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	<title>Meta-Relatos &#187; Tercera Guerra Mundial</title>
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	<description>Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.</description>
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		<title>Pasadizos olvidados</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 08:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio.R</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[IIIGM]]></category>
		<category><![CDATA[Tercera Guerra Mundial]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya sé que la tenía un poco abandonada (más de un mes sin escribir nada de ella), también sé que a much@s os encanta, me habéis pedido que la continuara y aquí la tenéis, una nueva entrega de mi saga sobre la III Guerra Mundial. Avanzamos en la historia de<a href="http://www.metarelatos.com/belico/pasadizos-olvidados/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="JUSTIFY"><span style="color: #888888;"><em>Ya sé que la tenía un poco abandonada (más de un mes sin escribir nada de ella), también sé que a much@s os encanta, me habéis pedido que la continuara y aquí la tenéis, una nueva entrega de mi saga sobre la III Guerra Mundial. Avanzamos en la historia de nuestros dos protagonistas y aparece uno nuevo. A disfrutar.</em></span></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.staticflickr.com/2720/4108768528_a1ecf90337.jpg" alt="" width="500" height="345" /><p class="wp-caption-text">Foto por Jimby K</p></div>
<p><span id="more-4277"></span><br />
<object width="353" height="132" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=194912f" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed width="353" height="132" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=194912f" wmode="transparent" quality="high" /></object></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Aparecimos en un túnel muy estrecho, contiguo al principal por el que discurrían las vías. Seguíamos oyendo el estruendo de las balas mientras avanzábamos por el túnel tras el señor bigotudo.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Era un túnel excesivamente largo, que bajaba cada vez más. Llegó un momento que tuve la impresión de que estábamos dando vueltas. Pero después de una agotadora caminata llegamos a una gran estancia, con bastante luz y muchas estanterías repletas de libros. El pequeño hombre llegó al centro de la estancia, se giró, carraspeó un poco y se dirigió a nosotros:</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Mi nombre es Andrei y llevo viviendo aquí abajo desde que empezó todo esto. Los franceses destruyeron todo a su paso. Esto es uno de los muchos bunkers de la anterior gran guerra que se construyeron. Es el único que no aparece en ningún mapa, es el del mismísimo presidente.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Parecía un hombre sencillo, amoldado a su nueva situación como simple rata de túnel, pero parecía amable y les había salvado la vida.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Gracias por ayudarnos antes, es probable que ya no respiráramos si no fuera por usted.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- El enemigo de mi enemigo, es mi amigo. ¿Y qué os llevó a vosotros, dos soldados estadounidenses, a internaros en los túneles del metro de Moscú?</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Le contamos la historia, alterando y omitiendo ciertas partes, como lo del mapa y las marcas radioactivas.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Mientras hablábamos nos ofreció café y algo de comer, que aceptamos gustosamente, ya que llevábamos varios días sin comer nada. Una vez terminada la historia, le pedimos ayuda, cuál era el camino más seguro para salir lo más al este que permitiera la red del metro, no queríamos encontrarnos más barricadas como la de antes.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Nos dijo que ahora mismo, lo más seguro era quedarse allí, él nos ofrecería cobijo, comida y nos equiparía para la partida, con armas, munición, mapas y alguna información que había ido recabando a lo largo de la contienda, si a cambio le permitíamos que nos acompañara y que le sacáramos de allí.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Podría dejarnos un momento a solas, nos gustaría considerar su propuesta en privado.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Por supuesto, tómense el tiempo que necesiten.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">[…]</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- ¿Qué cree sargento? Parece un hombre cansado de estar escondido, que solo quiere un poco de paz y dejar a un lado ese continuo estado de alerta.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Sí, a mí también me lo parece, pero los rusos son rencorosos y muy orgullosos, siempre hemos estado en conflicto y nunca me fío ni fiare de un ruso, aunque parece que este hombre lo único que quiere es descansar y pasar sus últimos años de vida apaciblemente.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Continuamos hablando durante un rato más y llegamos a la conclusión de que lo mejor sería quedarnos allí unos días, hasta que se calmaran los ánimos fuera y poder salir con fuerzas renovadas para volver al campamento.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"> - ¿¡Andrei!? ¿Sigue usted ahí?&#8230; ¡Andrei!</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- Sí&#8230; sí&#8230; por supuesto, aquí sigo. Perdone pero la edad no perdona y ya no escucho tan bien como antes.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- No se preocupe, tengo que decirle que sí, aceptamos su propuesta, nos quedaremos aquí.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">- ¡Magnífico! Les diré donde pueden dormir y mientras se acomodan iré a preparar algo de comer.</p>
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		<title>Viejos enemigos</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 08:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio.R</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[IIIGM]]></category>
		<category><![CDATA[Tercera Guerra Mundial]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de apartar a un lado mi peculiar historia sobre la IIIGM, aquí vuelve a la carga un nuevo relato de la saga. Esta es ya la quinta entrega, la historia va tomando forma y se van descubriendo algunos misterios, aparecen nuevos y otros aun se quedan en el tintero<a href="http://www.metarelatos.com/belico/viejos-enemigos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Después de apartar a un lado mi peculiar historia sobre la IIIGM, aquí vuelve a la carga un nuevo relato de la saga. Esta es ya la quinta entrega, la historia va tomando forma y se van descubriendo algunos misterios, aparecen nuevos y otros aun se quedan en el tintero para próximas entregas.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Espero que os guste, aquí empieza ya la acción.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>PD: ya no volveré a poner más los links de relatos anteriores, como siempre recomiendo la previa lectura de los mismos para poder seguir el hilo, ahora podéis encontrarlos con la etiqueta <strong>IIIGM</strong>, en el siguiente enlace: <a href="http://www.metarelatos.com/tag/iiigm/">http://www.metarelatos.com/tag/iiigm/</a></em></p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2340/2424391508_11fe603f4d.jpg" alt="" width="500" height="349" /><p class="wp-caption-text">Foto por horizontal.integration</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<address><strong><em>Justo cuando le déis a play en el reproductor de goear, pulsad el pequeño botón que esta junto a TIME, para que la canción se repita, puesto que no dura lo suficiente <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </em></strong></address>
<p><span id="more-3931"></span><br />
<object width="353" height="132" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=10e26dd" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed width="353" height="132" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=10e26dd" wmode="transparent" quality="high" /></object></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Qué iluso fui al pensar que tan solo quedaban unos metros para poder descansar. A la vez que se acercaban a la estación fueron perfilándose diversas estructuras en la boca del túnel y sobre éstas o cubiertas parcialmente se veían sombras de unas 15 personas. Cuando se dieron cuenta, no pudieron hacer nada, ya estaban apuntándolos con focos y con diversas armas montadas sobre las estructuras que hacían de barricada.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Le dije a Krits que esperara, pues lo vi quitar el seguro de su arma y tenía el dedo en el gatillo.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Una de las siluetas subió a la estructura más alta y gritó algo en francés. Al ver que no respondíamos gritó más alto.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Ninguno de los dos entendíamos nada de lo que nos decía, así que optamos por el silencio. Seguimos esperando. No volvieron a pronunciar ni una palabra.