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	<title>Meta-Relatos &#187; Historias de Galia</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>[Historias de Galia] Salvas en la tierra</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 18:50:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Último relato que cierra la mini-saga &#8220;Historias de Galia&#8221;. Si no lo he publicado antes ha sido por; falta de tiempo, e indicisión. Ha cambiado alguna parte mil veces. Otras dos mil. Y aún así no estoy del todo contento. No descarto dedicarle más letras a este mundo de Galia,<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-salvas-en-la-tierra/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Último relato que cierra la mini-saga &#8220;Historias de Galia&#8221;. Si no lo he publicado antes ha sido por; falta de tiempo, e indicisión. Ha cambiado alguna parte mil veces. Otras dos mil. Y aún así no estoy del todo contento. No descarto dedicarle más letras a este mundo de Galia, pero eso será en un futuro no definido.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Sunset" src="http://farm4.static.flickr.com/3242/3064544867_ae6bfe9bbf.jpg" alt="" width="500" height="355" /><p class="wp-caption-text">Foto por Kuzeytac</p></div>
<p><span id="more-2892"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=a2cd1a8" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=a2cd1a8" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El humo ascendía del cigarro como aviones de combate rasgando la cobertura de la Tierra. Müller le dedicó una sonrisa a una Eliza cansada de la guerra.</p>
<p>-No te preocupes, esto no puede seguir así por mucho tiempo.</p>
<p>-Puede que empeore.</p>
<p>-Vamos, no seas tan gris -comentó Müller ajustándose el parche sobre la cuenca vacía. En el incendio del polvorín había perdido un ojo y un brazo al intentar hacer explotar todos los suministros draconianos al mismo tiempo. De no ser por la rápida actuación de Eliza, quien dejó a su paso un reguero de sangre como nunca antes Müller hubiera visto, ahora mismo el capitán estaría a tres metros bajo tierra en una roñosa caja de pino-. No me acostumbraré jamás a esta mierda.</p>
<p>-Deje que le ayude -y con ambas manos le colocó el parche en el sitio correcto.</p>
<p>-Si tuviera los dos brazos&#8230; Tú sabes bien que daría hasta la última gota de sangre por defender cada palmo de esta tierra -en su voz la tristeza bailaba al compás de la música de la melancolía-. Con un único brazo sólo puedo resignarme a entrenar a jóvenes desnutridos que no durarán ni un asalto.</p>
<p>-¿Pensó lo mismo de mí?</p>
<p>Dio una larga calada y arrojó la colilla consumida al barro que pisaban.</p>
<p>-Jamás. Desde el primer momento supe que había algo especial en ti. Nunca te he querido preguntar, y mentiría si dijese que no lo he pensado alguna vez, pero cada vez siento más curiosidad por conocer qué te hizo alistarte a la resistencia.</p>
<p>En la mente de Eliza una larga cola de prisioneros de guerra se dibujó y esfumó con la rapidez de las salvas de cañón enemigas de fondo.</p>
<p>-No me contestes si no quieres. Me caes bien tal como eres, sin saberlo.</p>
<p>Silencio. De la lejanía los ecos de la artillería seguían repicando como campanas en un funeral. Pelotonos de nuevos reclutas corrían por el barro para montarse en destartalados camiones con lonas roídas que les llevarían a la primera línea de la batalla.</p>
<p>-De no ser por ti, Eliza, ahora mismo estaría muerto. Y eso es algo que nunca olvidaré -por un momento amenazó con dejar rodar una lágrima mejilla abajo-. De entre todos los locos de mi pelotón, tú has sido, con diferencia, la más loca. Eso significa que has defendido Galia con el mejor de los espíritus, y en el camino, aunque hayas manchado tus manos con sangre de semejantes, has liberado a inocentes oprimidos, condenados al exilio y has hecho hermanos de batalla. Y éstos nunca se pierden, aunque les falten ojos y brazos -y se señaló el rostro con la mano que le quedaba.</p>
<p>-Capitán, no comparto su optimismo pero agradezco igualmente sus palabras de confianza.</p>
<p>-Tú tan fría como siempre. Las cosas siempre acaban bien, el problema está en considerar cuándo han acabado. Aunque parezca que la vida es injusta para nosotros también debes pensar que lo es para aquellos a los que odiamos. Somos partícipes del mismo mundo desde orillas diferentes.</p>
