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	<title>Meta-Relatos &#187; muerte</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>Cambio de turno</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 08:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro.D.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hechos reales]]></category>
		<category><![CDATA[hechos reales]]></category>
		<category><![CDATA[locura]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[niño]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy dejo un poco de lado la historia de Ian para poder dedicarle mucho más tiempo para el nuevo capítulo. Os dejo una experiencia personal que me dio que pensar. Muy recomendable la canción también. Un fuerte abrazo a mis compañeras enfermeras porque me habéis dado muchísimo en tan poco tiempo.  Pasaban los segundos<a href="http://www.metarelatos.com/hechos-reales/cambio-de-turno/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Hoy dejo un poco de lado la historia de Ian para poder dedicarle mucho más tiempo para el nuevo capítulo. Os dejo una experiencia personal que me dio que pensar. Muy recomendable la canción también. Un fuerte abrazo a mis compañeras enfermeras porque me habéis dado muchísimo en tan poco tiempo. </em></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 489px"><a title="A Funeral For The Innocent por Tomasito.!, en Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/23101599@N03/3641097756/"><img title="Cambio de turno" src="http://farm4.staticflickr.com/3380/3641097756_26315fedaf.jpg" alt="A Funeral For The Innocent" width="479" height="500" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por Tomasito</p></div>
<p><object width="353" height="132" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=b50fa2b" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed width="353" height="132" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=b50fa2b" wmode="transparent" quality="high" /></object></p>
<p style="text-align: justify;">Pasaban los segundos como si fueran ladrillos. Una gota de sudor le bajaba por la sien de manera vaga, su tez estaba pálida y sus pupilas dilatadas. Sentía una presión en el pecho que no le dejaba respirar. Otro segundo. La más fina de las agujas del reloj se paró de nuevo y quedó en el 6.</p>
<p style="text-align: justify;">Notaba su propio aliento chocar contra la mascarilla que le cubría la boca y la nariz. Su bata de pulcro blanco estaba manchada de rojo vivo. Sus manos rígidas se apoyaban en un pequeño cuerpo, pálido y lleno de moratones. Otro segundo. Roger apartó la vista del reloj. Un pitido le taladraba la cabeza. Suspiró, miró a su compañero y exclamó:</p>
<p style="text-align: justify;">– Hora de la muerte 3:37 de la mañana.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvió su mirada nuevamente hacia sus compañeros que andaban llenando papeleo. Justo al lado una enfermera empezaba a desconectar todas las alarmas, y a colocar la medicación que habían utilizado para tratar de frenar la parada cardiaca. Roger seguía con los brazos extendidos sobre el cuerpo del niño. Nadie les prestaba atención. Todo el mundo se encontraba en su rutina post-exitus. Apartó sus manos y cogió el informe de la ambulancia. En él se contaba cómo se habían encontrado a la criatura tirada en una acera con múltiples traumatismos en todo su cuerpo. Por lo visto, el pobre niño se había precipitado por la ventana de un octavo piso.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro segundo más. Salió de la sala de urgencias, aún con los guantes y la bata llena de sangre. A la salida se encontró a 2 policías nacionales con una mujer. Era gorda, con un vestido azul oscuro con lunares blancos, medias marrones, con el pelo ondulado cayéndole por la cara, graso y sucio. Tenía arrugas por toda su cara y un ligero bigote negro bastante apreciable. No hacía falta decir que era fea.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro segundo. Los policías le dieron el alto y le preguntaron por el estado del niño. Al decírselo, Roger preguntó ¿para qué lo querían saber? Entonces ocurrió lo peor, los agentes le contaron que aquella mujer había reconocido haber tirado al niño por la ventana, y que por lo visto era la madre. Estaba pendiente de una consulta en psiquiatría.</p>
