Horizontes soñados

by shimohira

Mientras preparo la nueva entrega de “El joven Ming y las Gracias perdidas” (que tiene una música excepcional), os dejo con un relato cortito. Además, para satisfacción de algunos, también estoy dando vueltas a una historia bélica. El relato de hoy es algo gris, básicamente lo que se puede ver por mi ventana. Disfrutad.

Foto por ectaticist

Foto por ectaticist

Sentado en el vano de una ventana solitaria, gris abertura por donde la luz no consigue dar vida al interior y por donde observo con letargada letanía el exterior, escribo poesía en mi mente esperando que trascienda los límites de la imaginación que me aprisiona.

Caen las hojas en dulce sinfonía, armonía compacta en colores pardos y húmedos que bailan con las sílabas que recorren mi cabeza. En las manos sostengo el peso invisible del desconsuelo y en la boca saboreo el inexistente sabor de la felicidad, amargos senderos que se pierden en las cumbres de lo que no ha sido explorado, y posiblemente, nunca lo será.

Dibujo cuentos en el aire donde los personajes se desvanecen al decirme hola. Construyo diálogos que siempre acaban en adiós. Tus ojos son el borrador de algo mejor.

El cielo duerme en oscura amalgama de nubes que viajan por los cruceros estrellados, plateadas guías de mis noches que tantas veces me llevan hasta tu pensamiento. Las farolas me hacen guiños de complicidad y me cuentan las tristes historias de la noche urbanita. Siento que soy parte del Todo y que el Todo fluye por mis venas, pero tú, tú estás muy lejos, perdida en el complejo universo del desencuentro que tantos barcos ha hundido por despecho.

Tan lejos pero tan cerca, pues mi imaginación te sueña con pérfida alevosía, declarándome criminal soñador sin cómplices que digan lo mucho que te quiero.

Letras que toman formas inexpresables, sentimientos cromáticos que danzan con las rimas fáciles que inspiran tus cabellos. Joyas engarzadas en la corona que llevas sobre la cabeza, reina de mis días y protagonistas de mis noches, párrafos de mis cuentos y puntos suspensivos en el futuro incierto de nuestras vidas.

Miro por la ventana y diseño mundos complejos, engranajes divinos que todo lo mueven pero que nunca nos acercan. Matemáticas del amor que tantos resultados perdidos provocan, cálculos imposibles para lo que no puede acaecer por falta de conocimiento. Fuerzas exógenas que tiran de nuestros miembros para colgarnos en pedestales diferentes, muñecos del destino destinados por las estrellas, cruel devenir donde tus labios no rozan los míos.

Sentado en el vano de una ventana solitaria, apagada melodía de experiencias no permitidas, escribo poesía con las manos que tanto anhelan tus caricias, mientras mi corazón late aún más deprisa.

Siempre soñando un encuentro…