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	<title>Meta-Relatos &#187; Ellen</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>[Nubes en el cielo] Apariciones fugaces</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 15:53:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia. La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-apariciones-fugaces/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><a href="http://www.flickr.com/photos/lovestruck94/3255420745/sizes/l/"><img class=" " title="Nieve corazones" src="http://farm4.static.flickr.com/3333/3255420745_3b98aaf2ca_b.jpg" alt="Foto por lovestruck." width="501" height="342" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por lovestruck.</p></div>
<p><span id="more-2743"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas en sus diminutas estrellas, diez mil destellos proyectando la magia invernal sobre una ciudad apagada por las llamas de la guerra en el mundo.</p>
<p>London camina por la acera con paso lento y distraído, observando el trajín de la calle y admirándose con la fuerza de voluntad de aquellas personas. Tres años han pasado desde que Ellen se despidiera súbitamente y se marchase de Brighton en busca de una vida repleta de sueños y fantasías de la infancia. No tuvo que pasar mucho tiempo para que London pudiese verla en las salas de cine; Ellen brillaba en la gran pantalla como las estrellas en el firmamento, llenando de color los fotogramas a pesar del blanco y negro de la época. London está muy orgullosa de ella, pero también muy melancólica.</p>
<p>Cada vez se ven más aviones surcar el cielo como pájaros en plena migración, grandes bombarderos alemanes con destino Londres para sumir la ciudad en un caos de ruinas pétreas y polvo ceniciento que se mete en los pulmones de los niños y mujeres. London ha tenido que aprender a ponerse una máscara de gas en menos de un minuto. La capital del país puede quedar en ruinas, pero la moral del Reino Unido jamás decaera, o eso es lo que dicen los periódicos; la realidad está bastante lejos de los titulares.</p>
<p>De poco en poco, uno de los aviones es un transporte aéreo de correo transatlántico cargado de paquetes, cartas y víveres varios. Entre todo eso viajan las cartas que escribe Ellen con letra pulcra y minimalista, hojas enteras de vivencias en Hollywood y grandes fiestas en Los Angeles, sin embargo, cada vez llegan menos cartas. London que está muy centrada en sus estudios matemáticos sobre la teoría de números de Pierre de Fermat, intuye que la causa de que reciba menos cartas de Ellen está en una mezcla de razones obvias de logística -la Segunda Guerra Mundial se cobra muchos aviones en el aire-, y un variado de hechos fácticos dados en California, concretamente en Hollywood, en otras palabras; Ellen no tiene tiempo para escribir a London. Al menos eso es lo que quiere pensar ella desde el consuelo de los números, pues en las probabilidades lógicas bien podría entrar con cierto peso relativo el hecho de que Ellen ya no quiera escribirla.</p>
<p>Así que London pasea por la calle mientras contempla los Spitfire volar entre las nubes grises mientras de ellas la nieve cae lentamente en grandes copos blancos. Se pregunta cuántos cazas alemanes derribarán hoy en el Canal de la Mancha.</p>
<p>Si al menos tuviera un medio de transporte seguro para llegar a Estados Unidos, iría a verla, pero los submarinos alemanes hunden a diario barcos de la Marina Real y otros tantos de la mercante. El cielo es más seguro, pero no del todo, y conseguir un visado en plena guerra es algo por lo que London no puede pasar. Además están sus estudios&#8230;</p>
<p>Un camión militar gira la curva y salpica de aguanieve negruzca todo lo que estuviese en un radio de tres metros, incluyendo a London. El camión se aleja a gran velocidad quedando en una simple mota verde diminuta donde no se pueden distinguir las cabezas de los soldados que se embarcarán para luchar en Francia. Otro camión; esta vez London ha aprendido la dinámica de la nieve derretida en la calzada.</p>
<p>Un cartel enorme en la puerta del cine muestra una joven de grandes ojos vivos y de sonrisa perlada. Ver a Ellen allí es tan ilusorio como imaginársela a su lado, sin embargo no puede evitar tocarla la mejilla de celulosa mojada por la nieve y estremecerse en lo más profundo de su alma. ¿Qué estarás haciendo, Ellen?</p>
<p>El ruido de los motores de los Spitfire retumba en su cráneo como una banda de percusión.</p>
<p>Cree ver a su amada en cada esquina, pero siempre, sin cabida al error, termina desapareciendo entre la nieve.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Distancia</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 14:29:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[adiós]]></category>
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		<description><![CDATA[Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis. Querida London: Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-distancia/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Words of Love" src="http://farm3.static.flickr.com/2438/3553702617_075f65f8bc_b.jpg" alt="Foto por DaveBinM" width="501" height="334" /><p class="wp-caption-text">Foto por DaveBinM</p></div>
<p><span id="more-2740"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Querida London:</p>
<p>Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos en la carretera, así que perdona la mala letra.</p>
<p>Siento mucho que todo haya sucedido tan rápido, de verdad, lo siento, pero era una oportunidad que no podía dejar escapar. Ya sabes que desde pequeña siempre he querido actuar y qué mejor lugar que Estados Unidos, la fábrica del cine moderno. Los americanos de la agencia se pusieron muy contentos con mi audición, dijeron que nunca habían visto nada parecido en una chica tan joven, ¡realmente estaban emocionados! Yo no me lo podía creer. El simple hecho de quedar para el papel protagonista ya me parecía un bello sueño, pero nunca pensaría que me darían la oportunidad de probar suerte en Hollywood.</p>
<p>Ahora sé por qué pude brillar sobre las tablas del escenario aquella tarde; fue sin duda por qué tú estabas en mi corazón, presente en lo más profundo de mis sentimientos brillando como un lucero en la noche más oscura del invierno. Yo simplemente seguí tu estela, la impronta que tu presencia ha dejado en mi vida, indelebles huellas que me dicen siempre cómo vivir. Sé que suena muy ñoño, pero es así.</p>
