<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Meta-Relatos &#187; guerra</title>
	<atom:link href="http://www.metarelatos.com/tag/guerra/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.metarelatos.com</link>
	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Feb 2012 13:23:59 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>[Los versos de Archibald] Preparando la jornada</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-preparando-la-jornada/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-preparando-la-jornada/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 08:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Los versos de Archibald]]></category>
		<category><![CDATA[McMillan]]></category>
		<category><![CDATA[Rayo de Luna]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=4297</guid>
		<description><![CDATA[Bueno, tras la última semana tan ajetreada que he tenido, vuelvo con los versos de Archibald. Mañana viernes habrá otro relato, así que no tendréis que esperar casi nada para poder saber qué pasa con la historia. ¡Nos vemos! El camión sufría con cada bache en el camino de tierra<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-preparando-la-jornada/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Bueno, tras la última semana tan ajetreada que he tenido, vuelvo con los versos de Archibald. Mañana viernes habrá otro relato, así que no tendréis que esperar casi nada para poder saber qué pasa con la historia. ¡Nos vemos!</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="https://farm2.staticflickr.com/1355/1464826884_c4edce6066.jpg" alt="" width="500" height="375" /><p class="wp-caption-text">Foto por Le Consul</p></div>
<p><span id="more-4297"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El camión sufría con cada bache en el camino de tierra que conectaba el pueblo de Maverick con la presa Sutherland, erigida en nombre del ingeniero que se las arregló para edificarla en tan peliagudo emplazamiento. A simple vista, el vehículo no era más que un transporte cualquiera de avituallamientos, sin embargo, en su interior dieciséis hombres se golpeaban la cabeza contra el techo con cada bote del camión. Se miraban con ojos cansados y llenos de incertidumbre; las manos sobre los fusiles, acariciando la madera sucia, maltratada por el combate, imaginando la piel de novias y mujeres casi olvidadas tiempo atrás.</p>
<p style="text-align: justify;">Archibald fue el primero en romper un silencio que se había prolongado por más de una hora.</p>
<p style="text-align: justify;">-Todos hemos memorizado el plan hasta haber soñado con él, pero me gustaría repasarlo una última vez. Nada puede salir mal esta noche. -Su voz apenas se imponía sobre el ruido del motor-. Cuando pasemos el control de seguridad, el conductor nos llevará directamente a la zona de descarga, situada junto al taller de motocicletas. Allí nos dejarán Parker y Morrison para poder iniciar la distracción en el momento oportuno. Los demás avanzaremos por la linde del perímetro, pegados a la valla, deshaciendo el camino hecho por el camión. Tenemos como&#8230; trescientos metros hasta llegar al barracón, y cuatrocientos o así hasta la garita de la entrada.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres no perdían de vista los labios de Archibald. Otro bache los mandó directos contra el techo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Una vez alcanzada la garita, Smith y Pendleton abrirán la puerta; para ello tendrán que hacerse con el control de la garita y accionar los controles manuales. Parker y Morrison seguirán esperando a la señal luminosa -todos miraron a los hombres en cuestión-. Recordad, tres destellos fugaces: todo va según lo planeado, dos destellos: problemas hallados pero aparentemente resueltos, un destello&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Estamos tan jodidos que os necesitamos ya mismo -terminó Alistair por él.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres parecieron relajarse por segundos. Después la tensión volvió a reinar.</p>
<p style="text-align: justify;">-Todo irá bien, tranquilos -prosiguió Archibald-. Una vez las puertas estén abiertas el coronel McMillan podrá entrar con la columna entera. Para entonces, los soldados apostados en el barracón estarán siguiendo a dos &#8220;soldados borrachos&#8221; montando en moto. Cuando se quieran dar cuenta que realmente no son borrachos, el coronel McMillan estará repartiendo de su &#8220;medicina&#8221; por todo el lugar. -El camión redujo la velocidad-. ¿Alguna pregunta antes de iniciar la operación?</p>
<p style="text-align: justify;">Silencio sepulcral.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Nos darán una medalla después de esta locura, mi teniente? -preguntó Alistair con evidente tono de broma.</p>
<p style="text-align: justify;">Los hombres rieron por primera vez abiertamente.</p>
<p style="text-align: justify;">-Teniente Livingstone -replicó Archibald lo más serio que pudo-. Nos darán la medalla más grande que jamás haya usted visto con ese par de ojos.</p>
<p style="text-align: justify;">El camión se detuvo por completo. La ventanilla del conductor bajó con total tranquilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ihre papiere, bitte -afuera, un soldado en germano.</p>
<p style="text-align: justify;">Otros soldados, en el interior del camión, tragaron saliva y contuvieron la respiración.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-preparando-la-jornada/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>[Los versos de Archibald] Estrellas</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-estrellas/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-estrellas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2011 08:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Los versos de Archibald]]></category>
		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=3906</guid>
		<description><![CDATA[Nuevo relato de la saga de Archibald. En la entrega de hoy nos asomamos un pelín a la relación entre los dos amigos. En el próximo relato nos espera acción, sobresaltos, y tensión. ¡No te lo pierdas! El mundo se apaga cada vez que pienso en ti. Mi cabeza funciona<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-estrellas/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nuevo relato de la saga de Archibald. En la entrega de hoy nos asomamos un pelín a la relación entre los dos amigos. En el próximo relato nos espera acción, sobresaltos, y tensión. ¡No te lo pierdas!</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm5.static.flickr.com/4068/4670407790_1d29d201a0.jpg" alt="" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por Sander van der Wel</p></div>
