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	<title>Meta-Relatos &#187; rgh</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>[Huidas a medianoche] Desesperación</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 01:28:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
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		<description><![CDATA[Y he aquí que os traigo la última parte de la mini-saga [Huidas a medianoche]. He disfrutado escribiéndola tanto como imaginándomela. El personaje principal, a pesar de no ser mío,  me ha gustado bastante y no descarto usarlo en futuras ocasiones. Para esta ocasión he decidido usar tiempo presente, como<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/huidas-a-medianoche-desesperacion/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Y he aquí que os traigo la última parte de la mini-saga [Huidas a medianoche]. He disfrutado escribiéndola tanto como imaginándomela. El personaje principal, a pesar de no ser mío,  me ha gustado bastante y no descarto usarlo en futuras ocasiones. Para esta ocasión he decidido usar tiempo presente, como si el final fuere en realidad el principio de todo.</p>
<p>NOTA: además, la canción que he escogido necesita ser reproducida DOS veces para completar todo el texto, esto significa que tendréis que activar el botón de &#8220;repetición&#8221; o bien dar de nuevo al botón &#8220;play&#8221; cuando haya finalizado por primera vez.</p>
<p>Porque todo lo que empieza, acaba, y esto no iba a ser diferente.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Corazón en el aire" src="http://farm4.static.flickr.com/3088/2566674431_6b0f0d8447_o.jpg" alt="Foto por linh.ngân" width="501" height="684" /><p class="wp-caption-text">Foto por linh.ngân</p></div>
<p><span id="more-2694"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=5465495" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=5465495" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La luz le golpea en los ojos como un boxeador rebosante de adrenalida en la final del mundial de los pesos pesados. Un guardia agarra el pelo de Su y tira hacia arriba para mostrar su rostro al jefe; Carl Höfard, un gran hijo de puta responsable de la muerte de medio centenar de personas y las que quedan por morir si Su no lo evita.</p>
<p>-Se preguntará, señorita Lewington, cómo hemos podido evitar todos sus intentos de sabotaje en las últimas semanas. ¿Coincidencia? ¡Ja! Tanto usted como yo sabemos que las coincidencias no existen sino en un espectro de probabilidades matemáticamente calculables. Y dígame, ¿qué probabilidad hay de frustrar sus planes hasta en siete ocasiones? Ocho con la presente -se relame los labios-. Desde luego es un número muy pequeño, inferior a uno, eso está claro aun sin teniendo en cuenta todos los factores implicados. Entonces&#8230; dígame, ¿cómo ha sucedido?</p>
<p>Su no le puede ver por los focos pero intuye que Höfard está riéndose en su cara.</p>
<p>-Tiene un topo. Siempre lo tuvo desde el principio.</p>
<p>-¡Exacto! Pero todavía le queda por descubrir lo más interesante&#8230; ¿quién es el topo?</p>
<p>Se produce un silencio largo donde Su solamente puede escuchar su respiración entrecortada. Un nudo se le forma en la garganta y un puño invisible le golpea el estómago hasta obligarle a vomitar, pero no lo hace.</p>
<p>-Piense, señorita Lewington&#8230; ¿quién será el topito? Por su expresión diría que ya lo sabe.</p>
<p>-Nathan&#8230; -dice Su en voz baja-. El topo siempre fue Nathan&#8230;</p>
<p>Una lágrima rueda por su mejilla hasta descender en caída libre hasta su rodilla.</p>
<p>-¡Bien! ¡Dos de dos! -Höfard aplaude con entusiasmo-. ¡Los focos!</p>
<p>Las potentes luces se apagan a su orden dejando solamente los fluorescentes del despacho como única iluminación. Los ojos de Su se acostumbran a la nueva luminosidad y distingue una silueta que se acerca desde el final con paso lento; es Nathan.</p>
<p>-Te presento a Nathan Cripton, más conocido por sus amigos como Nathan Griffin -Carl Höfard le guiña un ojo a Su y sonríe maliciosamente agarrando a Nathan por el hombro de forma paternal-. ¿A que tengo un sobrino muy inteligente?</p>
<p>En la cara de Nathan está dibujada la preocupación y la tristeza por partes iguales. Algo en su interior le come las entrañas haciéndole sentirse sucio.</p>
