A raíz de una conversación con una enferma se me ha ocurrido el siguiente relato; yo le decía que parecía no tener alma por su forma de hablar… a lo mejor es verdad y todo. Un recuerdo a todos los enfermos que conozco ahora mismo, que no son pocos.

Foto por rgh
La llama palpitante de aquella pequeña vela casi consumida era la única fuente de luz para toda la habitación, un pequeño faro en extinción que proyectaba delgadas sombras en las paredes creando una atmósfera casi de terror. En la sala había un total de sesenta camas y en cada cama una persona tumbada. Todas tenían las mismas sábanas blancas y la misma estructura metálica que chirriaba con el más mínimo movimiento corporal.
Al lado de una chica de mirada ausente y boca entrecerrada la profesora Marie St. Bernadette sacaba los instrumentos médicos de su bolso con mucho cuidado de no despertar a ningún enfermo.
-Este es el estado en el que se quedan tras el “Pánico” -dijo el hombre encargado de la habitación-. Todavía no sabemos qué puede ser. Ya son más de cien personas.
-¿Qué es eso del “Pánico”? -preguntó Marie en voz baja.
-Así llamamos a la primera fase de la enfermedad. El enfermo entra en un estado nervioso, muy agitado, como si estuviera en medio de un incendio sin escapatoria alguna. Gritan, corren, arañan… incluso se autolesionan, y todos dicen lo mismo…
-¿Qué dicen?
-”Ayuda”.
-Normal en una persona que lógicamente requiere de otros, ¿no le parece?
-Sí, pero usted no lo ha escuchado… -bajó la mirada al suelo-. Es terrible.
Marie St. Bernadette empezó con el reconocimiento de la chica. Pupilas dilatadas, abundancia de mucosa sésil en el paladar duro, ritmo cardíaco bajo…
-¿Cuánto tiempo lleva esta chica aquí?
-Desde esta mañana, señora.
-¿Sabe si la trasladaron a hombros o en coche de caballos?
-Si se me permite preguntar… ¿qué importancia tiene eso?
-Podría ser una infección de origen animal. En París hemos tenido varios casos recientemente.
El hombre miró de nuevo al suelo.
-La verdad es que no sé cómo llegó hasta aquí. Cada día recibimos cinco o seis enfermos.
-¿Qué me puede decir de la historia del alma?
-¿Cómo?
-Sí, la persona que me hizo venir desde París me indicó que los doctores de la comarca afirmaban que los pacientes carecían de alma.
-Sí, así es. El doctor Charleroi examinó a varios de ellos y llegó a esa conclusión. Yo no soy médico pero si se me permite opinar… diría lo mismo que el doctor Charleroi. Ahora duermen todos porque todavía es temprano, pero cuando el reloj marca las 12 de la noche se levantan como espíritus en pena y vagan por los pasillos del hospital. Al principo creíamos que era una especie de broma, pero después pudimos comprobar que los enfermos no eran conscientes, no atendían a nombres ni apellidos, solamente caminaban, con la mirada perdida en el infinito y la boca abierta. En total silencio. Como almas en pena… -volvió a repetir.
Marie le miró sorprendida. No podía creer esas historias de campo.
-Y no me dirá usted que luego volvían a sus camas sin más.
-Así es. Tras unas horas todos y cada uno de ellos regresan a sus camas. ¡Lo más sorprendente es que saben cuál es la suya!
Marie volvió a mirar a la chica. Simplemente parecía dormir sin más. Descansaba en paz. La sorpresa para la doctora St. Bernadette llegó a las 12 de la noche, cuando pudo ver a los muertos caminar.
Da un poco de miedo imaginarse eso, si lo llegas a hacer un poco más tetrico te habria quedado como un relato de Edgar Allan Poe, tiene uno un poco parecido pero no recuerdo como se llama.
No quería hacerlo muy tétrico porque quería centrarme en el papel del pueblerino del hospital, personaje que por cierto me ha encantado.
muy bueno..
un que es un poco extraño…
=S