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	<title>Meta-Relatos &#187; London</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>Tranquilidad reposada</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Apr 2010 20:01:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[bosque]]></category>
		<category><![CDATA[capilla]]></category>
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		<description><![CDATA[Un pequeño relato sobre el paso del tiempo y mundos olvidados. Personalmente me ha gustado mucho. Los rayos de sol se colaban por las grietas e impactaban directamente contra el suelo de cerámica rota. Las piedras que conformaban los muros estaban tan deterioradas que en algunas zonas el muro no<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/tranquilidad-reposada/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Un pequeño relato sobre el paso del tiempo y mundos olvidados. Personalmente me ha gustado mucho.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img class=" " src="http://farm4.static.flickr.com/3427/3911752260_88db67516f.jpg" alt="" width="500" height="334" /><p class="wp-caption-text">Foto por Stock in Customs</p></div>
<p><span id="more-2945"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=1ede095" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=1ede095" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Los rayos de sol se colaban por las grietas e impactaban directamente contra el suelo de cerámica rota. Las piedras que conformaban los muros estaban tan deterioradas que en algunas zonas el muro no existía. En la zonas donde sí lo hacía, las cicatrices de la impronta del tiempo dejaban pasar un magnífico espectáculo luminoso.</p>
<p>El techo, como los muros, se había venido abajo en gran medida, por lo que el cielo se podía divisar entre las hileras de bancos de madera vieja ya carcomida. Las nubes cruzaban con parsimonia el inmenso azul que radiaba en todas direcciones, una sensación de plenitud invandió el corazón de London cuando respiró el aire balsámico de la antigua capilla.</p>
<p>Quién diría que en medio del bosque quedaran en pie los restos de una antigua capilla glumeria, aquella civilización que por ser tan antigua ni se tenían datos escritos sobre su existencia. La única prueba de que estuvieron allí eran los restos, que como la capilla, permanecían desafiantes al paso del tiempo.</p>
<p>London recordó la primera vez que se aventuró en el bosque con su hermano. Tan sólo eran unos chiquillos y jugaron toda la tarde a los exploradores. El cielo era tan azul como entonces. Los pájaros trinaban desde las ramas y marcaban el sendero de una London risueña. Pero después de Aquello todo cambió, y London derivó en una persona apagada y consumida. Por eso el hallazgo de la capilla encendió una pequeña llama en su corazón; porque aquellas piedras agrietadas habían evocado en su memoria los tiempos en los que podía sonreír con tranquilidad.</p>
<p>Dedicó diez minutos a pasear por entre las columnas que quedaban en pie. Observó con gran detenimiento los glifos grabados en la piedra y las imágenes de carros tirados por criaturas ya extintas. Su abuelo le dijo una vez que las gentes de los prados del sur los llamaban caballos, y que hace siglos eran usados como medio de transporte común. A London se le hacía raro pensar en un viaje a lomos de un animal.</p>
<p>Un jilguero voló por el tejado y se introdujo en un capitel agujereado. Aquel hecho hizo que pensara en los agujeros que había por toda la capilla; piedras, madera, mármol, cerámica&#8230; en todas partes había orificios del tamaño de las bellotas, y tenían además el aspecto de haberse practicado en ráfagas consecutivas. Con ira y odio.</p>
<p>-¡London! ¡London, querida, dónde estás!</p>
<p>Una mujer asomó por uno de los rincones donde el muro había desaparecido.</p>
<p>-Por fin te encuentro. El maese Treband lleva casi media hora queriendo reanudar la marcha, y su humor ha empeorado tanto que ya no es tolerante para las exploraciones de una chiquilla como tú.</p>
<p>-Marcia, ya no soy una chiquilla -contestó London con enfado.</p>
<p>-Yo sí que no soy una chiquilla. ¡Mírame! ¡Vieja y cansada, incapaz de interesarme por los placeres del bosque!</p>