<p style="text-align: justify;">Roger miró de nuevo su rostro. La mirada de la mujer estaba perdida en el infinito y en ningún momento cruzó la mirada con Roger. Parecía ser, que su cabeza no estaba en la misma sala que su cuerpo. Un desprecio le emergió de lo más profundo y sintió rencor y compasión por la mujer enferma. Otro segundo más. Cruzó la puerta de su despacho, se sentó en su ordenador y comenzó a mirar al infinito. Pensó de nuevo en aquel niño, en por qué tuvo la mala suerte de cruzarse con una situación así. ¿Era consciente esa mujer de la atrocidad que había hecho? O ¿Simplemente, no llegó a sentir absolutamente nada? Roger sintió nauseas de súbito. Parecía que la pérdida de aquel infante le había afectado más de lo que solía. Trató de no pensar más. Miró su reloj de muñeca, rio y se dijo a si mismo: “Ya no me preocupa, son las 4 y he terminado mi turno.”</p>
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		<title>[Machair] Muerte en la noche</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 12:59:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Archival]]></category>
		<category><![CDATA[lucha]]></category>
		<category><![CDATA[Machair]]></category>
		<category><![CDATA[magia]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Archival se enfrenta contra dos mercenarios en un duelo a muerte. ¿Será nuestro mago capaz de hacer frente a dos profesionales del asesinato? El primer movimiento tenía que ser suyo si quería reducir la desventaja de ser uno contra dos. Saltó por encima de los arbustos y con un movimiento<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/machair-muerte-en-la-noche/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Archival se enfrenta contra dos mercenarios en un duelo a muerte. ¿Será nuestro mago capaz de hacer frente a dos profesionales del asesinato?</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img alt="" src="http://farm4.static.flickr.com/3044/3104766775_03238d7626.jpg" width="500" height="336" /><p class="wp-caption-text">Foto por SonOfJordan</p></div>
<p><span id="more-3551"></span></p>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=80e7d55" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>El primer movimiento tenía que ser suyo si quería reducir la desventaja de ser uno contra dos. Saltó por encima de los arbustos y con un movimiento de muñeca hizo brotar una bola luminiscente que salió disparada hacia el que vertía la sangre en la tierra. Pero no sucedió como Archival esperaba. El hechizo, que no era más que un ataque básico para ganar tiempo, rebotó a escasos pasos del objetivo y se perdió en la oscuridad del cielo nocturno. Ahora los mercenarios sabían que tenían compañía.</p>
<p>-¡Estúpido! ¿Te creías que empezaríamos a preparar el conjuro arcano sin levantar una protección? -gritó el de la sangre-. ¿Y tú eres el emisario especial del Círculo?</p>
<p>Ambos hombres rieron desde detrás de la barrera contemplando cómo Archival detenía su enérgica carrera. Entonces sucedió. Vieron al hombre de sombrero picudo extender el brazo y a sus labios murmurar unas cortas palabras. En la tierra comenzaron a brillar series infinitas de líneas y círculos enmarañados que terminaron por expulsar lentamente de la tierra un bastón. El arma era de alta como el mago, y estaba formada por dos serpientes de madera enroscadas entre sí para finalizar mordiendo un objeto arcano.</p>
<p>-Si me disculpan, caballeros&#8230; -golpeó el suelo con el bastón y la barrera invisible se rompió en mil esquirlas que centellearon a la luz de la luna-. Mucho mejor, ¿no les parece?</p>
<p>Ahora que estaban indefensos los mercenarios comprendieron que tenían que hacer frente a Archival si querían terminar su trabajo. Desenfundaron sus espadas y no se pensaron dos veces el cortar en pedacitos al mago.</p>
<p>-Esto va a ser muy divertido -dijo Archival mientras volvía a golpear el suelo con el bastón haciendo que la tierra cediera bajo los pies de sus adversarios.</p>
<p>El truco funcionó a medias ya que uno de los hombres pudo saltar a tiempo y encararse con Archival. Descargó un fuerte golpe con la espada, uno de esos mandobles pesados lanzados desde la cabeza y que pueden cortar a un hombre en dos. Archival se defendió con el bastón el cual no sufrió ni un rasguño. Las estocadas y los mandobles se sucedieron rápidamente dejando sin aliento a Archival. Era un buen luchador, sus servicios debieron costar lo suyo en oro.</p>
