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	<title>Meta-Relatos &#187; Nubes en el cielo</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>[Nubes en el cielo] Apariciones fugaces</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 15:53:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia. La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-apariciones-fugaces/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Tercera entrega de la saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. De momento me gusta la forma que está tomando; he cogido cariño a las chicas de la historia.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><a href="http://www.flickr.com/photos/lovestruck94/3255420745/sizes/l/"><img class=" " title="Nieve corazones" src="http://farm4.static.flickr.com/3333/3255420745_3b98aaf2ca_b.jpg" alt="Foto por lovestruck." width="501" height="342" /></a><p class="wp-caption-text">Foto por lovestruck.</p></div>
<p><span id="more-2743"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=29efe28" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La nieve desciende del cielo en un ballet concertado por las fuerzas del viento; oro blanco en esencia cristalina que refleja mil farolas en sus diminutas estrellas, diez mil destellos proyectando la magia invernal sobre una ciudad apagada por las llamas de la guerra en el mundo.</p>
<p>London camina por la acera con paso lento y distraído, observando el trajín de la calle y admirándose con la fuerza de voluntad de aquellas personas. Tres años han pasado desde que Ellen se despidiera súbitamente y se marchase de Brighton en busca de una vida repleta de sueños y fantasías de la infancia. No tuvo que pasar mucho tiempo para que London pudiese verla en las salas de cine; Ellen brillaba en la gran pantalla como las estrellas en el firmamento, llenando de color los fotogramas a pesar del blanco y negro de la época. London está muy orgullosa de ella, pero también muy melancólica.</p>
<p>Cada vez se ven más aviones surcar el cielo como pájaros en plena migración, grandes bombarderos alemanes con destino Londres para sumir la ciudad en un caos de ruinas pétreas y polvo ceniciento que se mete en los pulmones de los niños y mujeres. London ha tenido que aprender a ponerse una máscara de gas en menos de un minuto. La capital del país puede quedar en ruinas, pero la moral del Reino Unido jamás decaera, o eso es lo que dicen los periódicos; la realidad está bastante lejos de los titulares.</p>
<p>De poco en poco, uno de los aviones es un transporte aéreo de correo transatlántico cargado de paquetes, cartas y víveres varios. Entre todo eso viajan las cartas que escribe Ellen con letra pulcra y minimalista, hojas enteras de vivencias en Hollywood y grandes fiestas en Los Angeles, sin embargo, cada vez llegan menos cartas. London que está muy centrada en sus estudios matemáticos sobre la teoría de números de Pierre de Fermat, intuye que la causa de que reciba menos cartas de Ellen está en una mezcla de razones obvias de logística -la Segunda Guerra Mundial se cobra muchos aviones en el aire-, y un variado de hechos fácticos dados en California, concretamente en Hollywood, en otras palabras; Ellen no tiene tiempo para escribir a London. Al menos eso es lo que quiere pensar ella desde el consuelo de los números, pues en las probabilidades lógicas bien podría entrar con cierto peso relativo el hecho de que Ellen ya no quiera escribirla.</p>
<p>Así que London pasea por la calle mientras contempla los Spitfire volar entre las nubes grises mientras de ellas la nieve cae lentamente en grandes copos blancos. Se pregunta cuántos cazas alemanes derribarán hoy en el Canal de la Mancha.</p>
<p>Si al menos tuviera un medio de transporte seguro para llegar a Estados Unidos, iría a verla, pero los submarinos alemanes hunden a diario barcos de la Marina Real y otros tantos de la mercante. El cielo es más seguro, pero no del todo, y conseguir un visado en plena guerra es algo por lo que London no puede pasar. Además están sus estudios&#8230;</p>