<p><span id="more-3906"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El mundo se apaga cada vez que pienso en ti. Mi cabeza funciona despacio, y por eso mi habla avanza tranquila, sin prisas, como las olas del mar erosionando el acantilado imbatible. Mis palabras no te pueden confundir, no pueden engañar a tus sentidos, pero sí que pueden golpear a las puertas de tu afecto, con parsimonia, incesantes, con cariño.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cada vez que cierro los ojos deseo que el mundo no se esfume, que permanezca, que no se escape como lo hace el tiempo entre nosotros. Reminiscentes perfumes invaden mi cama, la almohada vecina, la que solías ocupar; la almohada fría. Me despierto por las noches y encuentro que el mundo perdura, palpable y amargo como cuando encuentro tu taza de café vacía.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Te veo por las mañanas y la luz se consume. Las estrellas se hacen visibles a la luz del sol. De repente todas se vuelven estrellas fugaces. Entonces el mundo se desvanece inevitablemente. Entonces recuerdo que estamos en guerra.</em></p>
<p style="text-align: justify;">El lápiz dejó de rasgar el papel cuando Alistair hizo acto de presencia en la tienda de campaña. Llevaba la guerrera del uniforme arremangada y sucia de grasa. Desde la entrada de lona miraba a Archibald devolviéndole la mirada.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Algo aprovechable? -preguntó sin pasar.</p>
<p style="text-align: justify;">Archibald negó con la cabeza y con resignación.</p>
<p style="text-align: justify;">-Nada, el mismo cuento de siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">-A ver, déjame ver. -Se acercó hasta su amigo y le quitó el papel sucio de la manos-. Mi cabeza piensa despacio&#8230; ¿en serio? No lo había notado -se mofó sin sonreír-. Cada vez que cierro los ojos&#8230; ésta me parece pasable, muy profunda, implica más de lo que deja ver. De repente todas se vuelven estrellas fugaces&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Silencio. No se miraban a la cara.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Brillante, Archi! ¡Brillante! Ahora, cada vez que esos cabrones decidan disparar sus ametralladoras automáticas sobre nosotros ya no veré muerte y horror, ¡veré estrellas fugaces!</p>
<p style="text-align: justify;">Aun habiendo pasado muchos años con Alistair, había ocasiones en las que Archibald no podía decir si bromeaba o hablaba en serio.</p>
<p style="text-align: justify;">Afuera el batallón se disponía a comenzar una nueva jornada de trabajo.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sigues pensando en ella día y noche, ¿verdad? -preguntó Alistair sentándose a su lado-. No puedes sacarla de tu &#8220;lenta&#8221; cabeza, ¿eh? -le frotó cariñosamente la coronilla. Después suspiró profundamente-. Yo tampoco puedo dejar de pensar en Margareth. Aunque hay veces que me cuesta recordar su rostro. Cuando estamos en las trincheras esperando la carga enemiga, cuando los hombres empiezan a rezar, a cantar nerviosamente, a llorar&#8230; Cuando los hombres se preparan para morir, entonces, es cuando quiero acordarme de ella. Nunca puedes saber cuál será tu última carga, por eso debes pensar en lo que más aprecias en cada momento. Especialmente en las trincheras. Pero, aun así, no puedo recordar su rostro cuando las granadas estallan en nuestra cara. Cuando el barro te salpica y la sangre del hombre que estaba a tu lado te moja los pantalones. Cuando corremos por el campo de batalla y pisamos charcos rojos, cuando saltamos sobre el enemigo, cuando aprietas el gatillo&#8230; -se frotó la nuca con ambas manos, mirando al suelo húmedo-. Su cara aparece momentáneamente, ¿sabes? Y después desaparece. ¡Puff! Como humo. Como la vida entre nuestras manos&#8230;.</p>
<p style="text-align: justify;">Archibald distinguió una lágrima solitaria recorrer la mejilla sucia de su mejor amigo. Le pasó un brazo por los hombros.</p>
<p style="text-align: justify;">-Vamos, teniente. Arriba ese ánimo. -Alistair se limitó a contemplar el suelo del habitáculo. Archibald insistió-. Seguro que tu cabeza, que funciona más rápidamente que la mía, no quiere asociar tanta miseria con Margareth. Eso es todo. No te has olvidado de su rostro, simplemente no puede ser evocado en medio de tanta tragedia. Las mariposas no vuelan en los jardines marchitos.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Caray, Archi! ¡Poeta hasta consolando! -exclamó sorbiendo los mocos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Si tú lo dices&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, yo lo digo, teniente -dijo una vez ya en pie, con energías renovadas que Archibald nunca entendería-. Vamos a mover a esos pobres malnacidos, que no se diga de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">-Vaya, ahora sí que suenas como un oficial de verdad. ¿No decías que la disciplina de los rangos no estaba hecha para el hombre de letras? -preguntó Archibald calándose la boina y estirándose las arrugas de la guerrera.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sí, y lo mantengo. Pero hoy me siento otro. Déjame transgredir mis creencias cuando me venga en gana, ¿no crees?</p>
<p style="text-align: justify;">-A sus órdenes, mi teniente -replicó con sorna.</p>
<p style="text-align: justify;">Los dos se miraron y a los segundos rieron felices.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Eso no implica una paradoja? -preguntó Alistair entre risas-. Tú también eres teniente, y si estás a mis órdenes&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Hoy me siento cabo. Déjame transgredir mis galones cuando me venga en gana, ¿no crees?</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Lo que usted diga, cabo!</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-estrellas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>[Los versos de Archibald] En el barro</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-en-el-barro/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-en-el-barro/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 08:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Los versos de Archibald]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Terranova]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=3866</guid>
		<description><![CDATA[La entrega de hoy empieza un nuevo giro en la trama. Viajaremos al pasado del viejo Archibald para conocer un poco mejor qué es lo que oculta en verdad este anciano lector (y ahora también poeta). Pobre Kaya, el mundo tal como lo conoce parece estar viniéndose abajo. Recordaba las<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-en-el-barro/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La entrega de hoy empieza un nuevo giro en la trama. Viajaremos al pasado del viejo Archibald para conocer un poco mejor qué es lo que oculta en verdad este anciano lector (y ahora también poeta). Pobre Kaya, el mundo tal como lo conoce parece estar viniéndose abajo.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3237/2593328037_cf00a0eeb2.jpg" alt="" width="500" height="281" /><p class="wp-caption-text">Foto por Adam_Baker</p></div>
<p><span id="more-3866"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Recordaba las caricias de la brisa marina con total claridad. El frescor en las mejillas, el olor ligeramente salado, los primeros rayos de sol. Todo era nítido en su cabeza, cada detalle encajaba como una pieza de puzzle.</p>