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Pasados dos minutos, decidí que era el momento de hacer algo. Susurré a Krits que fuera retrocediendo muy lentamente. Sin darnos tiempo a dar el segundo paso atrás oímos el claro y seco sonido del seguro de una de las ametralladoras montadas en la estructura. Instintivamente nos lanzamos cada uno a un lado de las vías a cubierto tras las vigas de hormigón que sujetaban el túnel.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">No esperaron nada más para comenzar a disparar. Todas las ametralladoras empezaron a escupir balas del calibre 6 o 7 a juzgar por el tamaño de las marcas que dejaban alrededor de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Krits y yo empezamos a disparar en pequeñas ráfagas siempre que podíamos. Al parecer alcanzamos a alguien, oímos un alarido de dolor justo cuando Krits estaba disparando. Yo acerté a uno de los focos.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">No paraban de dispararnos, las balas silbaban a nuestro alrededor, no podíamos movernos, estábamos atrapados tras esas columnas, que no tenían pinta de poder aguantar mucho más, en algunos sitios podían verse las varas de refuerzo de acero.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Después de un largo minuto de disparos, se detuvieron, pensando que ya estaríamos más que muertos con cientos de balas en nuestros cuerpos. Nada más parar los disparos, automáticamente sacamos nuestros fusiles y apuntamos con cuidado, cubiertos por la parcial oscuridad que había quedado tras destrozar el foco. Disparamos una, dos y hasta tres certeros disparos que hicieron derrumbarse a los correspondientes soldados franceses. Tras este cambio de tornas, volvió el infernal ruido de las ametralladoras que seguían acribillándonos.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">De pronto, vi que Krits desaparecía en la oscuridad del túnel, como si la pared se lo hubiera tragado.</p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY">Un instante después, apareció un hombre de tez clara y pelo negro con un grueso bigote y un viejo kalashnikov con un lanza-granadas montado en él. Cargó una granada y la disparó contra las estructuras. La explosión y polvareda me dio el tiempo suficiente para saltar al otro lado de las vías y seguir al hombre del bigote a través de una abertura en la pared. Segundos después de que la tapáramos, volvimos a oír los disparos de las ametralladoras.</p>
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		<title>[Historias de Galia] Filo en la noche</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 18:48:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
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		<category><![CDATA[Historias de Galia]]></category>
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		<description><![CDATA[Soy consciente de que tengo unas cuantas sagas abiertas sin terminar, y prometo que poco a poco, y a ritmo constante, las iré acercando a su final. Sin embargo, hoy he decidido hacer una mini-saga de tamaño muy reducido. Serán unos cuantos relatos muy pequeños que se publicarán a uno<a href="http://www.metarelatos.com/belico/historias-de-galia-filo-en-la-noche/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Soy consciente de que tengo unas cuantas sagas abiertas sin terminar, y prometo que poco a poco, y a ritmo constante, las iré acercando a su final. Sin embargo, hoy he decidido hacer una mini-saga de tamaño muy reducido. Serán unos cuantos relatos muy pequeños que se publicarán a uno por día durante toda una semana. Comencemos.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img title="Luna" src="http://farm4.static.flickr.com/3646/3348254036_51524670a8.jpg" alt="" width="500" height="317" /><p class="wp-caption-text">Foto por Helge Carlsen</p></div>
<p><span id="more-2865"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/local.swf?file=896e533" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/local.swf?file=896e533" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Una calle cubierta de escombros arroja alargadas sombras a los soportales en ruinas cuando los nidos de ametralladoras descargan su ira contra algún pelotón perdido en la noche. El eco de las ametralladoras suena distante pero inquietante en su lejanía, haciendo mella en la debilitada psicología de una demacrada superviviente. Un obus impacta una centena de metros por delante suya y le lanza hormigón fragmentado a la cabeza. Ella se cubre detrás de un coche calcinado.</p>
<p>La luna se deja ver de vez en cuando entre el denso humo que escupen los tanques del Imperio de Draconia, y en esos momentos es cuando aprovecha para deslizarse entre los edificios derruidos intentando encontrar un lugar idóneo para su tarea. Unos pasos cercanos llaman su atención y se aprieta con fuerza contra lo que antes era una puerta de metal, sintiendo como la superficie áspera le araña la espalda; es una patrulla de tres hombres que parecen ignorar que están en plena invasión.</p>
<p>Ya ha decidido cómo actuará y comienza a extraer un cuchillo plateado de su funda de cuero roído. El sonido que produce el filo al rozar con la piel de vaca inunda momentáneamente sus oídos. Espera a que pasen por delante suya, cuenta tres. Salta con decisión y hunde el arma en el carnoso cuello del soldado más retrasado, quien no tiene ni tiempo para gritar de dolor, y aunque lo tuviera, el aire se le escaparía por el corte antes de poder emitir ningún mensaje de socorro. Los otros dos se dan la vuelta pero ella ya está encima. Deja el cuchillo clavado en el abdomen de un segundo y al tercero le golpea con fuerza en el mentón. Cuando éste cae al suelo ella se limita a coger de nuevo su cuchillo, ahora ensangrentado, para volver a emplearlo.</p>
<p>Sentada sobre los cadáveres de aquellos tres desgraciados que invaden su patria, Eliza se pregunta cuándo fue la última noche que pasó sin oler la sangre humana.</p>
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		<title>Mejillas sucias</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 19:39:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Tercera Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[viñedos Francia]]></category>

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		<description><![CDATA[Skryte, un buen lector que se toma la molestia de leer mis relatos desde hace tiempo, expresó que sus favoritos eran aquellos bélicos sobre la III Guerra Mundial que me inventé a lo retro y que tenía lugar en los viñedos franceses. Bueno, hoy he decidido premiarlo por su lealtad<a href="http://www.metarelatos.com/belico/mejillas-sucias/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Skryte, un buen lector que se toma la molestia de leer mis relatos desde hace tiempo, expresó que sus favoritos eran aquellos bélicos sobre la III Guerra Mundial que me inventé a lo retro y que tenía lugar en los viñedos franceses. Bueno, hoy he decidido premiarlo por su lealtad en la lectura <img src='http://www.metarelatos.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>PD: Visto el super éxito que ha tenido Diario de Jimmy (sobre todo por unos pueblos de la sierra madrileña desde donde me han llegado inquietantes comentarios), he decidido pedirle a mi amigo de 8 años que me mande algo más de sus notas. Estoy esperando ansioso.</p></blockquote>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 511px"><img class="   " title="Barro" src="http://farm4.static.flickr.com/3406/3328516609_f1f9ebdc0d_b.jpg" alt="Foto por smoodysarah" width="501" height="338" /><p class="wp-caption-text">Foto por smoodysarah</p></div>
<p><span id="more-2358"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=bdd3e08" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=bdd3e08" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p>Una quebradiza voz nace de un magnetófono de bobina abierta. A ritmo lento pero continuo va rasgando la atmófesra de la habitación expandiendo un aura gris por los muebles de la instancia.</p>
<p>&gt;&gt;Éramos seis jóvenes de California. Fuimos reclutados por un sargento de la 101ª y en menos de tres semanas ya estábamos saltando sobre Francia. Nuestra escuadra no era una escuadra al uso. Oficialmente pertenecíamos a la 101ª pero en realidad no combatíamos con ellos, a decir verdad, ni tan siquiera combatíamos <em>como</em> ellos.</p>
<p>Jim nos definió una noche de tormenta como &#8220;los basureros de América&#8221;. Estábamos en medio de la nada y en menos de cinco minutos el cielo rompió a llover como nunca antes había visto. La lluvia solía ser una constante en nuestras misiones, de hecho, no <em>salíamos a jugar</em> a no ser que estuviera chispeando como mínimo. En la base nos solían llamar &#8220;los hombres del tiempo&#8221;, pero Jim creía que éramos basureros.</p>
<p>Como dije, oficialmente nos subsumíamos en la 101ª, pero nuestro trabajo era muy diferente. Nuestras misiones eran del tipo que rozaban la difusa línea que separa el matar impunemente con el matar incidiendo en crímenes de guerra. Nadie quería hacer lo que nosotros hacíamos, pero había que hacerlo, y quiénes mejor que los &#8220;basureros de América&#8221;.</p>
<p>Los días de lluvia eran un caos en el campo de batalla, pues la tierra se volvía espesa y traicionera como una trampa mortal. Existía un acuerdo tácito con los franceses de no luchar en los días de mucha lluvia, o al menos, no movilizar demasiadas tropas. Por supuesto, ese pacto no nos acogía a nosotros seis.</p>