<p>-Lo siento Su&#8230; no tuve alternativa&#8230;</p>
<p>-Yo te amé, Nat&#8230;</p>
<p>-Ooh, ¡qué escena tan conmovedora! -Carl Höfard parece disfrutar de una obra de teatro magnífica.</p>
<p>-Nat, dime que al menos todos tus sentimientos por mí eran verdaderos -a Su no parece importarle la presencia de Höfard ni de los cuatro guardias de seguridad.</p>
<p>Silencio. Alguien traga saliva y resuena en la habitación.</p>
<p>-¡Nathan! ¡Dime que me quisiste de verdad! -rompe a llorar en un mar de lágrimas amargas que corroen su piel obstruyendo cada poro de su rostro-. ¡Dime que todas las caricias y los besos en las noches que huimos juntos no eran guiones ensayados! ¡Dime que todo lo que he vivido contigo no ha sido una ilusión que se desvanecerá en el aire!</p>
<p>-Yo&#8230;</p>
<p>-¡Dime la verdad, Nathan!</p>
<p>-Su&#8230; yo&#8230;</p>
<p>Su alza la barbilla hacia el traidor y esboza una sonrisa nacida en las puertas del Averno; colmillos relucientes que destellan bajo la luz artificial de un fluorescente de laboratorio, ojos que reflejan la ira hecha carne en cuerpo de mujer, llama de la eterna discordia que no entiende de compasión.</p>
<p>-Déjame acabar la frase por ti, Nat -la voz de Su ha cambiado, ya no llora, sonríe endiabladamente mirando fijamente a los ojos del traidor-. &#8220;Yo estoy muerto&#8221;.</p>
<p>Bum.</p>
<p>Una nube rosa flota en el aire unos segundos y se dispersa por todos los rincones del despacho, dejando manchas rojizas allí donde ha terminado e impregnando las partículas de aire de rosa granulado por unos segundos más. Su se agacha a tiempo para ver cómo Höfard sale disparado hacia atrás aterrizando sobre una silla de madera noble y partiéndola en mil astillas que se le clavan en la carne de la espalda. El guardia de seguridad que agarraba su pelo está luchando por tapar un agujero que tiene en la garganta y por donde se le escapa el aire y la vida. El sonido de las gárgaras con su propia sangre despierta a Su de la conmoción inicial.</p>
<p>Se levanta rápidamente con un pequeño salto y agarra el arma del guardia más cercano, quita el seguro, piensa y apunta.</p>
<p>Bang.</p>
<p>Bang.</p>
<p>Bang.</p>
<p>El único guardia que queda vivo intenta desenfundar su pistola reglamentaria porque el subfusil se le ha caído al suelo. Sin embargo, Su es más rápida y aprieta el gatillo sobre él hasta vaciar el cargador por completo. En el suelo solamente queda un hombre humeante con la boca torcida en un gesto horrendo de adiós.</p>
<p>El despacho ha quedado pintado de un nuevo color rojo rosado muy visceral. La alfombra hace juego con el nuevo diseño. Entre un montón de madera rota Carl Höfard gimotea de dolor. Su le coge por el cuello y lo levanta hasta apoyarlo en el escritorio de ébano. Sangra abundantemente por el estómago perforado.</p>
<p>-Sabía desde el principio lo de tu querido sobrino, señor Höfard -señala con la cabeza donde debería estar Nathan Cripton de una pieza.</p>
<p>-¡Qué-qué has hecho, monstruo!</p>
<p>-¿Monstruo?</p>
<p>-¡Tú le querias!</p>
<p>-Sí, eso es cierto.</p>
<p>-¡Qué le has hecho! -la desesperación por comprender qué había sucedido le bloqueaba el cerebro, órgano que ahora mismo funcionaba al 250% para dar explicación a todo aquello.</p>
<p>-Muy sencillo; ¿le suena el dispositivo Genexp 318? Resulta que aunque está todavía en fase beta funciona bastante bien como puede observar, puede estar satisfecho de su empresa por fabricar prototipos tan maravillosamente eficaces -señala con un gesto amplio toda la habitación-. Se lo introduje mientras hacíamos el amor en aquella habitación del hotel junto al Aeropuerto Internacional. Por aquel entonces yo ya sabía que iba a ser la última vez que lo hacíamos, así que disfruté al máximo y espero que él también lo hiciese -hace una pausa para tomar aire-. Mentiría si digo que no me dolía lo que estaba haciendo, pero era la única forma de hacerle pagar por sus errores y a la vez redimir sus pecados por un bien mayor.</p>
<p>&gt;&gt;Como bien sabrá, el dispositivo Genexp 318 es una pequeña cápsula gastrorresistente que contiene miles de diminutas nano-bolas de acero sintético. Una bolita de ese tamaño es insignificante de por sí, pero proyectada a la velocidad del sonido es un arma tan letal como invisible. El hecho de que el dispositivo 318 haya explotado en el estómago de Nathan, escupiendo las miles de diminutas balas en todas direcciones, no significa nada más que en realidad él se arrepentía y me quería de verdad, pues fue su desesperación y su conciencia la que activó la cápsula en su interior.</p>