<p style="text-align: justify;">La explosión le hizo volver en sí.</p>
<p style="text-align: justify;">El idílico paisaje desapareció súbitamente. No tuvo tiempo para reaccionar, para estirar el brazo e intentar agarrar los flecos de una realidad que se doblaba en sí hasta consumirse en un punto diminuto. Como si de un libro se tratara, el paisaje marino dejó paso al siguiente capítulo: un lodazal que se extendía hasta donde la vista alcanzaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra explosión, más cercana esta vez, le manchó la cara con una mezcla caliente de barro y briznas de hierba quemada. La guerra se revolvía antes sus ojos, y su alma ya no sentía nada. Ocho días en el infierno eran suficientes para olvidar la condición humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Apoyó el fusil y disparó sobre el cráter humeante; una, dos, tres, hasta cuatro veces. Sin pensar. Sin sentir. Con la mirada en el infinito desdibujado del humo denso y blanco. El quinto, y último disparo, voló con meridiana rectitud rasgando la cortina vaporosa e impactando en el pecho de un hombre que avanzaba corriendo. Un grito de dolor se impuso por un momento en el caos del lodazal. Pero no sintió nada; nada se movió en su interior.</p>
<p style="text-align: justify;">El paisaje marino volvía a cobrar nitidez en su mente. Poco a poco.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Archibald, nos tenemos que mover! -alguien le despertó tirándole de la guerrera sucia-. ¡Levanta ahora mismo, te quedarás solo!</p>
<p style="text-align: justify;">Su cuerpo obedeció, automáticamente, llevándole a él y al paisaje marino que no terminaba de cristalizar hasta un pequeño montículo vallado con alambre de espino. Un hombre fuerte cortó suficiente alambre para poder pasar de uno en uno. Él esperaba su turno como en la cola de la panadería, con la misma tranquilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Una tercera explosión impactó a escasos pasos de la fila, haciendo volar a los hombres en varias direcciones. Archibald aterrizó con estrépito entre los sacos terreros de una trinchera cercana. Lo único que podía sentir era el latir fuerte de su corazón acelerado en las sienes. El dolor era tan agudo que excedía los límites de lo que se puede sentir. Los ojos se le cerraron sin quererlo él. La realidad se fundió en negro absoluto.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando le despertaron las patadas no podía decir por cuánto tiempo había estado inconsciente. Le ardía la cabeza, y lo poco que sentía era el calor de la sangre secándose en el interior de su uniforme. Un joven, algo más joven que él, de uniforme elegante pero sucio también, le golpeaba con furia y sin descanso; unas veces con el fusil, otras veces a patadas con las botas.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡Para, para! -se escuchó gritar. Su voz le sonaba extrañamente ajena-. ¡No sigas! ¡Para, por favor!</p>
<p style="text-align: justify;">Una patada en la cara le hizo ver las estrellas. Sintió en la ceja un crujido que le heló la sangre que le quedaba dentro del cuerpo. Con la mano derecha intentó alcanzar la pistola del cinturón, pero había desaparecido. El joven uniformado con los colores enemigos seguía golpeándole con saña. Pero era el odio de sus ojos lo que le dolía realmente, más que los golpes físicos que estaba recibiendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces sucedió. Del pecho del que ya había considerado su verdugo brotaron cinco bellas rosas rojas que se prolongaron momentáneamente en el aire. La sangre le alcanzó en varios lugares del uniforme, y la imagen de sus propios ropajes teñidos con sangre ajena le fue indiferente.</p>
<p style="text-align: justify;">-Dime que sigues vivo, viejo amigo.</p>
<p style="text-align: justify;">La voz familiar de su amigo Alistair surgió una vez que el joven enemigo se desplomó inerte sobre el suelo, frente a él, con la mirada congelada en un punto muy distante.</p>
<p style="text-align: justify;">-Gracias a Dios que sigues vivo, ya me temía lo peor -dijo mirándole a los ojos con honesto alivio.</p>
<p style="text-align: justify;">De la boca de su subfusil automático un delgado hilillo blanquecino se desprendía en sentido contrario a la acción de la gravedad.</p>
<p style="text-align: justify;">-Yo no creo en Dios -fue lo único que salió de su boca reseca. Seguía sin reconocer su propia voz.</p>
<p style="text-align: justify;">Alistair lo observó con media sonrisa vacilona.</p>
<p style="text-align: justify;">-Lo sé, yo tampoco creo en Dios, pero otros dicen que les funciona, ¿no? Anda, ven aquí, levántate de este estercolero, el batallón se mueve rápidamente hacia el oeste.</p>
<p style="text-align: justify;">Archibald aceptó la mano que su amigo le extendía y se incorporó con dificultad. En cuanto su peso estuvo totalmente apoyado sobre las dos piernas, un dolor terrible, fugaz como un relámpago, le recorrió la espina dorsal. Alistair seguía mirándole divertido.</p>
<p style="text-align: justify;">-Contempla a los granaderos imperiales huyendo con su elegante pomposidad -dijo señalando el extremo opuesto del campo de batalla-. Dejándonos millas de territorio libre a nosotros. Regalándonos los suministros que abandonan en las trincheras humeantes. Dejando paso a la libertad que el Viejo Continente les trae. ¡Qué más quieres para empezar a creer en Dios!</p>
<p style="text-align: justify;">Lo miró con dulce severidad, sin poder fruncir demasiado el ceño debido a la sangre y barro reseco de su cara. Ya conocía la naturaleza irónica de Alistair.</p>
<p style="text-align: justify;">-Cállate ya, ¿quieres? Y ayúdame a llegar a la enfermería, me temo que no puedo caminar por mí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Alistair obedeció con el mayor de los cuidados posibles. El ejército imperial, en plena retirada, disparaba sus últimos morteros para ganar algo de terreno. Mientras caminaban lentamente por entre la humareda que el viento les arrastraba, a medida que se disipaba la cortina áspera de las explosiones, los cadáveres de los soldados caídos iban apareciendo de forma macabra. En pocos segundos, Archibald y Alistair se encontraron caminando por entre decenas de cuerpos desperdigados sin orden ni sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">-Por muy dorados que sean los estandartes imperiales, tú nunca creerías en Dios. Ni aunque el emperador en persona se estuviera batiendo en retirada -comentó lamentando el dolor en el pecho a cada palabra que pronunciaba.</p>
<p style="text-align: justify;">-Tal vez tengas razón, Archi. Pero hasta que demuestres lo contrario, yo seguiré creyendo en la posibilidad de creer en Dios -replicó con sorna apagada-. En la posible existencia de un Dios&#8230; -agregó con tristeza y dolor-, de un Dios tan cruel y malvado como para dejar a los hombres matarse a sangre fría. En definitiva, un Dios que no merecería ser Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ya no se dijeron nada más hasta que llegaron a la enfermería.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/los-versos-de-archibald-en-el-barro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lunas por mi ventana</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/lunas-por-mi-ventana/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/lunas-por-mi-ventana/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 22 Feb 2011 09:22:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[abandono]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[carta]]></category>