<p>El Servicio de Meteorología trabajaba constantemente para dar partes a diario y de gran capacidad predictoria. Si ellos decían que la noche del sábado llovería, el viernes por la mañana comenzábamos a calentar para estar completamente listos. Si por lo que fuera el sábado no llovía, entonces nos mandaban de nuevo al barracón a descansar. Nuestras misiones tenían que ser en días lluviosos porque operábamos tras las líneas enemigas, incluso muchas veces en el frente francés. Recuerdo con especial emoción una noche en la primera línea de trincheras francesas. Pensarán que estábamos locos al meternos allí, pero les diré que es un lugar relativamente seguro porque nadie se piensa que tendrá al enemigo saboteando armamento en la primera línea de defensa.</p>
<p>Ese era nuestro trabajo; sabotear, al precio que fuera.</p>
<p>Pero lo que a primera vista parece una empresa limpia y sencilla, les tengo que contar que para poder llegar a un puesto antiaéreo, por ejemplo, antes hay que correr siete kilómetros de campo abierto, caminar por caminos minados, arrastrarse por espinosas alambradas, asesinar sigilosamente a diez guardias y por último colocar los explosivos, salir corriendo y esperar en la humedad del barracón a que la batería antiaérea fuera usada al día siguiente. Todo ello siempre bajo la lluvia. Maldita lluvia.</p>
<p>Aquella tarde de febrero los viñedos franceses se convirtieron en un mar de barro y fango. Había visto llover antes, pero no tanto. Por primera vez sentí el temor a quedar atrapado en el lodo y ser un blanco fácil para los francotiradores enemigos, o peor aún, ser encontrado inmóvil por una patrulla francesa. Pero no pude permitirme el lujo de mostrarme asustado porque era el oficial de mayor rango entre los seis, concretamente teniente primero.</p>
<p>A causa de la poca visibilidad y de que el punto de lanzamiento había sido la peor elección en toda la historia de la 101ª, nos vimos perdidos en medio de la nada. Al sur teníamos un pequeño bosque muy frondoso que parecía no llevar a ninguna parte. Al norte y al oeste los caminos se perdían en la oscuridad sin retorno alguno. Al este un campo se abría vasto y negro ante nosotros; ése tendría que ser nuestro camino. Si no recuerdo mal fueron casi tres horas de caminata tranquila hasta el primer puesto francés. Era una pequeña garita de madera con una luz en su interior, construida al margen de una carretera de suministros improvisada y objeto de nuestra encomienda. Entre los seis portábamos algo menos de ciento cincuenta kilos de explosivo, un peso nada agradable cuando sobre tu cabeza está cayendo el Diluvio Universal por segunda vez.</p>
<p>Todo enloqueció en un minuto.</p>
<p>Thomas y Buck rodearon la garita por la cara norte de forma habitual; cabeza gacha y fusil con bayoneta preparado. En veinte segundos pudimos ver cuatro sombras en el interior de la construcción, dos desplomándose en un grito ahogado y otras dos transgrediendo la naturaleza del ser humano.  La noche se había cerrado tanto y la lluvia creaba un velo tan tupido que no pude diferenciar a mis hombres hasta que no se acercaron a menos de diez metros de nosotros. Venían directos a mí para dar parte del incidente en el interior de la garita, pero nunca pude escuchar sus voces envueltas por la intensidad de la tormenta.</p>
<p>Lo que escuché fueron dos difuminados disparos casi enmundecidos por el temporal.</p>
<p>Su sangre me salpicó en el rostro y se mezcló con las gruesas gotas de lluvia que empapaban mi cara. Thomas y Buck se desplomaron allí doblados por las rodillas, con la boca abierta y regurgitando su propia sangre. Los disparos se sucedieron uno tras otro a intervalos de dos segundos, alcanzando a Jim en una rodilla y matando a Parker y a Collins en el acto. Así a Jim como pude y eché a correr hacia la garita. Todavía recuerdo el barro saltando violentamente bajo mis botas, como pequeñas erupciones volcánicas en un burbujeo incesante que lanzaban tierra densa a la cabeza caída de Jim sin yo poder hacer nada, solamente correr.</p>
<p>Nos parapeté contra la pared de la garita y examiné con presteza la herida. En aquel estado no podría volver a caminar nunca, eso si salía de allí con vida. Jim estaba al borde de perder el conocimiento, pero le mantuve con los ojos abiertos durante al menos tres minutos más, bajo aquella endiablada lluvia mientras la madera se astillaba a nuestras espaldas lentamente. Fue en ese momento cuando Jim me dijo que éramos los basureros del país, porque nuestro trabajo es necesario pero nadie lo quiere.</p>
<p>Mentiría si digo que no lloré cuando su cuello se dobló aún con los ojos abiertos y la palabra en la boca. Habiendo perdido a mis hombres, a mis cinco únicos amigos y cinco únicas personas en las que confié mi vida, mis lágrimas se podían comparar con la lluvia que calaba mi moral rota.</p>
<p>Juré vengarme. Juré que terminaría el trabajo que nadie quería.</p>
<p>Realmente uno no puede pensar en una situación como aquella. Me limité a recoger mi fusil y rodear la garita lo más rápido que mis piernas me permitieron. Al doblar la esquina me vi encima de dos franceses que sigilosamente buscaban ganarme la espalda. Recuerdo la mirada de uno de ellos cuando me abalancé hendiendo mi bayoneta en su pecho uniformado. Mis manos todavía recuerdan la sensación de atravesar carne humana, una sensación equiparable a pegar a una madre. De su boca ascendió el vaho más triste que se pueda espirar. Con el impulso de la carrera, sin pararme en ningún momento, dejé el fusil clavado en el pecho de aquel desgraciado y destrocé la mandíbula del otro con mi codo. Mientras él intentaba equilibrar su punto de gravedad le volví a pegar. La patada impactó en alguna parte de su rostro que noté crujir bajo la planta de mi pie. Acabé con su vida echándole las manos al cuello. No me atreví a mirarle a la cara.</p>
<p>Recuperé mi arma ensangrentada de aquel pecho perforado vilmente y esprinté hacia el otro lado de la carretera, donde creía que estarían los francotiradores. Una bala silbó muy cerca de mi oreja, e instintivamente me tiré al suelo para reptar. Tanto la lluvia como el barro que ésta levantaba se me metían en los ojos.</p>
<p>Entonces, mientras reptaba con dificultad en aquel lodazal inmundo e imaginaba cómo mataría a aquellos bastardos cuando los encontrase, pensé en las últimas palabras de Jim.</p>
<p>No éramos basureros. Tampoco éramos los hombres del tiempo.</p>
<p>Nos tendrían que llamar <em>mejillas sucias</em>, porque siempre acabábamos en el barro. Pero eso era cuando éramos seis, en aquel momento solamente era un hombre sin ya nada más que perder.</p>
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		<title>Relato: Recuerdos fragmentados</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 14:50:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cartas en el humo]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos fragmentados]]></category>
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		<description><![CDATA[No miento si digo que mi novela se enmarca parcialmente en el género steampunk, pero tampoco quiero dejar de lado las esquinas oscuras de la novela negra ni los sentimientos apasionados de la narrativa bélica. Una vez más os dejo un relato que tiene lugar dentro del contexto de la<a href="http://www.metarelatos.com/belico/relato-recuerdos-fragmentados/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>No miento si digo que mi novela se enmarca parcialmente en el género steampunk, pero tampoco quiero dejar de lado las esquinas oscuras de la novela negra ni los sentimientos apasionados de la narrativa bélica. Una vez más os dejo un relato que tiene lugar dentro del contexto de la novela &#8220;Cartas en el humo&#8221;, que espero esté terminada para finales del presente año o principios del siguiente. Es algo más largo que los demás, pero necesitaba más espacio para todo esto, y de esta forma estreno la sección &#8220;relatos&#8221; (en vez de &#8220;microrelatos&#8221;, aunque éstos no los dejaré de lado). Como tiene 7 páginas de contenido he subido un archivo .pdf, para facilitar la lectura. El link de descarga está después del sato, al igual que la canción que he escogido para la lectura del texto. Espero que os guste.</p></blockquote>
<p><span id="more-1962"></span></p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="353" height="132" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0666e01" /><param name="wmode" value="transparent" /><param name="quality" value="high" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="353" height="132" src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0666e01" quality="high" wmode="transparent"></embed></object></p>
<p><a href="http://www.proyectodirmy.com/wp-content/uploads/2009/06/recuerdos-fragmentados.pdf">Click aquí para leer el texto con tu lector PDF</a></p>
<p>El viento mecía las altas espigas de trigo que parecían bailar en aquella tarde de verano, bajo un Sol parcialmente oculto tras una gran masa de nubes blancas que contrastaban con fuerza en el inmenso azul del cielo. En aquella llanura el tiempo parecía no pasar. El incesante tic-tac del reloj sobre la mesa de trabajo del hangar, desordenada y sucia con numerosas manchas de grasa, se hacía tan lento que tras minutos de contemplación la sensación era la de viajar inversamente en el tiempo. En aquella paz natural el silencio solamente era perturbado por el chisporroteo de un soplete sobre el fuselaje de un avión en reparación.</p>