<p>Tras los primeros ataques fallidos el espadachín decidió cambiar de estrategia y buscó un contacto más directo. Redujo la distancia un paso y sujetó la empuñadura del arma un poco más corta para compensar el cambio. Archival aprovechó aquel momento para cargar con el hombro y desequilibrarle, sin embargo, el mercenario pesaba demasiado y lo único que consiguió fueron sus burlas. Sin perder ni un momento elevó con ambas manos el bastón y golpeó su mentón con la cabeza de las serpientes. Aquello sí que hizo efecto.</p>
<p>-Bastardo&#8230; -dijo el espadachín escupiendo sangre y varios dientes-. ¡Vaya! Pero qué tenemos aquí, ¿no es eso una insignia de Kahn Radais? -preguntó señalando al objeto que mordían las serpientes.</p>
<p>-Eso no es de su incumbencia -y le volvió a golpear en la cara con el bastón.</p>
<p>-Eres hombre muerto, mago.</p>
<p>Cegado por la rabia el mercenario levantó ambos brazos para asestar un potente mandoble con todo su peso. Archival leyó bien la oportunidad y dando un rápido paso al frente pudo alcanzar su pecho con la palma de la mano izquierda. El contacto produjo un fuerte estruendo y una onda escarlata hizo saltar por los aires al espadachín. Ese aterrizaje debe haber dolido, pensó Archival mientras se acercaba tranquilamente. El hombre yacía en el suelo inerte y en su armadura estaba destrozada en forma de mano humana. La herida todavía humeaba.</p>
<p>-Lo siento, amigo, pero no me apetece hacer el trabajo sucio -susurró a la oreja del muerto.</p>
<p>De la boca de Archival brotó un ánima azulada que se introdujo en el mercenario y le hizo volver a la vida siniestramente. Sus ojos brillaban levemente con un fulgor apagado característico de los recién levantados.</p>
<p>-Ahora coge tu espada, que está allí -dijo señalándola-, y ve a saludar a tu amigo en el hoyo. Cuando acabes asegúrate que sufres el mismo final que él.</p>
<p>El no-muerto obedeció sin más y con paso lento agarró la espada del suelo y se dirigió hacia el hoyo. Archival observaba inmóvil en el sitio con postura paternal, como si estuviera orgulloso del retoño que ha conseguido satisfacer con creces las expectativas paternas. Sin embargo, cuando el cadáver andante estaba apunto de saltar al interior del agujero Archival le detuvo sobresaltado.</p>
<p>-¡Espera! ¡Espera! -gritó corriendo hacia él-. ¡Madre mía, casi se me olvida! Déjame interrogar primero a tu amigo, ¿quieres? -el no-muerto le contestó con cara de indiferencia-. Muy bien, tranquilo, después tendrás tu dosis de violencia, pero primero déjame hacer mi trabajo.</p>
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		<title>Adiós, maestro</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 21:25:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Verso libre]]></category>
		<category><![CDATA[El guardián entre el centeno]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Salinger]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy ha muerto un grande. Suenan campanas en la tierra. Cañones en el cielo. Larga es tu sombra y por millares se cuentan tus adeptos. Tinta que celulosa mancha, las palabras de tu infancia. Prisionero de una mente rota por no querer contaminarte de lo que de nuestros labios brota.<a href="http://www.metarelatos.com/verso-libre/adios-maestro/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/J/D/Salinger/autor/guardian/centeno/elpepucul/20100128elpepucul_5/Tes" target="_blank">Hoy ha muerto un grande</a>. Suenan campanas en la tierra. Cañones en el cielo.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://www.flickr.com/photos/stansich/178907288/sizes/m/"><img title="Centeno" src="http://farm1.static.flickr.com/46/178907288_d8583bfca4.jpg" alt="Foto por Reini68" width="500" height="333" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por Reini68</p></div>
<p><span id="more-2799"></span></p>
<p>Larga es tu sombra y por millares se cuentan tus adeptos. Tinta que celulosa mancha, las palabras de tu infancia.</p>
<p>Prisionero de una mente rota por no querer contaminarte de lo que de nuestros labios brota. Rasgas el papel en el silencio de la tormenta.</p>
