Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En junio - 24 - 2009

Por cosas de la vida las historias cambian, aunque mi editora ya está hasta las narices de que mis novelas cambien justo cuando mejor van. Así que desde aquí la pido perdón de todo corazón y que entienda que esto es necesario. Una buena señal es que conservo el título de la novela, solamente que todo lo que había escrito de la otra quedará fragmentado y editado para que sean relatos cortos independientes pero con una misma temática. Así pues, comencé la carrera y mi editora me decía que me parecía a un tipo de una novela que la encantaba. Un año después la leí por su insistencia y la versioné en este relato de aquí (click aquí para leer), y ahora tiempo después siento la necesidad de encontrarme una vez más conmigo mismo, en un estilo directo y simple como antaño. Os dejo un avance (los lectores del “Guardián entre el centeno” comprenderán mucho mejor mis razones para todo esto).

Mi vida comienza con un líquido pastoso de color blanquecino y una cueva oscura y húmeda. Un minúsculo ser con forma de serpiente cabezona perforando insistentemente una bola que sería mi futuro yo. Pero vamos, que no creo que ninguno de vosotros se escandalice si ahora os hablo de follar y sobre cómo se hacen los niños. Sea como sea mi vida empieza así y seguramente las vuestras también, a no ser que alguna sea fruto de la ciencia, ya me entendéis.

Ya que me preguntáis os diré que no, no tengo ni un puto duro. Estoy más seco que la mojama de aquel bar cutre de Sol, ese que hace esquina y siempre está repleto de viejos con mondadientes en la comisura de los labios. Pero si queréis tengo un móvil que daros, algo viejo pero algo es mejor que nada, ¿verdad? Oh, venga vamos. No estoy vacilando para nada, no tengo ganas ni de eso ¿sabéis? Pues ahora que lo dices sí, son Vans, ¿te gustan? A mí también, por eso me las compré.

No sé si os interesa, ¿pero sabéis que estaría bien hacer esta noche? Lo digo por si no tenéis nada mejor que esto. Resulta que hay un concierto benéfico cerca del Palacio Real, al aire libre con el viento suave de la noche en la cara, las estrellas en el cielo, las farolas encendidas… todas esas cosas bonitas que merecen ser vistas. Al parecer toca un grupo bastante internacional formado por músicos de todo el mundo. Lo que pasa es que no sé si os gustará la música, versionan piezas clásicas y las acercan a nuestro tiempo, ¿sabéis a qué me refiero? Bueno bueno, chico, no hace falta que pongas esa cara que no te estoy diciendo que hagas la cama ni que recojas el cuarto. ¡Vale, tranquilo! No hace falta que me pegues así, menos en la cara que luego queda feo en el espejo. ¡Vale, haya paz!

Como os iba contando y dejando la música a un lado, mi vida comenzaba en aquella cama sudorosa veintiún años atrás pero no es hasta hoy que me doy cuenta de que estoy vivo. ¿Os ha pasado alguna vez? No sé yo con esas pintas… ¡Tranquilo, que no te he dicho nada malo! Bueno, la verdad es que sí que me había sentido vivo antes de hoy, fue en tercero de primaria, ya sabéis, el colegio, los amigos de la infancia, los colores, los juegos, las canciones… Resulta que se nos cayó a un amigo y a mí un bote de Alkil dentro del armario de la profesora. Era un mueble estrecho y muy alto para nuestra estatura, ahora seguro que llegaba a lo más alto sin problemas, pero entonces no era así. La profesora que era una vieja con pocos años para jubilarse dejaba siempre unos zapatos de tacones en la parte de abajo, mientras que su chaqueta de vestir la colgaba de una percha con otras prendas que tenía allí metidas, por si algún día le daba la vena de volver a casa con algo diferente. Ella era así, solía llevar siempre bata blanca para no mancharse, aunque no sé yo de qué te puedes manchar en una clase de primaria.

Bueno, sea como sea resulta que nos dio por colarnos en clase durante el recreo, eso está prohibido ¿lo sabéis? Pero nosotros lo hicimos igual, simplemente queríamos divertirnos un poco. No recuerdo bien si fue mi amigo o yo el que decidió abrir el armario, que más bien era una taquilla de madera, y así lo hicimos. Tampoco recuerdo por qué lo haríamos, ¿qué habría más allá de ropa de vieja? Pero allí lo vimos, arriba del todo, un bote blanco y enorme de Alkil listo para ser usado… ¿en qué? No me preguntéis, no lo tengo claro. Bueno, supongo que sabréis que el Alkil es un pegamento la mar de divertido, aunque otros lo usen para otras cosas en vez de pegar cosas… ¡Quieto, ya lo he comprendido! ¡Suéltame! Eso ha dolido, ¿sabes? Siguiendo con lo mío… joder, ha dolido de verdad… bueno, lo que pasó fue que mi amigo golpeó sin querer el armario y el bote se vino abajo manchando completamente los zapatos de tacón de la profesora. ¡Menudo marrón!

¿Pero a qué venía esto? ¡Ah, sí! En esa ocasión también me sentí vivo de verdad, pero no lo he vuelto a hacer hasta hoy. Es una lástima, de veras, se siente uno tan bien. Desde pequeño me han dicho que no sé disfrutar de la vida, pero yo creo que lo que pasa aquí es que los demás no lo saben hacer y reprochan a gente como yo que vamos a nuestra bola para sentirse ellos mejor, como si tuvieran que autodemostrar que son mejores. Menudos hipócritas. Yo disfruto con las cosas pequeñas, ¿entendéis? Un paseo, un libro, una ventana y algo que ver, una fila de hormigas, un árbol mecido por la brisa… No me miréis así, no estoy diciendo nada raro. Bueno, la cosa está en que hoy me siento vivo una vez más y por eso seguramente todavía no haya echado a correr de vosotros. ¿Qué sentido tendría sentirse vivo si uno no experimenta el robo y el abuso físico? Llamadme loco, pero yo lo veo así.

No, no entiendes nada. No es lo mismo recibir una paliza cuando te sientes vivo de verdad. Vosotros ahora mismo seguro que no os sentís vivos, simplemente estáis haciendo lo mismo que todas las noches. Estáis sumidos en la dinámica de esta sociedad y os dejáis arrastrar río abajo hasta que lleguéis a la puta jodida catarata donde moriréis sin que vuestros nombres sean recordados. ¿Acaso miento? ¡Quieto, si sigues vas a matarme! Y no quieres matarme… ¿verdad? Bueno bueno, tranquilo, que ya no hablo más…

Ahora que lo preguntas, y me gusta que me preguntes, en serio, lo he pasado muy bien hoy. Bueno, no sé cómo explicarlo. No ha sido un día al uso, de eso estoy seguro. Me levantaba yo tan tranquilo pensando en ver a una chica cuando de repente se me cruzaron los cables y comprendí muchas cosas…

Hasta aquí puedo escribir. El resto cuando termine la novela entera… ¿o no? Si la colérica de mi editora no me mata, puede que cuelgue la continuación.

1 comentario hasta el momento.

  1. winga dice:

    Tranquilo, creo que tu editora no te matará, por desgracia le gusta casi todo lo que escribes…xDD