El relato de ayer me gustó tanto que he decidido seguirlo. La verdad es que tiene mucho que ver con la novela que estoy escribiendo, de hecho, la protagonista del relato es un personaje secundario en mi novela pero bastante activo (mi editora puede dar fe de ello). Para los que siempre me preguntan; la novela viento en popa, 100 páginas de las cuales unas 60 han sido ya corregidas y están listas para una revisión más de estilo. Espero terminarla de escribir de aquí a tres meses y luego otro par de meses más para correcciones y demás cambios antes de mandarla a algún agente que se apiade de mí
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Por cierto, este relato se lo dedico a Avril Lavigne, algunas ya me entienden
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3113n buscando Gracias en la MetaRed
Tanto Ellen como 3113n estaban contentas por la semana de trabajo. Los varios millones de euros que ahora pesaban en su cuenta digital habían ayudado determinantemente a cristalizar en su cabeza la idea de mudarse. Dejaría de una vez por todas la pocilga de plástico donde vivía para comprarse una bonita casa en la bahía de Yokohama, toda de madera junto a las islas artificiales que servían como puerto deportivo a los ricos con yate. Tendría un jardín trasero donde cultivaría tomates y berenjenas, productos típicos de Japón, y donde colocaría un porche muy amplio para instalar una mecedora también de madera.
Buscó la inmobiliaria más prestigiosa de Tokyo y encargó una casa a medida. Dos plantas, jardín, acceso a las islas artificiales y a pie de playa, cochera por si algún día tenía ganas le entraban las ganas sacarse el carné de conducir y cobertizo. Todo ello por 1,5 millones de euros. Se lo podía permitir.
Ellen era una nueva rica que no tenía pretensiones de vivir como una snob. Seguiría trabajando para las grandes empresas internacionales pero desde luego a un ritmo mucho más pausado, escogiendo solamentes los casos que realmente le gustasen. Y por supuesto seguiría con su quimera; la búsqueda de la Gracia de las Gracias. Unas semanas atrás había dado con un alumno japonés de postgrado que estaba realizando un magnífico trabajo en biofísica. Sus resultados podrían significar un nuevo paradigma politico-administrativo, pues Hiroshi Matsumoto pretendía nada más y nada menos aplicar la organización gregaria de hormigas y abejas a las grandes urbes del planeta. Si la cosa funcionaba el tráfico pasaría a la historia, las aglomeraciones en el Madison Square Garden dejarían de existir y los semáforos no serían necesarios en ninguna parte. Todo estaría bio-regulado por un complejo sistema de nuevas señales.
3113n soñaba con poder aupar a Matsumoto a la cumbre. Era el cénit de su trabajo como buscadora de Gracia.
En el monitor parpadeó un aviso morado. Era Flatline solicitando una conversación de voz. 3113n aceptó de mala gana poniéndose el comunicador en la oreja.
-Qué quieres, pesado.
-Felicitarte, me he enterado de lo de Presto Corp.
-Pues te has enterado tarde, a penas cinco minutos después de la desaparición de aquel ingeniero en Texas se armó un revuele de tres pares de cojones en la MetaRed.
-Bueno, yo también he estado ocupado…
-En la calle, ¿no?
Flatline no contestó al otro lado.
-Y yo que te consideraba uno de los mejores hackers de la costa oeste… qué daño hace echarse novia.
-Algún día tú también tendrás que salir de tu cajón de plástico -su voz sonaba herida.
-De hecho lo hago mañana mismo, ya tengo todo empaquetado, bueno, lo poco que tengo.
-¿Te vas?
-Ni que importase, sólo nos comunicamos por la Red.
-Bueno, sí, pero… ¿te vas?
-Sí, me voy. No te digo adónde porque rastrearías las últimas compras inmobiliarias.
-Quién te piensas que soy… -parecía decepcionado.
-Pues Flatline, el hijoputa que tiró media red militar en el año 2010 y dejó cuatro destructores de la Marina para el arrastre.
-Eso era antes -rió a base de golpes secos de garganta, como una carraca vieja.
-Es verdad, lo olvidaba. Ahora tienes novia. Seguro que es una de esas mod que van a la Central los viernes por la noche.
