Meta-Relatos

Microrrelatos como metarrelatos. Construcciones como subversiones.

Escrito por shimohira En diciembre - 15 - 2009

Últimamente me gusta tanto escribir en tiempo presente que no puedo parar de imaginar posibles relatos en mi cabeza. Esta vez, lejos de los delirios de Jim Hoffard, os traigo una historia melancólica llena de dobles sentidos y referencias filosóficas que tal vez, el no iniciado en ciertas materias no entienda a la primera. Os animo a exprimir el sentido del texto.

Nota: es la primera vez que uso un vídeo de YT como fuente musical. Esto es así porque no he sido capaz de encontrar esa versión para descargar, y sinceramente, no podría estar mejor interpretada.

Foto por Fr Antunes

Y London se pregunta qué pasa cuando la gente muere. Sentada en el vano de la ventana observa la gente pasear por las calles cubiertas de gris mármol, aire gélido que trae sonatas árticas de lugares más fríos y helados, tundras extensas donde las vivencias humanas seguramente sean la única fuente de energía. Pero, ¿qué pasa cuando la gente muere?

Se lleva la taza a los labios y experimenta el sabor cálido y tierno del té, abrigo de consuelo para una tarde de nubes en el cielo. Sus manos envueltas en las mangas del jersey sujetan la taza con gracia infantil, una imagen fractal de un solo color triste y apagado; la llama de sus ojos ahora marchita por no conocer la respuesta a los interrogantes de su existencia.

La Filosofía podría aclarar ciertas cosas, pero a London le parece todo fruto del capricho humano, construcciones en el aire que se desvanecen cuando el viento sopla fuerte, barracones filosóficos que se desploman con la interpolación de medios aritméticos entre uno y un millón de posibles posibilidades vitales. La vida es demasiado compleja como para entenderla solamente con la cabeza.

Y su corazón late más fuerte cuando descubre el velo ante sus ojos, distancia focal apuntando al infinito desde un plano nodal fragmentado y roto por las ironías de la vida. Ahora lo ve todo más claro, siempre desde el culo de la botella, siempre desde detrás de la ventana, siempre desde el jardín. ¿Dónde está la escalera que lleva al tejado?

Abrazos rotos en relaciones perdidas, resultados imprevisibles de las acciones con buenas intenciones, futuro que se construye con los senderos alternativos de lo deseado. Gente que se marcha sin decir adiós y gente que llega diciendo adiós. Gente que se marcha con una sonrisa en los labios y gente que parte lejos de ella con el corazón muerto. Recíproca existencia que orbita en la base insustancial de unos y ceros en cadenas de compleja longitud, sinsentidos abstractos carentes del calor del alma, de la sustancia apegada a lo carnal y que está condenada a extinguirse en el amanecer de la noche.

Una paloma se posa cerca y agita sus alas con potente omnipresencia.

Las nubes en el cielo cabalgan raudas hacia el horizonte en busca de lo perdido, tesoros hundidos en el cieno de lo que no es divino. Tesoros en la cercanía, mapas con cruces sobre el terreno que doblegan la voluntad del férreo. Puede que la vida no tenga muerte, piensa, y que la vida sea la muerte de otra cosa. Final como principio y principio como final de lo pasado, cadenas cíclicas que se enrevesan en sus sentimientos como serpientes míticas.

Trinomios cuadrados perfectos que componen la música de su despertar, basamento de lo que pisa, pero algo falta; falta el sentido. Perspectiva intrínseca objetiva de las cosas que estallan en mil pedazos de duradero prejuicio. Error focal o carencia de emoción. Existencia de un mundo propio al alcance de la mano; no, se repite con tono pausado, no al alcance de la mano, desde la mano por la mano. Entonces, mundo comprimido en un unidad interactiva de flujos ambientales con disposición interna. Tiempo perdido en fórmulas innovadoras. Galaxias encerradas en el tamaño de un cerebro, mundos sin explorar cuando abrimos los ojos.

Y London lo sabe poco a poco.

Y London consigue subir al tejado porque encontró la escalera.

Vistas preciosas desde las alturas de la autoreflexión, mapas cartográficos que cambian con el susurro de sus palabras, labios carnales de volumen abstrayente y alevosía imprimida en pestañas que agitan el cosmos.

Disfruta de nuevo del té entre sus manos y se pregunta una vez más; ¿qué pasa cuando la gente muere?

Y London tira de una patada la escalera que la ascendió al tejado.

Tal vez, dice a su propio reflejo en el cristal sombrío, tal vez, todos estemos ya muertos.

Y London vive el día como si fuera la noche y la noche como si fuera un sueño, siempre con la esperanza de morir en el seno de la vida para no bajar jamás de aquel tejado, para sellar sus labios en el apasionado beso del orden del universo, para callar cuando ama lo ordenado en el desorden de su cabeza.

2 comentarios hasta el momento.

  1. Skryte dice:

    uhh ya me cuesta entender la filosofia en lirbso de texto con palabras simples mas o menos, cuanto mas con tus palabras, que les das un giro y las pones con una musicalidad, que aunque no termine de entender definitivamente el texto y me queden vacios en distintos sectores, tiene un toque no se, volvere a repetirlo, musical
    Lo reelere e intentare terminar de comprender el sentido de los huecos que me faltan

    Como siempre animos y sigue asi

  2. shimohira dice:

    Jeje.

    Pistas para dar un sentido al texto: Wittgenstein, Bertrand Russel, Kant, Frege, Weber, posiblemente Albert Schutz, Varela y Maturana ;)