Escribí lo siguiente con una melodía en la cabeza, nada concreto, simplemente una melodía que flotaba en mi mente como el humo en la hoguera; siempre ascendente. Al final descubrí que lo más parecido en el mundo terrenal a mi melodía era Vladimir’s Blues de Max Richter, una vieja conocida mía.
Los colores de esta ciudad son como los brillantes en tus pendientes con forma de media luna, delicados trazos de naturaleza fragmentada que tintinean con la brisa de los tubos de escape en la autopista, hormigón armado en la delicada sombra de tu regazo.
Los sonidos que flotan en las calles recuerdan ecos lejanos de tiempos más lejanos todavía, donde la hierba no era metálica y donde las nubes no morían en ocasos sabor gasolina. Sin embargo, es aquí donde la gente llora y ríe dejando atrás las penas de los días ahogados en la amargura del olvido, donde se puede mirar al futuro sin tener que dibujar un horizonte con sentido. Es en esta ciudad donde nuestros mundos conforman un crisol que refracta la luz de nuestras emociones, pensamientos huidizos que terminan enganchados en el alambre de las vallas para quedar suspendidos en la eternidad del cromático de los edificios.
Gente como tú llega a esta ciudad en busca de nuevas historias que vivir, y que después contará con alegría en los labios y esperanza en los ojos, pues vivir es contar en la infinita sucesión del pensar, construcciones megalíticas que se desploman cuando los aires deseados no soplan en el velamen de tu goleta. Gente como yo vive en este ciudad aguardando a los extraños que como tú caminan sin mirar, pues el vuestro es un mundo despreocupado donde nunca se perdió la genuina inocencia del ser, inmaculada perfección que con prístina virginidad brilla entre las farolas de la noche en la gran ciudad.
Hay personas que buscan simplemente una nueva aventura para mantenerse en la cuerda floja, donde con equilibrios imposibles evitan caer al vacío sombrío del subterráneo. Caminos de electricidad que marcan tu destino, trenes solitarios que atraviesan la tierra, desciendes las escaleras de una parada y cuando asciendes de nuevo a la marchita superficie el asfalto ha cambiado. Gente desconocida para una mente que no termina de encontrar su lugar, rostros que se dibujan en el escaparate de un paseo condenado a torcerse en los recovecos de los lupanares cautivos.
Pero también hay personas que sólo buscan el momento oportuno para respirar, alzar la cabeza y gritar: “¡estoy vivo!”. Pequeñas motas en una sociedad que encierra los nombres sin preguntar, números de serie que te identifican en un código ilegible a los ojos de una niña como tú. Redes de relaciones remotamente estrechadas, química social en un frasco de materia elemental. Es mejor evitar a ciertas personas que sólo buscan el daño de las otras, aléjate de su camino y construye tu propio destino.
No niego que a veces vague por las calles en completa soledad, aullando a la brisa las sílabas perfectas de lo que tu nombre se ha dado a llamar. En ocasiones arrastro los pies como el hombre cansado que regresa de la guerra deseando volver ver a su mujer y abrazar a su retoño con ternura, pero él no sabe que los campos de su tierra ardieron con pasional locura. Como el desposeído de su alma y condenado al castigo eterno, en la antesala del calvario imploro por tus besos. La oscuridad de la ciudad me devuelve el guiño con bofetadas de neón.
Donde quiera que estés me gustaría que conocieras el número total de estrellas que prendí en el firmamento con la imagen de tu rostro pirografiada en el vértice de mis ojos. Y si algún día las conexiones sinápticas de las amistades urbanitas nos acercan, yo extenderé mi mano para que, tú, si quieres, la cojas sin reparo, sin importar lo mucho que apriete tu abrazo. Pero siento que perdido me hallo en la esquina de una habitación sin ventanas, arañando con mis uñas deshechas el papel de la pared que tu olor impregna.