<p>-No creo que esta guerra tenga final. Mucho menos uno bueno -Eliza recogió un petate rasgado en su base y el fusil del suelo.</p>
<p>Y sin decir nada más, abatida por el dolor de una obligada despedida, Eliza partió de nuevo al frente donde seguiría viviendo como una dama de batalla galiana; siempre con la vista en el ocaso, sobre el horizonte.</p>
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		<title>[Historias de Galia] Puntos finales</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 11:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Penúltima entrega de &#8220;Historias de Galia&#8221;. El final está muy cerca. Se incorporó cuando el polvorín estalló en la plaza adyacente a su calle. Una gran columna de humo se divisaba gracias al resplandor de las llamas en la base del antiguo edificio de Correos. Eliza dejó atrás los tres<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-puntos-finales/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Penúltima entrega de &#8220;Historias de Galia&#8221;. El final está muy cerca.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 493px"><a href="http://www.metarelatos.com/wp-content/uploads/2010/03/Historias-de-Galia-puntos-finales-thumb.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3096" title="Historias de Galia; puntos finales thumb" src="http://www.metarelatos.com/wp-content/uploads/2010/03/Historias-de-Galia-puntos-finales-thumb.jpg" alt="" width="483" height="500" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por ViaMoi</p></div>
<p><span id="more-2889"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=40ae846" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=40ae846" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Se incorporó cuando el polvorín estalló en la plaza adyacente a su calle. Una gran columna de humo se divisaba gracias al resplandor de las llamas en la base del antiguo edificio de Correos. Eliza dejó atrás los tres cadáveres recientes y echó a correr sin preocuparse de buscar las sombras en los soportales derruidos de los laterales. No estaba prevista la explosión hasta dentro de dos horas, algo tenía que haberle sucedido al capitán Müller.</p>
<p>Con el cuchillo todavía en la mano alcanzó el arco de piedra que abría la plaza, donde dos pelotones de paracaidistas draconianos se movían efusivamente para socorrer a los heridos y salvar la máxima cantidad de material posible. Otra explosión en el interior del edificio hizo temblar los cimientos del arco. Unos focos se encendieron para facilitar la tarea de rescate.</p>
<p>-¡Qué está pasando! ¿Nos atacan con artillería?</p>
<p>-Alguien está prendiendo fuego al polvorín. Planta por planta, desde dentro -contestó otro soldado en plena carrera.</p>
<p>Eliza escuchaba con gran atención desde la esquina fragmentada de una panadería desvalijada. Ese alguien tenía que ser Müller a la fuerza; la resistencia galiana había mandado a los dos únicos comandos que habían sobrevivido a sus compañeros de trinchera. Uno espiaba desde una panadería. El otro estaba en paradero desconocido, por poco tiempo.</p>
<p>Esquivó a los grupos de paracaidistas que llevaban de un lado para otro cajas de armas y munición, y finalmente consiguió llegar a una zapatería por detrás de los potentes focos. Con el codo rompió el cristal de la puerta y giró el simple pestillo del pomo. Tenía que coger altura para poder saltar a los balcones de Correos y parar a Müller o la misión se iría a la mierda. No le costó mucho trabajo llegar al desván y salir de nuevo al fresco de la noche. La luna brillaba con fuerza.</p>
<p>Las tejas del tejado estaban sueltas en su mayoría y las vigas de madera eran visibles en muchas partes. Un soldado draconiano sostenía un farol de mano y observaba desde las alturas a sus amigos trabajar. A Eliza no le supuso ningún remordimiento cortarle la garganta. Habiendo encontrado el mejor punto de apoyo para impulsarse, saltó hacia el edificio de Correos y con el antebrazo golpeó en el balcón que pretendía alcanzar, pero calculó mal la distancia y resbaló medio metro quemándose la piel por la fricción. Con el brazo dolorido y el hombro a punto de dislocarse, Eliza reunió fuerzas y trepó al interior.</p>