<p>Si no te conté nada fue porque sabía que tú te sentirías muy triste, pero lo que más me dolía era saber que nunca me pararías, nunca me retendrías en nuestra amada Inglaterra para permanecer juntas porque sé que tú quieres ver cumplido el sueño de mi infancia. Y eso me dolía en el alma. Necesitaba una despedida forzada, un adiós desgarrado por las prisas del tiempo donde la cabeza no pudiera reaccionar con margen. Algo me dice que tú también te habrías embarcado conmigo, dejando de lado tus estudios&#8230; ¡ahora que estás tan cerca de Cambridge! No lo podía permitir. Hemos luchado mucho por ello.</p>
<p>Espero que me sepas perdonar y comprendas los motivos de mis acciones, siempre he vivido desde el amor que te profeso. Echaré de menos la playa de Brighton y la hierba fresca bailando con la brisa, pero definitivamente nada será igual sin tus caricias y abrazos. Mis labios todavía recuerdan los tuyos, creo que nunca lo podré olvidar.</p>
<p>Esto no es un adiós sino un hasta luego, y anhelo con vehemente fuerza el día en el que volvamos a vernos.</p>
<p>Te escribiré pronto, cuando sepa mi dirección aquí en Los Angeles.</p>
<p>Siempre tuya y con amor. Te quiere:</p>
<p>Ellen.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Separaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 19:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[adiós]]></category>
		<category><![CDATA[Brighton]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen]]></category>
		<category><![CDATA[London]]></category>
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		<description><![CDATA[Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-separaciones/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música perfecta, fotos y una historia en mi cabeza que pedía a gritos ser liberada. Así que un 8 de octubre de 2009 decido hacer un primer borrador, que por cierto, <a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-avance-de-una-historia/" target="_blank">podéis leer haciendo click aquí</a>, pero ahí se quedó el proyecto.</p>
<p>Es hora de redimirme. Es hora de crear &#8220;Nubes en el cielo&#8221;.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Faro en playa" src="http://farm4.static.flickr.com/3147/2983423481_62d03789d0_o.jpg" alt="Foto por Max" width="501" height="394" /><p class="wp-caption-text">Foto por Max</p></div>
<p><span id="more-2729"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>London y Ellen compartían más que un pupitre en la escuela parroquial, sus habitaciones eran las dos caras de una misma pared, así que dormían cabeza con cabeza a pesar del muro de ladrillos que las separaba. Además de ser vecinas y compañeras de clase, London y Ellen eran grandes amigas, las mejores de todo Brighton. Se conocieron cuando London llegó desde Essex y fue presentada en la única clase de primero de primaria. Cuando sus miradas se cruzaron en el corto espacio de aula que las separaba supieron instantáneamente que habían nacido para estar juntas.</p>
<p>La sorpresa llegó cuando Ellen regresaba del colegio aquel mediodía. Durante todo el camino no pudo olvidar la sonrisa de su nueva compañera, era una imagen tan feliz que se sentía realmente bien cuando la recordaba. En las escaleras de entrada al viejo edificio donde vivía se había formado cierto jaleo, al parecer, unos nuevos inquilinos llegaban al piso que habían dejado vacío los McKee días atrás. Los mozos de la mudanza transportaban grandes bultos envueltos en plásticos transparentes, mientras, una señora de pelo liso y largo daba nerviosas indicaciones a los trabajadores que parecían ignorarla. Ellen se quedó petrificada cuando descubrió que la hija de los Rose, los nuevos inquilinos, no era otra que London, su nueva compañera de clase.</p>
<p>Desde aquel maravilloso día, London y Ellen compartieron las mejores experiencias de sus infantiles vidas. El paso de diez largo años no pareció afectar a su íntima relación, que parecía permanecer tal y como era durante los primeros días de su encuentro.</p>
<p>Las primaveras sucedieron a los fríos inviernos una y otra vez hasta que las chicas cumplieron 16 años. Para entonces, las dos juntas ya podían conseguir cualquier reto que se propusieran. Por difícil que fuera siempre salían adelante. Atrás quedaron los años de colegio y enseñanza. Lo poco que ganaban sus familias apenas llegaba para el alquiler del piso, la ropa y la comida. Ellen trabajaba como oficinista en un edificio moderno del centro de la ciudad, mientras que London, fue de las primeras mujeres reclutadas para el esfuerzo bélico de la patria. Las tardes oscuras de aquel otoño pasaban muy lentas tras los grandes ventanales del cuartel agrietado, donde London, terminaba su turno a las ocho de la noche con la espalda dolorida y la vista cansada. Su trabajo era mecánico y aburrido; clasificar fichas perforadas con información de la Unidad de Radio y Transmisiones; Alemanía había invadido Polonia y a los ingleses les inquietaba el hecho.</p>
<p>Cada noche cuando las luces se apagaban en el barracón número cuatro y las tres decenas de mujeres volvían agotadas a sus casas, London se distraía mirando el firmamento desde un viejo embarcadero sobre la suave arena de la playa de Brighton. Pocos minutos más tarde solía llegar Ellen, quien se descalzaba para no hacer ruido y con el cuidado infantil del que vive en la inocencia susurraba bonitas palabras de consuelo. A London le gustaba que Ellen llegase inesperadametne por detrás y le dijese todas aquellas cosas al oído en un tono de voz tan bajo que hasta las olas del mar sentían curiosidad. El pelo se le erizaba desde la nuca hasta los brazos, y aunque sabía de antemano que Ellen llegaría en algún momento, London cada noche fingía que era la primera vez.</p>
<p>-El uniforme militar te sienta muy bien -era la apertura favorita de Ellen. Después la cogía por la solapa y asentía con una sonrisa tímida en los labios-. Definitivamente me gusta.</p>