<p>-Mejor nos ponemos en marcha -comentó London mientras se acercaba a Marcia-. No queremos que maese Treband acabe fulminado por su impaciencia, ¿verdad?</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Apariciones fugaces</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 15:53:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Ellen]]></category>
		<category><![CDATA[London]]></category>
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		<category><![CDATA[recuerdo]]></category>

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		<description><![CDATA[Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia. La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-apariciones-fugaces/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><a href="http://www.flickr.com/photos/lovestruck94/3255420745/sizes/l/"><img class=" " title="Nieve corazones" src="http://farm4.static.flickr.com/3333/3255420745_3b98aaf2ca_b.jpg" alt="Foto por lovestruck." width="501" height="342" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por lovestruck.</p></div>
<p><span id="more-2743"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas en sus diminutas estrellas, diez mil destellos proyectando la magia invernal sobre una ciudad apagada por las llamas de la guerra en el mundo.</p>
<p>London camina por la acera con paso lento y distraído, observando el trajín de la calle y admirándose con la fuerza de voluntad de aquellas personas. Tres años han pasado desde que Ellen se despidiera súbitamente y se marchase de Brighton en busca de una vida repleta de sueños y fantasías de la infancia. No tuvo que pasar mucho tiempo para que London pudiese verla en las salas de cine; Ellen brillaba en la gran pantalla como las estrellas en el firmamento, llenando de color los fotogramas a pesar del blanco y negro de la época. London está muy orgullosa de ella, pero también muy melancólica.</p>
<p>Cada vez se ven más aviones surcar el cielo como pájaros en plena migración, grandes bombarderos alemanes con destino Londres para sumir la ciudad en un caos de ruinas pétreas y polvo ceniciento que se mete en los pulmones de los niños y mujeres. London ha tenido que aprender a ponerse una máscara de gas en menos de un minuto. La capital del país puede quedar en ruinas, pero la moral del Reino Unido jamás decaera, o eso es lo que dicen los periódicos; la realidad está bastante lejos de los titulares.</p>
<p>De poco en poco, uno de los aviones es un transporte aéreo de correo transatlántico cargado de paquetes, cartas y víveres varios. Entre todo eso viajan las cartas que escribe Ellen con letra pulcra y minimalista, hojas enteras de vivencias en Hollywood y grandes fiestas en Los Angeles, sin embargo, cada vez llegan menos cartas. London que está muy centrada en sus estudios matemáticos sobre la teoría de números de Pierre de Fermat, intuye que la causa de que reciba menos cartas de Ellen está en una mezcla de razones obvias de logística -la Segunda Guerra Mundial se cobra muchos aviones en el aire-, y un variado de hechos fácticos dados en California, concretamente en Hollywood, en otras palabras; Ellen no tiene tiempo para escribir a London. Al menos eso es lo que quiere pensar ella desde el consuelo de los números, pues en las probabilidades lógicas bien podría entrar con cierto peso relativo el hecho de que Ellen ya no quiera escribirla.</p>
<p>Así que London pasea por la calle mientras contempla los Spitfire volar entre las nubes grises mientras de ellas la nieve cae lentamente en grandes copos blancos. Se pregunta cuántos cazas alemanes derribarán hoy en el Canal de la Mancha.</p>
<p>Si al menos tuviera un medio de transporte seguro para llegar a Estados Unidos, iría a verla, pero los submarinos alemanes hunden a diario barcos de la Marina Real y otros tantos de la mercante. El cielo es más seguro, pero no del todo, y conseguir un visado en plena guerra es algo por lo que London no puede pasar. Además están sus estudios&#8230;</p>
<p>Un camión militar gira la curva y salpica de aguanieve negruzca todo lo que estuviese en un radio de tres metros, incluyendo a London. El camión se aleja a gran velocidad quedando en una simple mota verde diminuta donde no se pueden distinguir las cabezas de los soldados que se embarcarán para luchar en Francia. Otro camión; esta vez London ha aprendido la dinámica de la nieve derretida en la calzada.</p>
