Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En octubre - 4 - 2009

Últimamente he estado muy metido en mi novela y no he tenido apenas tiempo para pensar en los concursos que se me echan encima uno tras otro. Así que este relato es un intento por reactivar mi mente y enfocarme una vez más en la escritura de relatos cortos. Estoy en blanco, pero me apetece escribir algo de Ming y su anciano maestro, algo simple pero bello en el interior.

Foto de El Profesor Layton y la Villa Misteriosa por IGN.com

Foto de El Profesor Layton y la Villa Misteriosa por IGN.com

La vida en el pueblo orbitaba irremediablemente alrededor del puente, aquella vieja estructura de madera que subía y bajaba según los caprichos del conserje y que emitía un dulce chirrido cada vez que sus desgastados tablones tocaban la otra orilla del foso. A decir verdad, aquella voluntaria incomunicación era motivo de orgullo entre los habitantes del pueblo porque podían alardear de independencia y autodeterminación.

Para muchos viajeros, el puente levadizo sobraba en aquel recóndito lugar del mundo. El pueblo ya estaba lo suficientemente incomunicado por el denso bosque que lo rodeaba, y el camino hacia la villa más próxima se extendía a más de cien kilómetros, por lo que poca gente llegaba hasta el foso y su altivo puente. Para el joven Ming el puente gozaba de una belleza inaudita.

-Maestro, ¿verdad que este puente es útil e inútil a su vez?

-Explícate, joven Ming.

-Me refiero a su funcionalidad. Un puente levadizo se usa como defensa ante posibles invasores o claras amenazas, sin embargo, este pueblo perdido en medio de un bosque que nadie atraviesa no tiene razón alguna para construir tal estructura.

-Tal vez los invasores seamos nosotros -contestó el maestro mientras observaba el puente tendido.

-¿Quiénes, los viajeros?

-En el mundo hay gente de todo tipo, inclusive la que recela de sus secretos. Pero dime, ¿qué utilidad decías que le veías al puente?

-Opino que es bello tener un puente, nada más.

-Ya veo… una utilidad emocional y estética -hizo una breve pausa y aprovechó para mesar su larga perilla-. Es importante mantener puro el corazón, y sin duda este puente cumple bien para con el cometido. Bien pensado, joven Ming.

Juntos cruzaron el puente hacia la plaza del pueblo, siempre bajo las atentas miradas de los habitantes que paseaban disfrutando del calor de la primavera.

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