<p>London no podía más que mirarla a los ojos, donde el reflejo de la luna proyectaba sueños fractales en progresión aritmética; dos distraídas esmeraldas que en las noches de otoño brillaban con el fulgor de las batallas narradas en los libros de Historia.</p>
<p>-Deja que me pruebe el uniforme&#8230;</p>
<p>Después se abrazaban y se fundían en un único cuerpo que resplandecía entre la frescura de la brisa marina. Labios tornándose en amalgamas de pasiones cohibidas, sentimientos encerrados en cárceles interiores donde las llaves no tienen cabida alguna. Un secreto que debían mantener en el silencio de lo desconocido a pesar de sentir lo que nunca dos humanos habían sentido.</p>
<p>Que dos mujeres se quisiesen en el Reino Unido era como que el cielo y la tierra no estaban separados. Pero allí, bajo el abrigo de la arena y junto a los llantos de las olas rompiendo en la costa, London y Ellen podían ser ellas mismas, expresar su amor y vivir de forma plena, solamente con la luna por testigo y los luceros como guías indelebles del camino a seguir.</p>
<p>Cuando la última hoja de roble tocó el suelo en un remolino de marrones pardos como un mosaico térreo dispuesto por capricho divino para deleite de los hombres, London decidió que explotaría la Ley Fisher de 1918 para seguir con sus estudios; estaba interesada en física y matemáticas. Ellen disfrutaba más la felicidad de London que la propia London, así que la ayudó con sus padres quienes eran reacios a que su hija mayor estudiase en lugar de trabajar por la familia y el país. Juntas consiguieron de nuevo lo imposible; ingresaría en el Instituto para formarse de cara a la universidad. Aquello costaría una buena suma de dinero, así que London tuvo que trabajar a tiempo parcial en el negocio de un familiar como dependienta. A la Marina Real pareció darle igual su deserción.</p>
<p>London pasaba cada vez más tardes enfrascada en complejas lecturas que para Ellen significaban todo en el universo. Ella no comprendía ni una fórmula que los ojos de su alma gemala devoraban con rauda impaciencia, pero el simple hecho de verla tan contenta y sonriendo a escondidas cuando terminaba de comprender un teorema era razón suficiente para querer ella también a las matemáticas.</p>
<p>De esta forma llegó el verano y con él el bueno tiempo definitivamente. Sobre un prado verde expuesto a la belleza de un mar lleno de reflejos y destellos brillantes, London leía tirada en la hierba un fabuloso libro de Bertrand Russell. Ellen apareció como siempre por detrás y se quedó muy quieta a su lado, contemplándola disfrutar con cada página que pasaba entre sus delicados dedos. Le besó la mejilla cuidadosamente y London contestó con una amplia sonrisa. Después otro beso.</p>
<p>-Me gusta cuando lees -la voz de Ellen era sincera y llena de ternura-. Eres London en esencia pura.</p>
<p>-¿Cómo es eso? -London rio sin borrar la sonrisa de sus labios.</p>
<p>-Tus ojos brillan de ambicion y fuerza. Es lo que más me gusta de ti; te propones lo imposible para otros.</p>
<p>London dejó el libro sobre la hierba y con las manos liberadas peinó el flequillo de Ellen. Su cabello bailaba con el viento que venía desde Francia formando en el aire formas suspendidas de etérea magnitud. Cuando London se miraba en sus ojos verdes Ellen siempre se ruborizaba como una niña pequeña. Después descendió su mano por el cuello de Ellen y notó el calor de su cuerpo fluir por su interior, hasta llegar al pecho, donde el corazón latía con fuerza y velocidad.</p>
<p>-Tú también me gustas mucho.</p>
<p>Se besaron dejando volar el viento entre sus mentones, canales invisibles de balsámico aroma que creaban el Edén en la Tierra.</p>
<p>Cuando London se separó del rostro de Ellen notó que tenía las mejillas mojadas; Ellen estaba llorando. Sus lágrimas emitían brillos bajo el sol, simplemente como el mar.</p>
<p>-London&#8230; -comenzó entre sollozos-. En unos días parto a Estados Unidos.</p>
<p>El corazón de London describió la arcotangente más perversa de la trigonometría. Sus cerebro impactado por la fuerza de las palabras de Ellen no podía ni reaccionar, así que sus ojos lloraron días después, cuando ella ya no estaba.</p>
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		<title>[Circuitos muertos] Le llaman Phi</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 18:08:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Circuitos Muertos]]></category>
		<category><![CDATA[cyberpunk]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen Page]]></category>
		<category><![CDATA[Gracias]]></category>

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		<description><![CDATA[Y he aquí la tercera parte de la miniga saga de nuestra amiga Ellen o 3113n. He decidido bautizar a la saga como &#8220;Circuitos muertos&#8221;. Estoy animado con estas historias porque son un claro spin-off de mi novela (es decir, mismos personajes pero relaciones diferentes). Además, que estoy con lo<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/circuitos-muertos-le-llaman-phi/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Y he aquí la tercera parte de la miniga saga de nuestra amiga Ellen o 3113n. He decidido bautizar a la saga como &#8220;Circuitos muertos&#8221;. Estoy animado con estas historias porque son un claro spin-off de mi novela (es decir, mismos personajes pero relaciones diferentes). Además, que estoy con lo último de Neal Stephenson, gurú literario de los hackers, y estoy que me subo por las paredes leyendo a todas horas.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><img class=" " title="Ellen Page" src="http://farm3.static.flickr.com/2531/4055473895_a85c497c57_o.jpg" alt="Ellen fumando pipa cuando no es 3113n" width="300" height="375" /><p class="wp-caption-text">Ellen fumando pipa cuando no es 3113n</p></div>
<p><span id="more-2517"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=cf495a8" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=cf495a8" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El coche volaba sobre el asfalto poniendo al máximo el motor eléctrico respetuoso con el medio ambiente. A vista de pájaro el automóvil se reducía a una mancha blanca que dejaba una estela de luz roja y amarilla en el carril izquierdo. A muy poca distancia y también a gran velocidad, un helicóptero negro perseguía a la mancha disparando de vez en cuando algún misil que nunca llegaba a su objetivo. El asfalto astillado en mil piedrecitas diminutas golpeaba la luna del coche al atravesar el denso humo que dejabna la explosiones.</p>
