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	<title>Meta-Relatos &#187; Ágora</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>Juegos absurdos</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 00:16:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[Ágora]]></category>
		<category><![CDATA[Amenábar]]></category>
		<category><![CDATA[Pulp Fiction]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy he visto Ágora, lo nuevo de Amenábar, y bueno, bastante entretenida pero también bastante aburrida. No sé por qué pero la película me ha incitado a escribir lo siguiente. Cuando lo leáis comprenderéis por qué digo que no sé qué me ha hecho escribir este relato. Creo que algo<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/juegos-absurdos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hoy he visto Ágora, lo nuevo de Amenábar, y bueno, bastante entretenida pero también bastante aburrida. No sé por qué pero la película me ha incitado a escribir lo siguiente. Cuando lo leáis comprenderéis por qué digo que no sé qué me ha hecho escribir este relato. Creo que algo me recordó a Pulp Fiction.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Miedo" src="http://farm3.static.flickr.com/2664/4087177569_aca4ca5dff_o.jpg" alt="No juegues con locos, es peligroso" width="501" height="262" /><p class="wp-caption-text">No juegues con locos, es peligroso</p></div>
<p><span id="more-2573"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f5b6db2" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f5b6db2" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Pelo negro, muy corto, a cepillo, sucio, grasiento, muchos días sin una ducha. Gafas de sol en el bolsillo, chaqueta de piel, vaqueros, cinturón ancho, deportivas, sin corbata, por Dios.</p>
<p>Mueca torcida, cejas arqueadas, mirada fija, frente arrugada, una mala hostia increíble. Mano levantada, pulso firme, una gota de sudor resbalando por su sien, un hombre a punto de morir.</p>
<p>-Tienes tres segundos para decirme dónde coño está el cuerpo de la chica.</p>
<p>Silencio absoluto. En la calle la sirena de una ambulancia grita como una adolescente en un partido de fútbol universitario.</p>
<p>-Cuando hablo me gusta que me contesten.</p>
<p>La culata de la pistola surca el aire y golpea la mejilla del hombre haciendo saltar diminutas gotas de sangre densa a su chaqueta de piel.</p>
<p>-Me has manchado la chaqueta, cabrón.</p>
<p>Mira la mancha, después al hombre atado a la silla y después de nuevo a la mancha. Tenía un problema con aquel hombre, le pegó, le ató y le amenaza con una pistola en la cara, pero ahora tiene otro problema; una mancha.</p>
<p>-Muy bien, veo que no quieres hablar.</p>
<p>El disparo recita poesía. Pólvora comprimida en un casquillo de metal. La moqueta se mancha con más sangre. El hombre atado grita de dolor.</p>
<p>-Por última vez, dónde está la chica, y no creas que la próxima vez dispararé tan abajo -dijo señalando con el cañón del arma al zapato agujereado.</p>
<p>-Está en un muelle, en el puerto -su rostro se tuerce hacia todos lados, formando arrugas imposibles.</p>
<p>-En qué muelle.</p>
<p>En la habitación los resoplidos del herido.</p>
<p>-En qué puerto.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Otro disparo. Más gritos. La ambulancia a lo lejos, perdiéndose.</p>
<p>-¡No lo sé, joder! ¡No lo sé!</p>
<p>-¿No lo sabes?</p>
<p>-¡No, joder! ¡Estás como una puta cabra!</p>
<p>-¿Piensas que estoy como una puta cabra? ¿Crees que una cabra haría esto?</p>
<p>Otro disparo. Esta vez una ventana volando en mil esquirlas que reflejan el rostro de terror del hombre atado. Un disparo más; una lámpara que cae al suelo dejando una alfombra metálica y cristalina, fragmentos de bombillas aniquiladas.</p>