En esta ciudad hay gente que busca experiencias que vivir, mientras que otros apenas pueden sentir por el dolor cableado entre antenas y pararrayos. Y me pierdo entre la gente que no conozco para encontrarme muerto entre la que conozco, delgadas líneas de color que tejen en tu espalda las relaciones que mantienes con tu dulce habla. Me siento una isla perdida en un archipiélago condenado a la deriva del continente, y sin querer trazar los puentes que me unan a la tierra firme donde crece el verde siempre. Siento que los vientos traen a mis orillas los restos de las fiestas y diatribas malditas, los perfumes de tu cuello y los discursos de tus cabellos.
Y me despojo del velo que me impide ver con claridad y abandono las sombras difusas del bello soñar. De cabeza me sumerjo en la búsqueda profunda de tu ser oculto en los mares de coral de esta jungla que sin final canta para brotar. Algún día te veré en el metro, y sin conocerte siquiera sabré que eres tú la única y exclusiva dama de mis deseos. Alguna noche seguiré tu estela y hallaré el oasis donde tiene que crecer, junto a la madreselva, las flores perfumadas que con ternura te arropan con sutiles fragancias. Y entonces nuestros ojos se encontrarán para desvelar la verdad de esta obra teatral, obra maestra que usó de escenario la gran ciudad, y cuando suceda, la tierra temblará para abrir las rutas que del Infierno han de alcanzar los límites dorados de tu sonrisa señorial, perladas joyas celestiales que explican la belleza de los sonetos cantados a los destellos lunares.
En medio de la soledad que imprime el hormigón de la ciudad, volando raso sobre el asfalto áspero de las calles que tanto caminé, galopa mi deseo azul con la delicadeza de la espuma de las olas en el mar, acariciando tus tobillos y subiendo por lo prohibido de tu figura tallada en el mármol más puro que se pueda encontrar. Entre la maraña de redes coloridas y personas que buscan, viven, ríen, sueñan, caminan y lloran, gritan, desgarran, exploran, lanzan, recogen, suben, nadan, exhalan y mueren, permanezco impasible de pie ante la marea que me separa de las orillas de tu isla. Yo también nadaré a contracorriente para remontar los ríos más enfurecidos, y sin importar el caudal de su embravecida furia, alcanzaré la cima nevada de tu inmaculada sonrisa.
Allí donde quiera que estés, entre los altos edificios de esta ciudad, tú, musa de mis letras, aunque no te conozca y tu rostro ignore con ciega desesperación, sabré que eres tú cuando te vea desde el balcón, y entonces correré para no perderte entre la gente y poder decirte al oído suavemente; “escribamos juntos el final de este relato”.

Simplemente, una de las Gracias de tu repertorio
PD: el libro lo dejaste olvidado en algun lugar o sigues teniendo en mente terminarlo?
La novela sigue en pie, pero no siempre puedo mantener el mismo ritmo de escritura, así que avanza a trompicones
Hombre o mujer mas bien individuo, es el escrito mas nostálgicamente amoroso que he visto en mi vida, ¿será porque estoy sensible? ¿será porque estoy enamorado? no lo se, pero este metarelato me ha dado justo en el corazón.
Me gustaría hacerte la petición de poder subirlo a mi blog si es que se puede, como sea no leeré nada mas tuyo solo me quedare con este retrato de la ciudad y sus amores, que será MI relato de la ciudad y MIS amores, con cosas así solo se pude decir gracias
Me alegra que te haya gustado, Guillermo.
Puedes subir el relato a tu blog, claro que sí, pero no olvides ponerme cmo autor
Y sería una pena que no leyes nada más, porque si te ha gustado éste, seguramente te gusten otros como “Mil” u “Oscuros caminos hacia lo dorado”… etcétera.
esta bien leere algo mas, puede que tengas razón nunca se sabe, como sea gracias y tambien haber si recibo tu visita a mi blog no es como el tuyo pero espero que te guste
Como que tu blog y éste mío son muy distintos… ¿no? xD
Pero que bonito!!! como echaba de menos estos relatos xDD, por cierto esta cancion la has utilizado para otros relatos a que si? o eso o me estoy volviendo loca ya..