		<category><![CDATA[espacio]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=3561</guid>
		<description><![CDATA[Un relato un poco melancólico y triste pero con ambientación futurista. Hacía tiempo que no machacaba la categoría de &#8220;ciencia ficción&#8221;. Ya era hora y retomaré el hábito en poco tiempo. Quién me diría que terminaría orbitando alrededor de Sakri; tan lejos de ti. Pero no son los años luz<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/lunas-por-mi-ventana/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un relato un poco melancólico y triste pero con ambientación futurista. Hacía tiempo que no machacaba la categoría de &#8220;ciencia ficción&#8221;. Ya era hora y retomaré el hábito en poco tiempo.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/28/53191584_2080a73cdd.jpg" width="500" height="370" /><p class="wp-caption-text">Foto por darkmatter</p></div>
<p><span id="more-3561"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=bacfb6b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Quién me diría que terminaría orbitando alrededor de Sakri; tan lejos de ti. Pero no son los años luz lo que nos separa sino el hecho que ya no me quieras como antes. He de decir que los buenos recuerdos sólo hacen más grande esta brecha que me atormenta en mi camarote cada noche cuando voy a descansar.</p>
<p>Sirvo en el 4º Crucero de la Flota Regular y las tareas se acumulan a cada minuto que pasa. Cada vez que terminamos una, ya sea desatascar los cañones principales o renovar las salvas, surgen dos más que hacen que la cabeza te dé vueltas debido al estrés. Antes solía consolarme con tu pensamiento, solía decirme que tú me esperabas en casa y por ello debía hacer mi trabajo con diligencia y eficiencia. Pero todo tuvo que cambiar.</p>
<p>El mensaje que me enviaste aquella mañana destrozó todos los proyectos que tenía en mi vida. Al principio me emocioné al ver un correo tuyo desde tan temprano por la mañana; ya sabes cuántas veces te he pedido que me escribas varias veces al día aunque sea para contarme las banalidades de lo que te pasa, pero nunca lo hacías. Así que aquella vez pensé que me esperaba una feliz jornada, nunca me pasó por la cabeza pensar que podrían ser malas noticias. Pero lo eran.</p>
<p>Me dejabas por otro y no encontraste mejor momento para decírmelo. Juraste que no era cosa de mi embarque, de la guerra, y del viaje en general. Me confesaste que te veías con otro hombre desde meses atrás a mi partida. No sé si eso me consoló o me destrozó más, lo que sí sé es que no me quedó un buen gusto en la boca. Al principio sentí rabia; la impotencia de estar a varios sistemas planetarios de distancia le hace a uno un tanto impotente, pero al poco tiempo empecé a sentir tristeza. Comprendí que tú podías hacer con tu vida lo que quisieras a pesar de las responsabilidades que tenías con las vidas de otras personas, como yo, sin embargo, la tristeza que anegó mi corazón fue por todos los sueños que habíamos planeado juntos y que nunca se cumplirían.</p>
<p>Ahora me encuentro en la sala de catapultación esperando mi hora para entrar en combate. Probablemente esto sea mi testamento y mi última palabra. Lo único que quiero que permanezca en la historia son dos palabras; te quiero.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/lunas-por-mi-ventana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>[Cantos de batalla] Lamentos en el cieno</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-lamentos-en-el-cieno/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-lamentos-en-el-cieno/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 31 Mar 2010 17:48:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Artion]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos de batalla]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[lodo]]></category>
		<category><![CDATA[pantano]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=2914</guid>
		<description><![CDATA[Segunda parte de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. Os recuerdo que serán un total de tres. Espero que os guste El cieno del pantanal atrapaba a más soldados que las garras de la muerte. La Segunda Compañía de la Columna real sacrificaba hombres a un ritmo de treinta o cuarenta por minuto,<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-lamentos-en-el-cieno/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de &#8220;Cantos de batalla&#8221;. Os recuerdo que serán un total de tres. Espero que os guste <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm1.static.flickr.com/44/120064604_229869cf26.jpg" alt="" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por Lawrence Whittemore</p></div>
<p><span id="more-2914"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=4ffc68b" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=4ffc68b" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El cieno del pantanal atrapaba a más soldados que las garras de la muerte. La Segunda Compañía de la Columna real sacrificaba hombres a un ritmo de treinta o cuarenta por minuto, anegando con sus alaridos de sufrimiento las oscuras tierras que pisaban. Pero el cieno era el menor de sus problemas, pues tenían por enemigo una horda de miles de esqueletos humeantes.</p>
<p>-¡Gasdor! ¡Coge diez hombres y vete a cubrir el flanco derecho, nos están machacando! -la voz de Artion se resistía a quebrarse en el estruendo de la batalla. Esquivó con destreza un sablazo oxidado y en un movimiento ascendente destrozó el cráneo vacío que le miraba inexpresivo a pocos palmos de distancia-. ¡Rápido, no podemos permitir que caiga el flanco!</p>
<p>El sudor era lo único que notaba vivo en su cuerpo; descendiendo rápidamente cuello abajo dejando marcado un rastro de inmanente calor. Con los nervios crispados por el continuo estado de alerta, Artion intentaba no ser alcanzado por las espadas del enemigo a la par que luchaba por liberarse de la prisión de lodo que le inmovilizaba los pies. De alguna forma los esqueletos humeantes no se veían tan afectados por las condiciones del terreno.</p>
<p>Un cuerno de batalla se elevó lastimero sobre el entrechocar del acero. El rey ordenaba la retirada inmediata.</p>
<p>-¡Leux, ve a por Gasdor y que deje inmediatamente el flanco, nos largamos!</p>
<p>-Sargento, me temo que ya no hay flanco -un proyectil de roca impactó a unos pies de ellos y les lanzó lodo a la cara. El barro se acumulaba en las escamas de sus armaduras y hacía más difícil el movimiento general. Por muchos esqueletos que tumbasen seguían viniendo más por la orilla norte del pantanal. Entre ellos y el enemigo se había acumulado una montaña de dos metros de altura, compuesta en su mayoría, de huesos astillados y cotas de malla oxidadas-. Dese prisa, sargento.</p>