<p>Carl Höfard mira horrorizado lo que queda del cuerpo de su sobrino. De cintura para abajo no queda nada, y el tronco parece un colador asimétrico y muy mal fabricado. Las paredes, suelo y techo del despacho están también agujereados.</p>
<p>-Pero ahora -prosigue Su con su monólogo-, no tengo ganas de nada más que tomarme una ducha bien caliente y brindar por Nathan y nuestro amor -sonríe de lado-. Así que no le diré nada más.</p>
<p>Le suelta dejándole caer de rodillas al suelo y le encañona con el arma.</p>
<p>Mira a su víctima a los ojos durante unos segundos que parecen una eternidad. Por fin, la llama en su interior puede apagarse, consumirse para siempre y dejar paso a la penumbra de la paz.</p>
<p>-Por nosotros; los que decidimos vivir con dignididad.</p>
<p>Bang.</p>
<p>Aquella noche los laboratorios Genexp ardieron hasta el amanecer en lo que los medios de comunicación denominaron como &#8220;un incendio muy misterioso e inexplicable&#8221;. Millones de dólares se perdieron con sus laboratorios de biotecnología abrasados por las llamas. Las explosiones se sucedieron durante horas, no pudiendo los bomberos controlar la situación hasta que ella misma decidio darse por finalizada. Pero la contrapartida de perder miles de millones de dólares era que miles de millones de vidas inocentes se habían salvado.</p>
<p>De Susan Lewington nunca se supo más. Desapareció sin dejar rastro y su expediente fue archivado en lo más profundo del Distrito Federal, aunque algunos dicen que en Nueva Guinea ha aparecido una joven bióloga muy competente de sonrisa herida y mirada ausente.</p>
<p>Suponemos que también con el corazón perdido&#8230;</p>
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		<title>[Huidas a medianoche] Pensamientos cibernéticos</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 20:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aquí la tercera parte de &#8220;Huidas a medianoche&#8221;. Os recuerdo que es una colaboración con nuestra lectora RGH y que consta de otros escritos: el segundo aquí (por mí) y aquí el primero (por ella). ¿Qué pasará en el gran final? La puerta se abrió dócilmente cuando Su pasó una<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/huidas-a-medianoche-pensamientos-ciberneticos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Aquí la tercera parte de &#8220;Huidas a medianoche&#8221;. Os recuerdo que es una colaboración con nuestra lectora RGH y que consta de otros escritos: <a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/huidas-a-medianoche-enfureciendose/" target="_blank">el segundo aquí (por mí)</a> y <a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/colaboracion-huidas-a-medianoche/" target="_blank">aquí el primero (por ella)</a>. ¿Qué pasará en el gran final?</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Pensamientos cibernéticos" src="http://farm2.static.flickr.com/1199/1120571090_7fb97392b9_o.jpg" alt="Foto por pinkcigarette" width="501" height="314" /><p class="wp-caption-text">Foto por pinkcigarette</p></div>
<p><span id="more-2683"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=4216e1d" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=4216e1d" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>La puerta se abrió dócilmente cuando Su pasó una tarjeta magnética por su correspondiente lector, la había robado de una taquilla en el vestuario del personal de mantenimiento y limpieza pensando que le sería útil en algún momento. No se equivocaba; se había colado por la puerta de atrás de los laboratorios de Genexp.</p>
<p>Caminó en la penumbra cien metros por un estrecho pasillo lleno de puertas de cerámica oscurecida por el calor de las calderas, después giró a la derecha en un cruce de corredores y ascendió por las escaleras internas de emergencia biológica. En menos de cinco minutos estaba en el piso décimo dando uso de nuevo a la tarjeta robada, sin embargo, esta vez no fue todo bien.</p>