<p>La única pista de aterrizaje presentaba un estado salvaje. No es que estuviera mal acondicionada pero de entre las grietas del viejo cemento crecían plantas silvestres que adornaban tímidamente con sus flores el ceniciento gris de la argamasa. La compañía Bastard descansaba plácidamente diseminada por los tres hangares siendo Woodland el único que no estaba en el recinto de espera. Sus compañeros tirados contra la pared de chapa miraban al infinito de la llanura dorada con las mangas del uniforme arremangadas. El sargento Claude que era un gran aficionado a la goma de mascar admiraba el paseo aéreo de las nubes, lentas pero seguras hacia el horizonte. De paso hacía la vista gorda y saltándose el estándar de disciplina y comportamiento permitía apostar con cartas a cuatro tipos un poco más allá.</p>
<p>Woodland observaba todo esto desde el borde de la pista de aterrizaje, de pie y con el casco bajo el brazo oteaba la llanura por curiosidad. Era una pequeña base del ejército perdida en medio del campo, sin ningún tipo de interés estratégico pero aún así el Alto Mando tenía a la compañía parada allí. El fusil le tiraba de la correa recordándole que estaban en tiempos de guerra. Todo cambiaba con la guerra. Hasta ese precioso latifundio de cereales perdía su encanto cuando uno recordaba que kilómetros más al norte las bombas caían destrozando hogares y familias por minuto. Cerró los ojos y dejó que la brisa golpeara en su cara, e intentó imaginar aquel lugar sin aviones militares, soldados jugando a las cartas o mecánicos arreglando motores dañados. Simplemente no pudo, y supuso que tantos meses de combate le habían convertido en otra persona diferente.</p>
<p>Desde pequeño siempre quiso volar los aires de Galia en un monoplaza de doble hélice, al menos eso creía recordar de su infancia, pero las circunstancias de una vida poco afortunada le habían llevado al alistamiento forzoso en el ejército de tierra. Por suerte estaba en una compañía de paracaidistas y por lo menos tenía algún tipo de contacto con el cielo. Entonces el viento le trajo a los oídos el inconfundible ruido del motor de un G-08. Alzó la vista escapando de sus pensamientos y divisó en la lejanía la silueta del avión. La aspas de la hélice formaban un precioso círculo dinámico y pudo observar como lentamente el tren de aterrizaje se desplegaba para iniciar el descenso a tierra. Pensó en retirarse unos pasos pero se lo replanteó y decidió quedarse donde estaba, al borde de la pista donde podría sentir de lleno el aroma de la máquina. Cuando el avión tomó tierra la goma de las ruedas al contacto áspero del cemento desprendieron un denso humo blanquecino que se esfumó rápidamente. El avión pasó a gran velocidad por enfrente suya y la fuerza que ejercían sus alerones en el aire casi le sientan de culo en la hierba. Realmente aquello le encantaba.</p>
<p>Horas después la sirena de emergencia sonaba estrepitosamente por todo el pequeño recinto militar. Los sargentos gritaban a los soldados para agilizar la preparación mientras que los oficiales esperaban de pie junto a la mesa de mapas. En pocos segundos los treinta y dos hombres del pelotón de Woodland formaban en firmes ante el gran A-305 que les soltaría en algún lugar de Galia. De momento ninguno de ellos sabían a dónde irían, lo único de lo que tenían certeza es que sería un lugar calcinado y gris, donde las balas silban a pocos centímetros de tu cara y las granadas explotan a dos metros de ti lanzándote trozos de asfalto y tierra a la ropa. Donde los caballos muertos adornan las esquinas de las calles y las mujeres lloran con niños en brazos, suplicándote que te los lleves contigo en un mar de lágrimas sucias por el polvo acumulado en sus mejillas. Woodland sabía todo eso y más, pues lo había vivido un sinfín de veces, pero también cabía la posibilidad de ser lanzados en medio de la nada donde todo se hace peor.</p>
<p>- ¡Atención! -gritaba el Teniente Florit-. Saltaremos a las 0915 sobre la región de Callen sin los paracaídas de reserva, lo cual será un salto bajo. Quiero a todos los hombres listos por escuadras en cinco minutos. Aquí mismo -barrió a los hombres con la mirada-. Pueden romper filas.</p>
<p>El caos organizado de siempre comenzó y lo que antes había sido un bonito sitio para descansar ahora se había tornado en una pista de carreras, insultos, prisas y demás cosas habituales. En el tiempo estipulado estuvieron de nuevo formando ante el gran avión de transporte y en otros cinco minutos estaba todo el pelotón dentro y sentado. Lo que más le gustaba de volar era el despegue, esa sensación de separación física con la tierra que hace que las tripas se te suban provocando un tremendo placer en algunos, vómitos en otros. Cuando la inmensa masa de toneladas de metal surcaba los aires Jean le llamó la atención dándole golpes con el codo. Tenían que hablar más bien alto porque el ruido de los cuatro motores de 42 cilindros impedían una fácil comunicación.</p>
<p>- Woodland, escucha tío -le dijo acercando mucho su boca a su oreja-. Creo que en Callen hay tres compañías americanas. Unos tipos de la mecanizada lo comentaban esta tarde en el hangar.</p>
<p>- ¿Y qué decían exactamente? -la verdad es que aquello no le interesaba pero tampoco quería quitarle la ilusión al pobre Jean.</p>
<p>- Hablaban que el 3º de granaderos había recibido por todas partes en Callen. ¡El 3º de granaderos Woodland!</p>
<p>- De qué te preocupas Jean, somos los jodidos paracaidistas de Galia -intentaba infundirle un poco de serenidad porque le veía realmente afectado-. ¿Cuántas veces has hecho esto? Si te viera tu madre hacer lo que haces todas las semanas le daba un infarto, créeme.</p>
<p>Pareció que Jean se quedó un poco más tranquilo. No le volvió a decir nada en todo el viaje. Lo peor de hablar en el avión es que no se sabe quién morirá en el salto y quién sobrevivirá, pudiendo darse el caso de que dos se prometan beber unas cervezas frías tras la operación y después uno de ellos regrese en una bolsa de plástico, y eso si se puede recuperar el cuerpo.</p>
<p>El piloto accionó la luz verde que indicaba la zona de salto. Tras los protocolos de seguridad fueron saltando uno a uno por la compuerta abierta. Una fortísima ráfaga de viento les golpeaba en las gafas protectoras y hacía bailar todos los mosquetones del arnés. Woodland saltó de los últimos como siempre y procuró no separar los brazos del pecho, semanas atrás casi se rompe las dos extremidades al pasar por las ramas de un árbol con muy mala leche. No había comenzado a descender ni cinco metros de los ciento ochenta que tenía que hacer cuando las trazadoras de los antiaéreos comenzaron a silbar a su alrededor. Desde la altura podía divisar dónde estaban emplazadas las dos baterías que estaban abriendo fuego contra ellos y supuso que tendrían por delante una dura noche de trabajo. Una ráfaga pasó excesivamente cerca de él e instintivamente alzó la vista intentando no romperse el cuello. Con los ojos bien abiertos seguía el rostro anaranjado que los proyectiles dejaban tras de sí. Hicieron impacto en la panza de su avión el cual explotó en una gran bola de fuego que arrojó esquirlas metálicas en todo el diámetro. Un trozo del fuselaje rasgó la lona de su paracaídas y comenzó a caer más rápido dando vueltas sin parar, no podía controlar la dirección de vuelo y terminó por caer en la copa de un árbol. La fuerza que llevaba no era la suficiente para pararle e iba rompiendo ramas con el cuerpo que le arañaban a medida que le rompían el uniforme. Finalmente quedó suspendido en seco a unos seis metros del suelo, sacó rápidamente el cuchillo bayoneta de la pernera y como pudo rasgó las cuerdas que le mantenían en el aire. La caída no fue mucho mejor.</p>
<p>Recuperando su equipo de entre las ramas se quitó los arneses y demás correas necesarias para el salto y corrió a buscar un lugar refugiado desde donde poder encontrar a algún compañero. Se fijó en un gran poyo de piedra pegado a los tablones de un cobertizo minúsculo. Mientras corría hacia él se fijó que en el horizonte el Sol estaba a punto de desaparecer y pensó cómo debería ser aquel momento visto desde la torre de control de la base entre el trigo. Su cuerpo chocó contra la madera y con un rápido movimiento verificó que en el interior de la construcción no había nadie. Las baterías móviles habían dejado de disparar y reinaba en el lugar una relativa calma, solamente podía escuchar su respiración entrecortada y notaba el latido de su corazón en las sienes.</p>
<p>- ¡Woodland! -le gritó alguien desde detrás. Él se giró bruscamente y apuntó con el fusil-. Tranquilo chico, soy yo.</p>
<p>Era Dómine, un cabo como él aunque algo inoportuno la mayoría de veces. &#8211; No vuelvas a hacerlo -bajó el arma y suspiró profundamente.</p>
<p>- Venga vamos, si eres un <em>genboy</em>. Nervios de acero y puntería milimétrica -le guiñó un ojo y se subió al poyo dándole la espalda para otear el campo que se abría ante ellos.</p>
<p>- No lo vuelvas a repetir, no me gusta pensar en ello -y era verdad, odiaba recordar que era genéticamente superior al resto de compañeros. Fue concebido en un laboratorio y aunque las autoridades militares le aseguraban que era original, él tenía la sospecha de que era el sustituto eterno de algún ser humano con cualidades bélicas excelentes. Si no cómo se explicaba el que no pudiera recordar ciertos pasajes de su vida como su infancia o su adolescencia. De vez en cuando recuerdos relámpagos le asaltaban por la noche obligándole a levantarse en un mar de sudor, pero minutos después pasaban y volvían a perderse en lo desconocido.</p>