<p>La sala se estaba llenando de humo que se colaba por debajo de la puerta cerrada. Una tercera explosión hizo que los cuadros de las paredes se cayesen al suelo. Era una habitación lujosa, con una gran mesa de madera noble y unas sillas bien tapizadas. En una pared una gran librería soportaba la carga de más de mil libros ordenados por colores, seguramente fuese el despacho de alguien importante. De repende la puerta se abrió y Eliza fue sorprendida por un soldado que buscaba un sitio para mear. Aparentemente la sorpresa fue mutua.</p>
<p>Ella reaccionó más rápido y dio el primer paso, lo que le permitió asestar el primer golpe. Cargó con el hombro y empotró al soldado contra el marco de la puerta. El humo se hacía cada vez más evidente. El draconiano soltó el fusil que llevaba en las manos y luchó por no ser derribado. Un puñetazo alcanzó el mentón de Eliza que comenzó a sangrar profusamente al morderse la lengua; casi se la corta en dos. Mareada y aturdida por el golpe retrocedió involuntariamente unos pasos, hecho que aprovechó el soldado para derribar a Eliza con un certero golpe en la boca del estómago. Las rodillas se le doblaron sin quererlo. El soldado hizo brillar el filo de un cuchillo y se lanzó a su corazón. A Eliza le picaban los ojos por el humo, y no estaba segura del todo si lo que estaba viendo era real o producto de la intoxicación de los gases que ascendían del polvorín.</p>
<p>El cuchillo se clavó en un costado, teniendo la suerte Eliza, de que quedó frenado por la oposición material de una de sus costillas. El dolor la punzó la médula hasta la base de la cabeza, pero no le iba a dar más oportunidades a aquel bastardo. Agarró la muñeca del hombre con fuerza inusitada y le obligó a retirar el cuchillo. Él había quedado a horcajadas sobre ella, así que de un golpe en su pecho le derribó hacia atrás. Se avalanzó sobre él y con el antebrazo le presionó la garganta violentamente, aprisionando el aire en sus pulmones y provocándole la muerte por asfixia en unos segundos. Sus ojos quedaron entornados hacia los suyos reflejando el fuego que se alzaba ahora por encima del balcón.</p>
<p>Tenía que darse prisa si quería encontrar a Müller.</p>
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		<title>[Historias de Galia] La villa</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 19:07:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Continúa la mini-saga de &#8220;Historias de Galia&#8221; con esta quinta parte. Vamos a ello. Quinto día desde el comienzo del ataque draconiano a la Villa Laforet y Eliza apenas había pegado ojo. Lo que antes era un prado verde lleno de flores silvestres y rumiantes pastando a sus anchas, era<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-la-villa/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Continúa la mini-saga de &#8220;Historias de Galia&#8221; con esta quinta parte. Vamos a ello.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Muro" src="http://farm4.static.flickr.com/3157/2734649333_bef0550379.jpg" alt="" width="500" height="375" /><p class="wp-caption-text">Foto por sy parrish</p></div>
<p><span id="more-2885"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=7b5aa83" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=7b5aa83" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Quinto día desde el comienzo del ataque draconiano a la Villa Laforet y Eliza apenas había pegado ojo. Lo que antes era un prado verde lleno de flores silvestres y rumiantes pastando a sus anchas, era ahora un erial marchito repleto de socavones allí donde los obuses hacen impacto. De ellos todavía se podía divisar el humo ascender a los cielos.</p>
<p>El capitán Müller se ofreció voluntario para formar la segunda columna de resistencia rural, un intento fingido de soldados bien entrenados y con suficiente equipamiento. De los doscientos hombres que Müller comandaba con el capitán Camile, quedaban vivos algo menos de la mitad, sin poder incluir al desdichado capitán que murió al desprenderse parte del techo del salón principal. Así que Müller se las apañaba como podía con ochenta y tantos hombres designando a sus &#8220;locos&#8221;, como los demás empezaron a llamar al grupo de doce que vino con Müller desde Riburgo, como tenientes y sargentos. Eliza en concreto fue ascendida a teniente.</p>
