Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En diciembre - 13 - 2009

Y he aquí que os traigo la última parte de la mini-saga [Huidas a medianoche]. He disfrutado escribiéndola tanto como imaginándomela. El personaje principal, a pesar de no ser mío,  me ha gustado bastante y no descarto usarlo en futuras ocasiones. Para esta ocasión he decidido usar tiempo presente, como si el final fuere en realidad el principio de todo.

NOTA: además, la canción que he escogido necesita ser reproducida DOS veces para completar todo el texto, esto significa que tendréis que activar el botón de “repetición” o bien dar de nuevo al botón “play” cuando haya finalizado por primera vez.

Porque todo lo que empieza, acaba, y esto no iba a ser diferente.

Foto por linh.ngân

Foto por linh.ngân

La luz le golpea en los ojos como un boxeador rebosante de adrenalida en la final del mundial de los pesos pesados. Un guardia agarra el pelo de Su y tira hacia arriba para mostrar su rostro al jefe; Carl Höfard, un gran hijo de puta responsable de la muerte de medio centenar de personas y las que quedan por morir si Su no lo evita.

-Se preguntará, señorita Lewington, cómo hemos podido evitar todos sus intentos de sabotaje en las últimas semanas. ¿Coincidencia? ¡Ja! Tanto usted como yo sabemos que las coincidencias no existen sino en un espectro de probabilidades matemáticamente calculables. Y dígame, ¿qué probabilidad hay de frustrar sus planes hasta en siete ocasiones? Ocho con la presente -se relame los labios-. Desde luego es un número muy pequeño, inferior a uno, eso está claro aun sin teniendo en cuenta todos los factores implicados. Entonces… dígame, ¿cómo ha sucedido?

Su no le puede ver por los focos pero intuye que Höfard está riéndose en su cara.

-Tiene un topo. Siempre lo tuvo desde el principio.

-¡Exacto! Pero todavía le queda por descubrir lo más interesante… ¿quién es el topo?

Se produce un silencio largo donde Su solamente puede escuchar su respiración entrecortada. Un nudo se le forma en la garganta y un puño invisible le golpea el estómago hasta obligarle a vomitar, pero no lo hace.

-Piense, señorita Lewington… ¿quién será el topito? Por su expresión diría que ya lo sabe.

-Nathan… -dice Su en voz baja-. El topo siempre fue Nathan…

Una lágrima rueda por su mejilla hasta descender en caída libre hasta su rodilla.

-¡Bien! ¡Dos de dos! -Höfard aplaude con entusiasmo-. ¡Los focos!

Las potentes luces se apagan a su orden dejando solamente los fluorescentes del despacho como única iluminación. Los ojos de Su se acostumbran a la nueva luminosidad y distingue una silueta que se acerca desde el final con paso lento; es Nathan.

-Te presento a Nathan Cripton, más conocido por sus amigos como Nathan Griffin -Carl Höfard le guiña un ojo a Su y sonríe maliciosamente agarrando a Nathan por el hombro de forma paternal-. ¿A que tengo un sobrino muy inteligente?

En la cara de Nathan está dibujada la preocupación y la tristeza por partes iguales. Algo en su interior le come las entrañas haciéndole sentirse sucio.

-Lo siento Su… no tuve alternativa…

-Yo te amé, Nat…

-Ooh, ¡qué escena tan conmovedora! -Carl Höfard parece disfrutar de una obra de teatro magnífica.

-Nat, dime que al menos todos tus sentimientos por mí eran verdaderos -a Su no parece importarle la presencia de Höfard ni de los cuatro guardias de seguridad.

Silencio. Alguien traga saliva y resuena en la habitación.

-¡Nathan! ¡Dime que me quisiste de verdad! -rompe a llorar en un mar de lágrimas amargas que corroen su piel obstruyendo cada poro de su rostro-. ¡Dime que todas las caricias y los besos en las noches que huimos juntos no eran guiones ensayados! ¡Dime que todo lo que he vivido contigo no ha sido una ilusión que se desvanecerá en el aire!

-Yo…

-¡Dime la verdad, Nathan!

-Su… yo…

Su alza la barbilla hacia el traidor y esboza una sonrisa nacida en las puertas del Averno; colmillos relucientes que destellan bajo la luz artificial de un fluorescente de laboratorio, ojos que reflejan la ira hecha carne en cuerpo de mujer, llama de la eterna discordia que no entiende de compasión.

-Déjame acabar la frase por ti, Nat -la voz de Su ha cambiado, ya no llora, sonríe endiabladamente mirando fijamente a los ojos del traidor-. “Yo estoy muerto”.

Bum.

Una nube rosa flota en el aire unos segundos y se dispersa por todos los rincones del despacho, dejando manchas rojizas allí donde ha terminado e impregnando las partículas de aire de rosa granulado por unos segundos más. Su se agacha a tiempo para ver cómo Höfard sale disparado hacia atrás aterrizando sobre una silla de madera noble y partiéndola en mil astillas que se le clavan en la carne de la espalda. El guardia de seguridad que agarraba su pelo está luchando por tapar un agujero que tiene en la garganta y por donde se le escapa el aire y la vida. El sonido de las gárgaras con su propia sangre despierta a Su de la conmoción inicial.

Se levanta rápidamente con un pequeño salto y agarra el arma del guardia más cercano, quita el seguro, piensa y apunta.