<p>Un cartel enorme en la puerta del cine muestra una joven de grandes ojos vivos y de sonrisa perlada. Ver a Ellen allí es tan ilusorio como imaginársela a su lado, sin embargo no puede evitar tocarla la mejilla de celulosa mojada por la nieve y estremecerse en lo más profundo de su alma. ¿Qué estarás haciendo, Ellen?</p>
<p>El ruido de los motores de los Spitfire retumba en su cráneo como una banda de percusión.</p>
<p>Cree ver a su amada en cada esquina, pero siempre, sin cabida al error, termina desapareciendo entre la nieve.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Distancia</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 14:29:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis. Querida London: Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-distancia/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Words of Love" src="http://farm3.static.flickr.com/2438/3553702617_075f65f8bc_b.jpg" alt="Foto por DaveBinM" width="501" height="334" /><p class="wp-caption-text">Foto por DaveBinM</p></div>
<p><span id="more-2740"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Querida London:</p>
<p>Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos en la carretera, así que perdona la mala letra.</p>
<p>Siento mucho que todo haya sucedido tan rápido, de verdad, lo siento, pero era una oportunidad que no podía dejar escapar. Ya sabes que desde pequeña siempre he querido actuar y qué mejor lugar que Estados Unidos, la fábrica del cine moderno. Los americanos de la agencia se pusieron muy contentos con mi audición, dijeron que nunca habían visto nada parecido en una chica tan joven, ¡realmente estaban emocionados! Yo no me lo podía creer. El simple hecho de quedar para el papel protagonista ya me parecía un bello sueño, pero nunca pensaría que me darían la oportunidad de probar suerte en Hollywood.</p>
<p>Ahora sé por qué pude brillar sobre las tablas del escenario aquella tarde; fue sin duda por qué tú estabas en mi corazón, presente en lo más profundo de mis sentimientos brillando como un lucero en la noche más oscura del invierno. Yo simplemente seguí tu estela, la impronta que tu presencia ha dejado en mi vida, indelebles huellas que me dicen siempre cómo vivir. Sé que suena muy ñoño, pero es así.</p>
<p>Si no te conté nada fue porque sabía que tú te sentirías muy triste, pero lo que más me dolía era saber que nunca me pararías, nunca me retendrías en nuestra amada Inglaterra para permanecer juntas porque sé que tú quieres ver cumplido el sueño de mi infancia. Y eso me dolía en el alma. Necesitaba una despedida forzada, un adiós desgarrado por las prisas del tiempo donde la cabeza no pudiera reaccionar con margen. Algo me dice que tú también te habrías embarcado conmigo, dejando de lado tus estudios&#8230; ¡ahora que estás tan cerca de Cambridge! No lo podía permitir. Hemos luchado mucho por ello.</p>
<p>Espero que me sepas perdonar y comprendas los motivos de mis acciones, siempre he vivido desde el amor que te profeso. Echaré de menos la playa de Brighton y la hierba fresca bailando con la brisa, pero definitivamente nada será igual sin tus caricias y abrazos. Mis labios todavía recuerdan los tuyos, creo que nunca lo podré olvidar.</p>
<p>Esto no es un adiós sino un hasta luego, y anhelo con vehemente fuerza el día en el que volvamos a vernos.</p>
<p>Te escribiré pronto, cuando sepa mi dirección aquí en Los Angeles.</p>
<p>Siempre tuya y con amor. Te quiere:</p>
<p>Ellen.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Separaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 19:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[adiós]]></category>
		<category><![CDATA[Brighton]]></category>
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		<description><![CDATA[Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-separaciones/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música perfecta, fotos y una historia en mi cabeza que pedía a gritos ser liberada. Así que un 8 de octubre de 2009 decido hacer un primer borrador, que por cierto, <a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-avance-de-una-historia/" target="_blank">podéis leer haciendo click aquí</a>, pero ahí se quedó el proyecto.</p>
<p>Es hora de redimirme. Es hora de crear &#8220;Nubes en el cielo&#8221;.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Faro en playa" src="http://farm4.static.flickr.com/3147/2983423481_62d03789d0_o.jpg" alt="Foto por Max" width="501" height="394" /><p class="wp-caption-text">Foto por Max</p></div>