<p>Percival Baker conducía con gran maestría, esquivando los socavones y derrapando en las curvas para no perder velocidad de marcha. Cada vez que tomaba una curva ganaba unos metros al helicóptero que se perdía por unos segundos en la realidad reflejada del retrovisor electrónico.</p>
<p>-¡Joder, nos va a coger! -Ellen gritaba histérica sin dejar de aferrarse al cinturón de seguridad-. ¡Haz algo!</p>
<p>-¿Qué piensas que estoy haciendo? -dio un volantazo a la derecha y acto seguido encaró una calle estrecha por donde el helicóptero no podría pasar-. Hago todo lo que puedo.</p>
<p>El teléfono del automóvil sonó tan raro como una opera en una plaza de toros.</p>
<p>-Cógelo.</p>
<p>-Sí, claro, ahora también soy tu sirvienta.</p>
<p>Baker suspiró.</p>
<p>-Cógelo, también es para ti.</p>
<p>Ellen le miró desconfiada pero aceptó a descolgar el aparato. Era un huevo blanco sujeto a una estación de recarga en el salpicadero de fibra sintética. Lo cogió entre las dos manos y deslizó la cubierta exterior para dejar al descubierto una pequeña pantalla y un mini-teclado táctil.</p>
<p>-Sí -contestó con sequedad.</p>
<p>-Tú no eres Baker -un hombre al otro lado también parecía estar irritado.</p>
<p>-¿Cómo lo has descubierto? ¿Tal vez por mi dulce voz afeminada? ¿O tal vez porque estoy a punto de mandarte a tomar por culo?</p>
<p>-Ellen, cuidado con lo que dices -Baker la reprendió mirándola de reojo.</p>
<p>-Esa ha sido la voz de Baker, ponme con él.</p>
<p>-Ahora no puede ponerse, ¿por qué crees que estoy yo hablando?</p>
<p>El hombre al otro lado de la línea parecía analizar la pregunta de Ellen. Tras un silencio de unos segundos concluyó.</p>
<p>-Muy bien, escucha 3113n, soy Phi.</p>
<p>Su cara en el asiento del copiloto mostraba de todo menos ilusión.</p>
<p>-Ah, qué bien, otro que me conoce sin saber yo por qué. Encantada Phi, supongo.</p>
<p>-No sabes quién soy, ¿verdad?</p>
<p>-¿Debería?</p>
<p>Una explosión sacudió el coche violentamente. Trozos de madera llovieron sobre el capó.</p>
<p>-¿Estáis en problemas?</p>
<p>-Bueno&#8230; si por problemas se puede entender un helicóptero de combate disparándonos en mitad de Nova New York&#8230; entonces sí.</p>
<p>-Muy bien, dame un segundo.</p>
<p>A Ellen le dio la impresión de que ese tal Phi contestaba a todo que &#8220;muy bien&#8221;.</p>
<p>Tras medio minuto volvió a la línea.</p>
<p>-Ya está, dile a Baker que tenga cuidado.</p>
<p>-¿Cómo?</p>
<p>-Tú díselo, leches.</p>
<p>-Vale, tranquilo -no entendía nada de lo que estaba sucediendo al otro lado del teléfono, pero obedeció por si las moscas-. Oye, Baker. Tu amigo chiflado dice que tengas cuidado condu&#8230;</p>
<p>A treinta metros del coche el helicóptero se estrelló estrepitosamente contra un bloque de pisos viejos. Los cristales saltaron en todas direcciones y los ladrillos parecían gotas de lluvia, pero mortales. Una lengua de fuego ascendía en diagonal hacia el cielo para disiparse en pocos segundos y dejar paso a un denso humo negro. Una parte del fuselaje del aparato casi les aplasta cuando pasaron por debajo del edificio. Baker tuvo que dar un volantazo repentinamente y terminaron chocando contra un quiosco de prensa rosa.</p>
<p>Ellen se golpeó la cabeza contra el cristal lateral y comenzó a sangrar por la frente. Baker había desaparecido bajo el airbag cervical.</p>
<p>-Joder&#8230; Eso estuvo cerca -Baker se llevó las manos al cuello y se lo frotó-. ¡Ellen! ¿Estás bien?</p>
<p>Se desabrochó el cinturón y se inclinó hacia la chica para examinarla. Ella apartó sus manos con un manotazo y se giró bruscamente.</p>
<p>-Sangro por la frente, ¿te parece que esté bien?</p>
<p>-Sí, sigues siendo tan arisca&#8230; iba a decir como siempre, pero te conozco de hace diez minutos escasos.</p>
<p>Baker rió la gracia pero Ellen se quedó mirándole con cara de pocos amigos.</p>
<p>-Vamos, tenemos que seguir a pie, no estamos muy lejos de un piso conocido.</p>
<p>-Perfecto, ahora vamos a tu piso. ¿Qué será lo siguiente? ¿Matrimonio con hijos?</p>
<p>Baker la miró sorprendido. Nunca antes había conocido a una persona tan irritante.</p>
<p>-Para empezar no es mi piso, solamente tengo las llaves, y sobre el matrimonio no hace falta decir que&#8230;</p>
<p>-Sí, sí. Que no te casarás hasta que tu hermana mayor quien trabajará en alguna revista de moda ñoña dé su visto bueno respecto a mí.</p>
<p>-No, la verdad es que iba a decir que nunca me casaría contigo.</p>
<p>Ellen no sabía por qué pero aquel comentario le dolió.</p>
<p>-Venga, vamos. Tarde o temprano vendrá la policía o más locos montados en helicópteros.</p>
<p>Ella obedeció y bajó del coche directamente a la garras del bochorno veraniego. Desde el inicio del Cambio Climático los veranos en Nova New York eran insoportables. Las temperaturas habían subido notablemente y la humedad hacía de la calle un infierno casi selvático. Los mosquitos se reproducían con la vacilidad del virus de la gripe, y la gente se protegía como mejor podía; con parasoles, gorras, sombreros, gafas de sol&#8230; Pero todo aquello no iba con Ellen, quien estaba acostumbrada al agradable frío de su aire acondicionado, su único capricho en el complejo de apartamentos A-25.</p>
<p>Ellen siguió a Baker de cerca. Se metieron por una calle estrecha de paredes enladrilladas y después giraron a la izquierda en una frutería pakistaní. Desde un pequeño parque infantil llegaban los gritos de juego y diversión de unos niños pequeños.</p>
<p>-Oye, ¿quién es el hombre que llamó antes?</p>
<p>Baker se detuvo y girando sobre sus talones dijo.</p>
<p>-Le llaman Phi.</p>
<p>-¿Y?</p>
<p>-¿Cómo que y? ¿No te enseñaron en el colegio qué es el número Phi? ¿El número áureo?</p>
<p>-No fui al colegio.</p>
<p>Baker se quedó contemplativo sin saber cómo encajar aquel comentario. Se sintió molesto por haberla obligado a decir aquello, pero Ellen no parecía molesta en absoluto, lo dijo con total naturalidad.</p>
<p>-Bueno, sea como sea, dicen el número áureo que es el número de la perfección, el dígito de la Creación.</p>
<p>-¿Y qué tiene que ver con ese tipo?</p>
