Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En octubre - 26 - 2009

Me apetecía algo fantástico. Aprovechad, porque no suelo escribir sobre estas cosas, quiero decir, prosa fantástica a ritmo de poesía en verso libre :D

Foto por Art of Okami

Foto por Art of Okami

Un niño caminaba con paso tranquilo entre los arrozales desérticos a orillas del río Kuwagata. Los campesinos que atareados trabajaban sus cuerpos con el ancestral arte del arroz, entonces, descansaban por ser la fiesta local en todos los poblados kilómetros a la redonda. La fiesta también vieja donde se rendía culto a los dioses de las colinas, el bosque y el río, la arboleda de más allá del cerro plateado y de las cumbres nevadas al norte de los caminos. Pero sobre todo rendían culto al dios local del templo Shiranui, encargado de la protección de las tierras fértiles y de los buenos presagios.

Grandes hogueras se alzarían aquella noche para bailar al ritmo de la música y el alcohol. La luna ascendería a los cielos ennegrecidos y prendería una estela argéntea en su trayectoria divina. Pero eso ya llegaría.

Mientras, el niño seguía caminando solitario con el sol muriendo a sus espaldas. Pequeñas sombras eran proyectadas por su pequeño cuerpo sobre el camino de tierra. A su paso los árboles se estremecían y se doblegaban ante su presencia imponente, dejándose llevar por la brisa que levantaba cada uno de sus pies en movimiento. Del mar provenían cantos de socorro, del cielo cantos de amor. Los arrozales también entonaban su propia melodía, alegre y sagaz para festejar la importancia de aquel día. Cada espiga, cada grano de arroz, cada semilla por nacer, se unían al canto coral en progresiva sucesión floreciente implorando la belleza del mundo en toda su escala cromática.

Tras la curva frente a la arboleda y unos metros antes de entrar en el pequeño bosque de bambú, un diminuto santuario protegía los caminos de aquellas veredas. Una estructura de piedra de un hombre de alto y no más ancha, permanecía fiel al paso del tiempo levantándose en la misma parcela de tierra sagrada para guardar con recelo su cometido. Por detrás pasaba uno de los canales que llenaban de vida los arrozales gracias a los dondes del río Kuwagata. La  hierba resplandecía viva a la luz del sol que moría.

Una carpa saludó al niño con una bocanada de aire en forma de burbujas.

Entonces, cuando las nubes dejaban el rojo para tornar oscuras y las aves volvían de regreso a sus nidos en las alturas, un grito desgarró el silencio de la naturaleza que todo aquello invadía. Una mujer era asaltada por un grupo de bandidos que pretendían llevarse algo más que sus monedas.

El niño se detuvo justo enfrente de la escena.

-Qué querrá este mocoso.

-Que mire, así aprenderá a ganarse la vida.

Una zarpa inmunda desgarró por el pecho las vestimentas de la dama enloquecida.

-Esta noche será una noche especial -dijo otro de los asaltantes llevándose al gaznate una tinaje de dulce sake.

La mujer volvió a implorar su salvación pero lo único que consiguió fue un golpe en la mejilla. Mientras tanto el niño seguía mirando de pie, quieto y paralizado con ojos inexpresivos en medio del camino. En su boca un gesto torcido.

-¡Niño, vete a casa!

-Podemos sacar unas monedas en el mercado de esclavos. Dicen que pagan mejor cuando son más pequeños, así se les educa fácilmente.

-Buena idea…

Uno de los hombres estiró su brazo para agarrar al niño por la solapa de su kimono. Cuando sus dedos entraron en contacto con la fina y delicada seda de sus vestimentas un remolino de hojas secas aparecido de la nada y lanzó al hombre por los aires, arrojándole directamente contra el muro de contención que separaba los arrozales. En su sonrisa seguía dibujada aquella mueca burlona de la infancia perdida. En sus ojos la ira de un dios manifestaba su desviada dicha.

De la espalda del niño nacieron cinco colas de color ámbar, y de sus mejillas, largos bigotes oscuros crecían. En sus labios todavía una sonrisa dibujada, y para cuando la neblina que surgía de sus pies se disipó, ya no había niño ni sonrisa, sino un zorro marrón que amenazante rugía a los atacantes de la mujer vapuleada.