<p>El sonido estridente de una alarma bien programada le rompió un tímpano y el mareo la desplomó al suelo. Los cristales a su alrededor se hacían añicos y escupían afiladas esquirlas en todas direcciones, preferiblemente el rostro de Su. Cuando se percató de que algo calentaba la palma de su mano entendió que sangraba por los oídos, así que desenfundó la pistola del interior de su chaqueta y apuntó temblorosa al techo, apretó el gatillo tres o cuatro veces e hizo callar la maldita alarma. De los pisos inferiores subían las voces de los guardias de seguridad, armados presumiblemente, que parecían tener mucha prisa por dar caza a Su.</p>
<p>Las primeras balas le rozaron el pelo cuando corría a toda velocidad por un pasillo de anchos ventanales y bonitas macetas marrones que explotaban en una amalgama de tierra y verde cuando eran alcanzadas por los proyectiles. Su no era una guerrera, tampoco era policía ni guarda de seguridad, matón o cualquier categoría inferior de &#8220;persona apta para manejar un arma de fuego&#8221;, pero aun así se tiró al suelo instintivamente para buscar protección tras la mesa de la secretaria de planta. Los disparos fueron astillando lentamente la madera de la mesa, poniendo a Su más nerviosa de lo que ya estaba. Asomó la pistola por encima y apretó  a ciegas el gatillo mil doscientas veces por lo menos.</p>
<p>El silencio invadió el corredor.</p>
<p>Teniendo todo el cuidado que podría tener una chica-bien metida en camisa de once varas escrutó el horizonte desde el borde superior de la mesa, y unos metros más allá pudo ver a un hombre desangrándose en el suelo, manchando las pulcras baldosas de blanco tecnológico en un enorme charco que parecía no parar de emanar de su barriga. Otro hombre intentaba decirle algo desde detrás de una maceta y un tercero se percató de la cabeza de Su asomando desde la mesa y abrió fuego indiscriminadamente.</p>
<p>Su pudo ver como las balas pasaban a cámara lenta a escasos milímetros de su ojo para hacer finalmente impacto en un cuadro que tenía a la espalda y que terminó hecho añicos. Acto seguido ella también disparó haciendo diana en la pierna del hombre que se había expuesto cegado por la ira. Era difícil de creer, pero Su tenía buena puntería con las pistolas.</p>
<p>El único guardia de seguridad que no estaba manchando el suelo con sus fluidos internos se abalanzó hacia ella gritando y desgarrando el ambiente con un estruendo que surgía de lo más profundo de sus entrañas enfurecidas. Saltó desde tres metros de distancia y aterrizó violentamente sobre Su, quien se golpeó con la nuca en el suelo quedando más aturdida de lo que estaba por la pérdida de uno de sus tímpanos. Forcejearon unos pocos segundos donde Su tuvo que aguantar varios puñetazos en la cara. La boca le sabía a hierro, hierro agrio. Los ojos de su contrincante estaban furiosos, inyectados en micro-venas rojizas que surcaban el blanco del globo ocular como pequeñas vías de ferrocarril. Le propinó a Su otro puñetazo, esta vez en la boca, y notó como los dientes se le torcían hacia adentro. Otro puñetazo más. Y otro. Y otro. Y otro, hasta que el hombre notó que las manos de Su dejaban de hacer presión alrededor de su cuello. Fue entonces cuando bajó la guardia y Su en un momento de brillante inteligencia cogió la pistola del suelo y apretó el gatillo sin pensarlo dos veces.</p>
<p>Se salpicó el rostro de una sustancia viscosa y caliente que no paraba de caer desde la órbita enucleada del guardia de seguridad. Donde tenía que haber un ojo había un humeante agujero que borboteaba y escupía los líquidos de la Creación.</p>
<p>El cuerpo del hombre se desplomó sin vida y ahí se quedó.</p>
<p>Y ahora, pensó Su, al despacho de ese cabrón.</p>
<p>Corrió como nunca antes lo había hecho, cojeando a ratos y saltando en otros. Por el camino iba dejando un rastro fino de sangre que se le desprendía de su chaqueta manchada. La pistola le pesaba en la mano y en la cabeza mil martillos parecían estar dispuestos a forjar el Titanic entero a mano.</p>
<p>Cuando llegó al duodécimo piso y pasó la tarjeta de nuevo un par de focos dispuestos en el despacho de Carl Höfard la cegaron al instante.</p>
<p>-Y bien, señorita Lewington, veo que no se anda con rodeos -dijo señalando a su ropa manchada de sangre.</p>
<p>Su no podía hacer nada más que protegerse de la luz con las manos.</p>
<p>-Apresalda -ordenó Höfard.</p>
<p>Aquí acaba todo, se dijo Su, pero no para mí.</p>
