Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En marzo - 31 - 2010

Segunda parte de “Cantos de batalla”. Os recuerdo que serán un total de tres. Espero que os guste :P

Foto por Lawrence Whittemore

El cieno del pantanal atrapaba a más soldados que las garras de la muerte. La Segunda Compañía de la Columna real sacrificaba hombres a un ritmo de treinta o cuarenta por minuto, anegando con sus alaridos de sufrimiento las oscuras tierras que pisaban. Pero el cieno era el menor de sus problemas, pues tenían por enemigo una horda de miles de esqueletos humeantes.

-¡Gasdor! ¡Coge diez hombres y vete a cubrir el flanco derecho, nos están machacando! -la voz de Artion se resistía a quebrarse en el estruendo de la batalla. Esquivó con destreza un sablazo oxidado y en un movimiento ascendente destrozó el cráneo vacío que le miraba inexpresivo a pocos palmos de distancia-. ¡Rápido, no podemos permitir que caiga el flanco!

El sudor era lo único que notaba vivo en su cuerpo; descendiendo rápidamente cuello abajo dejando marcado un rastro de inmanente calor. Con los nervios crispados por el continuo estado de alerta, Artion intentaba no ser alcanzado por las espadas del enemigo a la par que luchaba por liberarse de la prisión de lodo que le inmovilizaba los pies. De alguna forma los esqueletos humeantes no se veían tan afectados por las condiciones del terreno.

Un cuerno de batalla se elevó lastimero sobre el entrechocar del acero. El rey ordenaba la retirada inmediata.

-¡Leux, ve a por Gasdor y que deje inmediatamente el flanco, nos largamos!

-Sargento, me temo que ya no hay flanco -un proyectil de roca impactó a unos pies de ellos y les lanzó lodo a la cara. El barro se acumulaba en las escamas de sus armaduras y hacía más difícil el movimiento general. Por muchos esqueletos que tumbasen seguían viniendo más por la orilla norte del pantanal. Entre ellos y el enemigo se había acumulado una montaña de dos metros de altura, compuesta en su mayoría, de huesos astillados y cotas de malla oxidadas-. Dese prisa, sargento.

-Ve primero y agrupa a tantos hombres como puedas por el camino. Una vez llegues a la orilla seca forma dos líneas defensivas. ¡Y haz cargar a los hombres restantes todos los arcabuces que puedan!

-Sí, sargento.

-¡Corre!

Artion se dirigió hacia el flanco derecho todo lo rápido que pudo. Empezaron a llover virotes ígneos que se clavaban a sus pies según avanzaba jadeante. Los soldados del flanco corrían hacia la orilla seca entre gritos de terror y desesperación; habían penetrado sus filas en una proporción de uno a tres. Artion pudo ver cómo el cuerpo de su amigo Gasdor se hundía lentamente en el cieno. La sangre se mezclaba con el agua sucia y corría libre por entre las huellas de las pisadas. Los esqueletos pisaban sobre los cadáveres para avanzar más rápido.

-¡Corred, corred! ¡A la orilla seca! -gritaba mientras alentaba a los hombres-. ¡Todavía queda esperanza en la arboleda!

Un golpe fuerte lo derribó y le dejó momentáneamente sin respiración. Los latidos de su corazón era lo único que podía escuchar. Giró sobre su torso en el momento que un esqueleto clavaba fallidamente su espada en el cieno. De entre sus falanges nacía un humo verde que ascendía serpenteante. Artion se incorporó sin sentir las piernas, y blandiendo su sable de caballería asestó un tajo vertical directo al cráneo, el cual se fragmentó a la altura del temporal y por donde comenzó a escaparse más humo verde.

Otros dos esqueletos se acercaban rápidamente de cara. Artion corrió hacia ellos para ganar la iniciativa y golpeó lateralmente al primero. El golpe fue duro y plano, y la hoja del sable quedó enganchada en una de las vértebras; de ella todavía colgaban restos de piel. Intentó sacar la hoja tirando hacia sí pero el esqueleto le golpeó con una maza en el costado. Volvió a caer al lodo y en su caída notó quebrarse el sable. Desde el suelo, y con un barrido de pierna, derribó al esqueleto, justo a tiempo para levantarse y esquivar el ataque del segundo. Las pistolas que llevaba en el fajín estaban húmedas y rezó por que la pólvora prendiera adecuadamente. Martilló el pedernal para crear la chispa y ésta saltó a la cazoleta. Abrazó el esqueleto con el brazo libre y fijó el cañón del arma sobre la sien. Tardó unos segundos en prender y disparar. La bala de plomo hizo astillas la mitad superior del cráneo enemigo, pero en un golpe de mala fortuna, una de las astillas se clavó bajo el ojo de Artion. La herida comenzó a sangar en el acto.

Mientras tanto, en la orilla seca los hombres intentaban reagruparse en formación defensiva para contener el avance de los muertos. El ruido que hacían los rótulas peladas del enemigo al chocar entre sí apagaban las ganas de luchar de los soldados. Sin embargo, lejos de estar donde quisiera, Artion todavía se encontraba a decenas de yardas de la orilla. En un lapso de tiempo imperceptible los esqueletos a su alrededor se habían multiplicado en número. Descargó su segunda pistola con menos suerte que la primera, y la bala rebotó estrepitosamente en un escudo. Lo único que tenía para defenderse era su estoque y el puño desnudo. Decidió morir de pie; las heridas en la espalda eran la vergüenza del soldado.

Se lanzó a la línea de esqueletos gritando fuerte para acallar la cobardía que pudiera existir en su interior. El estoque se clavó terco en la cuenca vacía de uno de ellos y terminó saliendo limpio por el lado contrario. Lo extrajo apoyando un pie sobre la columna vertebral de su oponente y rápidamente se giró noventa grados para frenar a otro esqueleto. Con otro giro de muñeca evitó ser alcanzado por una espada oxidada y llena de musgo. Sin darse cuenta estaba rodeado. Pero para cuando invocó a Elizabeth, su amada, en lo que pensó que sería su último pensamiento, una mano de fuertes dedos le agarró de la hombrera y tiró violentamente hacia atrás.

Perdió el conocimiento cuando se golpeó la cabeza con un escudo enemigo, y lo último que experimentó fue el aire frío golpear su cara a medida que cogía velocidad.

1 comentario hasta el momento.

  1. Skryte dice:

    Magnifica musica, sincronizada segundo por segundo con los acontecimientos del relato

    Muy bueno =)