Hotel New Rose es un relato corto de uno de mis escritores favoritos: William Gibson, padre del cyberpunk y autor de las novelas más representativas del género. Dicho relato corto trata sobre la historia de un tipo sumido en la melancolía que se encierra en un hotel de cápsulas en Narita (cerca de Tokyo y donde está el aeropuerto). Tendréis que darle al botón de repetir pista porque el texto abarca más o menos dos veces la canción. En un día me embarco en un largo viaje lleno de claros y sombras para mí. Simplemente me ha dado por versionarlo e improvisarlo en su mayoría, creo que no tengo que dar ninguna explicación más.
Vomitando mi alma a cada segundo que pasa y mi mente volando en tu recuerdo, la mirada sobre el techo sucio de este hostal de mala muerte y una cama sin hacer bajo mi maltrecho cuerpo. La puerta que se abre y cierra con la brisa que entra por una ventana con un cristal roto, mientras que a medio metro por debajo de mí, en el suelo de madera vieja, algún pequeño roedor ronda su paseo nocturno en busca de algo para comer en mi macuto.
En mi muñeca el reloj incesante con su tic-tac, armonizado con mi pulso nervioso y las pupilas dilatadas y perdidas en un infinito color café barroso. En mi pecho una máquina que bombea sin parar a destiempo en un mar de grandes olas de dudas, mareas de problemas y vendavales de anhelos dispersos por la esencia material de una existencia sin ti.
Desde el pasillo un ruido roto se cuela en mi habitación, atravesando y sorteando los ronquidos del alemán a mi derecha y los gemidos suspirados del belga a mi izquierda. Una luz se enciende y se filtra hasta formar alargadas sombras en la cabecera de una litera ocupada por una pareja sueca. El techo se me sigue antojando sucio y mis pupilas no paran de escudriñar la oscuridad que no alcanzo a comprender. Una gota de sudor me resbala por la mejilla hasta alcanzar el sabor salado en mis labios, con la mano palpo mi rostro y me doy en cuenta de que el sudor no es sino lágrimas amargas que brotan de mis ojos aún fijos y muy abiertos sin conseguir nada más que contemplar el vacío que llena mi interior.
Una vez escuché decir a un fulano que la vida consiste en tomar decisiones. ¿De qué sirve tomar decisiones si se termina dañando todo aquello que se quiere proteger? Mejor sería fijar la fecha de mi muerte y esperar mi día tumbado en este hotel de poca monta, desgarrando con la mente las sábanas mugrientas que arropan mi historia, intentando profundizar en el azul de tu pensamiento. Aquel día que te marchaste para siempre quedó grabado a fuego en mis retinas, materializado en mi cabeza como un cinexin antiguo dando vueltas y vueltas hasta quedar roto, como una película vieja con manchas en los laterales que se corta justo cuando los protagonistas se van a besar.
Aquel día que dijiste hola con la mano pero adiós con la mirada me persigue hasta aquí, un hotel perdido en algún lugar de la vieja Europa donde ni las cenicientas de saldo y horario se atreven a venir, donde los quijotes de moto y cadenas evitan pisar por ser un lugar demasiado gris. Aquí donde mi último suspiro se ahoga por pensar en ti y de mi cabeza no salen más que fantasías rotas que algún día llegaron a funcionar.
Por la ventana veo una farola apagarse intermitentemente como si significara el transcurso de mi vida, el hilo que nunca se hilvanó ni nadie tejió por ser demasiado complicado para los retales de la realidad. Aquí tumbado entre gente desconocida pienso que todo no fue más que un sueño, el cual llegó a su fin y con el despertar no llegó un bonito amanecer sino una sucia habitación.
Hotel New Rose… qué nombre tan irónico para el lugar donde pasaré mis últimos días, pues siento que lo soñado ya nunca volverá…
Nunca volverás…
Te fuiste para siempre sin mirar atrás… y nunca más mi vida volverá a tener sentido…