<p>Te abriste paso en lo angosto del sendero; pasiva contemplación que siente más allá del quebadrizo cielo.</p>
<p>Muere un hombre que dijo todo con pocas palabras. Suenan en la tierra campanas apagadas. Cañones en el cielo salven al rey de los ciegos.</p>
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		<title>Un hasta pronto para ti</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 21:18:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Selecta]]></category>
		<category><![CDATA[Verso libre]]></category>
		<category><![CDATA[encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[separación]]></category>

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		<description><![CDATA[He encontrado una canción muy bonita que me ha inspirado un relato que espero esté a la altura. No hay más que decir, casi sobran las palabras. Y la nieve desciende suave y sedosa como tus cabellos por lo delicado de los hombros, amabilidad eterna de los atardeceres que se<a href="http://www.metarelatos.com/verso-libre/un-hasta-pronto-para-ti/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>He encontrado una canción muy bonita que me ha inspirado un relato que espero esté a la altura. No hay más que decir, casi sobran las palabras.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class=" " title="http://www.flickr.com/photos/pixieledpictures/2570791174/sizes/o/" src="http://farm4.static.flickr.com/3139/2570791174_687c164003_o.jpg" alt="Foto por  ★☆Pixie Led☆★" width="501" height="376" /><p class="wp-caption-text">Foto por  ★☆Pixie Led☆★</p></div>
<p><span id="more-2769"></span><br />
<object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=da3eca9" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=da3eca9" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Y la nieve desciende suave y sedosa como tus cabellos por lo delicado de los hombros, amabilidad eterna de los atardeceres que se reflejan con esperanza en tus ojos. Unos pájaros vuelan el cielo dejando tras de sí una estela celeste de espinosa melancolía, destinos sin asignar en un mar de dudas agitado por las tempestades de las dunas de tu piel.</p>
<p>Lucero de mis noches en lo alto del firmamento, guía incandescente para una tarde fría de invierno. Charcos que reflejan mi rostro en el suelo mientras en mi interior resuena el desconsuelo. Paseos que nunca acaban pues nunca comenzaron.</p>
<p>Y vuelven los pájaros a volar el cielo.</p>
<p>Recuerdo con detalle colorido la tarde en que te conocí; tú caminabas por la sombra jugando a no pisar las líneas de las baldosas, saltitos inocentes enmarcados en la más dulce de las sonrisas. Tu cabello suelto y bailando con la brisa del verano. Si el Cielo existiera seguramente no sería ni la mitad de tierno que aquello.</p>
<p>Pronto las hojas del calendario pasaron y las casillas con los números marcados se fueron tachando. Te prometo que las mejores horas siempre estuvieron a tu lado.</p>
<p>Tumbada en la hierba con la cabeza en mis rodillas, sonreías con los ojos cerrados esperando algún tipo de regalo, sin darte cuenta en ningún momento que tu simple presencia era para mí lo más grande de todo lo que se ha dado. Y me terminabas besando por yo estar con la cabeza perdida en los hados, preguntándome si todo aquello era realidad o teatro soñado. Y la frescura balsámica de tus labios me devolvían una y otra vez a tus brazos, con temor a romper tus labios por ser demasiado apasionado.</p>
<p>¿Recuerdas las carreras a la orilla del lago? Yo me dejaba ganar y tú te torcías en impostado enfado, me castigabas dulcemente tres minutos para luego regalarme la felicidad de tu rostro infantil. Como alguna fuerza cósmica que mantiene atados a los astros, tu pelo bailando con el viento era el axioma más perfecto jamás creado; obra imposible de un dios menor por falta de experiencia en escalas de Re mayor.</p>
<p>Dos primaveras disfruté de tus caricias en la cara. Las noches a escondidas en el sofá de tus padres fueron grandes aventuras que no dudé en correr si estaba agarrado de tu mano. Me apretabas tan fuerte como las nubes al azul del cielo, como el verde de la selva al pardo de la tierra, que en un abrazo se funden en bella naturaleza. Simplemente como nosotros.</p>