<p>La tarea de Eliza era muy sencilla; gritar a veinte hombres malnutridos y desesperados para mantener la línea oriental del enemigo. Dicha línea se materializaba en un muro bajo de piedra que había sido reforzado con una trinchera poco profunda y unos cuantos sacos terreros. Una ametralladora de 30mm descansaba por primera vez en muchas horas. Su artillero también lo hacía, pero con una diferencia de días.</p>
<p>-¡Teniente, blindados enemigos por el páramo! -el páramo era la zona más allá del perímetro de seguridad establecido en función del alcance de los morteros enemigos. Eliza hizo despertar al artillero de nuevo.</p>
<p>-¡Todos a sus puestos! ¡Quiero este muro intacto!</p>
<p>En realidad tal cosa era imposible, pues en el momento de sus palabras el muro era ya una montón más o menos compacto de polvo de piedra. A quinientos metros asomaron unas cabezas rectangulares terminadas en punta; cascos draconianos.</p>
<p>-¡Fuego preventivo!</p>
<p>La ametralladora pesada escupió munición incandescente trazando delgadas estelas fugaces en su trayectoria parabólica. Nubes rosadas y difusas se esfumaban en la lejanía allí donde las balas alcanzaban carne enemiga.</p>
<p>Para cuando los tanques blindados invandieron el perímetro de seguridad, Eliza ya estaba preparada para encontrarse con su destino. Había tomado la decisión de no dejar caer aquel muro aunque le costase la vida. Daría hasta la última gota de sangre por frenar al enemigo. Se encomendó en las manos de la furibunda diosa de la ira ciega, haciendo honor a su apodo de &#8220;Cazadora de cabezas&#8221;.</p>
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		<title>[Historias de Galia] Extrañas compañías</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 18:44:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y sigue la mini-saga &#8220;Historias de Galia&#8221;. Os recuerdo que serán un total de siete relatos cortos (2 minutos de duración aproximada) y cada día sale uno nuevo. Comencemos. El camino que llevaba a Frizon atravesaba campos de cereales de gran extensión, y dejaba a la derecha una pequeña aglomeración<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-monjes/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Y sigue la mini-saga &#8220;Historias de Galia&#8221;. Os recuerdo que serán un total de siete relatos cortos (2 minutos de duración aproximada) y cada día sale uno nuevo. Comencemos.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Masía" src="http://farm3.static.flickr.com/2601/4102555583_502a3aee1b.jpg" alt="" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por Marcela Miramendia</p></div>
<p><span id="more-2881"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=fb6fa88" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=fb6fa88" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El camino que llevaba a Frizon atravesaba campos de cereales de gran extensión, y dejaba a la derecha una pequeña aglomeración de edificaciones pertenecientes a un château ocupado por el general draconiano que conquistó la población.</p>
<p>Saltaron el muro de piedra que delimitaba los terrenos del jardín delantero y se reunieron detrás de una caseta de madera usada como cobertizo. El único testigo: la luna.</p>
<p>-Bien, es hora de darles una lección a estos cerdos imperialistas -la voz del capitán Müller era tan extraña como siempre-. En esa mansión duerme el bastardo que ha tiranizado Frizon y toda la región oriental galiana. No puede salirse de rositas.</p>
<p>Unos minutos más tarde la ventana que daba a la cocina se rompía silenciosamente y por ella se colaban al interior los cinco soldados del capitán Müller, él, el sexto hombre, iba el segundo, poniendo caras raras y torciendo la boca como de costumbre. Tuvieron que llegar hasta la tercera planta usando los cuchillos, y por el camino dejaron un rastro de siete guardias degollados.</p>
<p>-Eliza, esa habitación es el objetivo; los aposentos reales, mademoiselle -Müller señalaba a una gran puerta de madera noble desde el otro lado del pasillo con la punta manchada de su cuchillo-. Vamos, bonita, a por él.</p>
<p>-¿Qué hago si hay guardias en el interior, señor?</p>
<p>-Matarlos, por supuesto.</p>
<p>-¿Con el cuchillo, señor? ¿A pesar de que me verán entrar por la puerta, y ellos estarán armados con armas de fuego, señor?</p>
<p>-En tal caso puede usar lo que usted quiera, Eliza. Pero no pierda el tiempo, ale, ale -la empujó por la espalda y él retrocedió con los demás hasta la esquina del corredor, justo en el principio de las escaleras.</p>
