Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En abril - 3 - 2010

Última entrega de “Cantos de batalla”. La canción que he usado para este relato… ¡me encanta! Espero poder estar a la altura de ella. Por otra parte, he pensado que tal vez en un tiempo futuro recupere esta mini-saga, por lo que he dejado el final bastante abierto. Tal vez pueda dar la sensación de que está incompleta, pero repito, como seguramente la retome he preferido suspenderlo en el aire. Espero que os guste.

Foto por crowolf

Artion rodeó a la bestia esquivando a los lentos esqueletos que le buscaban ciegos, y cuando encontró el talón del minotauro se lanzó al ataque. Mientras tanto, Phéroz que parecía entender la estrategia de Artion, se dedicaba a derribar cuantos esqueletos podía para que no le molestasen. El alfanje cortaba la carne a duras penas, y tras varios sablazos consiguió abrir una herida que comenzó a sangrar profusamente. El monstruo giró violentamente e intentó pisar a Artion con la otra pezuña. Por poco lo consigue, y Artion rodó en el suelo entre nubes de polvo y hierba levantada.

Repitió la operación un par de veces más, pero el minotauro no parecía mostrar signos de sufrimiento.

-¡Usa esto! -gritó un herido von Habsberg lanzando el estoque hacia Artion-. ¡Clávaselo en la herida!

El estoque se quedó corto y el minotauro lo cubrió con el cuerpo impidiendo el avance de Artion. Con una mano intentó cogerle, pero Artion fintó sobre su eje y se escapó por encima de los dedos de la bestia. La otra mano se dedicaba a intentar agarrar un tronco para usarlo como arma. Artion, de nuevo, tuvo que esquivar la mano que intentaba apresarle, y dando un salto hacia atrás asestó un corte en un dedo del monstruo. La sangre le salpicó la cara y le cegó momentáneamente, sin embargo, fue tiempo suficiente para que la bestia le golpeara con la otra mano y le lanzase por los aires en dirección opuesta.

Mientras él se recuperaba el minotauro ya había cogido un tronco y lo zarandeaba en amenazantes curvas derribando decenas de esqueletos. Pronto la tierra quedó cubierta por huesos astillados y humo verde que se escapaba hacia el cielo. Phéroz se lanzó a la espalda del monstruo y quedó enganchado con sus garras, despellejando la piel por la acción de su propio peso y enfureciendo más al minotauro. Éste se revolvía pero no conseguía desprenderse del felino, quien seguía deslizándose lentamente por la espalda de la bestia con las garras como principal punto de contacto. Cada pulgada que Phéroz descendía sus garras se hundían más en la carne, hasta que al final comenzaron a desgarrar tejido muscular y en poco tiempo el tigre quedó cubierto por la sangre del minotauro que le caía como una catarata.

Artion se incorporó valiéndose de una rodilla y observó que von Habsberg luchaba desesperadamente contra un grupo de esqueletos que se habían arremolinado sobre él. Le dolía la espalda y llegó a la conclusión de que la armadura no le serviría de mucho, pues lo único que conseguía con ella era perder agilidad. Se la quitó con facilidad (la caída había roto los pequeños eslabones que unían ambas partes) y corrió a por el estoque aprovechando que el monstruo intentaba desesperadamente quitarse de encima a su molesto inquilino. Pasó por debajo de sus patas y agarró el estoque en carrera. Notó que le pesaba tres veces más.

Decidió que primero liberaría a von Habsberg de la horda que se le venía encima. Cogió velocidad y describió un gran arco con el estoque a la altura de los codos. La hoja de la espada barrió cinco esqueletos de una sentada, y aunque no los remató, los dejó en el suelo el tiempo suficiente para poder sacar a von Habsberg del tumulto. Artion agitó una y otra vez el estoque para alejar a los esqueletos, los cuales por no experimentar el miedo seguían avanzando y encontrándose con la hoja de la espada. Sin embargo, este hecho también consumía con mayor celeridad las fuerzas de Artion.

-Yo estoy bien. Sólo necesito tomar un poco de aliento. Encárgate del minotauro y yo haré lo que pueda con estos huesos.

-No puedes ni sostener una daga, no me vengas con heroicidades -dijo Artion al tiempo que esquivaba un ataque.

-Ambos sabemos que el minotauro es la prioridad, y tú estás en mejores condiciones que yo para rematarlo.

Phéroz apareció de repente totalmente cubierto de sangre. El minotauro estaba sobre sus rodillas lamentándose de las heridas.

-¡Aprovecha la oportunidad! -gritó von Habsberg subiéndose a lomos del tigre-. ¡No te preocupes por nosotros!