<p>Todos los crepúsculos que cerramos juntos en el tejado de aquella casa en el árbol, ¿cuántas promesas pudimos haber lanzado? Tus dedos recorriendo mi rostro sin yo poder evitar sumirme en el mayor de los gozos; viaje a lo desconocido pero dulce trayecto por las carreteras de tus mares. Bebía de tu boca el agua de la vida y sin ella yo sentía que moría. ¿Cuántas estrellas pudimos contar bajo la manta en el regazo? Te quedabas dormida con la palabra en los labios, como un suspiro entrecerrado en lo profundo de un armario, fantasma etéreo que se escapaba hasta los confines del multiverso. Yo no podía hacer nada más que mirar y soñar. Lo último que veía al cerrar los ojos era tu sonrisa dormida sobre mi pecho tembloroso, soportando férreo el peso de tu respiración.</p>
<p>Pero todo tuvo que acabar demasiado pronto. Vida truncada por los pliegues del destino; juventud arrancada de las manos de un hombre perdido por ser esta vida demasiado cruel conmigo. Tu muerte fue el fin de mis días. Y el comienzo de mis noches eternas.</p>
<p>La soledad por estandarte y las penas por bandera, me hice poeta de los que beben para olvidar su condena. Poemas ahogados en las copas vacías sobre la mesa, mi alma desgarrada en mil pedazos sin oportunidad de volver a verse como era. Cada vez que me miro al espejo sólo veo lo que una vez pude ser, con tu sonrisa recordándome tu perfume extraído de algún Edén. ¡Y sólo veo tu caminar en los charcos de este frío invierno, caricias gélidas que la nieve me regala con mal avieso!</p>
<p>Y te sueño una y otra vez, te revivo con apasionada vehemencia en cada suspiro de mi ser. Ya no visito tu tumba porque mis rodillas han dejado de querer, pues tiemblan cada vez que rememoran el camino entre los cipreses.</p>
<p>A veces pienso que paseo con la mano apretada, aprisionando el aire vacío que me separa de todo lo que amaba, creyendo todavía que sostengo tu mano en cálido sostén. A veces río solo cuando estoy en la orilla del lago, mis ojos cansados todavía recuerdan tus juegos sobre el infinito verde del prado, ahora cubierto de blanco por la inmaculada nieve del rechazo.</p>
<p>¡Y a veces creo soñarte despierto porque mis labios nunca olvidaron los tuyos, sabor de lo divino por cortesía del destino! Mis retinas mantienen sin descanso tu última sonrisa, grabada a fuego hasta el fin de los tiempos, aunque seguramente a mí ya me quede poco de eso.</p>
<p>A veces beso el cielo pensando que así estoy más cerca de tus cabellos, y con el pecho desgarrado por el dolor que imprimió tu partida, viaje largo sin vuelta pues sólo es de ida, grito a los vientos que algún día te volveré a estrechar contra mi pecho, y entonces, entonces nunca más dejaré que nada nos separe de la orilla de aquel lago que espera por nosotros.</p>
<p>Hace tiempo que decidí no decir adiós, pues, &#8220;hasta pronto&#8221;, suena mejor en mi corazón.</p>
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		<title>Muerto y cocinado</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 21:37:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato negro]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
		<category><![CDATA[spaghetti westerns]]></category>
		<category><![CDATA[Tarantino]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días se ha estrenado la última película de Tarantino. Yo no iba a ser menos; os presento mi particular visión de los spaghetti westerns adaptados a los tiempos urbanos que vivimos. Errol era un tipo tranquilo y pacífico. Gustaba de fumarse un cigarrillo en la parada del autobús<a href="http://www.metarelatos.com/relato-negro/muerto-y-cocinado/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Hace unos días se ha estrenado la última película de Tarantino. Yo no iba a ser menos; os presento mi particular visión de los spaghetti westerns adaptados a los tiempos urbanos que vivimos.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2610/4162266542_2ac6288476.jpg" alt="" width="500" height="373" /><p class="wp-caption-text">Foto por Brandon Christopher Warren</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2272"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=264be3b" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=264be3b" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Errol era un tipo tranquilo y pacífico. Gustaba de fumarse un cigarrillo en la parada del autobús mientras observaba a la gente subir y bajar una y otra vez, nunca se cansaba. De vez en cuando salía por la noche a tomar unas cervezas en compañía de su soledad, y cuando estaba muy desfasado entablabla conversación con una mujer, de la talla y peso que fuera, la primera a mano.</p>