<p>Y sonriendo se puso de rodillas dócilmente.</p>
<p>[Continuará]</p>
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		<title>[Huidas a medianoche] Enfureciéndose</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 18:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Os traigo la segunda parte de aquella colaboración que anuncié hace semanas. La primera parte la podéis leer aquí si no lo habéis hecho ya (o si queréis refrescar la memoria). Como bien expliqué en su momento, la colaboradora iba a desarrollar su idea original y yo por mi parte<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/huidas-a-medianoche-enfureciendose/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Os traigo la segunda parte de aquella colaboración que anuncié hace semanas. La primera parte la podéis <a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/colaboracion-huidas-a-medianoche/" target="_blank">leer aquí</a> si no lo habéis hecho ya (o si queréis refrescar la memoria). Como bien expliqué en su momento, la colaboradora iba a desarrollar su idea original y yo por mi parte haría lo mismo pero a mi manera. Pues aquí está mi segunda parte <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Taipei" src="http://farm1.static.flickr.com/111/314845827_1cbc5f100d_b.jpg" alt="Foto por orange tuesday" width="501" height="332" /><p class="wp-caption-text">Foto por orange tuesday</p></div>
<p><span id="more-2604"></span></p>
<p>El cielo se abría en tonos azules y morados reflejando sobre los edificios las largas sombras de los transbordadores espaciales. La ciudad amanecía con millones de colores fractales, algoritmos cromáticos dispuestos por los caprichos de algún dios ya muerto y enterrado por el hombre.</p>
<p>Su abrió los ojos y comprobó  con alivio que Nathan seguía allí, desnudo en la cama, a su lado y respirando profundamente. Ella también estaba desnuda. A unos metros de la silla que todo hotel pone para decorar una esquina el cuerpo de Dan permanecía inmóvil y en silencio, ¿se habían pasado con los sedantes la noche anterior? La herida ya no sangraba pero se podía advertir una mancha oscura en su cuero cabelludo, justo encima de la frente.</p>
<p>Se levantó tratando de no despertar a Nathan y encaró directamente la ducha, era la segunda vez que se duchaba en menos de seis horas. El agua caliente despertó en ella renovadas energías, se vistió sin levantar ruido y bajó a la cafetería del hotel para desayunar. Pidió un desayuno continental, abundante y copioso compuesto de huevos fritos, bacon, salchichas y puré de patatas. Para beber ordenó su típico café solo. El establecimiento estaba casi lleno y Su pudo comprobar que la mayoría de clientes eran familias con hijos pequeños; turistas que venían a la gran ciudad para ver algún que otro museo, el Central Dome, el Parlamento y tal vez Baker&#8217;s Park.</p>
<p>Regresó a la habitación subiendo por las escaleras de incendios para bajar lo ingerido, por las ventanas que iba dejando atrás consecutivamente podía ver la terminal A-3 del Aeropuerto Internacional, centenas y centenas de personas caminando a paso ajetreado portando grandes maletas de plástico sintético y anti-deslizante. Niños pequeños tirando del brazo de sus padres y azafatas uniformadas sonriendo con grandes carteles de bienvenida. En una esquina, junto a un jardín artificial de inmensas macetas de falsa-cerámica, una excursión de colegiales descansaba y se preparaba para el duro día de visitas culturales. Todo aquello la puso de mal humor.</p>
<p>Hasta hace poco ella llevaba una vida de comodidades y privilegios. Trabajaba para el mayor laboratorio internacional de ingeniería genética, específicamente era la directora del departamento de Reconstrucción y Recodificación Molecular, el DRRM, bonito nombre para una tarea tan compleja (pero a la vez sencilla) de construir tejidos funcionales a partir de la nada. Sin embargo, algún dios de esos que los hombres mataron y enterraron hacía tiempo quería ver sufrir a Su y decidió vaciar su carcaj de rayos de Zeus para mandar a la mierda su rutina maravillosa, puestos a joder cosas, también arruinó la vida a varias personas más, sin ir más lejos a Nathan. Cosas de la vida.</p>
