Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En octubre - 7 - 2009

Los que llevan años leyéndome conocen uno de mis grandes fetiches; la chica (que no mujer) con roles masculinos. Hacía tiempo que no escribía ningún relato para mi “chica mala” por excelencia; Sally. ¿La recordáis alguno? Sally nació en mi etapa de bachillerato, allá por 2004-2005, y creció y maduró en el 2006 de la mano de mi primer blog en Internet. Durante estos años ha aparecido en varios relatos como ella misma o bajo otro nombre, pero en esencia es la misma persona y la misma idea; mujeres malas que rompen reglas.

Me apetecía escribir algo irónico y cínico a la vez, un texto que vuelva a mis orígenes adolescentes y que demuestre de una vez por todas, que Sally a secas tiene más cojones que Lisbeth Salander, quien haría mejor en comprarse un Sony VAIO, montar una distro de Linux y tirar a la basura su pijo-Mac imperialista.

Que aproveche.

¿Quién no querría ir a la cama con Sally? Pero ten cuidado después...

¿Quién no querría ir a la cama con Sally? Pero ten cuidado después...

Se abrochó los vaqueros lentamente, sintiendo bajo sus dedos todos y cada uno de los dientes de la cremallera encajando en cadena. Estaba eufórica tras forzar a un niñó de papá a practicar sexo oral en la parte trasera de una de esas discotecas de moda. Lo mejor de aquellos críos era que no opinían apenas resistencia, eran dóciles y mansos y por lo general solían obedecer sin rechistar, aunque no les gustara lo que se les ordenase.

Sally cruzó la calle sin prestar atención al tráfico y encaró la boca del subterráneo. Una brisa gélida azotaba su melena morena que parecía bailar en la noche, dibujando espirales oscuras que no brillaban con la luz de las farolas. Se metió el pelo por dentro del cuello de la chaqueta y solucionó el problema. Todavía conservaba el calor del encuentro con aquel chico y sentía que necesitaba más aquella noche, pero no sexo, sino bronca. Las bragas aún húmedas rozaban sus piernas y la sensación de frío comenzó a expandirse desde abajo. Necesitaba seguir caliente.

En la esquina del Metro, apoyados en unos cubos de basura con la tapa abierta dos hombres de unos treinta años fumaban un pitillo mientras reían descaradamente. Vestían trajes azul marino y camisa blanca, corbata y zapatos negros. “Gorilas de discoteca.” pensó Sally lamiéndose los labios. Se acercó a ellos asegurándose de hacerse notar. Caminó sensualmente moviendo más de lo normal las caderas, midiendo cada paso que daba y fijando su mirada férreamente en los hombres.

En sus labios media sonrisa dibujada.

Uno de ellos la vio venir y se arregló el cuello del traje, avisando a su amigo de la presencia de Sally. Ella se acercó lentamente al primero, rapado y de pelusilla morena por toda la cabeza. Sally no caminaba, flotaba livianamente sobre el asfalto. Con manos delicadas cogió su cigarrillo de la boca del hombre y dio una larga calada, para después lanzarle el humo a la cara. El otro hombre, de melena rubia y un pendiente notable los miraba con ojos grandes.

Sally se acercó al del pendiente y fingió que se le caía el cigarrillo a sus pies. Cuando se agachó a por él, rozó el sexo del otro hombre con su culo y se aseguró de mantener esa postura unos breves segundos, tiempo suficiente para calentar a cualquier hombre con más de dos neuronas. Lentamente se fue incorporando hasta dejar sus labios muy cerca de los del rubio. En un movimiento lento y casi eterno para el hombre, Sally comenzó a besar su oreja delicadamente. Podía notar la respiración acelerada del hombre que seguramente ya estaba erecto.

Le mordió el lóbulo y le arrancó el pendiente. La sangre pintó sus labios de rojo oscuro.

Como el otro hombre sólo veía la espalda de Sally no sabía muy bien qué había pasado, pero cuando ella se giró pudo comprenderlo todo. La mirada de la chica era seductora y atractiva, pero no una mirada que reflejase deseo carnal, sino más bien deseo criminal. De un codazo le partió la nariz y cayó de culo al suelo mientras se la sujetaba. Una patada en el mentón finalizó con el hombre rapado. Sally se dio la vuelta y esquivó rápidamente el puño del otro hombre, quien no paraba de gritar y de sangrar por la oreja. Uno de los puñetazos alcanzó la cara de Sally que empezó a sangrar profusamente por el labio que le habían roto.

En sus labios pintados de rojo donde se mezclaba la sangre de dos personas distintas había dibujada una sonrisa. El hombre que aún quedaba en pie lo estaría por poco tiempo más.

Sally bajó las escaleras del Metro mientras con la manga de la chaqueta se limpiaba la cara y los nudillos. Atrás había dejado a un hombre en el suelo y a otro dentro de un cubo de basura.

2 comentarios hasta el momento.

  1. [...] chica más mala, Sally, regresa en Juegos nocturnos, como siempre en [...]

  2. [...] relatos largos para ella… pensé que sería buena idea coger a Su y hacer que se pareciera a Sally. Para los que no conozcáis a Su os recomiendo la lectura de su propia saga: Huidas a medianoche. [...]