<p>Eliza abrió la puerta con el máximo sigilo que pudo. En una mano llevaba el cuchillo que relucía apagado con el resplandor de los pisos inferiores, en la otra, la pistola cargada y lista para ser usada en caso de emergencia. En el interior de la habitación había una gran cama una cabecera más grande aún. Sobre ella, un hombre resoplaba mientras soñaba historias bonitas, o eso supuso Eliza al verle la cara. Se acercó muy despacio caminando sobre sus puntillas y cuando estuvo a una distancia de medio metro le silenció con la mano de la pistola introduciéndole la culata en la boca. El hombre abrió los ojos al instante y con gesto horrorizado intentó zafarse de su verdugo. Pero no pudo. El cuchillo de Eliza se hundió en el cuello del general y las sábanas se tiñeron de rojo súbitamente.</p>
<p>-Buen trabajo, Eliza -dijo el capitán a sus espaldas susurrando-. Ahora volvamos para tomar una taza caliente de caldo de pollo, ¿te parece? -le guiñó un ojo en lo que Eliza no pudo discernir si era un gesto de complicidad o uno de los muchos tics del capitán.</p>
<p>Sin duda estaba en la escuadra más rara de toda la resistencia galiana.</p>
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		<title>[Historias de Galia] Sembrando penumbra</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 13:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tercera entrega de la nueva mini-saga. Os recuerdo que serán un total de 7 relatos cortos, cada uno de una longitud aproximada de 2 minutos de lectura. En total 14 minutos de media, así que no seas vago y deja la consola -¡Corred hacia la barricada! -la voz de un<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-sembrando-penumbra/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tercera entrega de la nueva mini-saga. Os recuerdo que serán un total de 7 relatos cortos, cada uno de una longitud aproximada de 2 minutos de lectura. En total 14 minutos de media, así que no seas vago y deja la consola <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Barricada" src="http://farm4.static.flickr.com/3533/3264332426_ea13e41aa1.jpg" alt="" width="500" height="375" /><p class="wp-caption-text">Foto por mafate69</p></div>
<p><span id="more-2877"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=173e53d" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=173e53d" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>-¡Corred hacia la barricada! -la voz de un desvalido capitán intentaba alzarse entre el caos sinfónico de las baterías de artillería draconiana. Los proyectiles llovían sin cesar y las explosiones provocaban sangrados internos en los oídos de la resistencia de Riburgo-. ¡Moved el culo y tomad esa barricada de una maldita vez!</p>
<p>Eliza corrió con los demás hacia el objetivo marcado por el capitán sorteando los socavones en el asfalto levantado. A su alrededor la gente se desplomaba en rígidas trayectorias cuando era alcanzada por las balas enemigas. Todo sucedió muy rápido.</p>
<p>Cinco minutos después Eliza veía al capitán, con la cabeza sangrando, encender un cigarillo y llevárselo a la boca lentamente. Expulsó el humo como si estuviera haciendo una obra de arte suspendida en el aire. Miró a Eliza y asintió con aprobación.</p>
<p>-Lo has hecho bien, muchacha, no todos los días se asalta una barricada de esa forma -señaló a un montículo de madera astillada cerca de los pies de ella-. Quiero que te reportes esta misma noche en la tienda verde del campamento sur. Di que vas de mi parte. Ellos sabrán de qué va la cosa.</p>
<p>-¿La tienda verde, señor? -sin quererlo desvió la mirada de los ojos del capitán y terminó fijándola en un cadáver tendido entre dos barriles de explosivos. Tenía la boca abierta y los ojos enfocando el infinito del cielo gris. Espesas nubes cubrían el rostro del sol apagado.</p>
<p>-Así es, será la única tienda que veas de ese color, así que no tienes por qué preocuparte -sonrió de lado y volvió a esculpir arte en humo.</p>
<p>-Sí, señor.</p>
<p>Dos horas más tarde, Eliza caminaba cabizbaja por la antigua avenida Rickert pensando en las palabras del capitán. ¿Qué había hecho ella para merecerse un destino especial? Intentando hacer memoria sólo conseguía recordar los segundos anteriores al asalto, cuando sus compañeros de pelotón morían en medio de la calle y decían adiós a hijos secuestrados y hola a padres asesinados. Lo siguiente estaba borroso; fugaces imágenes relámpago asaltaban su mente sin conseguir un recuerdo nítido y duradero.</p>
