro, no entiendo absolutamente nada de lo que está pasando…
-Es muy sencillo; la mujer que vimos aquel día lluvioso era la manifestación residual de una de las Gracias que andábamos bus…
-¿Aquél día lluvioso? ¿No cree que eso suena muy lejano?
-Oh, no tanto, eso fue… hace tres días exactamente.
-¡Pero sí yo no llevo aquí ni dos horas!
-Sí, lo sé, quiero decir, sé que crees así -se mesó la perilla y le miró arqueando sus cejas plateadas. Después le dio la espalda y echó a caminar aparentemente sin rumbo-. Sígueme.
El joven Ming obedeció sin rechistar.
-Como te he dicho, llevamos aquí tres días con sus tres noches. Aquella mujer era una de las Gracias de las que hablaba el Códice, escalofriante, ¿verdad? No sé cómo consiguió encerrarnos en un espacio al que los Antiguos llamaban “Oscuridad Infinita”, y creo que no se equivocaron con el nombre -paseó la antorcha por encima de su cabeza dando a entender que todo lo que les rodeaba era oscuridad-. Tú de alguna manera conseguiste escapar de sus garras, de las de la mujer, me refiero, por el contrario, yo he estado tres días corriendo y escondiéndome de ella en otro plano al que he decidido llamar “Luz Infinita”, ya entiendes por qué.
>>Era un lugar exactamente igual a este, diáfano y enorme, y las flores negras relucían preciosas bajo la luz de aquel sol insaciable. Solamente había una diferencia más allá de la luz, y es que allí había restos de un pueblo antiguo, pero no restos al uso. Me explico. Cuando llegaba al extremo de las ruinas automáticamente me hallaba una vez más al comienzo, como si hubiera estado corriendo en círculos. Además, si miraba hacia el cielo lo único que veía era una bóveda negra donde veía tu reflejo. Estuviste durmiendo la mayor parte del tiempo. De alguna manera también veía el fuego no muy lejos de ti y sabía que si lo cogías ambos planos se unirían.
-¿A qué se refiere cuando dice que “ha estado corriendo de ella”?
-Ah, sí, eso. Bueno, era algo que me temía cuando encontré el Códice y que he podido corroborar con mis propios ojos.
El joven Ming nunca había estado tan atento en su vida.
-Resulta que las Gracias no se perdieron, ni fueron raptadas o asesinadas. Las Gracias fueron “corrompidas”, quién sabe, tal vez nunca fueron Dones de Dios sino manzanas envenedadas del Diablo. Sea como sea, lo que nos ha encerrado aquí no es humano, aunque he de reconocer que tiene una belleza exquisita. Yo diría que es la quinta Gracia; “la Gracia de los andares”.
De repente una brisa gélida se alzó desde sus espaldas golpeándoles fuerte en la nuca. Una flauta dulce entonó cantos errantes y el corazón de Ming comenzó a latir más fuerte. Con temor giró la cabeza y a lo lejos pudo ver cómo la oscuridad iba desapareciendo engullida por un agujero de luz, un nuevo espacio totalmente luminoso que iba devorando con insaciable hambre las tinieblas en las que habían estado sumidos. En el centro de todo una bella mujer caminaba lentamente mientras tocaba la flauta. Sus pasos hacían temblar las flores en el suelo a la par que nueva vegetación florecía al instante. Su caminar hipnotizaba al joven Ming.
El maestro Yang-Li golpeó a su discípulo con vehemencia, obligándole a girarse repentinamente.
-¡Despierta, muchacho! ¡Si la miras así terminarás muriendo!
La mujer se acercaba inexorable. La flauta cada vez sonaba más cerca y el espacio parecía disminuir a una velocidad indescriptible. El maestro Yang-Li tiró del brazo de su discípulo para iniciar la carrera.
Demasiado tarde, la mujer ya estaba a menos de cinco metros de ellos. Había recorrido como un fantasma la enorme distancia que les separaba, desapareciendo en un punto y apareciendo repentinamente en otro más cercano.
Ella alzó la vista y clavó sus ojos negros sobre los dos hombres paralizados; era la mirada fría y cruel de la Muerte.
[Continuará]

Comentarios
Dios!!! quiero más quiero más
¿Morirán el joven Ming y su maestro Yang-Li? Eso sólo lo sé yo muahahahahaha
Yo tb quiero más!!! no seas tan cruel, siempre nos haces lo mismoooo.
La música un 10, pero no me gusta eso de “la Gracia de los andares”, me suena mal aunque comprendo que tampoco es muy facil poner algo similar y que suene bien del todo.
Es que eso eso, no encontraba nada mejor para “Gracia de los andares”, podría haber puesto “Gracia del andar” pero… no sé, me suena igual xD
La música ya dije que era la leche, es fantástica.