-Tú qué sabrás.
-Me dedico a buscar información en la MetaRed, chico, yo lo sé casi todo.
-Bueno, tampoco puedes reprochar nada cuando te mudas. Creía que los “nuestros” vivían en cuchitriles de mierda mientras daban lecciones magistrales al mundo desde una silla de oficina.
-Y crees bien. Allí donde voy tendré mi espacio de trabajo, solamente que dispondré también de… unas comodidades añadidas.
-Lo mire por donde lo mire me suena a excusa barata.
Silencio en la línea. El ruido blanco se interpuso por segundos.
-Piensa lo que quieras. Adiós.
-¡Espera…
3113n colgó cerrando la ventana emergente. Flatline era un viejo conocido de la MetaRed, juntos habían compartido grandes momentos y grandes hazañas informáticas, pero nunca se habían visto la cara, ni tan siquiera por una simple foto. 3113n suponía por la voz que él tenía cinco o seis años más que ella, y nunca tuvo la curiosidad de saber cómo o quién era en realidad. Pero lo que su amigo decía era dolorosamente cierto; al mudarse dejaría de lado los principios de su tribu urbana. Ella, 3113n, gurú de los buscadores y ejemplo de muchos adolescentes (aunque ella era prácticamente uno), pasaría a ser una de tantas chicas más, una adulta redomada que terminaría por sacarse el carné de conducir, hacer la compra los miércoles por la tarde, ir al gimnasio a rendir culto a la estética que impone la sociedad y quedar con gente de carne y hueso para cotillear sobre los vecinos. Tendría que ir a la peluquería para no parecer una desaliñada y comprarse ropa cada tres meses.
Aquellos pensamientos la hicieron vomitar en la papelera que tenía cerca del escritorio.
Su vida podría cambiar tanto con el simple hecho de mudarse que tenía miedo de dejar ser 3113n. Pero por otra parte necesitaba expandir su territorio. No quería ser una mod, una rapera o una pijiguay de pacotilla. No quería pintarse los labios ni los ojos, ni llevar bolso ni tacones, ni conducir ni tener que hacer la comida. 3113n quería seguir siendo Ellen, quería seguir vistiendo ropa grande universitaria que recogía en la Iglesia de la esquina. Quería seguir cenando comida rápida por encargo y tirar los tuppers de plasti-papel al contenedor de basura. Quería seguir luciendo ese pelo oscuro, largo y despeinado que se enredaba con el viento cuando salía para ir al baño. Pero necesitaba mudarse…
Tras horas de meditación tumbada en el colchón sobre el suelo (su cama), decidió que en su nueva casa podría seguir manteniendo su ideal de vida, simplemente podría salir a tomar el aire al jardín trasero para entretenerse con la huerta que plantaría. Encontraría la Gracia Suprema y se podría jubilar con 23 años. Se dedicaría a escribir manuales que leerían en las facultades de todo el mundo a pesar de que ella no terminó ni la secundaria.
Un ruido la hizo saltar sobre el colchón. En el exterior algo había explotado. Un helicóptero negro como la noche estaba descendiendo verticalmente mientras soltaba un par de cuerdas por donde comenzaron a descender hombres armados.
Otra explosión. La ventana de su cuchitril de quince metros cuadrados estalló en mil pedazos cubriéndola por entera de esquirlas espejadas.
-Supongo que eres 3113n -dijo un hombre mientras se colaba por el hueco que había dejado la explosión en la ventana.
Ella no contestó.
-Soy de la Agencia de Protección de Datos. Ahí afuera tienes a veinte mercenarios pagados por la Mach Inc. COmo bien supondrás no tienen intenciones amistosas. Es una suerte que haya llegado antes.
Ellen no conseguía salir de su asombro. Se había quedado paralizada sobre sus brazos. Además estaba en bragas y en presencia de un hombre.
-Coge unos pantalones rápidamente y ven. Tenemos poco tiempo.
Agarró los primeros que encontró y poniéndoselos apresuradamente se acercó a la ventana pisando descalza el suelo lleno de cristales. El hombre le tendió un brazo y ella lo agarró para salir al bochorno del exterior. Afuera un coche convencional esperaba sobre la verja que rodeaba precariamente el complejo de apartamentos A-25.