<p>-Ve primero y agrupa a tantos hombres como puedas por el camino. Una vez llegues a la orilla seca forma dos líneas defensivas. ¡Y haz cargar a los hombres restantes todos los arcabuces que puedan!</p>
<p>-Sí, sargento.</p>
<p>-¡Corre!</p>
<p>Artion se dirigió hacia el flanco derecho todo lo rápido que pudo. Empezaron a llover virotes ígneos que se clavaban a sus pies según avanzaba jadeante. Los soldados del flanco corrían hacia la orilla seca entre gritos de terror y desesperación; habían penetrado sus filas en una proporción de uno a tres. Artion pudo ver cómo el cuerpo de su amigo Gasdor se hundía lentamente en el cieno. La sangre se mezclaba con el agua sucia y corría libre por entre las huellas de las pisadas. Los esqueletos pisaban sobre los cadáveres para avanzar más rápido.</p>
<p>-¡Corred, corred! ¡A la orilla seca! -gritaba mientras alentaba a los hombres-. ¡Todavía queda esperanza en la arboleda!</p>
<p>Un golpe fuerte lo derribó y le dejó momentáneamente sin respiración. Los latidos de su corazón era lo único que podía escuchar. Giró sobre su torso en el momento que un esqueleto clavaba fallidamente su espada en el cieno. De entre sus falanges nacía un humo verde que ascendía serpenteante. Artion se incorporó sin sentir las piernas, y blandiendo su sable de caballería asestó un tajo vertical directo al cráneo, el cual se fragmentó a la altura del temporal y por donde comenzó a escaparse más humo verde.</p>
<p>Otros dos esqueletos se acercaban rápidamente de cara. Artion corrió hacia ellos para ganar la iniciativa y golpeó lateralmente al primero. El golpe fue duro y plano, y la hoja del sable quedó enganchada en una de las vértebras; de ella todavía colgaban restos de piel. Intentó sacar la hoja tirando hacia sí pero el esqueleto le golpeó con una maza en el costado. Volvió a caer al lodo y en su caída notó quebrarse el sable. Desde el suelo, y con un barrido de pierna, derribó al esqueleto, justo a tiempo para levantarse y esquivar el ataque del segundo. Las pistolas que llevaba en el fajín estaban húmedas y rezó por que la pólvora prendiera adecuadamente. Martilló el pedernal para crear la chispa y ésta saltó a la cazoleta. Abrazó el esqueleto con el brazo libre y fijó el cañón del arma sobre la sien. Tardó unos segundos en prender y disparar. La bala de plomo hizo astillas la mitad superior del cráneo enemigo, pero en un golpe de mala fortuna, una de las astillas se clavó bajo el ojo de Artion. La herida comenzó a sangar en el acto.</p>
<p>Mientras tanto, en la orilla seca los hombres intentaban reagruparse en formación defensiva para contener el avance de los muertos. El ruido que hacían los rótulas peladas del enemigo al chocar entre sí apagaban las ganas de luchar de los soldados. Sin embargo, lejos de estar donde quisiera, Artion todavía se encontraba a decenas de yardas de la orilla. En un lapso de tiempo imperceptible los esqueletos a su alrededor se habían multiplicado en número. Descargó su segunda pistola con menos suerte que la primera, y la bala rebotó estrepitosamente en un escudo. Lo único que tenía para defenderse era su estoque y el puño desnudo. Decidió morir de pie; las heridas en la espalda eran la vergüenza del soldado.</p>
<p>Se lanzó a la línea de esqueletos gritando fuerte para acallar la cobardía que pudiera existir en su interior. El estoque se clavó terco en la cuenca vacía de uno de ellos y terminó saliendo limpio por el lado contrario. Lo extrajo apoyando un pie sobre la columna vertebral de su oponente y rápidamente se giró noventa grados para frenar a otro esqueleto. Con otro giro de muñeca evitó ser alcanzado por una espada oxidada y llena de musgo. Sin darse cuenta estaba rodeado. Pero para cuando invocó a Elizabeth, su amada, en lo que pensó que sería su último pensamiento, una mano de fuertes dedos le agarró de la hombrera y tiró violentamente hacia atrás.</p>
<p>Perdió el conocimiento cuando se golpeó la cabeza con un escudo enemigo, y lo último que experimentó fue el aire frío golpear su cara a medida que cogía velocidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-lamentos-en-el-cieno/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>[Cantos de batalla] Cartas</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-cartas/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-cartas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 30 Mar 2010 17:20:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Artion]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos de batalla]]></category>
		<category><![CDATA[carta]]></category>
		<category><![CDATA[Elizabeth]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=2911</guid>
		<description><![CDATA[He decidido hacer una mini-saga de tres relatos épicos y una pequeña introducción. Hoy os dejo con la introducción y colgaré un relato cada día empezando desde ya mismo. Tiene tintes muy fantásticos y he considerado imprimir un ritmo muy frenético a la historia, tan frenético que es más propio<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-cartas/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>He decidido hacer una mini-saga de tres relatos épicos y una pequeña introducción. Hoy os dejo con la introducción y colgaré un relato cada día empezando desde ya mismo. Tiene tintes muy fantásticos y he considerado imprimir un ritmo muy frenético a la historia, tan frenético que es más propio de guerras modernas que de guerras a espada y escudo. Esta introducción la creo necesaria para presentar al lector el contexto de la historia, pues con tres relatos no puedo extenderme demasiado explicando los hechos que han llevado a tal o cual situación. Espero que os guste.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3479/3854914173_ef928b5233.jpg" alt="" width="500" height="348" /><p class="wp-caption-text">Foto por Jashir</p></div>
<p><span id="more-2911"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=5b06f84" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=5b06f84" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>¿Recuerdas los verdes prados mecerse con la ternura de la brisa viajera a orillas del mar? ¿Recuerdas las historias contadas alrededor de vivas hogueras al abrigo de las cuevas? Dime, Artion, ¿me recuerdas a mí?</p>
<p>Allí donde estés, perdido bajo el cielo oscuro y a la luz de los luceros, quiero que pienses en mí todas las noches, cuando el fragor de la batalla haya cesado y los hombres puedan descansar en paz. Piensa en mí para no olvidar tu historia, pero sobre todo, piensa en mí para no olvidarte de la persona que te quiere y espera en tu tierra.</p>
<p>Artion, dime, ¿qué caminos lejanos pisan hoy tus pies? ¿Adónde se dirige tu mirada? Los hechizos del amanecer son hipnóticos para el soldado, eso me dijo una vez un viajero. Hace ya cuatro meses que marchaste con la columna principal del rey, y a pesar de tu corta edad, estoy segura que luchas como el más aguerrido de los viejos veteranos.</p>
