Cautiverio onírico

by shimohira

Hace tiempo encontré una canción que me atrajo desde la primera nota, y pensé: tengo que hacer algo. Pues bien, aprovechando todo el atractivo de la canción he decidido intentar superarme en el campo de los relatos sentimentales-emocionales. Hasta el momento la gente decía que Mil era el mejor, yo ya discutí este hecho con mi pseudo-editora alegando que Oscuros caminos hacia lo dorado me parecía mejor. Con este nuevo relato pretendo que ambos relatos se queden atrás. A ver si lo consigo.

Foto por jjjohn

Foto por jjjohn

Entre altas columnas de mármol gris camina tu sombra sin dejarse ver, fantasma etéreo que arraiga en mi corazón el dolor eterno y me corrompe el alma con cantos lentos, gélido incorpóreo que me abraza y atenaza en esta habitación que será sin duda el lecho donde yazca.

Jardínes cubiertos de rojo y verde, rosas espinosas que sangre lloran y dulce aroma regalan a tu suave cuello; frágil pedestal sagrado que sostiene los labios que tantas veces besar he deseado, pasión de furia embravecida arrinconada en la más vil de las esquinas, presa fácil y sencilla para unos ojos que no tienen límite en hermosura, los tuyos, atalayas engarzadas en aguamarinas aviesas que hechizan las mentes abiertas, piedra lunar que con adularescencia refleja lo divino en lo humano, lo prohibido al alcance de mi mano, y sin embargo, atado a la distancia me hayo.

Y en el cielo veo a las aves volar, libre peregrinaje hacia tierras cálidas donde el invierno nunca llegará, corto se quedará y libres en primavera de nuevo volverán. Yo sin embargo vivo en el continuo frío de la soledad, vacío que creas al no estar y que hace de mis noches pesadillas infernales que a duras penas logro soportar. Proyecciones astrales que atraviesan mi pecho como afiladas lanzas en busca de gloria en la batalla, veterano soy de tus campos marchitos y superviviente del desgarro que creas cuando la espalda me das.

Acerca tus manos para que pueda tocar los elegantes dedos que anillos de reinas lucen sin molestar. Recuerdo el aire romperse en fragmentos ancestrales cuando tu figura paseaba cerca de mis lugares. Mis labios disfrutando besos ficticios que solamente en mis sueños tuvieron sitio, donde mi piel se fundía con la tuya en un único baile a la luz de la luna, donde las arenas del tiempo no descendían al vacío permitiéndome decirte una y otra vez al oído todo aquello que está prohibido.

Todavía sufro cuando no me pierdo en tus cabellos, cuando no diviso los ríos dorados que empañaron la vista de un hombre cansado. Y cabalgo cuando el corazón me lo permite por las suaves colinas de tus hombros, sensuales visiones de un paraje colorido donde el blanco sólo compite con la palabra que me condenó al olvido, cautiverio que maldigo por no haber sabido jugar las cartas del destino.

Y abstraído te diviso en cada esquina del camino, holograma de belleza sutil que a mis sentidos satura con acero vil. Distraído intento olvidar cada centímetro de tu rostro celestial, vago recuerdo que se fraguó en la distancia pero que con real pasión mi corazón latió. Lo que nunca pasó sucedió en lo onírico de mis versos, en los juegos de una imaginación condenada a imaginar cada detalle de tu ser.

Te sigo pero te pierdo. Te observo pero tú alzas el vuelo; qué injustos son mis sueños.

Con devoción te rezo para que algún día pueda ver en el cerezo la imagen de tu recuerdo, viva imagen de lo sagrado entre tímidas sonrisas de labios frutales. Entonces el azul de tus ojos se impone al espacio y ordenas mi mundo con capricho pero con ternura, mano de hierro que gélida aprieta mis entrañas pero que mariposas hace flotar en el más pequeño lugar de mi alma. Te suplico que me dediques un segundo de tus pensamientos, saber que existo para tus ojos y que mi reflejo se puede perder en el azul que esconden.

Déjame descrubir aquel jardín donde poder vivir junto a ti. Permíteme encontrar la llave que todas las puertas abre y que en mi pecho permanecerá leve. Secreto guardado con el candado del silencio, obligado me veo a desistir en el intento.

Porque tú eres la única que pone luz a mis noches y que crea noches en mi luz. La única que sin palabras logra enmudecerme, que sin pretenderlo logra someterme y calmarme para castigarme con la espalda, única imagen que siempre veo alejarse por los corredores de mi cárcel.

Algo por dentro muere cuando no te pienso y cuando me miras con aprecio renace de las ruinas de este necio. Sólo espero que cuando el viento acune las historias de mis labios lleguen a tus oídos aunque no sean cercanos, para que el cautiverio que he vivido no sea olvidado en vano y como sabio, no sepa qué decir para solamente cogerte de la mano.

Cuando lleguen esos días el mundo sucumbirá a la nueva alegría del recién nacido. Mientras, dibujo en el aire los puentes que algún día ríos caudalosos cruzarán y que con la fuerza del valeroso ante tus ojos se postrarán, para gritar al cielo que lo que habita en mi pecho es deseo verdadero, siempre latente esperando uno de tus besos.

Tinta que se pierde en el papel emborronado. Escritos que no parecen tener dueño ni amo, bravos y salvajes corren sin hacer daño.

Vives en un mundo que no pertenece y haces del mío un lugar donde la esperanza perece. Antes de expirar prometo no olvidar todas las caricias que he soñado rozar.

Déjame sentir por última vez el peso de tu figura. Déjame morir como un hombre que alguna vez tuvo oportunidad alguna.