<p>Baker no mudó el rostro, simplemente se limitó a mantener la misma tensión facial con lo que se había sentido incómodo segundos antes. Por su parte, Ellen se sujetaba la frente con una mano que no podía contener la sangre que terminaba por resbalar por sus mejillas, manchando el cuello de la camiseta. Con los pies daba pequeños saltitos para no quemarse con el calor retenido por los adoquines, pues seguía descalza desde que salió de casa.</p>
<p>-¡Venga, va! ¡No tenemos toda la vida para que me respondas!</p>
<p>-Pues ya lo has visto tú misma. Él es capaz de mandar a tomar por culo cualquier cosa dentro de la Creación.</p>
<p>Ironías de la vida.</p>
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		<title>[Circuitos muertos] Siempre cerca del Paraíso</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 19:35:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Circuitos Muertos]]></category>
		<category><![CDATA[cyberpunk]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen Page]]></category>
		<category><![CDATA[Gracias]]></category>

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		<description><![CDATA[El relato de ayer me gustó tanto que he decidido seguirlo. La verdad es que tiene mucho que ver con la novela que estoy escribiendo, de hecho, la protagonista del relato es un personaje secundario en mi novela pero bastante activo (mi editora puede dar fe de ello). Para los<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/siempre-cerca-del-paraiso/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/busqueda-hexadecimal/" target="_blank">El relato de ayer</a> me gustó tanto que he decidido seguirlo. La verdad es que tiene mucho que ver con la novela que estoy escribiendo, de hecho, la protagonista del relato es un personaje secundario en mi novela pero bastante activo (mi editora puede dar fe de ello). Para los que siempre me preguntan; la novela viento en popa, 100 páginas de las cuales unas 60 han sido ya corregidas y están listas para una revisión más de estilo. Espero terminarla de escribir de aquí a tres meses y luego otro par de meses más para correcciones y demás cambios antes de mandarla a algún agente que se apiade de mí <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_biggrin.gif' alt=':D' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Por cierto, este relato se lo dedico a Avril Lavigne, algunas ya me entienden <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 392px"><img title="Ellen 2" src="http://farm3.static.flickr.com/2688/4050172627_fd53fb8de0_o.jpg" alt="3113n buscando Gracias en la MetaRed" width="382" height="322" /><p class="wp-caption-text">3113n buscando Gracias en la MetaRed</p></div>
<p><span id="more-2485"></span></p>
<p>Tanto Ellen como 3113n estaban contentas por la semana de trabajo. Los varios millones de euros que ahora pesaban en su cuenta digital habían ayudado determinantemente a cristalizar en su cabeza la idea de mudarse. Dejaría de una vez por todas la pocilga de plástico donde vivía para comprarse una bonita casa en la bahía de Yokohama, toda de madera junto a las islas artificiales que servían como puerto deportivo a los ricos con yate. Tendría un jardín trasero donde cultivaría tomates y berenjenas, productos típicos de Japón, y donde colocaría un porche muy amplio para instalar una mecedora también de madera.</p>
<p>Buscó la inmobiliaria más prestigiosa de Tokyo y encargó una casa a medida. Dos plantas, jardín, acceso a las islas artificiales y a pie de playa, cochera por si algún día tenía ganas le entraban las ganas sacarse el carné de conducir y cobertizo. Todo ello por 1,5 millones de euros. Se lo podía permitir.</p>
<p>Ellen era una nueva rica que no tenía pretensiones de vivir como una snob. Seguiría trabajando para las grandes empresas internacionales pero desde luego a un ritmo mucho más pausado, escogiendo solamentes los casos que realmente le gustasen. Y por supuesto seguiría con su quimera; la búsqueda de la Gracia de las Gracias. Unas semanas atrás había dado con un alumno japonés de postgrado que estaba realizando un magnífico trabajo en biofísica. Sus resultados podrían significar un nuevo paradigma politico-administrativo, pues Hiroshi Matsumoto pretendía nada más y nada menos aplicar la organización gregaria de hormigas y abejas a las grandes urbes del planeta. Si la cosa funcionaba el tráfico pasaría a la historia, las aglomeraciones en el Madison Square Garden dejarían de existir y los semáforos no serían necesarios en ninguna parte. Todo estaría bio-regulado por un complejo sistema de nuevas señales.</p>
<p>3113n soñaba con poder aupar a Matsumoto a la cumbre. Era el cénit de su trabajo como buscadora de Gracia.</p>
<p>En el monitor parpadeó un aviso morado. Era Flatline solicitando una conversación de voz. 3113n aceptó de mala gana poniéndose el comunicador en la oreja.</p>
<p>-Qué quieres, pesado.</p>
<p>-Felicitarte, me he enterado de lo de Presto Corp.</p>
<p>-Pues te has enterado tarde, a penas cinco minutos después de la desaparición de aquel ingeniero en Texas se armó un revuele de tres pares de cojones en la MetaRed.</p>
<p>-Bueno, yo también he estado ocupado&#8230;</p>
<p>-En la calle, ¿no?</p>
<p>Flatline no contestó al otro lado.</p>
<p>-Y yo que te consideraba uno de los mejores hackers de la costa oeste&#8230; qué daño hace echarse novia.</p>
<p>-Algún día tú también tendrás que salir de tu cajón de plástico -su voz sonaba herida.</p>
<p>-De hecho lo hago mañana mismo, ya tengo todo empaquetado, bueno, lo poco que tengo.</p>
<p>-¿Te vas?</p>
<p>-Ni que importase, sólo nos comunicamos por la Red.</p>
<p>-Bueno, sí, pero&#8230; ¿te vas?</p>
<p>-Sí, me voy. No te digo adónde porque rastrearías las últimas compras inmobiliarias.</p>
<p>-Quién te piensas que soy&#8230; -parecía decepcionado.</p>
<p>-Pues Flatline, el hijoputa que tiró media red militar en el año 2010 y dejó cuatro destructores de la Marina para el arrastre.</p>
<p>-Eso era antes -rió a base de golpes secos de garganta, como una carraca vieja.</p>
<p>-Es verdad, lo olvidaba. Ahora tienes novia. Seguro que es una de esas mod que van a la Central los viernes por la noche.</p>
<p>-Tú qué sabrás.</p>
<p>-Me dedico a buscar información en la MetaRed, chico, yo lo sé casi todo.</p>