-¿Cómo cojones me han localizado? -terminó por articular Ellen mientras subía al coche. Estaba descalza y el asfalto abrasaba sus plantas de los pies.
-Preston Corp. dio el chivatazo.
-Menudo hijo de la gran puta…
-Al menos te pagó -se sentó en el asiento del conductor y encendió el coche eléctrico.
-¿Cómo sabes tú eso? -demasiada información para tan poco tiempo de procesamiento. Ellen no comprendía nada-. Es más, ¿por qué la APD tiene interés en salvar mi culo de niña rara?
-Digamos que yo también he sido un chico malo -le guiñó un ojo pisando a fondo el acelerador. El coche salió disparado en un silencio típico de los motores de baterías de Ion-Litio-. Trabajaba para la APD y me encargaba de la gestión de Preston Corp. -giró bruscamente en una esquina desértica-. Me enteré de la putada que te tenían preparada y pensé; “esa tal 3113n tiene pinta de ser maja”.
-Y una mierda.
-No te lo creas.
-No me lo creo, mamón.
-Está bien, sólo era un poco de humor para descargar el ambiente -miró por el retrovisor-. Como te iba diciendo, me enteré de los planes de Preston. Conocía la suma de dinero que te había pagado por los servicios en Texas y pensé, ahora de verdad; “si ayudo a esa tal 3113n, que puede ser maja o no -rió sin dejar de prestar atención a la carretera-, tal vez pueda repartir conmigo su pequeña fortuna”.
Ellen le miró desconfiada. Tenía frío en los pies y se los frotaba insistentemente con las manos.
-Venga ya, nadie arriesgaría tanto por un millón de euros, no te podría dar más.
-Y aquí viene lo interesante de verdad -explicó el hombre levantando la voz-. Resulta que antes de desertar de la APD me llevé una copia ilegal de… bueno, digamos que de los trapos sucios de media comunidad internacional. Empresas musicales, constructoras, asesorías fiscales… Tengo material suficiente para tumbar una centena de empresas y media decena de grandes tiburones del NASDAQ.
Ellen se limitó a seguir frotándose los pies sobre el asiento.
-El trato es el siguiente: yo te saco con vida de este marrón y tú me ayudas a conseguir unos cuantos millones de euros. Iríamos al sesenta cuarenta.
-Qué más, fifty-fifty man.
Él la miró de reojo.
-Está bien, al cincuenta por ciento.
-No te has presentado.
-¿Cómo?
-Que no te has presentado, joder.
-¡Ah, sí! Es cierto. Soy Percival Baker, encantado.
El coche corría a toda velocidad por la avenida 51 levantando un tifón de periódicos tirados en el suelo a su paso. A doscientos metros de ellos el helicóptero negro se acercaba cada vez más en ángulo de ataque. Disparó el primer cohete.
-No me puedo creer que esos cabrones disparen en mitad de Nueva York.
Una segunda explosión lanzó a la luna del coche unas cajas de cartón chamuscadas.
-Pues ya puedes creértelo.
Baker la volvió a mirar de reojo.
-Muy graciosa. Ponte el cinturón anda, y deja de tocarte los pies, por Dios.
Ellen se cruzó de brazos cabreada y obedeció como una chiquilla.
Lo último que se pudo ver en la 51º fue un coche salir tembloroso del denso humo negro que salía despedido de los socavones en el asfalto. Al parecer algo en el orden del cosmos no quería que Ellen se mudase a Tokyo.
[Continuará]
PD: este relato no tiene música porque no encontré nada adecuado, y pensé que para estropearlo mejor era no poner nada.
Bueno este me ha gustado más que el otro, pero a la vez me has hecho falsas ilusiones…y eso no te lo perdono xDD
Eso te pasa por ser editora ¡jum!
Por finn avanzaa el libroo que me tienes esperandolo de hace ya muchooo jumm!
Esta muy bien esta serie de relatos.
Esperando continuacion…
Pufff, espera espera, que la novela tardará lo suyo, y eso en el mejor de los casos que se publique xDDD