<p><span id="more-2729"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>London y Ellen compartían más que un pupitre en la escuela parroquial, sus habitaciones eran las dos caras de una misma pared, así que dormían cabeza con cabeza a pesar del muro de ladrillos que las separaba. Además de ser vecinas y compañeras de clase, London y Ellen eran grandes amigas, las mejores de todo Brighton. Se conocieron cuando London llegó desde Essex y fue presentada en la única clase de primero de primaria. Cuando sus miradas se cruzaron en el corto espacio de aula que las separaba supieron instantáneamente que habían nacido para estar juntas.</p>
<p>La sorpresa llegó cuando Ellen regresaba del colegio aquel mediodía. Durante todo el camino no pudo olvidar la sonrisa de su nueva compañera, era una imagen tan feliz que se sentía realmente bien cuando la recordaba. En las escaleras de entrada al viejo edificio donde vivía se había formado cierto jaleo, al parecer, unos nuevos inquilinos llegaban al piso que habían dejado vacío los McKee días atrás. Los mozos de la mudanza transportaban grandes bultos envueltos en plásticos transparentes, mientras, una señora de pelo liso y largo daba nerviosas indicaciones a los trabajadores que parecían ignorarla. Ellen se quedó petrificada cuando descubrió que la hija de los Rose, los nuevos inquilinos, no era otra que London, su nueva compañera de clase.</p>
<p>Desde aquel maravilloso día, London y Ellen compartieron las mejores experiencias de sus infantiles vidas. El paso de diez largo años no pareció afectar a su íntima relación, que parecía permanecer tal y como era durante los primeros días de su encuentro.</p>
<p>Las primaveras sucedieron a los fríos inviernos una y otra vez hasta que las chicas cumplieron 16 años. Para entonces, las dos juntas ya podían conseguir cualquier reto que se propusieran. Por difícil que fuera siempre salían adelante. Atrás quedaron los años de colegio y enseñanza. Lo poco que ganaban sus familias apenas llegaba para el alquiler del piso, la ropa y la comida. Ellen trabajaba como oficinista en un edificio moderno del centro de la ciudad, mientras que London, fue de las primeras mujeres reclutadas para el esfuerzo bélico de la patria. Las tardes oscuras de aquel otoño pasaban muy lentas tras los grandes ventanales del cuartel agrietado, donde London, terminaba su turno a las ocho de la noche con la espalda dolorida y la vista cansada. Su trabajo era mecánico y aburrido; clasificar fichas perforadas con información de la Unidad de Radio y Transmisiones; Alemanía había invadido Polonia y a los ingleses les inquietaba el hecho.</p>
<p>Cada noche cuando las luces se apagaban en el barracón número cuatro y las tres decenas de mujeres volvían agotadas a sus casas, London se distraía mirando el firmamento desde un viejo embarcadero sobre la suave arena de la playa de Brighton. Pocos minutos más tarde solía llegar Ellen, quien se descalzaba para no hacer ruido y con el cuidado infantil del que vive en la inocencia susurraba bonitas palabras de consuelo. A London le gustaba que Ellen llegase inesperadametne por detrás y le dijese todas aquellas cosas al oído en un tono de voz tan bajo que hasta las olas del mar sentían curiosidad. El pelo se le erizaba desde la nuca hasta los brazos, y aunque sabía de antemano que Ellen llegaría en algún momento, London cada noche fingía que era la primera vez.</p>
<p>-El uniforme militar te sienta muy bien -era la apertura favorita de Ellen. Después la cogía por la solapa y asentía con una sonrisa tímida en los labios-. Definitivamente me gusta.</p>
<p>London no podía más que mirarla a los ojos, donde el reflejo de la luna proyectaba sueños fractales en progresión aritmética; dos distraídas esmeraldas que en las noches de otoño brillaban con el fulgor de las batallas narradas en los libros de Historia.</p>
<p>-Deja que me pruebe el uniforme&#8230;</p>
<p>Después se abrazaban y se fundían en un único cuerpo que resplandecía entre la frescura de la brisa marina. Labios tornándose en amalgamas de pasiones cohibidas, sentimientos encerrados en cárceles interiores donde las llaves no tienen cabida alguna. Un secreto que debían mantener en el silencio de lo desconocido a pesar de sentir lo que nunca dos humanos habían sentido.</p>