Artion asintió mirando a los ojos azules del jinete felino, y en ellos descubrió la honradez de quien está dispuesto a dar su vida por una meta superior al propio ser. Así que se prometió que lo haría lo suficientemente rápido como para no tener que recoger el cuerpo inerte de su compañero de entre una multitud de esqueletos humeantes. Corrió hacia el minotauro que seguía de rodillas y lo rodeó. La herida del talón seguía sangrando, y sin pensárselo dos veces, clavó el estoque verticalmente con toda la fuerza que pudo reunir. La afilada punta se hundió en la masa rojiza y se abrió paso por el tendón de Aquiles. Viendo que ya no podía hundirlo más empezó a golpear con el puño, a modo de martillo, la empuñadura del arma. La bestia no podía más que gemir y pretender levantarse con la otra pata, cosa que consiguió antes de que Artion pudiera dejar de golpear el estoque para esquivar la cadena que le amenazaba.

El golpe impactó en su tórax y le dejó sin aliento en la tierra. Comenzó a vomitar sangre que se mezclaba con el polvo en sus labios, formando costras ásperas que caían en trozos rugosos. El minotauro giró sobre su pata buena y volvió a latiguear con la cadena de la muñeca. Los eslabones fallaron y dejaron una enorme huella a pocos pies del cuerpo de Artion. Haciéndose consciente de que si no se movía moriría aplastado, reptó usando las uñas hasta la pata herida del monstruo que ya había empezado a armar el látigo otra vez. Agarrándose a la empuñadura del estoque se incorporó y lo retorció con la esperanza de poder frenar a la bestia. Ésta desgarró el aire con un lamento sonoro y giró el cuerpo para agarrar el estoque y sacarlo de allí. Apartó a Artion de un manotazo y comenzó con la tarea de sacar el arma.

Unas explosiones nacieron detrás de él. Una segunda carga volvió a estallar. El minotauro retiró la mano del estoque y se encaró hacia la arboleda a la pata coja. Artion no comprendió que los arcabuceros de su compañía habían llegado hasta que sintió el humo de la pólvora penetrar por su nariz.

-¡Sargento! ¡Hemos encontrado al sargento! -gritó un hombre por encima de su hombro.

-¡Las bestias de Mephisto han llegado a la arboleda! -bramó otro.

-¡Carguen los arcabuces!

El minotauro se revolvió de dolor y desafortunadamente las cadenas de sus muñecas latigueron el aire una vez más. El cuerpo decapitado del soldado que había ido a socorrer a Artion se desplomó a su lado escupiendo sangre por las carótidas seccionadas. El minotauro se había vuelto loco por el dolor y arremetía desenfrenadamente contra todo a su alrededor. Los soldados retrocedieron unas yardas con temor a las cadenas. Artion observó que del calzón del soldado muerto colgaba una pistola cargada y lista para usarse. La agarró y corrió de nuevo hacia el estoque. Gritó para mitigar la sensación de dolor que le atravesaba la espalda de arriba a abajo. No le costó llegar hasta el estoque y con la culata del arma golpeó la empuñadura repetidas veces. Lo haría hasta que el minotauro cayera de rodillas doblado por el dolor. Las cadenas le rozaron varias veces, una de ellas arrancándole parte de la oreja derecha.

Finalmente la bestia no pudo resistir el dolor y se agachó, momento que Artion aprovechó para treparo por el lomo y coronar la nuca del animal. Éste se revolvía e intentaba coger a Artion sin preocuparse de las cadenas que flagelaron su propia espalda en el intento. Artion se sentó en la nuca, como si fuera un niño pequeño a hombros de su padre, y amartilló el pedernal. Apretó el cañón fuerte contra el cuero cabelludo de la bestia y esperó a la explosión en la cazoleta. El disparo provocó una gran nube de humo y el minotauro se desplomó en dos tiempo. Artion cayó con él ya sin consciencia.

Cuando Artion se levantó en la camilla del hospital de campaña horas más tarde, sobre su regazo reposaba una carta amarillenta con la letra de Elizabeth. En la camilla de al lado se encontraba von Habsberg que fumaba una pipa tallada a mano.

Algo le decía que pasarían muchas semanas antes de poder volver a ver a su amada.

2 comentarios hasta el momento.

  1. Skryte dice:

    Me gustan mas las cancioness sin letra, sin que nadie cante ni nada, porque instintivamente me distraigo del relato y me pongo e escuchar sin prestar atencion al contenido del relato, simplemente lo leo, pero no lo interiorizo, no lo asimilo

    He tenido que volverlo a leer sin musica

    Y como siempre consigues que sienta lo del protagonista, como la presion en el momento de matar al minotauro y tener que salvar al compañero, la angustia que tenia por hacerlo rapido, etc…

  2. shimohira dice:

    He de reconocer que no me siento muy a gusto con la temática fantástica clásica, pero el resultado final no me ha terminado de decepcionar. Por lo que no descarto una continuación xD