Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En octubre - 1 - 2009

Este relato será el penúltimo del “Ciclo Desesperación”. Creo que es el más ‘experimental’ de todos. No le busquéis sentido, porque aunque lo tenga, está tan enraizado en lo profundo de mis dedos que ni yo mismo entiendo algunas partes, así que simplemente he dejado que mis manos escriban solas, no miento. Además, esta vez va acompañado de foto.

Foto por Rocío García

Foto por Rocío García

Mil espinas torturando el alma afligida del que no tiene descanso.

Dos ojos ensangrentados en un mar de lágrimas manchadas que ensucian la piel por la que resbalan.

La boca desencajada de tanto gritar. La garganta perforada de tanto soñar.

La mente en un amasijo de hierros fundidos que en sus retorcidas posturas crean una cárcel al aire libre; aire porque fluye pérfido por el espacio que queda entre pared y desaliento, y libre porque lo hace sin las cadenas del que tiene remordimientos. La vida que una vez sostuvo entre sus manos, apretándola suave y delicádamente para no desperdiciar ni un segundo del camino que torcerá inevitablemente hacia el desamparo de las sábanas frías, muere en la lenta agonía del reloj que se queda sin pilas.

Un grito desgarra en carne viva la oscura noche que todo lo mecía, mientras en su frente una gota de sudor recorre el sendero donde una vez moró la eterna mentira. Despertó del sueño que todo lo convertía, en dulces caramelos y bailes del mundo de las fantasías. Despertó del embriagador abrazo de Morfeo para descubrir las aviesas intenciones del que un día la llamó con delicados besos. Su vida no era un camino de rosas silvestres, sino más bien un acantilado de muertos vivientes.

Cayó.

Cayó y calló en el roto de su garganta que diatónicamente imploró por el perdón que se le negaba. Cuervos hambrientos de rojo y escarlata sobrevolaban como los poemas que el poeta escribe con el filo de su entintada espada. Dardos afilados que se clavan en su corazón como diana, y lenguas viperinas que a sus oídos susurraban; “grita, grita”.

Pero el grito nunca llegaba.

En la mudez del que no tiene sonido, y en la boca que no desprende melodía humana, la llama titila hasta que por fin con un adiós se despida. Nunca entendió por qué tuvo que sufrir, pero sí que atisbó la luz del porqué tuvo que sentir.

En su mente sólo viven las imágenes de aquel acantilado; cuerpos sin vida de árboles colgados. El viento los mecía, y ellos bailaban al compás de la dulce melodía, mientras ella… ella, gritar no podía.

4 comentarios hasta el momento.

  1. [...] como viene siendo habitual: “Cuerpos” por un lado, “Hiperrealidad acelerada” por [...]

  2. winga dice:

    Creo que es la música más rara que he escuchado en mi vida, no tengo ni palabras para describir el relato es como entrar en una especie de locura transitoria o algo asi xD

  3. shimohira dice:

    La música es brutalmente buena, deliciosamente amarga y tiernamente ofensiva xDD

    He buscado con este relato encontrar una narrativa óptima como para poder emular con palabras las experiencias que se pueden “ver” en películas como Requiem for a Dream,

  4. [...] Ciclo Desesperación está compuesto por cuatro relatos breves titulados Horizontes, Cuencas, Cuerpos y Fin. El lector puede observar que en muchos casos hay una aparente falta de continuidad entre uno [...]