Hace bastante tiempo que no escribía algo cyberpunk, después de todo fue con el género que más trabajé durante años. Ahora el género lo tengo un poco olvidado por culpa de mis experimentos con la novela negra pues quiero crear un estilo propio muy personal donde se mezcle lo patético de la vida y el amor intrínseco que reside en lo patético, todo un círculo vicioso. Hoy os traigo un mini texto cyberpunk, para recordar viejos tiempos.
Los dedos volaban en el teclado componiendo una sinfonía mono tono que cada vez se aceleraba más. El monitor reflejaba destellos como relámpagos en la oscuridad de la habitación. Había sobrepasado los niveles 4B y 6D con relativa facilidad, todo gracias a un software chino de antes de la guerra, un killer en potencia. Con cada tecla se acercaba más al núcleo y una vez dentro la operación sería rápida y sencilla; coger todos los dividendos de FarmaCop y pasarlos a su cuenta bancaria de las Islas Caimán.
El código del firewall se hizo más denso y su frente tuvo que sudar un poco más. No sentía ningún dedo, simplemente caían muertos sobre las teclas como troncos en una deforestación, pesados y sin control. El led naranja que parpadeaba le informaba del estado del portal de su vivienda, brillaba; no problema, ahora, cuando se apagase la cosa se pondría muy fea. Y es que entre los cazatesoros como él había un dicho muy viejo: si algo malo puede suceder sucederá. Y así fue, el led se apagó y una débil sirena le alertó por los cascos. En menos de seis segundos tenía encima a dos agentes de la Brigada Informática esposándole y un tercero dándole patadas en la boca del estómago. Vomitó sangre varias veces. Pero entre los cazatesoros también había otro dicho igual de viejo: tápate bien el culo, siempre. Y así lo hizo.
La ventana explotó en mil añicos cristalinos sobre la cara de uno de los agentes. Las esquirlas le perforaron el rostro en su totalidad desprendiendo decenas de minúsculo chorros de sangre finos pero continuos. Ella hizo su aparición magistral. Desenfundando su Beretta apretó únicamente dos veces el gatillo. Los casquillos humeantes salieron despedidos por la corredera del arma y aterrizaron enfrente de su nariz aplastada contra el suelo. Antes de que dejaran de tintinear contra la moqueta sucia por su sangre vomitada los otros dos agentes se desplomaron inertes doblados por las rodillas, y pudo ver a la perfección el rastro aéreo de sangre que dejaban sus nucas perforadas en la caída.
Menos mal que había contratado a la mejor asesina de Tokyo.
[...] mis relatos favoritos sci-fi (de mi cosecha) son El vacío, Circuito Cerrado y Fuego Orgánico. Os invito a leerlos si todavía no lo habéis hecho Foto por [...]