<p>Pero aquel era el Errol sobrio, el Errol sin perturbaciones mentales ni problemas de personalidad. El más mínimo contratiempo podía sacar de sus casillas a nuestro tipo, sumiéndole en una endiablada espiral de muerte, sangre y plomo. Cuando su cabeza pasaba a la otra dimensión, cuando ya no distinguía entre el valor de una bolsa de golosinas y una vida humana, era cuando desenfundaba su Beretta M92 y decía <em>buenos días</em> al mundo, bueno, más bien <em>buenas noches</em>, porque ver a Errol pistola en alto es lo mismo que ver lo último en tu penosa vida.</p>
<p>Cuando a Errol se le cruzaban los cables, ya fuera por cualquier nimiedad como que se le desaten los cordones, encontrar una mancha en su vaso de cerveza, o que el día tenga más nubes de las que su gusto pondría en el cielo, el Departamento de Policía echaba a temblar. Un mal día para Errol era un mal día en la vida de un poli de ciudad. Ambos hechos eran sinónimos tan universales como que se caga para fuera.</p>
<p>Aquella noche pertenecía a un día malo. Para todos.</p>
<p>El motivo es lo de menos, lo que importa cuando Errol tiene los cojones hinchados es quién y cuántos están por delante. No es lo mismo matar a cuatro pandilleros por los que nadie llorará, que veinte guardaespaldas federales, un alcalde y dos senadores. Cualidad y cantidad, he ahí la cuestión de todo.</p>
<p>Aquella noche la cualidad era lo que a Rocco Siffredi su pene, y la cantidad lo que la cerveza a una universitaria en celo. Leches, me refiero a que aquella noche Errol mató un huevo y parte del otro de gente VIP.</p>
<p>Comenzó bañando en sangre un restaurante de lujo del centro, el más apreciado por todos aquellos que tenían una entrada en la Wikipedia. Pasó por el plomo de su automática a más de cuarenta personas, incluyendo inocentes comensales, camareras y cocineros. Por supuesto también a los federales y políticos. Decir que Errol tiene suerte es quedarse corto. Si alguna vez te lo encuentras en una callejón oscuro y portas un arma de fuego, ni lo intentes. Simplemente tus balas nunca le alcanzarán, por muy buen tirador que seas. En el restaurante había más de veinte guardaespaldas de élite, todos armados y bien entrenados en combate. Errol sólo sufrió un corte en el cuero cabelludo a causa de una botella de Bourbon rota.</p>
<p>Los disparos llenaron durante tres escasos minutos todo el espacio sonoro del local. Allí dentro no existía otra cosa más allá de Errol y su pistola vomitando plomo cuan anoréxica verduras a la plancha. Uno, dos, tres, cuatro&#8230; ya se cansaba de contar los tiros en la cabeza que encadenaba sin fallar. La gente asustada se escondía debajo de las mesas donde habían estado pasando una agradable velada apenas unos minutos atrás, pero la pena es que nunca nadie les dijo que por muy caras que fueran aquellas mesas de madera noble de cerezo, las balas de núcleo de plomo recubierto de latón (como las que usaba Errol, qué casualidad), podían atravesarlas con facilidad.</p>
<p>Pronto, el suelo quedó pringoso y brillante.</p>
<p>Una vez terminó dentro, tuvo que negociar con media comisaría distrito Centro en la calle. No hace falta decir que &#8220;negociar&#8221; para Errol significa medir el tamaño de tu pistola. La de él era pequeña pero traviesa. El tamaño no importa, es de gilipollas, lo juro. El tipo del megáfono, seguramente un inspector novato recién salido de la academia, gritaba a pleno pulmón por la rendición de nuestro amigo Errol. No pasaron ni cuatro segundos cuando una bala atravesó el megáfono y posteriormente su garganta. Cuando el aparato cayó al suelo todavía se podía escuchar el gorgoteo de su faringe agujereada ahogándose en su propia sangre. Todo ello amplificado, por supuesto.</p>
<p>Después se sucedieron los tiros, las muertes y los coches en llamas. Eso de que un coche no explota cuando se le dispara es mentira. Si sabes dónde apuntar y con qué munición disparar es pan comido. Por supuesto, Errol también gustaba de usar munición incendiaria.</p>
