Y un microrrelato más para mi lista de textos negros. Es mucho más corto que otros pero me ha encantado la idea del final, ese desdén, el dejarse llevar por las situaciones de los personajes anómicos. Se me ocurrió ayer noche mientras paseaba por Delicias y he tenido que escribir algo a la fuerza, mi mente me obligaba. Espero que los disfrutéis.
Y la noche amenazaba Madrid cuando Nicklaus caminaba solitario por la Gran Vía. Cabeza baja y manos en los bolsillos paseaba sin prestar ninguna atención a la marea de guiris que veían escaparates mientras comían helado. Las farolas se encendieron súbitamente, es un momento que pasa desapercibido para la mayoría de la gente, pero Nicklaus que sentía un extraño enamoramiento por su luz siempre se daba cuenta. Para él, simbólicamente significaba el pistoletazo de salida. La noche comenzaba.
Giró a la izquierda hacia la calle del Desengaño cuando dos individuos por la espalda se le pegaron a los talones. Le amenazaban con algo punzante, tal vez una navaja, a la altura de los riñones.
-No te des la vuelta, sigue caminando -le dijo uno de ellos. Su aliento apestaba a días de suciedad-. Nos vas a acompañar a un lugar más íntimo, ¿de acuerdo?
El otro se rió por lo bajo. Con el rabillo del ojo, Nicklaus le pudo ver la desdentada dentadura.
-Por mí perfecto -contestó Nicklaus encogiéndose de hombros-. No tenía plan para esta noche.
-¡No te hagas el graciosillo con nosotros! -le espetó el de la navaja aprentando aún más ésta.
-Como quieras -dijo con desdén. En su rostro sin asear se dibujaba media sonrisa de placer, mientras que con la mano derecha aún en el bolsillo acariciaba el metal de su pistola cargada-. Algo me dice que será una noche divertida.