<p>Cuando Mephisto se levantó de entre las ruinas para volver a conquistar el mundo temí por nuestro futuro. La tierra tembló y el cielo oscureció. La vida parecía distinta. ¡Todavía siento en las piernas el terror de los muertos caminar sobre nuestras veredas! Los pueblos ardieron noche tras noche sin parar hasta llegar a la mismísima frontera oriental. Y cuando el mundo parecía perdido, cuando en los ojos de la gente no brillaba la luz de la vida, aparecieron los movimientos de resistencia real. ¡Y nada menos que encabezados por el propio rey a quien se le daba por muerto!</p>
<p>Pero qué te voy a contar a ti; sargento de la guardia real y soberano de mis amores. La resistencia que encabeza Su Majestad es en realidad la resistencia de toda la humanidad, estarás de acuerdo conmigo. Me han llegado noticias de que cada día vuestras filas se amplian más y más gracias a la iniciativa de los aldeanos, quienes se os unen pueblo por pueblo para renovar nuevamente el fuego de la esperanza. Yo por mi parte sólo puedo alcanzar a comprender el sufrimiento que dejan atrás, pues como ellos, yo soy una de tantas que espera el regreso de sus seres queridos. Es por eso, por ellos y por mí, que te pido que cuides de esos hombres como sargento, y les guíes en la batalla con la destreza que te caracteriza.</p>
<p>¿Qué se siente al encarar directamente la muerte? ¿Qué se experimenta al mirar a los ojos de la muerte? Hace unos días hubo una refriega en los Llanos de Alquerún, y desde el tejado del pajar pude ver a los valerosos hombres marchar con las picas en alto. Formaron un rectángulo enfrente de una horda de incontables esqueletos descompuestos y cargaron al son de los oboes de batalla. ¿Qué se siente al saber que tu enemigo ya está muerto? Debe ser horrible. Por suerte, aunque supongo que ya lo sabrás, en Alquerún obtuvimos una importante victoria gracias a los Leones Plateados. Sus armaduras relucen tanto o más de lo que cuentan las historias, y sus sables se pueden ver cortar al enemigo a millas de distancia. Todavía me cuesta creer que todos esos Leones sean mujeres, y no porque piense que nosotroa no somos capaces de blandir un arma, sino por nuestros humores más dados a la paz y al sosiego.</p>
<p>Pero dime, Artion, dime sinceramente; ¿crees que ganaremos esta guerra? ¿Piensas que algún día volveremos a ver el sol como los días de antaño? No te lo quise decir en mis anteriores cartas, pero opino que es de justicia hacértelo saber. Artion, vas a ser padre. Mi barriga ha crecido lo suficiente como para que las vecinas empiecen a cotillear. No debes preocuparte de mí ni del niño que alberga mi interior, nuestra comarca está a salvo gracias a los Leones. Pero te suplico una vez más; no te olvides de nosotros. El recuerdo es lo único que le queda al soldado cuando se ha manchado las manos de sangre.</p>
<p>Espero que esta carta llegue pronto allí donde estés.</p>
<p>Tuya para siempre:</p>
<p>Elizabeth.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/cantos-de-batalla-cartas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Vidas en el humo</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/belico/vidas-en-el-humo/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/belico/vidas-en-el-humo/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 22:24:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Batalla de Kahlenberg]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Imperio Turco]]></category>
		<category><![CDATA[Viena]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=2854</guid>
		<description><![CDATA[Mi primer relato histórico. Todos los detalles son reales menos la historia del protagonista, quien es un personaje inventado y puesto en contexto. Espero que os guste, sobre todos a los amantes del relato bélico. Cuando Müller olió por primera vez el humo ya era demasiado tarde, para entonces las<a href="http://www.metarelatos.com/belico/vidas-en-el-humo/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Mi primer relato histórico. Todos los detalles son reales menos la historia del protagonista, quien es un personaje inventado y puesto en contexto. Espero que os guste, sobre todos a los amantes del relato bélico.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Batalla de Viena" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/35/Bitwa_pod_Wiedniem_Brandt.jpg" alt="" width="500" height="212" /><p class="wp-caption-text">Batalla de Viena por Józef Brandt</p></div>
<p><span id="more-2854"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=c9afad5" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=c9afad5" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Cuando Müller olió por primera vez el humo ya era demasiado tarde, para entonces las tropas turcas avanzaban hacia Viena en una imparable marcha infernal arrasando la tierra a su paso con flamígeras llamas escupidas por la artillería del visir Kara Mustafá. Corría el año 1683 y no eran buenos tiempos para los vieneses, julio había quemado la mitad de sus días.</p>
<p>Casi dos meses después, Müller seguía pensando en su mujer e hijos muertos, pero lo que era más importante, seguía con vida para forjar su venganza al ritmo incansable del martillo de su ira, que poco a poco y con mucho tesón, logró hacerse un hueco en una compañía de mosqueteros al servicio de su majestad Leopoldo I y acercarse un poco más a su destino. El día por fin había llegado, era hora de no dejar turco con cabeza sobre territorio cristiano.</p>
<p>Bajo el estandarte del Papa y la cristiandad, tropas alemanas, polacas y austríacas corrían en busca del fulgor de la batalla colina abajo y bajo permanente fuego de artillería otomana. Müller era uno de los doscientos hombres que corrían con el mosquete al hombro en la compañía que estaría destinada a sufrir la peor parte de la batalla de Kahlenberg. Formando un apretadísimo cuadrado para soportar las cargas de la temida caballería turca, se movían torpemente hacia el frente de batalla mientras la tierra que pisaban parecía desmoronarse en pedazos. Toneladas de tierra arrancada por pesadas bolas de cañón saltaban por los aires y ensuciaban a los hombres que pronto acabarían mezclando sus cuerpos sin vida con ella.</p>
<p>A menos de treinta pies, Müller vio cómo una bola de cañón hacia saltar por los aires más de un cuarto de compañía al emperador Leopoldo I. Los hombres salían volando con las leyes de la gravedad incluidas cuando no lo hacían simplemente sus piernas o brazos independientemente. Intentó no desconcentrarse con los gritos de agonía de sus hermanos de batalla, pero el fragor de la contienda penetraba por sus tímpanos hasta el núcleo de su alma cristiana. Por fin dieron la orden de deternese. Habiendo introducido la bala de plomo y la pólvora en el mosquete, se dispuso a cumplir con su venganza. A lo lejos pudo observar cómo los valientes húsares de Jan III Sobieski asaltaban a base de carga de caballería la artillería del enemigo. Müller apuntó y esperó.</p>
<p>-¡Fuego! -gritó el capitán con voz ronca desde el centro del cuadrado rodeado por los piqueros.</p>
<p>La llanura repleta de trincheras se llenó de humo de mosquete en su totalidad. Espesas cortinas grisáceas impedían ver más allá de la longitud del propio brazo.</p>
