Cruzada perenne

by shimohira

Recupero las canciones de Danny Elfman para traeros un pequeño relato en prosa poética. Me he inspirado en el imaginario medieval que todos tenemos en mente, ya sabéis, algo fantástico pero oscuro a la vez, lo deseado y lo amado que nunca se consigue. Ese tipo de historias caballerescas.

Foto por h.koppdelaney

Foto por h.koppdelaney

Y camina por los valles oscuros donde el cielo rompe en relámpagos infinitos de extensa amargura condensada en nubes radiactivas. Estrechos senderos escarpados que ascienden por las colinas traicioneras, hogar de criaturas desconocidas para el hombre y cementerio de valientes caballeros a lomos de corceles esqueléticos.

Penachos flamígeros que bailan con el viento y saludan al caminante que camina sin cesar, larga travesía de amistades perdidas y periplos donde obtener sabiduría, caminatas que sin cesar hasta el otro mundo han de llegar.

A su paso deja sin mirar un rastro de sentimientos que algún día han de cristalizar. Puño tembloroso que alza espada de reyes para dragones matar, empero, su oxidada armadura ni a una damisela puede conquistar. Corona de estrellas y pendientes perlados, altas torres sobre cimientos duraderos que nunca se han de desplomar.

Y el caballero sigue su camino sin mirar jamás atrás.

Mil batallas ha batallado y mil litros de sangre ha derramado. El filo de su cortante que desgarra enemigos como al aire siembra lirios y amapolas allí donde los cuerpos encuentran tierra sobre el que descansar. Grifos salvajes ha desplomado y ogros terribles ha capturado, caballero que camina por los valles oscuros donde la tristeza anega el corazón, donde el hálito de vida que expira el que muere no sube sino desciende.

Siempre con la mirada hacia las colinas, lejos en el horizonte cegado, allí donde las altas torres del castillo cerrado esperan con su princesa hilvanando los designios del hado.

Y él caminando condensa sus sentimientos en un orbe que ha de guardar, para cuando llame a las puertas de la torre los guardias le dejen entrar.

Nunca ha de parar…