<p>-¿Crees que una cabra puede disparar un arma de fuego?</p>
<p>Sus palabras no tienen sentido, él mismo lo sabe. Sabe que está como una cabra.</p>
<p>-Y ahora dime, ¿quién llevó a la chica a ese muelle que dices?</p>
<p>-Carrigan. Fue Carrigan -sus palabras se tropiezan en una carrera desesperada por liberarse.</p>
<p>-Con que Carrigan&#8230; ¿y dónde está Carrigan ahora mismo?</p>
<p>-En el muelle, supongo.</p>
<p>-Y no sabes dónde está el muelle.</p>
<p>El hombre atado mira con pavor a la &#8220;cabra&#8221;.</p>
<p>-No.</p>
<p>-Buen chico&#8230;</p>
<p>Se da la vuelta y coge un vaso de plástico verde, lo llena en la pila de la cocina con agua y bebe rápidamente. Se limpia los labios con la manga de la chaqueta manchada de sangre y vuelve con el hombre atado. Le sonríe.</p>
<p>-Todavía no sé qué hacer contigo.</p>
<p>-No hagas nada.</p>
<p>-¿Nada? Buena idea -se encoge de hombros-. Pero si no hago nada&#8230; ¿quién vengará a mi pobre amiguita?</p>
<p>Murmullos en la calle. Los vecinos empiezan a juntarse en la acera para ver qué pasa en el interior de la vivienda. Los disparos han alertado al vecindario. Hay que acabar rápido.</p>
<p>-Mi amiguita está muerta, solamente quiero enterrar su cuerpo, ¿entiendes?</p>
<p>El hombre atado afirma con la cabeza. Varias veces.</p>
<p>-Pero el cuerpo sin vida de mi amiguita está en un puto muelle de una puta ciudad costera que tendrá más de cinco puertos&#8230; Y claro, eso es una gran jodienda, ¿no crees?</p>
<p>Asiente una vez más.</p>
<p>-Quiero que me digas tu nombre.</p>
<p>-James.</p>
<p>-James qué.</p>
<p>-James Compton.</p>
<p>-Muy bien, James Compton, te diré qué vamos a hacer.</p>
<p>Da una vuelta sobre sus talones y le sonríe como un payaso infantil.</p>
<p>-Vamos a jugar a un juego muy sencillo. Yo pregunto y tú contestas. Con pocas palabras, ¿entendido?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Cuántos años tienes?</p>
<p>-Treinta y ocho.</p>
<p>-¿Estás casado?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Tienes hijos?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Conocías a mi amiguita?</p>
<p>-Sí, todo el mundo la conocía.</p>
<p>-Pocas palabras, James. Pocas palabras.</p>
<p>-Vale -en sus ojos el miedo.</p>
<p>-Y ahora viene la mejor parte del juego -dibuja una gran sonrisa y abre mucho los ojos-. La parte en la que mi mala hostia se canaliza desde mi cerebro enfermo hasta mi dedo índice, pasando por los nervios de mi cuerpo y los músculos de mi brazo que accionarán el gatillo para escupir plomo sobre tu asquerosa cara de solterón sin hijos, ¿entendido James?</p>
<p>No contesta. Sus pantalones se mojan sin control. El &#8220;hombre cabra&#8221; lo ve pero no dice nada.</p>
<p>-Dijimos que contestarías con pocas palabras.</p>
<p>Más silencio. En la calle más gente. Viejas en bata, señores gordos con albornoz. Mujeres maduras con su mejor lencería; siempre es buen momento para ligar con tu vecino jurista.</p>
<p>-James, te toca.</p>
<p>-Sí&#8230; -la voz sale a duras penas.</p>
<p>-Muy bien, ¿dónde está el muelle del que hablabas?</p>
<p>Duda unos segundos.</p>
<p>-No lo sé&#8230;</p>
<p>-¡Respuesta incorrecta! ¡Pierdes!</p>
<p>Tres disparos. Sangre y un cadáver. Los vecinos gritan horrorizados por el estruendo. La policía aparece por la esquina; dos coches patrullas con las sirena puesta.</p>
<p>El &#8220;hombre cabra&#8221; se marcha por la puerta trasera. Tiene que encontrar un puerto, un muelle y el cuerpo de su amiguita.</p>
<p>Le prometió un funeral digno.</p>
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