Bang.

Bang.

Bang.

El único guardia que queda vivo intenta desenfundar su pistola reglamentaria porque el subfusil se le ha caído al suelo. Sin embargo, Su es más rápida y aprieta el gatillo sobre él hasta vaciar el cargador por completo. En el suelo solamente queda un hombre humeante con la boca torcida en un gesto horrendo de adiós.

El despacho ha quedado pintado de un nuevo color rojo rosado muy visceral. La alfombra hace juego con el nuevo diseño. Entre un montón de madera rota Carl Höfard gimotea de dolor. Su le coge por el cuello y lo levanta hasta apoyarlo en el escritorio de ébano. Sangra abundantemente por el estómago perforado.

-Sabía desde el principio lo de tu querido sobrino, señor Höfard -señala con la cabeza donde debería estar Nathan Cripton de una pieza.

-¡Qué-qué has hecho, monstruo!

-¿Monstruo?

-¡Tú le querias!

-Sí, eso es cierto.

-¡Qué le has hecho! -la desesperación por comprender qué había sucedido le bloqueaba el cerebro, órgano que ahora mismo funcionaba al 250% para dar explicación a todo aquello.

-Muy sencillo; ¿le suena el dispositivo Genexp 318? Resulta que aunque está todavía en fase beta funciona bastante bien como puede observar, puede estar satisfecho de su empresa por fabricar prototipos tan maravillosamente eficaces -señala con un gesto amplio toda la habitación-. Se lo introduje mientras hacíamos el amor en aquella habitación del hotel junto al Aeropuerto Internacional. Por aquel entonces yo ya sabía que iba a ser la última vez que lo hacíamos, así que disfruté al máximo y espero que él también lo hiciese -hace una pausa para tomar aire-. Mentiría si digo que no me dolía lo que estaba haciendo, pero era la única forma de hacerle pagar por sus errores y a la vez redimir sus pecados por un bien mayor.

>>Como bien sabrá, el dispositivo Genexp 318 es una pequeña cápsula gastrorresistente que contiene miles de diminutas nano-bolas de acero sintético. Una bolita de ese tamaño es insignificante de por sí, pero proyectada a la velocidad del sonido es un arma tan letal como invisible. El hecho de que el dispositivo 318 haya explotado en el estómago de Nathan, escupiendo las miles de diminutas balas en todas direcciones, no significa nada más que en realidad él se arrepentía y me quería de verdad, pues fue su desesperación y su conciencia la que activó la cápsula en su interior.

Carl Höfard mira horrorizado lo que queda del cuerpo de su sobrino. De cintura para abajo no queda nada, y el tronco parece un colador asimétrico y muy mal fabricado. Las paredes, suelo y techo del despacho están también agujereados.

-Pero ahora -prosigue Su con su monólogo-, no tengo ganas de nada más que tomarme una ducha bien caliente y brindar por Nathan y nuestro amor -sonríe de lado-. Así que no le diré nada más.

Le suelta dejándole caer de rodillas al suelo y le encañona con el arma.

Mira a su víctima a los ojos durante unos segundos que parecen una eternidad. Por fin, la llama en su interior puede apagarse, consumirse para siempre y dejar paso a la penumbra de la paz.

-Por nosotros; los que decidimos vivir con dignididad.

Bang.

Aquella noche los laboratorios Genexp ardieron hasta el amanecer en lo que los medios de comunicación denominaron como “un incendio muy misterioso e inexplicable”. Millones de dólares se perdieron con sus laboratorios de biotecnología abrasados por las llamas. Las explosiones se sucedieron durante horas, no pudiendo los bomberos controlar la situación hasta que ella misma decidio darse por finalizada. Pero la contrapartida de perder miles de millones de dólares era que miles de millones de vidas inocentes se habían salvado.

De Susan Lewington nunca se supo más. Desapareció sin dejar rastro y su expediente fue archivado en lo más profundo del Distrito Federal, aunque algunos dicen que en Nueva Guinea ha aparecido una joven bióloga muy competente de sonrisa herida y mirada ausente.

Suponemos que también con el corazón perdido…

6 comentarios hasta el momento.

  1. Skryte dice:

    Esta saga me ha gustado mucho, el personaje de Su me encanta, debreias usar este prototipo mas a menudo.

    saludos y sigue asii =]

  2. shimohira dice:

    Gracias :P

    No descarto resucitar a Su en algún momento. No sé por qué me la imagino como Jill Valentine del Resident Evil, y eso me produce babeo y delirios xD

  3. winga dice:

    Me ha gustado mucho la saga, aun que el final es lo mejor sin duda. Lo de Nathan me ha recordado a los ralladores que utilizan en la era del diamante xD

    PD. te lo pongo aqui xq acabo de leer tb la 3 parte…me ha encantado lo de enuclear, ya sabia yo que le darias algun uso xDDD

  4. winga dice:

    Ahhhh se me olvidaba!!! Me encanta Placebo asiq ni te imaginas la sorpresa que me he llevado al ver que la utilizabas para este relato!

  5. [...] parte: Desesperación, por shimohira Fecha de publicación: Diciembre 13, 2009 Categoría: Ciencia ficción, Notas personales y otros [...]

  6. shimohira dice:

    Enuclear, qué bonita palabra xDD