<p>-¿Quién eres tú? -preguntó un joven en la entrada del campamento sur. Apuntaba con su fusil a Eliza.</p>
<p>-Vengo de parte del capitán Braün. Tengo que reportarme en una tienda de color verde.</p>
<p>-Otro más para los chalados de Müller&#8230; -pareció que se le escaparon las palabras sin querer-. Pasa. ¡Ah, por cierto! Tienes la cara manchada de sangre, límpiate antes de ver al capitán Müller&#8230; aunque mejor pensado seguro que le gusta, déjatelo.</p>
<p>Entonces Eliza se fijó en su uniforme por primera vez en el día; el verde militar estaba teñido de rojo ya oscurecido. ¿Qué había hecho en la barricada para que pareciera que se había bañado con la sangre de los draconianos?</p>
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		<title>[Historias de Galia] Separación y génesis</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 16:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Eliza]]></category>
		<category><![CDATA[Historias de Galia]]></category>
		<category><![CDATA[huida]]></category>

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		<description><![CDATA[Segunda parte de &#8220;Historias de Galia&#8221;. En esta ocasión se sabrá un poco más del mundo que abarca la mini-saga. Que lo disfrutéis. La fila era tan larga que se perdía por entre las colinas que rodeaban a la histórica ciudad de Riburgo, más allá de los meandros del río<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-separacion-y-genesis/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de &#8220;Historias de Galia&#8221;. En esta ocasión se sabrá un poco más del mundo que abarca la mini-saga. Que lo disfrutéis.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Camino de huida" src="http://farm4.static.flickr.com/3160/3096763994_9801b11f48.jpg" alt="" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por gigi62</p></div>
<p><span id="more-2870"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=da73cb2" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=da73cb2" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La fila era tan larga que se perdía por entre las colinas que rodeaban a la histórica ciudad de Riburgo, más allá de los meandros del río Rine. En su mayoría estaba compuesta por mujeres que portaban niños y bultos a partes iguales, ancianas que a duras penas se sostenían con la ayuda de sus bastones y algún que otro joven muchacho que consiguió no ser separado de su familia. Sin embargo, más allá de la edad y todas las demás diferencias que se pudieran observar, todos tenían una cosa en común, algo tan elemental y tan vital como para darles a todos un destino parecido; eran los recién exiliados habitantes de Riburgo, ahora bajo el control de las llamas y los tanques del Imperio de Draconia.</p>
<p>La marcha estaba encabezada por el consejo popular que se había formado con urgencia en los días previos a las primeras bombas caídas del cielo, y el destino de la marcha no estaba muy claro, después de todo no importaba en exceso si allá donde terminasen estuviera muy lejos, tan lejos como para estar fuera del alcance de la artillería enemiga.</p>
<p>Pero si todavía quedaba algo de esperanza en sus afligidos corazones se terminaría apagando del todo con la aparición en el horizonte de un convoy de camiones draconianos. De ellos descendieron más de un centenar de soldados armados, tal vez cuatro o cinco pelotones al completo, y en pocos segundos se hicieron con el control de la fila que comenzaba a dispersarse cuando se apearon.</p>
<p>Un soldado de cara cortada y labios resecos abofeteó a una mujer indefensa que solamente intentaba guardar algo de agua para el viaje. &#8220;Adonde irás no necesitarás nada de esta mierda&#8221;, le dijo el soldado mientras le volvía a pegar en la cara. Los niños que iban con la mujer comenzaron a llorar y fueron silenciados con dos certeros disparos de pistola. La madre fue arrastrada por el pelo hacia uno de los camiones grises que esperaban en las colinas, y entre gritos y alaridos regó los caminos de Riburgo con amargas lágrimas de impotencia.</p>