<p>-Bueno, tampoco puedes reprochar nada cuando te mudas. Creía que los &#8220;nuestros&#8221; vivían en cuchitriles de mierda mientras daban lecciones magistrales al mundo desde una silla de oficina.</p>
<p>-Y crees bien. Allí donde voy tendré mi espacio de trabajo, solamente que dispondré también de&#8230; unas comodidades añadidas.</p>
<p>-Lo mire por donde lo mire me suena a excusa barata.</p>
<p>Silencio en la línea. El ruido blanco se interpuso por segundos.</p>
<p>-Piensa lo que quieras. Adiós.</p>
<p>-¡Espera&#8230;</p>
<p>3113n colgó cerrando la ventana emergente. Flatline era un viejo conocido de la MetaRed, juntos habían compartido grandes momentos y grandes hazañas informáticas, pero nunca se habían visto la cara, ni tan siquiera por una simple foto. 3113n suponía por la voz que él tenía cinco o seis años más que ella, y nunca tuvo la curiosidad de saber cómo o quién era en realidad. Pero lo que su amigo decía era dolorosamente cierto; al mudarse dejaría de lado los principios de su tribu urbana. Ella, 3113n, gurú de los buscadores y ejemplo de muchos adolescentes (aunque ella era prácticamente uno), pasaría a ser una de tantas chicas más, una adulta redomada que terminaría por sacarse el carné de conducir, hacer la compra los miércoles por la tarde, ir al gimnasio a rendir culto a la estética que impone la sociedad y quedar con gente de carne y hueso para cotillear sobre los vecinos. Tendría que ir a la peluquería para no parecer una desaliñada y comprarse ropa cada tres meses.</p>
<p>Aquellos pensamientos la hicieron vomitar en la papelera que tenía cerca del escritorio.</p>
<p>Su vida podría cambiar tanto con el simple hecho de mudarse que tenía miedo de dejar ser 3113n. Pero por otra parte necesitaba expandir su territorio. No quería ser una mod, una rapera o una pijiguay de pacotilla. No quería pintarse los labios ni los ojos, ni llevar bolso ni tacones, ni conducir ni tener que hacer la comida. 3113n quería seguir siendo Ellen, quería seguir vistiendo ropa grande universitaria que recogía en la Iglesia de la esquina. Quería seguir cenando comida rápida por encargo y tirar los tuppers de plasti-papel al contenedor de basura. Quería seguir luciendo ese pelo oscuro, largo y despeinado que se enredaba con el viento cuando salía para ir al baño. Pero necesitaba mudarse&#8230;</p>
<p>Tras horas de meditación tumbada en el colchón sobre el suelo (su cama), decidió que en su nueva casa podría seguir manteniendo su ideal de vida, simplemente podría salir a tomar el aire al jardín trasero para entretenerse con la huerta que plantaría. Encontraría la Gracia Suprema y se podría jubilar con 23 años. Se dedicaría a escribir manuales que leerían en las facultades de todo el mundo a pesar de que ella no terminó ni la secundaria.</p>
<p>Un ruido la hizo saltar sobre el colchón. En el exterior algo había explotado. Un helicóptero negro como la noche estaba descendiendo verticalmente mientras soltaba un par de cuerdas por donde comenzaron a descender hombres armados.</p>
<p>Otra explosión. La ventana de su cuchitril de quince metros cuadrados estalló en mil pedazos cubriéndola por entera de esquirlas espejadas.</p>
<p>-Supongo que eres 3113n -dijo un hombre mientras se colaba por el hueco que había dejado la explosión en la ventana.</p>
<p>Ella no contestó.</p>
<p>-Soy de la Agencia de Protección de Datos. Ahí afuera tienes a veinte mercenarios pagados por la Mach Inc. COmo bien supondrás no tienen intenciones amistosas. Es una suerte que haya llegado antes.</p>
<p>Ellen no conseguía salir de su asombro. Se había quedado paralizada sobre sus brazos. Además estaba en bragas y en presencia de un hombre.</p>
<p>-Coge unos pantalones rápidamente y ven. Tenemos poco tiempo.</p>
<p>Agarró los primeros que encontró y poniéndoselos apresuradamente se acercó a la ventana pisando descalza el suelo lleno de cristales. El hombre le tendió un brazo y ella lo agarró para salir al bochorno del exterior. Afuera un coche convencional esperaba sobre la verja que rodeaba precariamente el complejo de apartamentos A-25.</p>
<p>-¿Cómo cojones me han localizado? -terminó por articular Ellen mientras subía al coche. Estaba descalza y el asfalto abrasaba sus plantas de los pies.</p>
<p>-Preston Corp. dio el chivatazo.</p>
<p>-Menudo hijo de la gran puta&#8230;</p>
<p>-Al menos te pagó -se sentó en el asiento del conductor y encendió el coche eléctrico.</p>
<p>-¿Cómo sabes tú eso? -demasiada información para tan poco tiempo de procesamiento. Ellen no comprendía nada-. Es más, ¿por qué la APD tiene interés en salvar mi culo de niña rara?</p>
<p>-Digamos que yo también he sido un chico malo -le guiñó un ojo pisando a fondo el acelerador. El coche salió disparado en un silencio típico de los motores de baterías de Ion-Litio-. Trabajaba para la APD y me encargaba de la gestión de Preston Corp. -giró bruscamente en una esquina desértica-. Me enteré de la putada que te tenían preparada y pensé; &#8220;esa tal 3113n tiene pinta de ser maja&#8221;.</p>
<p>-Y una mierda.</p>
<p>-No te lo creas.</p>
<p>-No me lo creo, mamón.</p>
<p>-Está bien, sólo era un poco de humor para descargar el ambiente -miró por el retrovisor-. Como te iba diciendo, me enteré de los planes de Preston. Conocía la suma de dinero que te había pagado por los servicios en Texas y pensé, ahora de verdad; &#8220;si ayudo a esa tal 3113n, que puede ser maja o no -rió sin dejar de prestar atención a la carretera-, tal vez pueda repartir conmigo su pequeña fortuna&#8221;.</p>
<p>Ellen le miró desconfiada. Tenía frío en los pies y se los frotaba insistentemente con las manos.</p>
<p>-Venga ya, nadie arriesgaría tanto por un millón de euros, no te podría dar más.</p>
<p>-Y aquí viene lo interesante de verdad -explicó el hombre levantando la voz-. Resulta que antes de desertar de la APD me llevé una copia ilegal de&#8230; bueno, digamos que de los trapos sucios de media comunidad internacional. Empresas musicales, constructoras, asesorías fiscales&#8230; Tengo material suficiente para tumbar una centena de empresas y media decena de grandes tiburones del NASDAQ.</p>
<p>Ellen se limitó a seguir frotándose los pies sobre el asiento.</p>
<p>-El trato es el siguiente: yo te saco con vida de este marrón y tú me ayudas a conseguir unos cuantos millones de euros. Iríamos al sesenta cuarenta.</p>