<p>En total fueron treinta y cinco policías muertos, más siete peatones desafortunados.</p>
<p>Cuando todo acabó hacia las cuatro de la madrugada, Errol regresó a su apartamento en los barrios bajos de la ciudad. Pulsó el botón del ascensor de muy mala gana y esperó a que una de las dos puertas metálicas se abriera. Ding. Se abrió la de la derecha. Mala suerte. Aquella tarde después de comer, cuando se disponía a bajar la basura, Errol pensó que estaría bien que se abriera la puerta del ascensor de la izquierda.</p>
<p>Pero no fue así, dando lugar a otra mala noche para todos.</p>
<p>Ahora tendría que sacar la basura en un restaurante de lujo, no me preguntéis porqué.</p>
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		<title>Dunas</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Sep 2009 12:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Afganistán]]></category>
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		<description><![CDATA[Ayer escribía &#8220;Barcas en el lago&#8221;, un relato que hacía alusión a la soledad que deja la guerra en muchas familias. Hoy podemos ver de nuevo titulares en los medios de comunicación sobre Afganistán; talibanes suicidas, tropas internacionales heridas, un bombardeo que podría violar las leyes de la OTAN&#8230; El<a href="http://www.metarelatos.com/belico/dunas/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Ayer escribía <a href="http://www.metarelatos.com/belico/barcas-en-el-lago/" target="_blank">&#8220;Barcas en el lago&#8221;</a>, un relato que hacía alusión a la soledad que deja la guerra en muchas familias. Hoy podemos ver de nuevo titulares en los medios de comunicación sobre Afganistán; talibanes suicidas, tropas internacionales heridas, un bombardeo que podría violar las leyes de la OTAN&#8230; El mundo está bastante agitado (¿y cuándo no, verdad?). Os dejo otro relato inspirado en todo lo que se puede leer en la sección &#8220;internacional&#8221; de los periódicos.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3170/2886320940_62346b5571.jpg" alt="" width="500" height="439" /><p class="wp-caption-text">Foto por Edgar Barany</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2223"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3a3b860" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3a3b860" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El desierto se extendía ante sus ojos como un mar de tonos marrones que todo lo abarcaba. A lo lejos, las siluetas de unos modernos rascacielos se adivinaban entre la arenisca que se arremolinaba con los vientos del lugar, aire abrasador que azota el rostro y deseca la piel de los hombres.</p>
<p>James oteaba el horizonte desde una espesa duna sumido en sus propios pensamientos. Atrás quedó su mujer, su casa junto al lago y sus perros. Atrás quedaron sus recuerdos que no eran más que sombras difuminadas en la arena del desierto y que se esfumaban con la rapidez del sol en el ocaso. Se preguntaba sin cesar cómo estaría Eve, su mujer&#8230;</p>
<p>Una voz por el intercomunicador le despertó indicándole que descendiera hasta un pequeño poblado de casas de adobe a pocos metros de su posición. Él obedeció. Rifle en alto y la mente enfocada en detectar presencia enemiga, avanzaba paso a paso con pies ligeros pero con mucha precaución. Una mujer daba de beber a un niño pequeño vestido con dos piezas de tela vieja y roída. Ellos le miraron atemorizados, él les sonrió.</p>
<p>Dobló a la izquierda en la primera casa para tener una buena vista de la única calle que había en el poblado. Con la mira del rifle barrió el área según el protocolo; verificó ventanas, esquinas y puertas. En la polvorienta calle sólo había un par de mujeres y unos niños correteando tras una lata oxidada de gasolina. Un anciano, el único, estaba sentado en un banco de madera a la puerta de su vivienda. Le miraba impasible con ojos de quien ha visto la muerte. Esa mirada tan profunda e imperturbable que parecía buscar en lo más profundo de James le produjo una extraña sensación de familiaridad, se sentía en casa tras muchas semanas de separación de su verdadero hogar.</p>
<p>Saludó con la cabeza al anciano y se dio la vuelta para comunicar a la patrulla que estaba todo despejado. Sus compañeros de escuadra esperaban en lo alto de la duna colindante.</p>