<p>Un camión militar gira la curva y salpica de aguanieve negruzca todo lo que estuviese en un radio de tres metros, incluyendo a London. El camión se aleja a gran velocidad quedando en una simple mota verde diminuta donde no se pueden distinguir las cabezas de los soldados que se embarcarán para luchar en Francia. Otro camión; esta vez London ha aprendido la dinámica de la nieve derretida en la calzada.</p>
<p>Un cartel enorme en la puerta del cine muestra una joven de grandes ojos vivos y de sonrisa perlada. Ver a Ellen allí es tan ilusorio como imaginársela a su lado, sin embargo no puede evitar tocarla la mejilla de celulosa mojada por la nieve y estremecerse en lo más profundo de su alma. ¿Qué estarás haciendo, Ellen?</p>
<p>El ruido de los motores de los Spitfire retumba en su cráneo como una banda de percusión.</p>
<p>Cree ver a su amada en cada esquina, pero siempre, sin cabida al error, termina desapareciendo entre la nieve.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Distancia</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 14:29:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis. Querida London: Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-distancia/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Segunda parte de la nueva saga &#8220;Nubes en el cielo&#8221;. Música de lujo, en serio, mejor imposible. Que la disfrutéis.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Words of Love" src="http://farm3.static.flickr.com/2438/3553702617_075f65f8bc_b.jpg" alt="Foto por DaveBinM" width="501" height="334" /><p class="wp-caption-text">Foto por DaveBinM</p></div>
<p><span id="more-2740"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=e11d5b7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Querida London:</p>
<p>Te escribo desde un viejo autobús que me lleva directamente al centro de Los Angeles. Los asientos son algo incómodos y el autobús no para de dar saltos en la carretera, así que perdona la mala letra.</p>
<p>Siento mucho que todo haya sucedido tan rápido, de verdad, lo siento, pero era una oportunidad que no podía dejar escapar. Ya sabes que desde pequeña siempre he querido actuar y qué mejor lugar que Estados Unidos, la fábrica del cine moderno. Los americanos de la agencia se pusieron muy contentos con mi audición, dijeron que nunca habían visto nada parecido en una chica tan joven, ¡realmente estaban emocionados! Yo no me lo podía creer. El simple hecho de quedar para el papel protagonista ya me parecía un bello sueño, pero nunca pensaría que me darían la oportunidad de probar suerte en Hollywood.</p>
<p>Ahora sé por qué pude brillar sobre las tablas del escenario aquella tarde; fue sin duda por qué tú estabas en mi corazón, presente en lo más profundo de mis sentimientos brillando como un lucero en la noche más oscura del invierno. Yo simplemente seguí tu estela, la impronta que tu presencia ha dejado en mi vida, indelebles huellas que me dicen siempre cómo vivir. Sé que suena muy ñoño, pero es así.</p>
<p>Si no te conté nada fue porque sabía que tú te sentirías muy triste, pero lo que más me dolía era saber que nunca me pararías, nunca me retendrías en nuestra amada Inglaterra para permanecer juntas porque sé que tú quieres ver cumplido el sueño de mi infancia. Y eso me dolía en el alma. Necesitaba una despedida forzada, un adiós desgarrado por las prisas del tiempo donde la cabeza no pudiera reaccionar con margen. Algo me dice que tú también te habrías embarcado conmigo, dejando de lado tus estudios&#8230; ¡ahora que estás tan cerca de Cambridge! No lo podía permitir. Hemos luchado mucho por ello.</p>
<p>Espero que me sepas perdonar y comprendas los motivos de mis acciones, siempre he vivido desde el amor que te profeso. Echaré de menos la playa de Brighton y la hierba fresca bailando con la brisa, pero definitivamente nada será igual sin tus caricias y abrazos. Mis labios todavía recuerdan los tuyos, creo que nunca lo podré olvidar.</p>
<p>Esto no es un adiós sino un hasta luego, y anhelo con vehemente fuerza el día en el que volvamos a vernos.</p>
<p>Te escribiré pronto, cuando sepa mi dirección aquí en Los Angeles.</p>
<p>Siempre tuya y con amor. Te quiere:</p>
<p>Ellen.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Separaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 19:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