<p>Pero las cosas no fueron muy diferentes en el resto de la fila, que poco a poco se fue transformando en hileras más pequeñas que eran conducidas a los camiones a paso rápido. Desde más allá del río seguían viniendo más camiones. En cierto momento dado, una anciana se negó a abandonar a su marido muy debilitado por el asedio, y como resultado de sus insistentes súplicas se le impuso un castigo consistente en varios azotes en su vieja espalda y lo que le dolió mucho más; el asesinato de su marido. Cuando su cuerpo se desplomó en el camino de tierra y su sangre comenzó a formar costras oscuras con la arenilla, la anciana se arrodilló y derramando lágrimas de incomprensión decidió que no podría vivir sin aquél al que había amado durante toda una vida. Su destino corrió por el mismo sendero.</p>
<p>Y así fue cómo la fila se terminó desintegrando entre ejecución y ejecución, y en medio de toda aquella barbarie una joven de oscuros cabellos como la noche permanecía en pie observando cada detalle con mucha atención. En un colgante que bailaba triste a la altura de su pecho una placa rezaba &#8220;Eliza&#8221;.</p>
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		<title>[Historias de Galia] Filo en la noche</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 18:48:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historias de Galia]]></category>
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		<category><![CDATA[Tercera Guerra Mundial]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy consciente de que tengo unas cuantas sagas abiertas sin terminar, y prometo que poco a poco, y a ritmo constante, las iré acercando a su final. Sin embargo, hoy he decidido hacer una mini-saga de tamaño muy reducido. Serán unos cuantos relatos muy pequeños que se publicarán a uno<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-filo-en-la-noche/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Soy consciente de que tengo unas cuantas sagas abiertas sin terminar, y prometo que poco a poco, y a ritmo constante, las iré acercando a su final. Sin embargo, hoy he decidido hacer una mini-saga de tamaño muy reducido. Serán unos cuantos relatos muy pequeños que se publicarán a uno por día durante toda una semana. Comencemos.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Luna" src="http://farm4.static.flickr.com/3646/3348254036_51524670a8.jpg" alt="" width="500" height="317" /><p class="wp-caption-text">Foto por Helge Carlsen</p></div>
<p><span id="more-2865"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=896e533" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=896e533" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Una calle cubierta de escombros arroja alargadas sombras a los soportales en ruinas cuando los nidos de ametralladoras descargan su ira contra algún pelotón perdido en la noche. El eco de las ametralladoras suena distante pero inquietante en su lejanía, haciendo mella en la debilitada psicología de una demacrada superviviente. Un obus impacta una centena de metros por delante suya y le lanza hormigón fragmentado a la cabeza. Ella se cubre detrás de un coche calcinado.</p>
<p>La luna se deja ver de vez en cuando entre el denso humo que escupen los tanques del Imperio de Draconia, y en esos momentos es cuando aprovecha para deslizarse entre los edificios derruidos intentando encontrar un lugar idóneo para su tarea. Unos pasos cercanos llaman su atención y se aprieta con fuerza contra lo que antes era una puerta de metal, sintiendo como la superficie áspera le araña la espalda; es una patrulla de tres hombres que parecen ignorar que están en plena invasión.</p>
<p>Ya ha decidido cómo actuará y comienza a extraer un cuchillo plateado de su funda de cuero roído. El sonido que produce el filo al rozar con la piel de vaca inunda momentáneamente sus oídos. Espera a que pasen por delante suya, cuenta tres. Salta con decisión y hunde el arma en el carnoso cuello del soldado más retrasado, quien no tiene ni tiempo para gritar de dolor, y aunque lo tuviera, el aire se le escaparía por el corte antes de poder emitir ningún mensaje de socorro. Los otros dos se dan la vuelta pero ella ya está encima. Deja el cuchillo clavado en el abdomen de un segundo y al tercero le golpea con fuerza en el mentón. Cuando éste cae al suelo ella se limita a coger de nuevo su cuchillo, ahora ensangrentado, para volver a emplearlo.</p>
<p>Sentada sobre los cadáveres de aquellos tres desgraciados que invaden su patria, Eliza se pregunta cuándo fue la última noche que pasó sin oler la sangre humana.</p>
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