<p>Pero Nathan no estaba directamente implicado con el incidente Genexp23 como lo había bautizado la prensa nacional. Nathan era un reportero de un periódico local que se ganaba la vida realizando entrevistas a gente desconocido y cubriendo eventos que no importaban a nadie. Cuando por casualidad comenzó con reportaje sobre ingeniería genética se dio de bruces (y de lleno), con el caso de Su y la falsificación de miles de informes sobre pacientes tratados en Genexp. Demasiado pronto vio como su vida se hundía a pasos agigantados en un mar de lodo y problemas fangosos.</p>
<p>Su sabía todo esto como también pensaba que era su culpa haber metido a Nathan en todo esto. Ella fue quien le instigó a realizar aquellas entrevistas y a fotografiar aquellos laboratorios atestados de probetas, cámaras de refrigeración y máquinas de última tecnología. Gracias a su avaricia personal, a sus ganas de hundir en la miseria a Genexp también hundió la vida de Nathan y otros tantos. Por eso tenía que solucionar el problema con rapidez.</p>
<p>Nathan seguía durmiendo y de vez en cuando lanzaba al aire algún profundo ronquido de cansancio, por su parte, Dan seguía inmóvil en el suelo. Su cogió la bolsa de mano y sacó la pistola automática de ella; una 5mm de fabricación china, barata poco fiable pero útil para matar seres humanos. La empuñadura estaba tan desgastada que las estrías rugosas en el material plástico ya ni se apreciaban. No podía pedir más a una pistola comprada de segunda mano (seguramente de tercera mano) en el mercado negro. Miró a Nathan con ternura y le besó la mejilla; desde entonces lo haría ella sola.</p>
<p>El sol de la calle le pegó de lleno en la cara como un púgil cabreado, a lo que ella respondió poniéndose las gafas de sol de cristales verdes polarizados. El teléfono sonó en su chaqueta de piel cuando había andado treinta metros de la puerta del hotel.</p>
<p>-Señorita Lewington, ¿cuándo piensa acabar con todo esto?</p>
<p>Conocía aquella asquerosa voz de sobra, era Carl Höfard, CEO de Genexp Inc.</p>
<p>-Cuando te meta una bala en la frente.</p>
<p>-Sus modales han cambiado últimamente, ¿no? Antes no era tan&#8230; arrogante.</p>
<p>-Antes estaba ciega.</p>
<p>Silencio en la conversación. Su seguía caminando por la acera en dirección a la boca del Metro.</p>
<p>-No creo estar de acuerdo con usted, digamos que sabía perfectamente qué se estaba desarrollando en el área que usted dirigía, solamente que no quería ver la realidad, aún así, decidió en su día aceptar el puesto.</p>
<p>-¡Yo no sabía nada! -Su perdió los estribos por un momento.</p>
<p>-Eso quiere pensar para no atormentarse con los cargos de conciencia que tendrá en estos momentos. Sin embargo, le diré que no hace falta tal extremo, pues, algunos pensamos que la labor del DRRM era y es maravillosa.</p>
<p>-¡Cómo puede pensar que es maravilloso robar el ADN de miles de personas con el único propósito de crear un banco de órganos al por mayor! Es usted un cerdo sin escrúpulos.</p>
<p>-Pues bien que aceptó nuestro dinero cuando se lo propusimos -sus palabras cobraron un tono severo-. En cuanto le enseñamos un cheque en blanco sus ojos brillaron como una nova naciente. Estaba deseosa de poner en marcha su proyecto doctoral y demostrar al mundo que el cáncer tiene solución.</p>
<p>-¡Pero no a escondidas de las personas que lo padecen!</p>
<p>-Señorita Lewington, usted se encargaba de la genética y nosotros de los negocios, no creo que sepa como llevar un asunto financiero, sinceramente.</p>
<p>Su cruzó a toda velocidad un paso de cebra en rojo. Los coches frenaron violentamente levantando humo blanquecino del desgaste de neumáticos. La pistola le pesaba cada vez más en el cinturón, tenía que usarla cuanto antes.</p>
<p>-Y por otra parte, ¿acaso no satisfizo su ansia de conocimiento? ¿Nuestros laboratorios no le fueron útiles para llevar a caba todo aquello que deseaba?</p>
<p>-Höfard, considérese hombre muerto.</p>
<p>-No, querida. Esa es mi frase.</p>
<p>Colgó. Su sabía perfectamente adónde dirigirse; Laboratorios Centrales de Genexp Inc.</p>
<p>[Continuará]</p>
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		<title>[Colaboración] Huidas a medianoche, por rgh</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 22:08:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Blade Runner]]></category>
		<category><![CDATA[colaboración]]></category>
		<category><![CDATA[rgh]]></category>
		<category><![CDATA[sci-fi]]></category>