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		<category><![CDATA[Brighton]]></category>
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		<description><![CDATA[Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-separaciones/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Este verano tras volver de un viaje de 1 mes por media Europa y conocer muchos lugares, sentir sensaciones y vivir experiencias únicas, decidí crear el &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. La idea era tan potente que contraté con la excusa de la amistad a una fotógrafa y todo. Tenía la música perfecta, fotos y una historia en mi cabeza que pedía a gritos ser liberada. Así que un 8 de octubre de 2009 decido hacer un primer borrador, que por cierto, <a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-avance-de-una-historia/" target="_blank">podéis leer haciendo click aquí</a>, pero ahí se quedó el proyecto.</p>
<p>Es hora de redimirme. Es hora de crear &#8220;Nubes en el cielo&#8221;.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Faro en playa" src="http://farm4.static.flickr.com/3147/2983423481_62d03789d0_o.jpg" alt="Foto por Max" width="501" height="394" /><p class="wp-caption-text">Foto por Max</p></div>
<p><span id="more-2729"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=63c48f7" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>London y Ellen compartían más que un pupitre en la escuela parroquial, sus habitaciones eran las dos caras de una misma pared, así que dormían cabeza con cabeza a pesar del muro de ladrillos que las separaba. Además de ser vecinas y compañeras de clase, London y Ellen eran grandes amigas, las mejores de todo Brighton. Se conocieron cuando London llegó desde Essex y fue presentada en la única clase de primero de primaria. Cuando sus miradas se cruzaron en el corto espacio de aula que las separaba supieron instantáneamente que habían nacido para estar juntas.</p>
<p>La sorpresa llegó cuando Ellen regresaba del colegio aquel mediodía. Durante todo el camino no pudo olvidar la sonrisa de su nueva compañera, era una imagen tan feliz que se sentía realmente bien cuando la recordaba. En las escaleras de entrada al viejo edificio donde vivía se había formado cierto jaleo, al parecer, unos nuevos inquilinos llegaban al piso que habían dejado vacío los McKee días atrás. Los mozos de la mudanza transportaban grandes bultos envueltos en plásticos transparentes, mientras, una señora de pelo liso y largo daba nerviosas indicaciones a los trabajadores que parecían ignorarla. Ellen se quedó petrificada cuando descubrió que la hija de los Rose, los nuevos inquilinos, no era otra que London, su nueva compañera de clase.</p>
<p>Desde aquel maravilloso día, London y Ellen compartieron las mejores experiencias de sus infantiles vidas. El paso de diez largo años no pareció afectar a su íntima relación, que parecía permanecer tal y como era durante los primeros días de su encuentro.</p>
<p>Las primaveras sucedieron a los fríos inviernos una y otra vez hasta que las chicas cumplieron 16 años. Para entonces, las dos juntas ya podían conseguir cualquier reto que se propusieran. Por difícil que fuera siempre salían adelante. Atrás quedaron los años de colegio y enseñanza. Lo poco que ganaban sus familias apenas llegaba para el alquiler del piso, la ropa y la comida. Ellen trabajaba como oficinista en un edificio moderno del centro de la ciudad, mientras que London, fue de las primeras mujeres reclutadas para el esfuerzo bélico de la patria. Las tardes oscuras de aquel otoño pasaban muy lentas tras los grandes ventanales del cuartel agrietado, donde London, terminaba su turno a las ocho de la noche con la espalda dolorida y la vista cansada. Su trabajo era mecánico y aburrido; clasificar fichas perforadas con información de la Unidad de Radio y Transmisiones; Alemanía había invadido Polonia y a los ingleses les inquietaba el hecho.</p>