<p>Que dos mujeres se quisiesen en el Reino Unido era como que el cielo y la tierra no estaban separados. Pero allí, bajo el abrigo de la arena y junto a los llantos de las olas rompiendo en la costa, London y Ellen podían ser ellas mismas, expresar su amor y vivir de forma plena, solamente con la luna por testigo y los luceros como guías indelebles del camino a seguir.</p>
<p>Cuando la última hoja de roble tocó el suelo en un remolino de marrones pardos como un mosaico térreo dispuesto por capricho divino para deleite de los hombres, London decidió que explotaría la Ley Fisher de 1918 para seguir con sus estudios; estaba interesada en física y matemáticas. Ellen disfrutaba más la felicidad de London que la propia London, así que la ayudó con sus padres quienes eran reacios a que su hija mayor estudiase en lugar de trabajar por la familia y el país. Juntas consiguieron de nuevo lo imposible; ingresaría en el Instituto para formarse de cara a la universidad. Aquello costaría una buena suma de dinero, así que London tuvo que trabajar a tiempo parcial en el negocio de un familiar como dependienta. A la Marina Real pareció darle igual su deserción.</p>
<p>London pasaba cada vez más tardes enfrascada en complejas lecturas que para Ellen significaban todo en el universo. Ella no comprendía ni una fórmula que los ojos de su alma gemala devoraban con rauda impaciencia, pero el simple hecho de verla tan contenta y sonriendo a escondidas cuando terminaba de comprender un teorema era razón suficiente para querer ella también a las matemáticas.</p>
<p>De esta forma llegó el verano y con él el bueno tiempo definitivamente. Sobre un prado verde expuesto a la belleza de un mar lleno de reflejos y destellos brillantes, London leía tirada en la hierba un fabuloso libro de Bertrand Russell. Ellen apareció como siempre por detrás y se quedó muy quieta a su lado, contemplándola disfrutar con cada página que pasaba entre sus delicados dedos. Le besó la mejilla cuidadosamente y London contestó con una amplia sonrisa. Después otro beso.</p>
<p>-Me gusta cuando lees -la voz de Ellen era sincera y llena de ternura-. Eres London en esencia pura.</p>
<p>-¿Cómo es eso? -London rio sin borrar la sonrisa de sus labios.</p>
<p>-Tus ojos brillan de ambicion y fuerza. Es lo que más me gusta de ti; te propones lo imposible para otros.</p>
<p>London dejó el libro sobre la hierba y con las manos liberadas peinó el flequillo de Ellen. Su cabello bailaba con el viento que venía desde Francia formando en el aire formas suspendidas de etérea magnitud. Cuando London se miraba en sus ojos verdes Ellen siempre se ruborizaba como una niña pequeña. Después descendió su mano por el cuello de Ellen y notó el calor de su cuerpo fluir por su interior, hasta llegar al pecho, donde el corazón latía con fuerza y velocidad.</p>
<p>-Tú también me gustas mucho.</p>
<p>Se besaron dejando volar el viento entre sus mentones, canales invisibles de balsámico aroma que creaban el Edén en la Tierra.</p>
<p>Cuando London se separó del rostro de Ellen notó que tenía las mejillas mojadas; Ellen estaba llorando. Sus lágrimas emitían brillos bajo el sol, simplemente como el mar.</p>
<p>-London&#8230; -comenzó entre sollozos-. En unos días parto a Estados Unidos.</p>
<p>El corazón de London describió la arcotangente más perversa de la trigonometría. Sus cerebro impactado por la fuerza de las palabras de Ellen no podía ni reaccionar, así que sus ojos lloraron días después, cuando ella ya no estaba.</p>
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		<title>Emociones desde un tejado</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Dec 2009 20:17:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experimentales]]></category>
		<category><![CDATA[Verso libre]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[London]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[Últimamente me gusta tanto escribir en tiempo presente que no puedo parar de imaginar posibles relatos en mi cabeza. Esta vez, lejos de los delirios de Jim Hoffard, os traigo una historia melancólica llena de dobles sentidos y referencias filosóficas que tal vez, el no iniciado en ciertas materias no<a href="http://www.metarelatos.com/verso-libre/emociones-desde-un-tejado/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Últimamente me gusta tanto escribir en tiempo presente que no puedo parar de imaginar posibles relatos en mi cabeza. Esta vez, lejos de los delirios de Jim Hoffard, os traigo una historia melancólica llena de dobles sentidos y referencias filosóficas que tal vez, el no iniciado en ciertas materias no entienda a la primera. Os animo a exprimir el sentido del texto.</p>