<p>Un disparo rompió el silencio del desierto.</p>
<p>El casco de James voló por los aires arrebatado por la furia incandescente de una bala asesina. Otras como ella atravesaron con facilidad las partes del cuerpo del marine que no tenían protección.</p>
<p>Cayó en caída libre hasta el yermo camino viendo como sus compañeros corrían hacia él disparando a algo a sus espaldas. La vista se le nublaba y jadeaba como un perro muy cansado. Le cogieron por el brazo y le arrastraron hasta la sombra de una casa, el suelo estaba muy áspero y le hacía mucho daño.</p>
<p>Era Eve. Eve le arrastraba hasta un lugar seguro para cuidarle. Ahora que ella estaba allí podía descansar tranquilo, podía cerrar los ojos y dejarse llevar en los brazos de su mujer.</p>
<p>Respiraría por última vez.</p>
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		<title>Barcas en el lago</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 16:36:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Qué tal todo. Hoy os dejo un pequeño relato inspirado en las noticias de muerte y sangre que nos trae Afganistán. Lo acompaño con una melodía que me parece muy oportuna, espero que os guste. Eve permanece de pie ante el destino que tan mal la ha tratado. En su<a href="http://www.metarelatos.com/belico/barcas-en-el-lago/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Qué tal todo. Hoy os dejo un pequeño relato inspirado en las noticias de muerte y sangre que nos trae Afganistán. Lo acompaño con una melodía que me parece muy oportuna, espero que os guste.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3350/3440973559_f082141caf.jpg" alt="" width="500" height="332" /><p class="wp-caption-text">Foto por Rickydavid</p></div></blockquote>
<p><span id="more-2216"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3febe18" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3febe18" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Eve permanece de pie ante el destino que tan mal la ha tratado. En su rostro dos delgadas líneas resecas descienden suavemente desde sus ojos hasta las mejillas, dibujando el camino de la desesperación donde la luz no consigue atravesar la espesa bruma. En su mano sostiene el último legado de su marido, una vieja foto en blanco y negro donde un hombre de sonrisa pacificadora y mirada penetrante saluda al cámara.</p>
<p>Ante ella el lago se abre como una ventana al exterior, dejando pasar la brisa que revuelve su cabello y forma dibujos con su pelo. El delicado movimiento del agua acaricia sus pies descalzos y le fabrican sueños muy vivos donde el mundo es mundo y no tinieblas, donde los caballos trotan ladera abajo sin preocupación ni frustración, donde las montañas gritan al cielo que la vida merece ser vivida.</p>
<p>La nubes parecen llevar a cabo el éxodo prometido en orden desorganizado, saturación rojiza de algodón flotante que es atravesado por ágiles bandadas de aves en migración. Su marido una vez también emigró, dejó su tierra para ir a la tierra de otros a llevar el odio y la destrucción, para hacer del mundo un mejor sitio donde algunos puedan vivir y otros puedan morir. A su marido le arrastraron con fuerza y le embarcaron una mañana de noviembre, le obligaron a quemar todos sus recuerdos y nunca más se supo de él. En el aire del hogar todavía se aprecian las marcas que sus uñas rayaron al oponerse, marcas profundas e iracundas del hombre desesperado.</p>
<p>Aún así se lo llevaron.</p>
<p>A lo lejos, muy lejos, el sol comienza a descender lentamente regalando un espectáculo cromático sin rival. Entonces el lago se tiñe de rojo y parece temblar ante las fuerzas de la naturaleza, recordándola que el adiós de la muerte es un adiós definitivo, un camino sin retorno que se recorre en solitario con paso tembloroso, como el lago.</p>
<p>Atrás quedaron los tiempos de desayunos alegres y cenas románticas, películas compartidas y libros debatidos. Atrás quedan los largos paseos por el parque y las caricias en el sofá.</p>
<p>Eve regala la foto al lago. La lanza con fuerza y ésta flota hacia el horizonte, donde el sol muere en agonía nocturna.</p>
<p>Eve vuelve a la perdición de las sábanas frías, sillones mudos y copas vacías.</p>
<p>Eve vuelve al hogar roto por una guerra.</p>
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