<p>Cada noche cuando las luces se apagaban en el barracón número cuatro y las tres decenas de mujeres volvían agotadas a sus casas, London se distraía mirando el firmamento desde un viejo embarcadero sobre la suave arena de la playa de Brighton. Pocos minutos más tarde solía llegar Ellen, quien se descalzaba para no hacer ruido y con el cuidado infantil del que vive en la inocencia susurraba bonitas palabras de consuelo. A London le gustaba que Ellen llegase inesperadametne por detrás y le dijese todas aquellas cosas al oído en un tono de voz tan bajo que hasta las olas del mar sentían curiosidad. El pelo se le erizaba desde la nuca hasta los brazos, y aunque sabía de antemano que Ellen llegaría en algún momento, London cada noche fingía que era la primera vez.</p>
<p>-El uniforme militar te sienta muy bien -era la apertura favorita de Ellen. Después la cogía por la solapa y asentía con una sonrisa tímida en los labios-. Definitivamente me gusta.</p>
<p>London no podía más que mirarla a los ojos, donde el reflejo de la luna proyectaba sueños fractales en progresión aritmética; dos distraídas esmeraldas que en las noches de otoño brillaban con el fulgor de las batallas narradas en los libros de Historia.</p>
<p>-Deja que me pruebe el uniforme&#8230;</p>
<p>Después se abrazaban y se fundían en un único cuerpo que resplandecía entre la frescura de la brisa marina. Labios tornándose en amalgamas de pasiones cohibidas, sentimientos encerrados en cárceles interiores donde las llaves no tienen cabida alguna. Un secreto que debían mantener en el silencio de lo desconocido a pesar de sentir lo que nunca dos humanos habían sentido.</p>
<p>Que dos mujeres se quisiesen en el Reino Unido era como que el cielo y la tierra no estaban separados. Pero allí, bajo el abrigo de la arena y junto a los llantos de las olas rompiendo en la costa, London y Ellen podían ser ellas mismas, expresar su amor y vivir de forma plena, solamente con la luna por testigo y los luceros como guías indelebles del camino a seguir.</p>
<p>Cuando la última hoja de roble tocó el suelo en un remolino de marrones pardos como un mosaico térreo dispuesto por capricho divino para deleite de los hombres, London decidió que explotaría la Ley Fisher de 1918 para seguir con sus estudios; estaba interesada en física y matemáticas. Ellen disfrutaba más la felicidad de London que la propia London, así que la ayudó con sus padres quienes eran reacios a que su hija mayor estudiase en lugar de trabajar por la familia y el país. Juntas consiguieron de nuevo lo imposible; ingresaría en el Instituto para formarse de cara a la universidad. Aquello costaría una buena suma de dinero, así que London tuvo que trabajar a tiempo parcial en el negocio de un familiar como dependienta. A la Marina Real pareció darle igual su deserción.</p>
<p>London pasaba cada vez más tardes enfrascada en complejas lecturas que para Ellen significaban todo en el universo. Ella no comprendía ni una fórmula que los ojos de su alma gemala devoraban con rauda impaciencia, pero el simple hecho de verla tan contenta y sonriendo a escondidas cuando terminaba de comprender un teorema era razón suficiente para querer ella también a las matemáticas.</p>
<p>De esta forma llegó el verano y con él el bueno tiempo definitivamente. Sobre un prado verde expuesto a la belleza de un mar lleno de reflejos y destellos brillantes, London leía tirada en la hierba un fabuloso libro de Bertrand Russell. Ellen apareció como siempre por detrás y se quedó muy quieta a su lado, contemplándola disfrutar con cada página que pasaba entre sus delicados dedos. Le besó la mejilla cuidadosamente y London contestó con una amplia sonrisa. Después otro beso.</p>
<p>-Me gusta cuando lees -la voz de Ellen era sincera y llena de ternura-. Eres London en esencia pura.</p>
<p>-¿Cómo es eso? -London rio sin borrar la sonrisa de sus labios.</p>
<p>-Tus ojos brillan de ambicion y fuerza. Es lo que más me gusta de ti; te propones lo imposible para otros.</p>
<p>London dejó el libro sobre la hierba y con las manos liberadas peinó el flequillo de Ellen. Su cabello bailaba con el viento que venía desde Francia formando en el aire formas suspendidas de etérea magnitud. Cuando London se miraba en sus ojos verdes Ellen siempre se ruborizaba como una niña pequeña. Después descendió su mano por el cuello de Ellen y notó el calor de su cuerpo fluir por su interior, hasta llegar al pecho, donde el corazón latía con fuerza y velocidad.</p>