<p>Nota: es la primera vez que uso un vídeo de YT como fuente musical. Esto es así porque no he sido capaz de encontrar esa versión para descargar, y sinceramente, no podría estar mejor interpretada.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2265/2235883654_07c9a10161.jpg" alt="" width="500" height="333" /><p class="wp-caption-text">Foto por Fr Antunes</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2716"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="445" height="364" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/jT-E7lvnmOU&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x2b405b&amp;color2=0x6b8ab6&amp;border=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="445" height="364" src="http://www.youtube.com/v/jT-E7lvnmOU&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x2b405b&amp;color2=0x6b8ab6&amp;border=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Y London se pregunta qué pasa cuando la gente muere. Sentada en el vano de la ventana observa la gente pasear por las calles cubiertas de gris mármol, aire gélido que trae sonatas árticas de lugares más fríos y helados, tundras extensas donde las vivencias humanas seguramente sean la única fuente de energía. Pero, ¿qué pasa cuando la gente muere?</p>
<p>Se lleva la taza a los labios y experimenta el sabor cálido y tierno del té, abrigo de consuelo para una tarde de nubes en el cielo. Sus manos envueltas en las mangas del jersey sujetan la taza con gracia infantil, una imagen fractal de un solo color triste y apagado; la llama de sus ojos ahora marchita por no conocer la respuesta a los interrogantes de su existencia.</p>
<p>La Filosofía podría aclarar ciertas cosas, pero a London le parece todo fruto del capricho humano, construcciones en el aire que se desvanecen cuando el viento sopla fuerte, barracones filosóficos que se desploman con la interpolación de medios aritméticos entre uno y un millón de posibles posibilidades vitales. La vida es demasiado compleja como para entenderla solamente con la cabeza.</p>
<p>Y su corazón late más fuerte cuando descubre el velo ante sus ojos, distancia focal apuntando al infinito desde un plano nodal fragmentado y roto por las ironías de la vida. Ahora lo ve todo más claro, siempre desde el culo de la botella, siempre desde detrás de la ventana, siempre desde el jardín. ¿Dónde está la escalera que lleva al tejado?</p>
<p>Abrazos rotos en relaciones perdidas, resultados imprevisibles de las acciones con buenas intenciones, futuro que se construye con los senderos alternativos de lo deseado. Gente que se marcha sin decir adiós y gente que llega diciendo adiós. Gente que se marcha con una sonrisa en los labios y gente que parte lejos de ella con el corazón muerto. Recíproca existencia que orbita en la base insustancial de unos y ceros en cadenas de compleja longitud, sinsentidos abstractos carentes del calor del alma, de la sustancia apegada a lo carnal y que está condenada a extinguirse en el amanecer de la noche.</p>
<p>Una paloma se posa cerca y agita sus alas con potente omnipresencia.</p>
<p>Las nubes en el cielo cabalgan raudas hacia el horizonte en busca de lo perdido, tesoros hundidos en el cieno de lo que no es divino. Tesoros en la cercanía, mapas con cruces sobre el terreno que doblegan la voluntad del férreo. Puede que la vida no tenga muerte, piensa, y que la vida sea la muerte de otra cosa. Final como principio y principio como final de lo pasado, cadenas cíclicas que se enrevesan en sus sentimientos como serpientes míticas.</p>
<p>Trinomios cuadrados perfectos que componen la música de su despertar, basamento de lo que pisa, pero algo falta; falta el sentido. Perspectiva intrínseca objetiva de las cosas que estallan en mil pedazos de duradero prejuicio. Error focal o carencia de emoción. Existencia de un mundo propio al alcance de la mano; no, se repite con tono pausado, no al alcance de la mano, desde la mano por la mano. Entonces, mundo comprimido en un unidad interactiva de flujos ambientales con disposición interna. Tiempo perdido en fórmulas innovadoras. Galaxias encerradas en el tamaño de un cerebro, mundos sin explorar cuando abrimos los ojos.</p>