<p>- Pues no sé por qué -le decía Dómine aún subido allí-, eres un soldado excelente, pronto te ascenderán a sargento y dicen que eres de los más veteranos en esta condenada guerra. Todo un partido vamos -rió brevemente.</p>
<p>- Eso dicen pero yo no recuerdo nada de antes a ser trasladado a la compañía Bastard -le replicó.</p>
<p>- Pero eso es porque al parecer te explotó una granada en una trinchera, muy cerca, ya sabes -sin dejar de darle la espalda hizo un gesto circular con su dedo índice sobre la cabeza-. Perderías la memoria o algo por el estilo. Pasa mucho en las películas.</p>
<p>- Dómine&#8230; -la paciencia se le acababa-. Esto no es una película.</p>
<p>- Tienes razón amigo -dijo dándose la vuelta y saltando a su lado-, y por eso tenemos que encontrar a más gente y destruir esas baterías.</p>
<p>Entre su posición y la localización relativa donde suponían que estaba uno de los antiaéreos había un gran cultivo de hortalizas y unos cuantos senderos de tierra que lo cruzaban. Los setos altos a ambos lados de los caminos les proporcionarían una cobertura de avance excelente. La noche caía y la visibilidad se reducía a cada segundo.</p>
<p>- Si no encontramos a nadie más tendremos que hacerlo nosotros mismos -le dijo a Dómine.</p>
<p>- No hay nada mejor que una noche de acción, ¿no es cierto? -aquel tipo no dejaba de sonreír nunca. Era en cierta forma un don porque tranquilizaba a los hombres más nerviosos, aunque Woodland no necesitaba de ese tipo de apoyos por su condición genética.</p>
<p>Avanzaron unos metros por el camino cuando escucharon unas voces hablando inglés. Se tiraron al suelo y corrieron el cerrojo de sus fusiles, apuntando al frente por lo que podría venir. A unos doscientos metros una pareja de americanos transportaban unos cajones de madera entre carcajadas y bromas, estaban montando un buen escándalo. Dómine le miró desconcertado a los ojos no pudiendo creer lo que estaba viendo.</p>
<p>- Esos imbéciles están de paseo por aquí como si nada. ¿No saben que estamos en una maldita guerra? -decía agitando la cabeza. El casco le bailaba un poco-. Oye Woodland, ¿crees que desde aquí les acertarías?</p>
<p>Pero él ya estaba calibrando la mira y apuntando delicadamente a los soldados americanos. Cuando tuvo un buen blanco contuvo la respiración y apretó el gatillo lentamente, como si fuera una cosa muy delicada que se rompería a la mínima de cambio. El disparo retumbó en el ambiente y el casquillo de gran calibre salió humeante hacia atrás. Más allá uno de los soldados caía de súbito doblado por las rodillas. Pocos segundos después y sin darle oportunidades de escapar al otro americano, el segundo disparo alcanzó de nuevo el objetivo, esta vez en el cuello. A su lado Dómine observaba la escena como quien observa una obra de teatro bien interpretada.</p>
<p>- Muchacho -le dijo cuando se relajó y dejó de apuntar-. Lo tuyo es de película.</p>
<p>A Woodland no le hizo gracia el comentario. Se acercaron sin levantar demasiado la cabeza a los dos cuerpos tendidos en la tierra y pudieron comprobar que lo que llevaban en aquellas cajas eran botellas de vino, ahora la mayoría rotas derramando su contenido granate en el suelo. En aquel punto el camino cruzaba paralelamente con otro que llevaba a una granja donde se suponía estaba una de las baterías. Aceleraron el paso trotando siempre en el linde del camino, con las armas preparadas para abrir fuego en caso de necesidad. A diez metros del gran portón de madera apoyado en un mojón de piedras había un cuerpo inmóvil. Las piernas abiertas y los brazos reposados en el regazo se podía observar un riachuelo de sangre seca que descendía por su pantorrilla hasta los setos. Al pasar por su lado Woodland se percató que era el cadáver de Jean, todavía con el equipo de salto puesto. Por eso no le gustaba hablar en el avión antes de saltar.</p>
<p>Más adelante media decena de soldados americanos regaban con su sangre el césped del jardín delantero, el edificio de madera presentaba una fachada totalmente destruida por el impacto de un mortero o algo por el estilo, pero se podían vislumbrar luces en su interior. Sin querer Woodland pisó la mano de uno de los americanos y un escalofrío le recorrió el cuerpo entero. Todos los muertos tienen el mismo aspecto, tan quietos y congelados que parece que en cualquier momento se van a poner a bailar, a pegarte un susto. Los ojos siempre son vidriosos, entornados al infinito del suelo donde yacen con la boca semiabierta y las mejillas manchadas de polvo o gravilla. Por mucho que veía esa estampa nunca terminaba por acostumbrarse. De repente el sonido de una explosión le sacó del ensimismamiento. Un resplandor le obligó a girar la cara para ver una columna de humo unos metros más allá, en alguna parte del jardín trasero. A continuación unas breves ráfagas y unos disparos sueltos.</p>
<p>- Woodland, yo me adelanto. Seguramente serán los chicos de la compañía explotando el camión con la batería antiaérea -le dijo Dómine mientras echaba a correr en esa dirección.</p>
<p>Él se quedó de pie inmóvil junto a los americanos muertos, contemplando el humo que se perdía en la negrura de la noche. Tenía la sensación de haber vivido aquello con anterioridad, en alguna otra parte. De vez en cuando recuerdos fragmentados le venían a la cabeza para recordarle que era un genboy, algo artificial carente de existencia propia. Había solicitado al Cuartel General un permiso especial para poder leer los archivos de su nacimiento pero siempre le denegaban la petición. Vivía con la sensación de ser el sustituto de otra persona, alguien que no se pertenecía a sí mismo pero que estaba allí, de pie en medio de la guerra matando a otras personas. Todos los genboys que conocía pasaban por lo mismo que él, así que la explicación colectiva se limitaba a pensar en efectos secundarios de la modificación genética. Pero Woodland tenía la certeza de ser la reencarnación de un soldado muerto, el sustituto artificial de un soldado de capacidades excelentes y que el Alto Mando no podía desperdiciar por el simple hecho de que muriera. De ser así, de poder el ejército galiano clonar a los mejores soldados en caso de baja&#8230; ¿cuántas veces habría sido clonada la persona que se suponía que era? ¿Tenía él derecho a llevar la vida de otro? Tal vez los continuos cambios de compañía que sufrían los genboys explicaban la clonación, para que los compañeros del soldado muerto no se dieran cuenta que había vuelto a la vida en forma de vida artificial.</p>
<p>Solía pensar mucho en aquel tipo de cosas, sobre todo cuando tenía tan de cerca la muerte. El hecho de pisar la mano de aquel cadáver le había conectado con algún tipo de recuerdo de su yo verdadero, de la persona clonada. Eran esos momentos en los que no dudaba de su condición de copia genética, el resto del día se tiraba las horas dubitativo sobre qué era real y que era ficción simulada. No se enteró de que por detrás del muro derruido un superviviente americano le flanqueaba silenciosamente para terminar abalanzándose sobre su espalda. El primer impactó lo recibió en la nuca con la culata de madera de su arma. Le tiró al suelo con un dolor punzante en toda la espalda que terminaba por disiparse en los dedos de los pies. Evitó caer de bruces con las muñecas y notó fresco el césped. Esquivando el segundo ataque del americano se incorporó y bloqueó al atacante con su hombro, cayendo ambos a la hierba y perdiendo su enemigo el control del arma en las manos. Los dos forcejeaban intentado bloquear las manos de su adversario, pero Woodland era más rápido y pudo alcanzar la garganta de su enemigo con su antebrazo. Ejercía presión con fuerza en un intento de asfixiarle pero el americano palpando a ciegas el suelo, dio con un casco de uno de sus compañeros muertos y asestó varios golpes con él a la espalda del galiano, quien no tuvo más remedio que dejar de presionar para evitar el dolor dorsal. El soldado americano aprovechando la oportunidad se quitó a Woodland de encima con una patada en el pecho, quien gimió cayendo de espaldas golpeándose la cabeza en el césped blando. Entonces brilló la hoja afilada del cuchillo bayoneta que terminó rasgando la carne del americano que se había abalanzado de nuevo rifle en alto hacia él, quedando frenado en seco a pocos centímetros de su cara. Podía sentir en la cara el aliento del moribundo soldado, quien comenzó a escupir sangre manchándole el rostro a Woodland. El invasor extranjero temblaba y sin fuerzas intentaba sacarse del pecho el cuchillo, pero su asesino lo seguía sujetando firmemente mientras le miraba a los ojos. Finalmente la vida se apagó y pudo retirar el cuchillo manchado de rojo, el cual arrojó al suelo en un acto de rechazo. Se quedó allí sentado unos segundos antes de levantarse y recoger su arma, decidió que el cuchillo se quedaría en aquel césped para siempre oxidándose con el paso del tiempo. Al menos él no lo quería volver a ver.</p>
<p>Una voz a gritos le llamaba desde el otro lado de la granja. Era Dómine diciéndole que seguían adelante. Woodland miró una última vez al ser humano que había acuchillado y se dio la vuelta, preguntándose eternamente si su yo verdadero hubiera sido capaz de hacer aquello.</p>