<p>-¡Fuego! -la segunda carga tronó en medio del caos.</p>
<p>Müller intentó no ponerse nervioso al recargar su arma. Se consoló con el hecho de que al menos él tenía un mosquete, otros compatriotas se tenían que conformar con un anticuado y peligroso arcabuz, por lo que tenían que preocuparse de la mecha, el fuego, la pólvora, el enemigo y todos los diablos personales que afligían a las tropas cristianas.</p>
<p>-¡Fuego!</p>
<p>Él realmente no sabía si estaba matando algún turco o no, pues no siempre la bala salía en línea recta y mucho menos impactaba en carne humana enemiga. El humo volvió a apoderarse de su visión y las descargas de otras compañías hermanas le llegaban lejanas desde algún lugar del campo de batalla. Escuchó una descarga potente mucho más estruendosa que las demás, y en cuestión de milésimas de segundo observó que sus compañeros comenzaban a desplomarse a su lado. La herida en el cuello del hombre que estaba justo a su derecha le salpicó el rostro. Era la primera cosa caliente que experimentaba en días. Ahora les estaban disparando a ellos.</p>
<p>Un regimiento otomano les había ganado el flanco maniobrando con gran habilidad entre las trincheras que sus zapadores habían cavado durtante todo el verano. Otra descarga. Los hombres alcanzados se retorcían de dolor en el suelo que en pocos segundos quedó totalmente cubierto de sangre, que al mezclarse con la tierra formaba espesas costras que se pegaban a las suelas de sus botas de piel curtida.</p>
<p>Ruido de cascos. Una gran nube de humo les envolvió dejándoles sumidos en la más absoluta ceguera. Los cascos seguían acercándose. Müller rezó para que fueran los gloriosos húsares polacos, pero sus dudas se despejaron cuando una espada curva le arrancó la cabeza al hombre que tenía delante. Los piqueros del núcleo de la formación no estuvieron todo lo atento que deberían haber estado y bajaron sus largas armas cuando la caballería otomana ya había penetrado en la formación, cebándose con la primera línea de mosqueteros y avanzando rápidamente hacia el centro.</p>
<p>Müller recargó su mosquete por última vez en el suelo, empapándose con la sangre de sus hermanos e inspeccionado por la atenta mirada de varias cabezas cortadas. Cuando terminó la faena se pusó en pie y desafió a la misma muerte en un vis a vis temerario. Descargó su ira justo cuando un otomano pretendía darle fin con su espada. La curvatura de la hoja resplandeció débilmente entre el denso humo que todavía les envolvía. Müller supo que su vida había llegado a su destino final, aquella miserable luz en mitad del caos tenía que significar su anhelado reencuentro familiar. Lo primero que haría sería abrazar a sus pequeños y después besaría a su esposa con fuerza.</p>
<p>Disparó a quemarropa, pero demasiado tarde como para evitar que la trayectoria de la espada enemiga se desviase de su cuello. Al menos, por una vez pero no por ello menos glorioso, estaba seguro de que había abatido al enemigo otomano, quedando satisfecho y sonriendo complaciente,mientras descendía sin vida a la tierra mancillada, del resultado de su venganza. Pronto estaría con los suyos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/belico/vidas-en-el-humo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Arenas del desierto</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/belico/arenas-del-desierto/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/belico/arenas-del-desierto/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 11 Jan 2010 21:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Afganistán]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[marine]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.metarelatos.com/?p=2767</guid>
		<description><![CDATA[Leyendo hoy la versión norteamericana de CNN he visto unas fotos muy sugerentes de la situación en Afghanistan que me han hecho pensar el siguiente relato de corte existencialista. Os recomiendo que le echéis un ojo al photo spotlight de la sección &#8220;Afghanistan Crossroads&#8221; de CNN International, es más que<a href="http://www.metarelatos.com/belico/arenas-del-desierto/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Leyendo hoy la versión norteamericana de CNN he visto unas fotos muy sugerentes de la situación en Afghanistan que me han hecho pensar el siguiente relato de corte existencialista. Os recomiendo que le echéis un ojo al photo spotlight de la sección &#8220;Afghanistan Crossroads&#8221; de CNN International, es más que informativo.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><a href="http://www.flickr.com/photos/isafmedia/2827654900/sizes/l/"><img class=" " title="Soldado y niño" src="http://farm4.static.flickr.com/3138/2827654900_c67c53e9af_b.jpg" alt="Foto por isafmedia" width="501" height="309" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por isafmedia</p></div>
<p><span id="more-2767"></span></p>
<p>Randall Anderson nunca supo si todo lo que hacía era acto de su deseo racional o una sucesión de acontecimientos desencadenados por algún tipo de algoritmo genético enterrado en lo más profundo de su condición de Homo Sapiens Sapiens, una necesidad estructural de vivir en paz con sus semejantes. Sin embargo, sus compañeros sabían que gran parte era consecuencia de la Benzedrina que tomaba a escondidas.</p>
<p>-Imagina por un momento un campo de béisbol -le comentó Randall una vez a un tío suyo que era reservista y por ende &#8220;buen americano&#8221;-, ¿lo tienes? Bien, ahora lo multiplicas por ciento cuarenta y siete millones y tienes el jodido desierto de Afghanistan. ¿Ves las gradas donde las chicas guapas animan con gorras deportivas a su equipo? Perfecto, porque en vez de chicas guapas y cerveza rubia vas a imaginar ahora un puñado de rocas mal puestas, dos hileras de palmeras desecadas y un montón de niños. En la guerra siempre hay niños. Normalmente muertos en el suelo.</p>
<p>&gt;&gt;No me digas, tío Bob, que no hemos hecho suficiente por nuestro país. Cuando un marine pisa el desierto de Oriente Próximo lo primero que experimenta es una erección de varonil testosterona, después miras al infinito y te cagas en esos putos salvajes por hacernos ir tan lejos de nuestras novias y de nuestros coches. Sí, tío Bob, así es, al principio eres todo un macho americano dispuesto a repartir justicia por el mundo, pero más tarde, cuando la noche cae y con ella las bombas, cuando las casas saltan en pedazos a tu alrededor y las calles se cubren de los cuerpos sin vida de mujeres mutiladas, es entonces cuando te meas en los pantalones, te agachas, rezas lo que sabes y empiezas a ver el mundo tal como es.</p>
<p>&gt;&gt;Es un error pensar que somos los &#8220;portadores de la verdad&#8221;, &#8220;justicieros divinos&#8221; que tienen por misión civilizar el planeta entero. ¡Una mierda! ¡Que me cuenten a mí dónde leches se mete nuestra &#8220;justicia&#8221; cuando los Tomahawk silban en tus oídos hasta que los ves borrar del mapa pueblos enteros en cuestión de segundos! ¡Dónde! Tú simplemente no sabes. No sabes cómo se siente la onda expansiva en el vientre, aplastando cada entraña y cada víscera hasta agotar la última muestra de humanidad. No sabes qué es dormir al raso en un escenario hostil, donde cada segundo que respiras es un segundo potencialmente bueno como otro cualquiera para recibir una bala en tu cabeza. Sencillamente no sabes qué se siente al pisar la sangre de los niños muertos en las calles. No lo sabes&#8230;</p>