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		<description><![CDATA[Fruto de una larga historia surge una nueva colaboración, esta vez con la fotógrafa a tiempo parcial del blog; rgh. La idea es muy sencilla: ella escribe un relato introductorio (que es el que podréis leer a continuación). Para la próxima entrega yo colgaré mi continuación del mismo y ella<a href="http://www.metarelatos.com/ciencia-ficcion/colaboracion-huidas-a-medianoche/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Fruto de una larga historia surge una nueva colaboración, esta vez con la fotógrafa a tiempo parcial del blog; rgh. La idea es muy sencilla: ella escribe un relato introductorio (que es el que podréis leer a continuación). Para la próxima entrega yo colgaré mi continuación del mismo y ella hará lo propio. Para la segunda vuelta, ella cogerá mi primera continuación y hará un relato en base a mi escrito, y yo haré lo mismo pero con su relato, es decir, completaremos la historia como si fuera una cadena de montaje; yo pongo final a su relato y ella pone el final al mío <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_razz.gif' alt=':P' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Por si resulta lioso os dejo con un esquema hecho a mano con el Paint, sí, adoro el Paint, me lo paso bien. Después del salto el primer relato del ciclo escrito por rgh, que lo disfrutéis. NOTA: este primer texto no tiene canción, el resto sí que tendrá.</p></blockquote>
<p style="text-align: center;">
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="  " title="Esquema de colaboración con rgh" src="http://farm3.static.flickr.com/2765/4095883527_f0caf19b1e_o.png" alt="Esquema de colaboración con rgh" width="501" height="282" /><p class="wp-caption-text">Esquema de colaboración con rgh</p></div>
<p><span id="more-2594"></span></p>
<p>La habitación que había reservado en aquel apartado hotel era tranquila y solitaria; tenía vistas al mar y una terraza donde por las noches saboreaba mi copa de vino y fumaba un cigarrillo mientras el viento movía mi pelo de un lado para otro. Era acogedora. Me tranquilizaba, me hacía no pensar en todo lo que iba a llegar. Ya no estaba segura y lo sabía. Esa noche no iba a llegar sola a mi habitación y, eso, también lo sabía.</p>
<p>Me coloqué la camiseta y me ajusté el cinturón. El hombro me quedaba al aire así que decidí alisar esa parte del pelo para que diera un toque más sensual. Me miré al espejo y cerré los ojos. Tracé una fina línea negra alrededor de mis ojos y escogí el morado para los labios. Me subí en los tacones negros a juego con la camiseta y bebí de un trago lo que quedaba del whisky que me había servido. Abrí la puerta y me marché con una seguridad que, hasta a mí, me sorprendió.</p>
<p>Llegamos a la habitación 64 tambaleándonos y puestos hasta arriba de droga. El efecto del alcohol se había pasado hacía algún tiempo pero cualquiera que se arrimara a más de 1 metro de nosotros podría haber supuesto la trayectoria de nuestra noche. Alcohol, música, humo, drogas, baile… pero lo mejor estaba aún por llegar.</p>
<p>Abrimos la puerta sin ningún cuidado y sin vigilar si nos había seguido alguien. Creo que ese fue mi gran error. Me apoyó contra la pared y me folló hasta que caímos agotados en la cama. Se veían las estrellas desde allí, al menos se intuían porque la cortina de raso morado cubría el balcón. La poca luz natural que llegaba al planeta en esos días se proyectaba en mi habitación en forma de rayos violáceos y dibujaba en mi cuerpo siluetas magníficas que nunca antes había descubierto. El aire entraba y ventilaba un poco el ambiente, requemado por el olor que había creado la mezcla a tabaco, whisky y el roce de nuestros cuerpos. Sentí verdadero asco… Saqué del bolso un cigarrillo y me senté en la cama; la llama de mi Zippo prendió y disfruté esa primera calada como si fuera la última. Dejé escapar suavemente el humo y miré hacia el techo. Dan me estaba acariciando el tobillo, recorriendo cada uno de los extremos del tatuaje que lo decoraba. Yo sabía quién era él a la perfección pero el muy iluso no tenía ni idea de lo peligrosa que podía ser. Di otra calada al cigarro y miré hacia la ventana. En ese momento supe que le mataría.</p>
