No me preguntéis por qué he escrito lo siguiente, simplemente ha salido de mi cabeza como… como un parto. No tenía ni idea de qué estaba escribiendo, por no saber ni sabía que esta información estaba en mi cabeza. De repente sentí ganas de coger el teclado y darle a las letras sin saber adónde llegaría, y os puedo asegurar que el resultado es muy raro. De alguna forma este relato estaba en mi interior de forma latente (o eso pienso), y ha decidido salir a la luz de la noche en esta bella madrugada. La música… más de lo mismo; pensé que pegaba bien (aunque sobra algún minuto, pero da igual).
Foto por caribb
La cabeza sobre un cuello que se alza entre hombro y hombro porque la Naturaleza así lo ha dispuesto, es un diseño coherente; permite observar la llanura desde una posición estratégica que proporciona óptica para encontrar presas para alimentar las células que sostienen esa cabeza, pero por otra parte, también permite divisar el peligro para usar piernas y echar a correr. Pero la llanura con los años se ha transformado en una disposición geométrica de paralelas y perpendiculares asfaltadas llamadas calles y vías; las presas han dejado de existir a no ser que te ganes la vida como carterista y los peligros… los peligros siempre estarán ahí.
Percival camina como lo haría otro miembro de la especie, pero no se puede negar un estilo muy personal en su postura; hombros caídos y cabeza gacha, manos en los bolsillos y una sombra fino y alargada que le nace en los talones y llega hasta la esquina de la avenida. Los niños siempre evitan pisar la sombra porque corre el rumor de que quema -incluso se ha llegado a decir que si la pisas puedes ser engullido al subsuelo-. Percival no da mucha importancia a ese tipo de detalles porque simplemente es su sombra, si fuera la de otro se lo pensaría más detenidamente.
Un sol algo tímido y perezoso asoma entre un manojo de nubes blancas que parecen algodones de hospital, flotando, navegando, construyendo el cielo del mundo. La brisa sopla y levanta algo de polvo en los felpudos de las tiendas. Percival gira a la derecha y se pierde entre la gente del mercadillo; es miércoles.
El cerebro humano es una verdadera máquina de pensar, sencillamente es la única máquina que puede pensar -no te preguntes si “máquina” y “pensar” son palabras excluyentes, es lo de menos-. El cerebro humano es una masa asquerosa y repugnante que pesa lo suyo, tiene miles de surcos y recovecos como los laberintos de los periódicos y está alojado en la cabeza, sobre el cuello y sobre los dos hombros. El cerebro humano es plástico, esto quiere decir que es totalmente volátil, maleable, adaptante. Y esa es la palabra clave; adaptación.
El ser humano se ha ido adaptando a lo largo de la Historia creando nuevas conexiones sinápticas en su masa asquerosa, modificándola y moldeando un nuevo aspecto social. En algún lugar de la herencia genética de Percival está enterrado el instinto de peligro, ese que te mantiene alerta ante una multitud de gente que puede suponer un peligro para tu persona, pero a Percival simplemente le da igual; podrían clavarle un puñal en la espalda que él ni se daría la vuelta -¿para qué cuando tienes una sombra que teme todo el mundo?-.
Percival se hace camino entrel a gente, señoras gordas con bolsos en la mano y señoras no tan gordas con bolsos también en la mano. Todas miran los puestos con júbilo y alegría. Pequeñas crías de humano corren entre las piernas adultas jugando al escondite; gritan, saltan, ríen… e incluso lloran. Pero Percival sabe que todo cuanto le rodea está inmerso en los algoritmos biológicos del Mundo, por eso no teme a la muerte -y no solamente porque tenga una sombra malévola-.
El mundo se basa en la energía, por eso cuando una famosa rubia y tonta dijo en la televisión que “el amor es la energía” que mueve el Mundo él no se rió. Podría haberlo hecho ante la estúpida reducción simplista de la chica, pero en parte tenía razón; el amor es una de las muchas fuerzas que hacen funcionar el Gran Teatro de la vida. Percival piensa todo esto mientras esquiva a los niños y procura no pisarles, su sombra se encarga de la retaguardia y se fía totalmente de ella. Él ha vivido más de tres décadas y durante todo ese tiempo ha estado tomando y gorroneando energía del Mundo, aunque por otra parte, no se puede negar que él también ha cedido energía, ha ayudado a crear, porque después de todo está escrito en las normas del Mundo; todos toman y todos dan. De esta forma Percival lleva más de tres décadas tomando oxígeno del aire para quemarlo en su interior, crear energía y poder moverse para hacer lo que le plazca; desde ir al servicio a cagar hasta echar un polvo, pero también para trabajar, prestar ayuda en el Ejército durante el servicio obligatorio o para instalar el ascensor de su bloque. Ha comido a otros seres vivos para poder seguir viviendo, y asimismo, esos seres vivos que fueron comidos hicieron lo propio en su día. Así que cuando él muera, cuando Percival deje de respirar y su sombra ya no se proyecte nunca más en el asfalto, servirá como eslabón de la magnífica cadena del Mundo, ¿cómo? Percival ha dispuesto que sea enterrado en la tierra sin caja de madera, ¿por qué? Porque así su cuerpo se podrá mezclar con el sustento del Mundo y servir de energía a la hierba, que alimentará a insectos y rumiantes y estos a otros seres humanos.
Percival y su sombra; Percival y el mundo.
¿Habías leído algo parecido? No lo pienses, cierra los ojos y súmete en el Ciclo, en los flujos de energía del mundo.
Y tú, ¿tienes sombra sobre el asfalto?

un tanto extraño los pensamientos de Percival.
Pero aun asi es muy buena.
XD
Un tipo muy extraño este Percival, sí señor xD