Foto de Wikipedia

Foto de Wikipedia

Por más que corrieron los hombres no consiguieron zafarse de la ira de un dios menor, quien abriendo la boca una ráfaga de aire convocó. Mil colores en estado de frenesí envolvieron los campos teñidos por el oscuro de la noche, y durante unos segundos el día volvió a la tierra para felicitar a la luna y a las estrellas. Los hombres desaparecieron junto a las mariposas negras y azules que de sus cinco colas revoloteando salían, para bailar y cantar al calor celeste de la plateada en el cielo.

La mujer sorprendida se acercó al zorro, y agachándose lentamente le susurró.

-Sabía que eras tú, Shiranui. Los ojos del niño en el que te transformaste no podían esconder la infinita bondad de tu venerable protección.

El zorro movió sus cinco colas, y del cielo pétalos de cerezo y rosa descendieron en una delicada cortina preciosa. La mujer se vio envuelta por el calor de su gentileza y el zorro creó un nuevo kimono para ella, colorido y vistoso, de una calidad nunca jamás conocida.

La mujer acarició al zorro.

-Prometo que esta noche será una fiesta muy agradable -sonrió, y el zorro experimentó el amor de los humanos-. Gracias por salvarme.

Shiranui asintió con la cabeza y se acurrucó bajo los brazos de la mujer. El protector protegido por los brazos de un humano que debía proteger. Él también notó el calor de la gentileza.

-Gracias por estas vestimentas, no me las merezco. Me hubiera conformado con tu simple presencia.

Su sonrisa era tal que fue capaz de enamorar a un dios menor.

-Debo marchar a la aldea, donde marido e hijo me esperan. Les contaré tu hazaña para que todo el mundo lo sepa, que conozcan que nuestro dios protector no se ha olvidado en ningún momento de nosotros. Yo te veía, a pesar de los siglos recluido en aquel santuario donde resides, yo te sentía. Te notaba en cada pétalo de cerezo y en cada grano de arroz. En cada piedra del camino y en cada río en tu dominio. Cada ave de tus bosques y cada cigala cantando al sol, yo te sentía -las manos de la mujer seguían acariciando el lomo de la divina criatura-. A pesar de tu larga vida sabía que para nosotros junto a la vereda estarías, guardián de los que bajo el sol trabajan y bajo la luna disfrutan. Maestro de las llaves de nuestras vidas. Shiranui…

El zorro se apretó más a la mujer, manso como animal de compañía.

-Shiranui, te estoy tan agradecida…

Para cuando la mujer volvía junto a su familia, los campos florecieron al unísono, el arroz en grandes cantidades crecía y el río de nenúfares se cubría. Aquella noche en la oscuridad pétalos de cerezo y rosa con el viento recorrían todos los caminos y aldeas de sus dominios. Los mismos pétalos con los que confeccionó el kimono de su profecía, de su amada humana que tantas veces vería.

Desde entonces las piedras grisáceas del santuario tornaron en negro azabache, tan profundo y oscuro como el bello cabello de la mujer de aquella noche.

6 comentarios hasta el momento.

  1. rgh dice:

    No sé por qué pero me encanta esta frase: En su sonrisa seguía dibujada aquella mueca burlona de la infancia perdida. En sus ojos la ira de un dios manifestaba su desviada dicha.

    Nnca había leído un cuento así, me ha gustado mucho!!! y la música le va que ni al pelo vamos!

  2. rgh dice:

    ahh y la foto del zorro jeje me encanta :D es taaan tierna!

  3. shimohira dice:

    Jeje

    Está inspirada en muchas de las historias del folclore japonés, donde los zorros (a parte de que puedan ser buenos o malos), se transforman en cosas para engañar a los humanos.

  4. rgh dice:

    Jo que guai! me tienes que dejar algo de eso pa leer!

  5. winga dice:

    A mi la frase que más me ha gustado ha sido esta “El protector protegido por los brazos de un humano que debía proteger.”. En cuanto al relato en si, precioso, me ha recordado a Seirei no Moribito, me lo imagino igual en dibujos de ese estilo. Ah y tb me han encantado las dos fotos, el dibujo es chulisimo =)

  6. shimohira dice:

    Y mira que antes de ponerme a escribir este verano la novela, pensé que podría ir sobre el folclore japonés, de hecho tengo un borrador de unas páginas y que publiqué en el blog (se llama “encuentros a medianoche”), pero pensé… ¿le interesará a alguien la temática?