<p>Y London lo sabe poco a poco.</p>
<p>Y London consigue subir al tejado porque encontró la escalera.</p>
<p>Vistas preciosas desde las alturas de la autoreflexión, mapas cartográficos que cambian con el susurro de sus palabras, labios carnales de volumen abstrayente y alevosía imprimida en pestañas que agitan el cosmos.</p>
<p>Disfruta de nuevo del té entre sus manos y se pregunta una vez más; ¿qué pasa cuando la gente muere?</p>
<p>Y London tira de una patada la escalera que la ascendió al tejado.</p>
<p>Tal vez, dice a su propio reflejo en el cristal sombrío, tal vez, todos estemos ya muertos.</p>
<p>Y London vive el día como si fuera la noche y la noche como si fuera un sueño, siempre con la esperanza de morir en el seno de la vida para no bajar jamás de aquel tejado, para sellar sus labios en el apasionado beso del orden del universo, para callar cuando ama lo ordenado en el desorden de su cabeza.</p>
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		<title>La niña y el cielo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2009 18:36:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[globo]]></category>
		<category><![CDATA[infantil]]></category>
		<category><![CDATA[London]]></category>
		<category><![CDATA[niña]]></category>

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		<description><![CDATA[Me sentía tan abrumado y molesto tras publicar Ataduras que he tenido que quitarme el mal sabor de boca al instante. Hoy recordé gracias a rgh una buena frase. La escribió Brian K. Vaughan refiriéndose a Mark Millar. Dice así: &#8220;Los artistas que crean mundos sinistros son normalmente mejores seres<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/la-nina-y-el-cielo/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Me sentía tan abrumado y molesto tras publicar <a href="http://www.metarelatos.com/experimentales/ataduras-18/" target="_blank">Ataduras</a> que he tenido que quitarme el mal sabor de boca al instante.</p>
<p>Hoy recordé gracias a rgh una buena frase. La escribió Brian K. Vaughan refiriéndose a Mark Millar. Dice así: &#8220;Los artistas que crean mundos sinistros son normalmente mejores seres humanos, presumiblemente porque consiguen purgar en la ficción toda esa mierda que nos hace al resto tan miserables y cabrones.&#8221; Por eso ahora os dejo con un cuento infantil <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_biggrin.gif' alt=':D' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 514px"><img class="   " title="Cielo" src="http://www.artofokami.com/images/backgrounds/backgrounds_18.jpg" alt="Foto de Art of Okami" width="504" height="358" /><p class="wp-caption-text">Foto de Art of Okami</p></div>
<p><span id="more-2434"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=35947e0" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=35947e0" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>London vivía en las nubes, sobre el cielo azul de Francia en constante movimiento. No es una metáfora; vivía en un globo aerostático.</p>
<p>En menos de cuatro metros cuadrados vivía con la única compañía de su oso de peluche, quien tenía la manía de enmudecer cuando los patos volaban cerca o las tormentas amenazaban su vivienda, sin embargo, el resto del tiempo era un compañero perfecto.</p>
<p>Una cocina maltrecha y una silla con una pequeña mesa servían a London en su estudio de los campos, ríos y bosques. Con unos viejos prismáticos observaba los pueblos, y aunque tan sólo tenía siete años, ya escribía resuelta y sin vacilación anotaciones meteorológicas al nivel de un profesional; después de todo siempre había estado allí, suspendida en aquel globo que bailaba con el viento y viajaba hermanado con las nubes de algodón.</p>
<p>London nunca soñó con bajar, aunque sabía que algún día llegaría el momento de pisar tierra por primera vez, y muchas noches, tras divisar el ocaso a vista de pájaro se preguntaba cómo se sentiría al poner su pie en tierra firme, al caminar y correr por el césped sin mirar atrás, mucho menos abajo.</p>
<p>La vida en el globo era una maravilla, pero también quería disfrutar de lo que desde allí veía. Aquel día llegaría y sin duda, ella, lo disfrutaría.</p>
<p>Dejaría de ser la niña globo para ser la niña que una vez vivió en el cielo; en un globo.</p>
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