<p>-Qué más, fifty-fifty man.</p>
<p>Él la miró de reojo.</p>
<p>-Está bien, al cincuenta por ciento.</p>
<p>-No te has presentado.</p>
<p>-¿Cómo?</p>
<p>-Que no te has presentado, joder.</p>
<p>-¡Ah, sí! Es cierto. Soy Percival Baker, encantado.</p>
<p>El coche corría a toda velocidad por la avenida 51 levantando un tifón de periódicos tirados en el suelo a su paso. A doscientos metros de ellos el helicóptero negro se acercaba cada vez más en ángulo de ataque. Disparó el primer cohete.</p>
<p>-No me puedo creer que esos cabrones disparen en mitad de Nueva York.</p>
<p>Una segunda explosión lanzó a la luna del coche unas cajas de cartón chamuscadas.</p>
<p>-Pues ya puedes creértelo.</p>
<p>Baker la volvió a mirar de reojo.</p>
<p>-Muy graciosa. Ponte el cinturón anda, y deja de tocarte los pies, por Dios.</p>
<p>Ellen se cruzó de brazos cabreada y obedeció como una chiquilla.</p>
<p>Lo último que se pudo ver en la 51º fue un coche salir tembloroso del denso humo negro que salía despedido de los socavones en el asfalto. Al parecer algo en el orden del cosmos no quería que Ellen se mudase a Tokyo.</p>
<p>[Continuará]</p>
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		<title>[Circuitos muertos] Búsqueda hexadecimal</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 22:17:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy hablando de &#8220;La era del diamante&#8221; en la facultad, magnífica novela postcyberpunk donde las haya (yo diría que es el máximo exponente del género), me ha venido a la cabeza esta pequeña historia. No os mentiré; de entrada os cuento que la protagonista está inspirada en una pequeña gran<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/busqueda-hexadecimal/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hoy hablando de &#8220;La era del diamante&#8221; en la facultad, magnífica novela postcyberpunk donde las haya (yo diría que es el máximo exponente del género), me ha venido a la cabeza esta pequeña historia. No os mentiré; de entrada os cuento que la protagonista está inspirada en una pequeña gran persona con el mismo nombre. Así que ya sabéis qué cara poner a la prota de este relato más bien largo <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_biggrin.gif' alt=':D' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 514px"><img class="  " title="Ellen" src="http://farm4.static.flickr.com/3119/2636953369_0f454c9b42_o.jpg" alt="Foto por Paper Dreams" width="504" height="336" /><p class="wp-caption-text">Foto por Paper Dreams</p></div>
<p><span id="more-2480"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=95f99a4" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=95f99a4" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El calor abrasaba cada uno de los módulos de plástico desechable del complejo de apartamentos A-25. En menos de quince metros cuadrados Ellen, o 3113n como la conocían en la MetaRed, comía, dormía y se divertía&#8230; en otras palabras; vivía. Para usar el cuarto de baño tenía que salir al bochorno del exterior para atravesar veinte metros de descampado y acceder al complejo común, donde por unos cuantos euros podía ducharse, hacer la colada en máquinas de siglos pasados y bañar al perro. Pero Ellen, o 3113n, no tenía perro ni quería.</p>
<p>Su pasión era la Gracia, ella la buscaba, la exprimía y la vendía al mejor postor. Para Ellen la Gracia era el valor innato de aquellos pocos escogidos por el dedo de Júpiter, aquellos que en sus campos de trabajo destacaban sobre el resto de cabezas convencionales. Para Ellen la Gracia era más que unos cientos de miles de euros, para ella la Gracia lo era absolutamente todo. Sin embargo no se interesaba por la Gracia en esencia pura sino del resultado que resulta de su operacionalización. Ellen hablaba con muy pocas personas en la realidad, pero cuando se conectaba a la MetaRed y se convertía en 3113n era la reina del negro y verde, la pitonisa y el oráculo de Delfos en potencia máxima. Así que cuando 3113n tenía ganas de hablar sobre su trabajo solía contestar siempre con el mismo ejemplo; &#8220;imagínate a Salvador Dalí, ese hombre era Gracia en esencia pura, todo Gracia y solamente Gracia. Cada cosa que salía de su pincel era una obra de arte. Cada pensamiento que tenía era una obra de arte. Cada jodida cosa que dijese era una obra de arte. Simplemente porque Salvador Dalí era Gracia en esencia pura. Pero a mí no me interesa Salvador Dalí, a mí me interesan sus cuadros, únicos en todo el mundo porque vienen de su maldita mano de trazos perfectos. Así que yo buscaría sus cuadros, los explotaría al máximo y los vendería al mejor postor. A eso me dedico.&#8221;</p>
<p>Ellen salía muy poco de su módulo plástico de quince metros cuadrados, pero 3113n estaba a todas horas volando por el ciberespacio a toda velocidad, siempre buscando nuevas Gracias, siempre atenta a los movimientos de los gurús de la información. Sus dedos sobre el teclado corrían tanto que parecían fundirse con el negro de las teclas. El sonido que se levantaba al trabajar 3113n era una sinfonía armónica de bello código sobre el monitor del ordenador. Largas líneas de comandos para indexar rápidamente las millones de nuevas páginas webs que se creaban en todo el mundo a diario. Logaritmos de búsqueda compleja para dar con la Gracia definitiva, la Gracia de las Gracias, la que la llevaría al Cielo.</p>
<p>Ellen sabía que ella misma era una Gracia, de no ser así no podría ser la mejor en lo suyo. Muchos otros vivían de lo mismo pero ninguno podía equipararse con el nivel de 3113n. Las grandes compañías discográficas la llamaban semanalmente para que buscase a la nueva estrella del urban rap. Los grandes laboratorios la mandaban e-mails para que encontrase al futuro descubridor de la vacuna definitiva contra el VIH. Y pagaban bien, rápido y en negro. Pero aún así, 3113n tenía que declinar gran parte de las ofertas por falta de tiempo, pero sobre todo de interés.</p>
<p>3113n era un número en la MetaRed, una dirección IP que cambiaba cada cinco minutos y que era imposible seguirle el rastro. Los minutos pares no múltiplos de 4 estaba en Bejing. Los impares no múltiplos de 5 estaba en Heidelberg. Los pares pero múltiplos de 4 estaba en Madrid y los que eran múltiplos de 6 estaba en Osaka. Y así una larga lista de servidores-proxy que cambiaban su rastro según avanzaban los números en su reloj digital atómico. Pero Ellen a diferencia de 3113n estaba siempre en el mismo sitio, concretamente en Halifax, Canadá.</p>