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		<title>Microrrelato: Vendetta</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 21:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con Vendetta sigo mi ciclo de &#8220;Cartas en el humo&#8221; que desde hace tiempo es un proyecto serio y día a día va cogiendo más forma en mi mente y en el papel. Una vez más nos movemos al contexto de la III Guerra Mundial, con otra historia y otro<a href="http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-vendetta/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Con Vendetta sigo mi ciclo de &#8220;Cartas en el humo&#8221; que desde hace tiempo es un proyecto serio y día a día va cogiendo más forma en mi mente y en el papel. Una vez más nos movemos al contexto de la III Guerra Mundial, con otra historia y otro personaje. Cada semana subiré algún boceto-experimento como este de hoy, es decir, lo que escribo en servilletas, esquinas de apuntes, hojas sucias&#8230;  todo relacionado con el contexto de mi novela. Es por ello que no busquéis continuidad en los textos, solamente se relacionan en que viven del mismo tiempo histórico con idéntico trasfondo. Entre todos ellos formarán tarde o temprano un universo que espero sea lo suficientemente ancho como para dar muerte (ponerle fin vamos) a mi novela.</p></blockquote>
<p><span id="more-1944"></span><br />
Y al final comprendí que todo formaba parte de una gran trama para obligarme a hacerlo. La muerte de mis padres, el despido, el embargo de la casa, el divorcio&#8230; todo formaba parte de su plan, pero para cuando lo supe ya estaba de mierda hasta el cuello. Al principio me sentó como una patada en el culo, toda mi vida se había esfumado en pocas semanas haciéndome pasar las peores horas de mi existencia. Todo lo que había conseguido con esfuerzo se desplomaba en la nada por la fuerza maquinadora de su plan. Pero ahora que estaba metido en el tema no podía quitarme de la cabeza una cosa: venganza.</p>
<p>Los disparos sonaban cercanos en aquel portal de mala muerte. Los cristales rotos crujían en el suelo y un coche atravesado en la calzada ardía en llamas formando una gruesa columna tóxica. Nadie pagaría por morir allí.</p>
<p>Tiempo atrás me distraía en el parque mirando los patos del estanque. La gente les echaba pan y esas cosas y ellos se acercaban confiados a la orilla. Algún crío de vez en cuando se ganaba un picotazo por arrimar demasiado la mano, entonces se ponía a llorar y la madre a toda prisa le cogía en brazos. Simplemente me gustaba ver todo aquello. Pero la guerra lo había cambiado todo. El parque era un cráter humeante y donde antes había un monumento de algún fulano, ahora una bomba sin explotar amenazaba con hacerlo de tanto en cuanto. Al menos días atrás, porque la verdad es que desde entonces no voy mucho por el parque.</p>
<p>Las circunstancias de la vida me habían obligado a meterme en la resistencia urbana, la milicia ya saben, bueno, al menos eso pensaba antes porque ahora que sé que todo formaba parte de sus planes no puedo seguir pensando en el azar. Así que los disparos que surcaban mi rostro en aquel portal hediondo a meados viejos no eran por casualidad, eran culpa de esos hijos de puta. Yo podría estar vendiendo latas de comida caducada en el mercado negro de Lyon, haciendo pan en Bruselas o robando gasolina en España para escapar a África, pero por su culpa estaba todavía en París pegando tiros y corriendo como un loco de portal en portal para salvar mi vida un día más.</p>
<p>Saben, no les recomiendo la guerra, en serio, es un asco. Pero sí que les diré que nunca olviden, nunca perdonen, sobre todo si mataron a sus padres y se llevaron a sus mujeres, sus casas y sus empleos sólo para obligarles a luchar. ¿Querían lucha? La tendrán, pero en la trinchera equivocada.</p>
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		<title>Microrrelato: Cartas en el humo</title>
		<link>http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-cartas-en-el-humo/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 May 2009 16:26:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Cartas en el humo&#8221; es un intento en vano de transmitir ideas rotas en el tiempo. De comunicar sentimientos y pasiones a la vez que sueños y deseos, renuncias y errores como también vicios y desesperaciones. Son palabras que se pierden en el humo del devenir y que rasgan suavemente<a href="http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-cartas-en-el-humo/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8220;Cartas en el humo&#8221; es un intento en vano de transmitir ideas rotas en el tiempo. De comunicar sentimientos y pasiones a la vez que sueños y deseos, renuncias y errores como también vicios y desesperaciones. Son palabras que se pierden en el humo del devenir y que rasgan suavemente la bóveda de los tiempos. Son palabras que salen fuertes de una boca y tornan débiles en el aire, quedando suspendidas a merced de la intransigencia de las épocas y de los sucesos. &#8220;Cartas en el humo&#8221; es una declaración a pecho descubierto gritando a la tempestad que nos separa de otros, esos Otros que vemos en sueños y que adoptan formas y colores en nuestros pensares. Las cartas ya están en el buzón.</p></blockquote>
<p><span id="more-1853"></span></p>
<blockquote><p>Instrucciones para leer el texto: reproducir el audio que verás a continuación haciendo click primeramente en el botón de &#8220;repetir pista&#8221;, que es de los dos que están debajo de &#8220;Time&#8221; el pequeño de la derecha. <strong>Es muy importante que se lea el texto mientras se escucha el audio, pues es el inspirador del texto.</strong></p></blockquote>
<p><object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=62e601c" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object></p>
<p>Querida London:</p>
<p>Te escribe con cierta incertidumbre tu padre desde los tiempos en los que este planeta dejó de ser un buen sitio para vivir, cuando los bosques verdes se tornaron ceniza gris y la gente amable se convirtió en avara y desconfiada. Cuando los rascacielos de nuestra querida Chicago dejaron de desafiar a la gravedad y el vasto océano cubrió media Europa, sumiendo al mundo en una guerra que no parece tener fin próximo.</p>
<p>Te escribe tu padre con amor a pesar de que no te conozco, London, pues para cuando tú vengas a este decayente mundo yo estaré combatiendo en la guerra que nos han impuesto. Quiero que sepas que no estoy de acuerdo con el conflicto armado pero es obligatorio para todo varón de entre 20 y 45 años acudir a filas bajo pena de muerte por traición a la nación. ¡Dios sabe que yo no soy un hombre de guerra y lucha! Pero tienes que aprender querida que en la vida las circunstancias obligan al ser humano hasta extremos indeseables.</p>
<p>Sólo espero que el mundo que te toque vivir sea un mundo mejor, libre y pacífico donde puedas estudiar lo que te guste y trabajar en tus pasiones. Donde puedas expresar tus sentimientos a viva voz y gritar al cielo que te gusta vivir en paz. Deseo con todo mi corazón que encuentres el amor que te corresponde y te haga feliz hasta el fin de los tiempos, como yo lo he sido con tu madre hasta el día en el que me toque embarcar hacia el campo de batalla. Deseo que no tengas que experimentar ninguno de los sufrimientos que están acaeciendo hoy en día, mientras tú das pataditas en el vientre de tu dulce madre.</p>
<p>Tal vez cuando leas esto yo ya esté muerto. Eso no me importa. No me importa si mi muerte supone el fin de esta terrible guerra que tantas vidas se lleva a diario. Si con ello consigo un mundo más verde y luminoso para ti estaré en paz conmigo mismo. ¡No sufras querida! Debes saber que tu padre luchó por su hija y su esposa, y que no hay nada más honorable que volver a la tierra si tus ideales son buenos y sinceros. Puedes tener por seguro que los eran.</p>
<p>Solamente lamento tres cosas que me pesan en el alma y desgarran mi ánimo como el gato que deshace el ovillo de lana. No podré verte crecer ni sabré si tienes los ojos verdes de tu madre, o su bonito cabello rubio y liso. Tampoco podré ver como te casas y eres feliz con el hombre al que amas, no podré sentir esa sensación triste de perder una hija en pro de su felicidad, pero tampoco podré ver a mis nietos quienes crecerán sin un abuelo que les dé chocolate y les cuente historias de tiempos pasados.</p>
<p>Espero que vivas una vida digna y respetuosa, que te hagas merecedora de ella pues millones son las personas que morirán y han muerto por hacer de este mundo un sitio mejor para vosotros, las generaciones futuras. Que la bandera de la libertad no cese de ondear en vuestros corazones, recuerda esto siempre. Por vosotros habrá muerto gente buena, tenéis que dar sentido a sus actos y no arrojarlos al vacío del olvido y el anonimato.</p>
<p>Cuida de tu madre cuando caiga en la vejez pues no yo no podré estar allí para hacerlo. Tras el devenir imparable del tiempo solamente quedará de mí en la Tierra esta carta que lees, que espero transmita con todo el calor y todo la pasión que siento por ti a pesar de que todavía no has nacido. Solamente quedará en la Tierra el nombre que te legué con amor, London.</p>
<p>Sin más se despide de ti tu viejo padre, quien lamenta profundamente no haberte cogido nunca en brazos.</p>
<p style="text-align: right;">Con amor y cariño, te quiere tu padre: Jack Nicklaus.</p>