<p>Me levanté apresuradamente de la cama para abrir mi maleta y sacar la pipa. Pero también era consciente de que mantenerle con vida era mi única garantía para salir con vida de toda esa mierda. Dan me miró preguntándose cuál era mi problema, por qué toda esa prisa, así que salí al paso de la mejor manera que pude: me fui a dar una ducha. En lo que el agua empezaba a calentarse cogí mi teléfono móvil y marqué el número que Nathan y yo habíamos acordado. Procuré hablar lo suficientemente bajo como para que el gilipollas de Dan no me escuchara, aunque estaba convencida de que tampoco lo haría, estaba demasiado perjudicado. La voz de Nathan sonó al otro lado del teléfono y nunca pensé que podría alegrarme tanto.</p>
<p>-¿Estás bien Su?</p>
<p>-No, pero no importa, no puedo hablar demasiado. Le tengo.</p>
<p>Le oí respirar algo más fuerte y tras unos segundos me dijo:</p>
<p>-Muy bien, no te preocupes, no podemos arriesgarnos más. En 10 minutos salgo hacia allí.</p>
<p>-Vale, pero ten cuidado. Ya sabes cómo llegar. Aquí estaré.</p>
<p>La llamada se cortó y rápidamente me metí en la ducha. El agua me caía por todo el cuerpo y cerré los ojos para no pensar en lo que acababa de pasar; además las luces azules que iluminaban el cuarto de baño me ponían un poco nerviosa, me recordaban a los laboratorios de Genexp. El agua salía algo turbia, pero la verdad es que no me importó lo más mínimo; me limpié lo más a fondo que pude y me quedé un buen rato sentada en el plato de la ducha mientras todo se inundaba de vapor. Cerré el grifo y me levanté, me envolví en una pequeña toalla y me miré al espejo aunque tuve que esperar un rato para que se desempañara. Al fin pude ver mi imagen reflejada y me dije a mí misma que iba a conseguir todo lo que nos habíamos propuesto. Sí, por supuesto que sí, éramos demasiados como para que nos silenciaran a todos; en un momento u otro todo el mundo conocería la verdad sobre ellos, sobre ellos y todas las barbaridades y crímenes que habían estado cometiendo durante años y no podrían quedar impunes.</p>
<p>Cuando salí del baño Dan estaba dormido, o eso parecía, a lo mejor es que todavía iba demasiado puesto como para levantarse. Casi lo prefería, así todo sería más fácil cuando llegara Nathan. De pronto, mientras yo estaba inmersa en esos pensamientos, aporrearon la puerta. Dan se levantó de la cama sobresaltado y fue corriendo a abrir la puerta. Entonces, salí corriendo enroscada en la toalla y fui hacía mi maleta, cogí la pipa y, justo cuando Nathan apareció al otro lado de la puerta, golpeé con fuerza al inútil de Dan en la cabeza. Se derrumbó y empezó a sangrar a borbotones; estaba inconsciente, pero no era grave. Nat entró y cerró la puerta inmediatamente. Se acercó a mí y me besó con pasión.</p>
<p>-Date prisa, tenemos que atarle antes de que despierte. Hay material en mi bolsa, sácalo.</p>
<p>-¡Deberíamos matarle al muy mamón! No sabes lo duro que ha sido esto para mí. Me siento sucia, esto ha sido asqueroso ¡joder!</p>
<p>-Su, lo entiendo y tienes razón pero no es el momento. Tanto tú como yo sabemos que le necesitamos.</p>
<p>-Lo siento, es que no aguanto más. Tenemos que sacar todo a la luz cuanto antes o acabaran con nosotros. Están muy cerca Nathan y sabes que son capaces de cualquier cosa, incluso de dejar a este capullo en nuestras manos con tal de llevar a cabo sus propósitos.</p>
<p>Nos pusimos manos a la obra hasta que le tuvimos completamente inmovilizado. Le amordazamos y le metimos en un armario por si acaso. Pareció el único momento tranquilo de la noche. Me senté en el borde de la cama y dejé la pistola en la mesilla. Nathan vino a mi lado y me abrazó. Nos quedamos mirando hacia el balcón, viendo esa luna ahora purpúrea que iluminaba el cielo y las pocas y diferentes estrellas que plagaban el cielo. Bajo la mirada oculta de esas estrellas hicimos el amor en silencio. Nuestros cuerpos se movían al compás del viento y de una especie de música electrónica propia de los antros en lo que solía esconderme. Al final nos quedamos dormidos hasta el día siguiente, un día que amaneció extrañamente frío y lluvioso.</p>
<p>Me llamo Susan Lewington y soy doctora en Biología y Farmacia. De hecho, soy una de las mejores investigadoras que ha tenido la ciencia en estos últimos años y no lo digo por echarme flores, lo digo porque sino ellos nunca habrían venido a por mí.</p>
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