<p>Aquella mañana de verano se vio obligada a salir al exterior del complejo de apartamentos. Había decidido que una vez al mes tenía que ir físicamente al super para hacer la compra, sino, su piel terminaría por rechazar totalmente el sol y seguramente caería enferma por mil motivos desconocidos para ella. Se vistió con una sudadera universitaria tres o cuatro tallas más grande y se cubrió con la capucha. Los vaqueros se le antojaban pequeños, pues la mayor parte de su vida la pasaba en bragas. Caminó presta por la acera con las manos en el bolsillo-canguro y con la mirada fija en los cuadrados que iba pisando. Estaba trabajando en un gran proyecto, tal vez El Proyecto. Había dado con un tipo en Tokyo que era un genio de la computación biomecánica. Era un alumno de postgrado de la Waseda y estaba desarrollando un trabajo magnífico sobre la aplicación de la conducta gregaria de algunas especies de insectos a la regulación social de las metropolis mundiales. Nunca antes se había conseguido con éxito, él parecía rozar la cumbre.</p>
<p>Ellen se llevó el flequillo a la oreja mientras pensaba en la ética y moral de su trabajo. ¿Estaba realmente bien vender el talento de un ser humano? Desde luego King Bob no se disgustó cuando 3113n le firmó un contrato con la Sony Music, pero&#8230; ¿quién dice que King Bob no hubiera estado mejor en otra compañía? ¿O quién dice que King Bob de tener dos neuronas sanas no habría escogido otra por su propia cuenta? Apartó esos pensamientos mordiéndose infantilmente el labio inferior y encaró la calle del supermercado.</p>
<p>Entonces, al cruzar la calle, un Mercedes negro se paró a escasos metros de ella, obligándola a detenerse en seco para no ser atropellada y quedar fundida en el áspero de la carretera. La ventanilla trasera se deslizó en un movimiento casi etéreo y por el hueco que dejó se asomó un hombre de mediana edad, medio calvo pero con aspecto saludable. Era Robert K. Preston, famoso ingeniero metido a empresario y dueño de una de las empresas punteras en la construcción de robótica pública.</p>
<p>-3113n, ¿has mirado tu correo últimamente?</p>
<p>Vaya que si lo había mirado. Tenía una centena de e-mails de Preston Corp. Aquel encargo no le llamaba la atención.</p>
<p>-¿Cómo coño me has localizado?</p>
<p>-No eres la única que sabe manejar un ordenador, muchacha -le guiñó un ojo-. Aunque he de admitir que para tener 22 años eres&#8230; simplemente un as, la Top-Gun de la búsqueda de talentos.</p>
<p>-No me interesan tus adulaciones.</p>
<p>Ellen rodeó el coche de lujo y prosiguió con su camino. El hombre se apeó junto a un gorila puro músculo sintético que la agarró por los brazos y la alzó en volandas, dejando su cara muy cerca de la del señor Preston.</p>
<p>-Mira, niñata. Esto no es un trabajo convencional. Lo vas a llevar a cabo te guste o no -la examinó de arriba a abajo-. Como soy una buena persona te pagaré una importante suma, digamos que 1,5 millones de euros.</p>
<p>-¡Suéltame, bastardo! -se intentó liberar de su captor pero no pudo ni moverse un milímetro.</p>
<p>-Además, te proporcionaré el material que necesites. Sólo tengo una condición; que termines el trabajo en un máximo de siete días. Cada día que consigas restar a ese tope hará que tu talonario se vea incrementado en medio millón de euros, ¿me explico?</p>
<p>-Sí&#8230; pero que me suelte.</p>
<p>-Bájala.</p>
<p>El gorila obedeció.</p>
<p>-Bien, ahora vete a casita y ponte a trabajar. Mandaré a tu cuchitril de plástico una furgoneta con comida y bebida para una semana entera. Desconozco si tu nevera puede albergar tanta comida, cosa que dudo una vez vista tu mierda de casa, pero te apañas como puedas.</p>
<p>Ellen hizo una mueca de desagrado. Sabía que estaba atada de pies y manos.</p>
<p>-No hace falta que te diga que si fallas en tu cometido terminarás muy mal. De momento no tengo nada pensado, pero estoy entre la muerte y romperte los dedos para que no puedas teclear nunca más en tu vida -la volvió a examinar lentamente, de arriba a abajo haciendo una pausa en sus senos infantiles-. Así que más te vale aplicarte al máximo. Creo que no estoy siendo malo del todo.</p>
<p>Se encogió de hombros y volvió al coche con su guardaespaldas, perdiéndose en la lejanía del asfalto urbano salpicado de neones y semáforos intermitentes.</p>
<p>Ellen tendría que vivir una semana entera como 3113n, después de todo no era la primera vez ni la última que lo haría. Pero lo que más la molestaba era tener que dejar de lado sus investigaciones en Tokyo, aunque positivamente pensó que con el dinero que pudiera conseguir de ese mamonazo de Preston se podría costear un nuevo apartamento en un lugar más bonito, quizá California, París o la misma Tokyo.</p>
<p>Regresó corriendo a su apartamento modular y se desnudó por completo, se sentó en su silla verde y comenzó a teclear a la velocidad de las pulsaciones electromagnéticas del Metro. El objetivo era relativamente sencillo; encontrar la localización de un ingeniero robótico en algún lugar de Texas, descargar los planos del complejo donde la Mach Inc. le tenía preso a tiempo completo, y hallar la forma de llevarlo sano y salvo a Chicago, donde Preston Corp. tenía un laboratorio de ingeniería robótica.</p>
<p>En menos de cuatro horas ya había dado con el ingeniero en Texas y en siete u ocho horas más había confeccionado un plano-borrador del edificio donde estaba cautivo. En realidad no es que fuera un esclavo, los ingenieros de prestigio solían firmar contratos blindados a cambio de trabajar de por vida para la empresa, pero de vez en cuando, a alguno de esos cerebritos se le iba la cabeza y consideraba buena idea cambiar de aires, violando el contrato que una vez firmó y por ende poniendo en peligro su vida.</p>
<p>3113n trabajó a destajo durante cuatro días, al cuarto consiguió lo que Preston quería.</p>
<p>Ellen se mudaría pronto, a un sitio mejor y más bonito, donde el código fuente reluciera digno de encontrar a la Gracia de las Gracias.</p>
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