Bueno, tras la última semana tan ajetreada que he tenido, vuelvo con los versos de Archibald. Mañana viernes habrá otro relato, así que no tendréis que esperar casi nada para poder saber qué pasa con la historia. ¡Nos vemos!

Foto por Le Consul
El camión sufría con cada bache en el camino de tierra que conectaba el pueblo de Maverick con la presa Sutherland, erigida en nombre del ingeniero que se las arregló para edificarla en tan peliagudo emplazamiento. A simple vista, el vehículo no era más que un transporte cualquiera de avituallamientos, sin embargo, en su interior dieciséis hombres se golpeaban la cabeza contra el techo con cada bote del camión. Se miraban con ojos cansados y llenos de incertidumbre; las manos sobre los fusiles, acariciando la madera sucia, maltratada por el combate, imaginando la piel de novias y mujeres casi olvidadas tiempo atrás.
Archibald fue el primero en romper un silencio que se había prolongado por más de una hora.
-Todos hemos memorizado el plan hasta haber soñado con él, pero me gustaría repasarlo una última vez. Nada puede salir mal esta noche. -Su voz apenas se imponía sobre el ruido del motor-. Cuando pasemos el control de seguridad, el conductor nos llevará directamente a la zona de descarga, situada junto al taller de motocicletas. Allí nos dejarán Parker y Morrison para poder iniciar la distracción en el momento oportuno. Los demás avanzaremos por la linde del perímetro, pegados a la valla, deshaciendo el camino hecho por el camión. Tenemos como… trescientos metros hasta llegar al barracón, y cuatrocientos o así hasta la garita de la entrada.
Los hombres no perdían de vista los labios de Archibald. Otro bache los mandó directos contra el techo.
-Una vez alcanzada la garita, Smith y Pendleton abrirán la puerta; para ello tendrán que hacerse con el control de la garita y accionar los controles manuales. Parker y Morrison seguirán esperando a la señal luminosa -todos miraron a los hombres en cuestión-. Recordad, tres destellos fugaces: todo va según lo planeado, dos destellos: problemas hallados pero aparentemente resueltos, un destello…
-Estamos tan jodidos que os necesitamos ya mismo -terminó Alistair por él.
Los hombres parecieron relajarse por segundos. Después la tensión volvió a reinar.
-Todo irá bien, tranquilos -prosiguió Archibald-. Una vez las puertas estén abiertas el coronel McMillan podrá entrar con la columna entera. Para entonces, los soldados apostados en el barracón estarán siguiendo a dos “soldados borrachos” montando en moto. Cuando se quieran dar cuenta que realmente no son borrachos, el coronel McMillan estará repartiendo de su “medicina” por todo el lugar. -El camión redujo la velocidad-. ¿Alguna pregunta antes de iniciar la operación?
Silencio sepulcral.
-¿Nos darán una medalla después de esta locura, mi teniente? -preguntó Alistair con evidente tono de broma.
Los hombres rieron por primera vez abiertamente.
-Teniente Livingstone -replicó Archibald lo más serio que pudo-. Nos darán la medalla más grande que jamás haya usted visto con ese par de ojos.
El camión se detuvo por completo. La ventanilla del conductor bajó con total tranquilidad.
-Ihre papiere, bitte -afuera, un soldado en germano.
Otros soldados, en el interior del camión, tragaron saliva y contuvieron la respiración.
Esta emocionante! pero esta vez no te diré nada xq has dicho que no tendremos que esperar xD
Cada vez me cae mejor Alistair ^^