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		<title>Microrrelato: Cristales rotos</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 20:18:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bélico]]></category>
		<category><![CDATA[Microrrelato]]></category>
		<category><![CDATA[Tercera Guerra Mundial]]></category>

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		<description><![CDATA[Como dije aquí os traigo más sobre el soldado loco de la III Guerra Mundial. Este relato es más serio y deja de ser una simple anécdota de un mundo muy complejo para pasar a ser el inicio de un proyecto personal ambicioso. Es casi imprescindible que se lea el<a href="http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-cristales-rotos/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Como dije aquí os traigo más sobre el soldado loco de la III Guerra Mundial. Este relato es más serio y deja de ser una simple anécdota de un mundo muy complejo para pasar a ser el inicio de un proyecto personal ambicioso. Es casi imprescindible que se lea el texto con la música que dejo a continuación. No es que sea obligatorio joder, pero ayuda, sobre todo porque yo creo que refleja muy bien el sentimiento que hay detrás de una guerra. Por cierto, este fragmento es totalmente experimental, es decir, los escenarios son los que tengo en mente al igual que los personajes, pero he decidido narrarlo en segunda persona a ver qué tal queda. Espero que os guste, y si así es esperad un año en las librerías, que estará, lo juro.</p></blockquote>
<p><span id="more-1813"></span><br />
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<p>En París no hay líneas claras que indiquen qué territorio es enemigo y cuál amigo, es más, no hay ningún territorio seguro. Los barrios que se toman casi casa por casa pasan a ser de nuevo campo de batalla en cuestión de horas. Los parques que se aseguran con un pelotón médico y sus tiendas de campaña provisionales estallan por los aires lanzando trozos de carne a los árboles calcinados al impacto certero de un mortal mortero francés. Entonces es cuando piensas en el tipo de persona que está detrás del aparato calculando las coordenadas e introduciendo el proyectil en el tubo para que segundos después, sus cálculos matemáticos se resuelvan en una sencilla operación que da como resultado quince muertos y tres heridos. Tú ayudas a evacuar a uno de los heridos y para ello te pasas su brazo por tu cuello y echas a caminar. Su sangre te mancha el chaleco pero eso te da igual porque si no sales de allí en menos de treinta segundos acabarás igual que el resto. A tu compañero le falta una pierna y eso te facilita su evacuación, por otra parte sabes que lo que haces es un acto claro de camaradería porque él morirá en apenas cinco minutos.</p>
<p>Una vez a cubierto bajo un soportal con las columnas comidas a disparos te reunes con tu teniente y recibes órdenes claras. Intentas escuchar lo que dice su boca pero el sonido de las bombas de fondo te obliga a leerle los labios.</p>
<p>- Sargento, quiero que coja a cuatro chicos listos y dé finiquito a esos morteros franchutes.</p>
<p>-Sí señor -contestas con la cara manchada de tierra y sangre ajena.</p>
<p>Haces llamar a gritos a los cuatro chalados de la escuadra Goddamn y les cuentas el plan. Ellos ya sabían a qué habían ido pero en el momento de la ejecución todos ponen la misma cara.</p>
<p>-Muy bien gandules -dices sentándote en tu casco-. El teniente me ha pedido que tiremos a esos cabrones que nos dan fuego de mortero. Rellenad las cantimploras y en marcha.</p>
<p>-Mi sargento, ¿cantimploras?</p>
<p>-Timothy, calculamos que estén a tres kilómetros de distancia, eso son muchos kilómetros para una carrerita ¿no crees? -le miras mal por no partirle la cara.</p>
<p>-¡Tres kilómetros, la Virgen! -bromea Preston, sin duda un tipo gracioso.</p>
<p>-Ustedes ya sabían que les esperaba al alistarse al cuerpo de Rangers. Ahora señoritas, en marcha.</p>
<p>Con pocas ganas echas a correr por las calles bien pegado a la pared de tu derecha siempre. El suelo está alfombrado con miles de esquirlas cristalinas que en su tiempo formaban todas las ventanas del vecindario, y ahora lo único que hacen es crujir a tu apresurado paso por mucha cautela que tomes, alertando a los francotiradores de que tu trasero es una buena diana para apuntar. Preston es el hombre en punta de la escuadra y te informa por el pinganillo de la situación en los ocho metros que tienes por delante, la verdad es que el chico lo hace de maravilla. Es un tipo negro que dice ser artista callejero en Nueva York y la verdad es que tiene toda la pinta. Justo delante tuya, el segundo hombre es Jimbo quien tiene la mala costumbre de correr con la cabeza levantada, aún así nunca ha recibido ningún disparo ni de lejos, es lo que tú llamas un tipo con suerte. Un &#8220;stop&#8221; claro y seco de Preston os hace frenar de súbito en una esquina medio derruida, al parecer a veinte metros hay tres o cuatro escuadras de infantes franceses.</p>
<p>-Preston, ¿lo ves claro?</p>
<p>-Ni de coña Sargento, son demasiados.</p>
<p>-Bien, tomemos un atajo.</p>
<p>Preston comienza a buscar una vía alternativa a la calle y lo consigue, os introduce en un edificio ruinoso de madera carcomida y lo accedéis por una ventana rota. Unas escaleras de caracol os dan la bienvenida a lo que antes fuera un hotel de pocas estrellas, ahora sumido en el polvo y en la oscuridad de las guerras. Sobre la tarima de madera más cristales rotos. Subís con precaución hasta la planta superior con la esperanza de poder tirar el tabique y cruzar al siguiente edificio, así hasta que no se puede seguir más. Ordenas a Timothy cubrir el hueco de la escalera mientras Preston hace de vigía en la ventana, tú y Jimbo os ponéis manos a la obra con el primer tabique. El ruido es aplacado por los morteros de la calle, sin embargo parece ser que esa pared no te va a dar el gusto de avanzar sobre seguro.</p>
<p>-Sargento -llama Preston tu atención-, una de las escuadras se marcha por el oeste.</p>
<p>-Cuántos Preston.</p>
<p>-Nueve maricas.</p>
<p>-Señor -interviene Jimbo-, esta pared no va a ceder la muy cabrona señor, y nueva franchutes son poco para la mejor escuadra de Rangers -Timothy se ríe y le da la razón con la cabeza. Tú te lo piensas detenidamente. Es primordial parar a esos morteros para afianzar el avance americano y sin riesgo&#8230; bueno, sin riesgo no hay beneficios, o eso dicen. Al final mandas a tomar todo por el culo.</p>
<p>-Muy bien señoritas, pero lo hacemos porque no puedo soportar vuestras caras de perrito moribundo -ellos se ríen y corren el seguro del rifle.</p>
<p>El plan que ideas es sencillo; Jimbo y Timothy te cubrirán desde el hotel viejo mientras Preston abre fuego desde el soportal que da a la calle. Mientras tú haces lo que mejor sabes hacer; esconderte y usar el cuchillo bayoneta por la espalda. El ataque comienza a tu señal y el sudor te cae a gotas por debajo del casco, mojando la pernera y el cerrojo del arma. Esperas unos segundos de cortesía y mandas iniciar la escaramuza. Preston abre fuego dirigiendo todas las miradas enemigas hacia él, tú aprovechas para correr con la cabeza bien baja entre los coches quemados que están a ambos lados de la calle. Desde la ventana la parejita empiezan a disparar selectivamente a los blancos haciendo caer a uno de ellos. Los demás se han parapetado tras una barricada de hormigón que antaño habría servido como separación en una carretera en obras. Saltas unos sacos terreros intentando no levantar ruido en el aterrizaje donde por supuesto hay más cristales rotos. Haces relucir el filo de tu bayoneta y apretas la empuñadura fuerte con los dedos, casi te sangran las uñas. Flexionas mucho las rodillas para no hacer ruido al caminar por detrás y seleccionas el objetivo; un soldado francés disparando desde una farola. El cuchillo rasga su cuello silenciosamente y tú con la mano le tapas la boca para evitar su grito delatador con lo que te vuelves a manchar de sangre ajena. El olor que desprende el cuello rajado te recuerda mil momentos similares que no volverías a repetir nunca más pero que sin embargo, al final todos eran la misma mierda.</p>
<p>Cuando la calle quedó simplificada a nueve cadáveres franceses y un cuchillo ensangrentado tu escuadra se reunió ágilmente en el portal de una tienda colindante. Todos sabéis que no pasará mucho tiempo hasta que lleguen dos escuadrones enemigos más, así que sin decir nada os ponéis a correr en dirección a los morteros los cuales podéis ver como ascienden al cielo hasta perderse y volver a encontrarles una vez han explotado en la tierra. No hace falta decir nada cuando llevas meses matando con la misma gente, os entendéis sin palabras pues los ojos lo dicen todos, además, un hombre que acaba de asesinar no tiene ganas de abrir la boca. Os abrís paso entre el granito pulverizado por el plomo y los coches quemados. Preston hace el chiste del día: &#8220;si estuviera el tipo del parquímetro de mi barrio más de uno se llevaría una multa gorda&#8221;.</p>