<p>Randall Anderson evitaba siempre este tipo de conversaciones, pero de vez en cuando eran inevitables. En una ocasión, un gordo con sombrero tejano y botas de cowboy, le saludó con palmaditas en la espalda al ver su uniforme de gala. &#8220;Muchacho, gente como tú es la que hace esta nación grande&#8221;. Randall Anderson pasó las dos siguientes noches en calabozo por romperle la nariz allí mismo.</p>
<p>Finalmente la Benzedrina nunca se fue de Randy, como tampoco Randy la olvidó a ella, y en un acto de iluminada inspiración, una noche calurosa de Julio, decidió poner fin a sus pesadillas. Como no podría ser de otra forma, sus manos nunca olvidaron el tacto áspero de la guerra.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/belico/arenas-del-desierto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Microrrelato: Viñedos en Francia</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-vinedos-en-francia/</link>
		<comments>http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-vinedos-en-francia/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 16:52:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.proyectodirmy.com/?p=1617</guid>
		<description><![CDATA[Estoy excitado. Mis dedos hiperactivos no pueden dejar de teclear. Creo que he parido el mejor microrrelato bélico de mi repertorio, y eso que he escrito un huevo y medio. Sinceramente me he enamorado de él y su protagonista, tanto que me estoy pensando en dedicarle algo más que un<a href="http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-vinedos-en-francia/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Estoy excitado. Mis dedos hiperactivos no pueden dejar de teclear. Creo que he parido el mejor microrrelato bélico de mi repertorio, y eso que he escrito un huevo y medio. Sinceramente me he enamorado de él y su protagonista, tanto que me estoy pensando en dedicarle algo más que un microrrelato, tal vez un cuento corto de cincuenta páginas. Eso no estaría mal. Joder, luego os parecerá una puta mierda, pero a mí me seguirá pareciendo la leche. Entonces es cuando llega eso de: &#8220;que te den por el culo&#8221;.</p></blockquote>
<p><span id="more-1617"></span></p>
<p>Estoy hasta los putos cojones, joder. Esta puta guerra me tiene harto. Estoy cansado de tanta trinchera húmeda y tanto catre maloliente. Estoy tan harto que me pegaría un tiro en la boca, pero eso sólo traería más problemas a mi familia, la acusarían de traidora a la patria por parir a un hijo que prefirió darse muerte él mismo a morir honorablemente en el campo de batalla. Pero les voy a decir una cosa, ese puto campo de batalla del que tanto hablan los coroneles y demás maricas de oficina que no pisan un centímetro cuadrado de barro, que duermen calientes en sus tiendas de campaña a cincuenta kilómetros del frente y desayunan café nuevo con jodidas tostadas francesas todas las mañanas, no tienen ni puta idea de qué significa la frase “morir honorablemente”. Cuando tienes a dos hijoputas a tres metros por sorpresa, y tú ya tienes acoplada la bayoneta mientras ellos lo único que procuran es no mearse en los pantalones, y entonces disparas el rifle a uno de ellos y mientras le ves caer de espaldas con la cara torcida cargas contra el otro y notas como el filo se hunde en la carne blanda, y todo eso lo notas a través de la madera del rifle. ¿Qué parte de “honorable” no entienden esos cabrones con galones?</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">El mundo acabó en 2034, cuando nuestro puto gobierno decidió que lo mejor era invadir Canadá y México, bombardear Europa con cabezas nucleares y mandar a los marines a Japón. Tres años desde aquello y yo sigo en esta jodida trinchera en el este de Francia porque los putos alemanes no se han rendido. ¡Y quién no! Pero peor sería estar en el frente oriental, donde los marines que tomaron Japón en poco menos de un año ahora se las ven putas con la guardia china.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Discúlpeme si digo muchos tacos, pero, ¿sabe? A uno se le crispan los nervios cuando lleva tres años en la guerra. Tienes que hacer guardias interminables y fácilmente puedes estar treinta y cuatro horas sin dormir. Entonces es cuando echas mano a los “Carol´s Candy”. ¿Cómo? ¿Es corresponsal de guerra y no sabe qué cojones son los Carol´s Candy? Se lo explico en un momento, pero primero diga al gilipollas de su amigo que baje la cabeza si no quiere ver sus sesos en el barro, la trinchera ya está suficientemente sucia para que un cámara pierda la cabeza ahora. Bien, como iba diciendo los Carol´s Candy son unas bolitas negras de cafeína pura. Créame cuando la digo que son pura cafeína. Los llamamos así simplemente porque “caramelo de café” era muy gay, ya sabe, y porque el nombre oficial, “suministro energético tipo C-II” era muy largo. Así que los soldados americanos tomamos Carol´s Candies día sí y día también. ¿A qué venía todo esto? ¡Ah, sí! Decía que no se asuste si vomito un taco palabra sí y palabra también, pero es por culpa de esos jodidos caramelos, ¿sí? Le excitan a uno, pero es el precio que hay que pagar para mantenerse despierto. La otra opción es dejarte pegar un tiro, porque como le he dicho el suicidio sólo traería problemas a la familia.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Mire allí, los chicos del VI de asalto van a efectuar una nueva escaramuza. ¡Joder, qué le dije sobre la cabeza, bájela hombre, no quiero que el comandante me dé por el culo cuando le digan que en su batallón ha muerto un civil! ¿Ven lo que hacen? Lanzan gas para poder avanzar, pero no se crea señorita que es gas venenoso, en verdad cualquier gas denso vale, ¿sabe? Solamente lo quieren para avanzar. Entonces los alemanes activan los disipadores BMW que tienen&#8230; ¿o eran Mercedes? Qué más da. Activan los putos trastos y chupan el gas en menos que una zorra grita “dame más”.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Ve, como le decía. Los activan como están haciendo ahora y&#8230; ¡mierda! ¡Joder, ya les han llegado los refuerzos! Oigan, salgan de aquí cagando leches, ya les contaré en otro momento más chorradas sobre la guerra, la camaradería en el batallón y todas las mierdas y trapos sucios que quieran del alto mando. ¿No me ha oído joder? ¿No ve que a sesenta metros hay un puto tanque? No, no. Eso me da igual. Me la pela que esto lo vea la cúpula militar y me identifiquen, para entonces yo ya estaré sirviendo de abono a los viñedos franchutes. Ahora lo único que me preocupa es que se piren de aquí echando leches porque tengo que correr treinta jodidos metros de trinchera para avisar a los chicos del Regimiento de Zapadores. Putos alemanes, yo pensaba que estaban acabados&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-vinedos-en-francia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