<p>-Tú también me gustas mucho.</p>
<p>Se besaron dejando volar el viento entre sus mentones, canales invisibles de balsámico aroma que creaban el Edén en la Tierra.</p>
<p>Cuando London se separó del rostro de Ellen notó que tenía las mejillas mojadas; Ellen estaba llorando. Sus lágrimas emitían brillos bajo el sol, simplemente como el mar.</p>
<p>-London&#8230; -comenzó entre sollozos-. En unos días parto a Estados Unidos.</p>
<p>El corazón de London describió la arcotangente más perversa de la trigonometría. Sus cerebro impactado por la fuerza de las palabras de Ellen no podía ni reaccionar, así que sus ojos lloraron días después, cuando ella ya no estaba.</p>
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		<title>[Nubes en el cielo] Avance de una historia</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 19:26:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[Estoy preparando con mucha ilusión un nuevo ciclo donde pondré en juego todo lo que puedo ofrecer con la fuerza de las palabras. Pretendo que &#8220;Nubes en el cielo&#8221; sea mi &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. De momento, mientras trabajo en los tres textos que lo conformarán, os dejo una mini-introducción. Como<a href="http://www.metarelatos.com/cuentos-y-fantasia/nubes-en-el-cielo-avance-de-una-historia/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Estoy preparando con mucha ilusión un nuevo ciclo donde pondré en juego todo lo que puedo ofrecer con la fuerza de las palabras. Pretendo que &#8220;Nubes en el cielo&#8221; sea mi &#8220;ciclo de ciclos&#8221;. De momento, mientras trabajo en los tres textos que lo conformarán, os dejo una mini-introducción. Como veréis es una historia muy humana, que a fin de cuentas nos atañe a todos/as.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="   " title="Ocaso" src="http://farm1.static.flickr.com/128/353250218_404318ff36_b.jpg" alt="Foto por Ennor (unwell)" width="501" height="356" /><p class="wp-caption-text">Foto por Ennor (unwell)</p></div>
<p><span id="more-2377"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=084521c" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=084521c" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>El humilde viento que volaba sobre el acantilado mecía sus cabellos en una dulce nana de cuna traída desde allende los mares. En el horizonte inexpugnable e inalcanzable para sus delgados brazos, el sol moría majestuosamente dejando como herencia un paisaje de naranjas y rojos, que morían también como perro fiel junto a su dueño. El mar era el testigo que todo lo reflejaba en su inmensidad azul, rindiendo homenaje al Rey Astro con una sinfonía de olas en la marea tranquila de una tarde de verano.</p>
<p>La mullida hierba sobre el acantilado servía de alfombra a sus aventureros pies, inquietos ante la demostración de belleza que podía contemplar desde las alturas y nerviosos por el camino que tomarían desde entonces en adelante. Sus ojos abiertos como dos ventanas sinceras ante el mundo de los hombres mayores, y sus manos apretando fuerte una carta que tantas emociones había despertado en su interior. Se puso de puntillas e hizo una promesa a la brisa, al mar y al sol. Su inocencia cabalgaba en compañía del viento.</p>
<p>Navegó en un mar de deseos y surcó olas de incertidumbres. Atravesó islas repletas de obstáculos y exploró profundas cuevas de miedos. Trepó los árboles de la infancia y divisó la jungla de la adolescencia.</p>
<p>Siempre en busca de su sombra, en busca de las huellas de sus pasos que siempre iban por delante suya.</p>
<p>Su amor se encontraba al otro lado de los naranjas y rojos, perdido en algún lugar de tierras lejanas y desconocidas pero donde aún podía sentir los latidos de su bello corazón. En su rostro una sonrisa se dibujó al comprender que lo que es verdadero también es eterno, y lo que calentaba su pecho desde dentro no podía ser otra cosa que un lienzo de mil emociones exaltadas ardiendo en la llama del reencuentro anhelado.</p>
<p>Comprendió que la vida era un viaje, largo e incierto como el de las nubes en el cielo.</p>
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