<p>Las piernas empiezan a fallar por el cansancio de la carrera, el equipo es bastante pesado y el estrés que provoca estar alerta a todos los detalles de la ciudad te fatigan psicológicamente. Os detenéis de nuevo en una esquina y jadeando apretáis fuerte la culata del rifle, treinta metros os separan de la batería de morteros, en total cinco aparatos con dos operarios cada uno tras lo ancho de una alambrada espinosa. Un par de escuadrones de infantería regular vigilan con celo el lugar, la cosa no la ves clara y miras de soslayo a tu equipo, sabes que ellos te seguirán hasta el fin del mundo. El objetivo está en  lo que fue un parque infantil y todavía se mantienen en pie algunos de los columpios de metal, con la pintura a medio caer mostrando partes oxidadas. Cada vez lo ves menos claro.</p>
<p>-Sargento, ahí tenemos a los cabrones que no nos dejan dormir -te dice Timothy frunciendo el ceño. Él también percibe que la situación es difícil, después de todo no es tonto.</p>
<p>-Bien apestosos, escuchadme bien porque no lo voy a repetir -les dices dándote la vuelta hacia ellos y comenzando a dibujar en el polvo que cubre los cristales del suelo-. Nos vamos a dividir en dos grupos, Jimbo conmigo por la derecha y el resto por la izquierda. A la carrera lanzaremos todas las grandas de fragmentación que nos dé tiempo y nos cubriremos en ese repecho de allí, donde el socavón deja ver las tuberías del agua. Una vez allí quiero que estén todos ustedes, ninguna baja en el día de hoy, no hoy, ¿entendido?</p>
<p>-¿Y una vez allí, señor? -Preston estaba siempre a todo.</p>
<p>-Cuando estemos a cubierto lanzaremos las granadas restantes desde posición parapetada, lo que no tengan cubrirán los flancos para evitar que esos mamones nos envuelvan en el hoyo.</p>
<p>-¿Y después?</p>
<p>-Después&#8230; después pueden rezar para que las granadas hayan dado en el blanco eliminando como mínimo a un tercio de los franchutes. Abandonaremos el parapeto y saltaremos por encima del alambre dando uso a la bayoneta -comenzaron a montar el cuchillo en la boca del cañón-, por supuesto se permite abrir fuego a discreción Y después&#8230; después dará lugar el festival de la sangre y la carne quemada chicos.</p>
<p>-Adoro ese festival -sonrió Jimbo.</p>
<p>Esperas de nuevo unos segundos de cortesía por aquellos pobres diablos franceses que van a morir. Tu mente solamente está concentrada en una cosa y esa cosa es matar. Focalizas los enemigos y te haces a la idea de que sólo estás tú y ellos en el mundo. La última salva de morteros es el pistoletazo de salida para tu escuadra. El latido de tu corazón en pleno bombeo y tu propio jadeo enmudece todo lo demás, sólo ves a tus compañeros correr a tus lados con la misma determinación que te mueve a ti hacia delante. Es un acto casi suicida pero a ti no te importa, eres un profesional.</p>
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		<title>Microrrelato: Me llaman&#8230; hijoputa</title>
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		<pubDate>Sun, 10 May 2009 19:02:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>shimohira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Siguiendo con la historia de aquel soldado norteamericano en los viñedos franceses en una supuesta tercera guerra mundial, nos encontramos ahora en la campiña inglesa intentando salvar el pellejo una vez más. Como dije, me enamoré tanto del personaje que parí que le he tenido que dedicar más cosas, y<a href="http://www.metarelatos.com/belico/microrrelato-me-llaman-hijoputa/">&#160;&#160;[ Read More ]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Siguiendo con la historia de aquel <a href="http://www.proyectodirmy.com/microrrelato-vinedos-en-francia/" target="_blank">soldado norteamericano en los viñedos franceses</a> en una supuesta tercera guerra mundial, nos encontramos ahora en la campiña inglesa intentando salvar el pellejo una vez más. Como dije, me enamoré tanto del personaje que parí que le he tenido que dedicar más cosas, y una de ellas es el siguiente relato corto. A ver si para las próximas semanas (si puedo esta que viene) puedo tener listo un par de relatos sobre esta misma guerra pero narrados en tercera persona, que escuchar al soldado malhablado todo el rato se hace cansado de escribir para mis dedos. A las armas de una puta vez cabrones.</p></blockquote>
<p><span id="more-1801"></span></p>
<p>¿Quién dijo una vez que Inglaterra era preciosa? Grandes prados verdes donde las vacas y las ovejas pastan tranquilamente, nobles castillos que vigilan la infinitud de los campos, pueblecitos romanos que son historia viva&#8230; ¡Ja! ¡Una puta mierda! Yo lo único que veo son maricas correr a tomar su jodido té de las cinco y prados negros llameantes por el fósforo blanco de nuestra aviación. ¿Y de aquí dicen que salimos los americanos? No me lo trago, yo no tengo nada que ver con esta panda de soplanucas que lo único que saben hacer es esconderse día y noche en esas trincheras de allí abajo. ¿Quiere un Carol´s Candy? Le vendrá bien, sí, tómese uno, aquí tiene. ¿Y usted? ¿Quiere uno también amigo? Hágame el favor de darle este caramelo a su amigo el cámara. Por cierto, hablando de cámaras, ¿al final qué pasó con el cuerpo del anterior? ¿Pudieron repatriarle? En serio que lo siento. Mire que le advertí mil veces que tuviera cuidado con la cabeza, que las balas en la guerra son muy traicioneras y hay mucha bala cabrona perdida en el aire, pero a él parecía importarle tres mierdas mis palabras. No me mire con esa cara, lo siento de verdad, más que nada porque por su muerte tuve el servicio de guardia una semana entera joder.</p>
<p>Bueno, hoy el Coronel me ha ordenado que les acompañe en la maniobra 305 del IIIº de Asalto. Recojan su equipo de televisión y asegúrense de mear antes de partir, puede que esa maldita trinchera que llevamos contemplando pasivamente semana y media, desaparezca del mapa hoy de una vez por todas. Amigo no me mire así, que no les voy a meter en la primera línea de fuego. Nos quedaremos unos metros por detrás con los chicos de suministros. ¿Todo listo verdad? Pues en marcha. ¡Ah, señorita! No se olvide de su cantimplora, nunca se sabe cuánto tiempo puedes pasar fuera y el agua no crece de las piedras ¿sabe? Era una broma, no se enfade. Si uno no se ríe en la guerra&#8230; ¿cuándo se va a reír?</p>
<p>Miren allí, grabe aquello amigo. Son Jimbo y Terry a punto de hacer una brecha en la alambrada. Sin duda lo que mejor queda en la tele son las explosiones, y ésta pinta ser gorda. ¡Joder! No creí que la tierra saltara hasta aquí, ¿están bien? De puta madre, vamos, en marcha, tenemos que seguir. Cuidado con ese cadáver no vayan a tropezar. Permítame ayudarla señorita. Un pie&#8230; y otro&#8230; vaya, tiene un bonito trasero, con todos mis respetos señorita. Ahora usted amigo, deme la cámara. ¿Cómo? ¡Venga hombre, no se la voy a romper! !Ah! Que está enganchada a su célula fotoquímica. Bien bien, espere, agárrese con fuerza de mi brazo. ¡Arriba machote! Esperemos aquí a que rompan con la siguiente línea. Enfoque allí, es el objetivo. Son tres baterías antiaéreas que están haciendo añicos a nuestros incursores. Les necesitamos para tomar fotografías del estado del campo de batalla y poder dirigir con eficacia los asaltos. Ahora mismo el Alto Mando está dando palos de ciego como una puta mamadas, pero claro, les importamos una mierda. Después de todo no somos más que granjeros y paletos de pueblo que nos encanta follar con nuestras primas&#8230; ¡Pues claro mujer! ¡Es mentira! Pero eso piensan los chupatintas que se encargan de poner nuestros nombres y apellidos en las actas de defunción joder.</p>
<p>No se pierdan aquello, el equipo delta está asaltando ese agujero del demonio. ¡Guau! ¿Han visto? A ese mariquita le han volado la cabeza en pedacitos. ¡Miren, miren allí! A eso le llamo yo usar bien la bayoneta. Le ha rajado el pecho como si fuera mantequilla caliente&#8230; Ah, hola Marc. Señores, este es mi amigo Marc. Es un pobre diablo perdido en la infinita estupidez de los chicos de suministros. Y bien Marc, ¿qué te trae por aquí? Ya veo, con que supliendo de granadas a la primera línea. Eso sí que es un trabajo importante, y no el de los burócratas de Whasington joder. No ponga esa cara amigo, ya le dije a su compañera que a mí lo que salga de este documental me la pela, para entonces estaré o muerto o internado en un puto manicomio para veteranos, jajajajaja *cof, cof* Maldito fósforo blanco, le dejan a uno hecho los pulmones mierda.</p>
<p>Perfecto, parece ser que los chicos de Omega han conseguido alcanzar las baterías. ¿Ven? Están colocando las cargas explosivas para detonarlas de un momento a&#8230; ¡mierda! ¡¿De dónde ha salido tanto gay-bebe-té?! ¡Marc! ¡Marc! ¡Amigo ven! Vas para el puesto de mando ¿no? Bien, escucha, diles que Omega está sufriendo una emboscada y que no aguantarán mucho. ¡Date prisa joder! No se sorprendan, a estos vagos de suministros si no les metes una patada en el culo no reaccionan. Bueno, si me lo permiten creo que me toca trabajar ahora a mí. Tome, quédense con mi pistola reglamentaria, yo me basto con el rifle y el cuchillo bayoneta. ¡No me mire así! ¡No puedo quedarme con ustedes mientras mis compañeros de regimiento son aplastados por esa panda de sucios ingleses! Si fueran alemanes todavía, tiene más dignidad morir a manos de un alemán. No se preocupen, si se quedan en este terraplén estarán bien. Eso sí, si escuchan que las balas son demasiado *fiuuun* corran por donde hemos venido, es una mala señal. ¡Ah, y tengan cuidado con mi pistola! Ya saben como funciona esto del ejército; usamos las armas del ofertante más barato.</p>
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