He encontrado una canción muy bonita que me ha inspirado un relato que espero esté a la altura. No hay más que decir, casi sobran las palabras.

Foto por ★☆Pixie Led☆★
Y la nieve desciende suave y sedosa como tus cabellos por lo delicado de los hombros, amabilidad eterna de los atardeceres que se reflejan con esperanza en tus ojos. Unos pájaros vuelan el cielo dejando tras de sí una estela celeste de espinosa melancolía, destinos sin asignar en un mar de dudas agitado por las tempestades de las dunas de tu piel.
Lucero de mis noches en lo alto del firmamento, guía incandescente para una tarde fría de invierno. Charcos que reflejan mi rostro en el suelo mientras en mi interior resuena el desconsuelo. Paseos que nunca acaban pues nunca comenzaron.
Y vuelven los pájaros a volar el cielo.
Recuerdo con detalle colorido la tarde en que te conocí; tú caminabas por la sombra jugando a no pisar las líneas de las baldosas, saltitos inocentes enmarcados en la más dulce de las sonrisas. Tu cabello suelto y bailando con la brisa del verano. Si el Cielo existiera seguramente no sería ni la mitad de tierno que aquello.
Pronto las hojas del calendario pasaron y las casillas con los números marcados se fueron tachando. Te prometo que las mejores horas siempre estuvieron a tu lado.
Tumbada en la hierba con la cabeza en mis rodillas, sonreías con los ojos cerrados esperando algún tipo de regalo, sin darte cuenta en ningún momento que tu simple presencia era para mí lo más grande de todo lo que se ha dado. Y me terminabas besando por yo estar con la cabeza perdida en los hados, preguntándome si todo aquello era realidad o teatro soñado. Y la frescura balsámica de tus labios me devolvían una y otra vez a tus brazos, con temor a romper tus labios por ser demasiado apasionado.
¿Recuerdas las carreras a la orilla del lago? Yo me dejaba ganar y tú te torcías en impostado enfado, me castigabas dulcemente tres minutos para luego regalarme la felicidad de tu rostro infantil. Como alguna fuerza cósmica que mantiene atados a los astros, tu pelo bailando con el viento era el axioma más perfecto jamás creado; obra imposible de un dios menor por falta de experiencia en escalas de Re mayor.
Dos primaveras disfruté de tus caricias en la cara. Las noches a escondidas en el sofá de tus padres fueron grandes aventuras que no dudé en correr si estaba agarrado de tu mano. Me apretabas tan fuerte como las nubes al azul del cielo, como el verde de la selva al pardo de la tierra, que en un abrazo se funden en bella naturaleza. Simplemente como nosotros.
Todos los crepúsculos que cerramos juntos en el tejado de aquella casa en el árbol, ¿cuántas promesas pudimos haber lanzado? Tus dedos recorriendo mi rostro sin yo poder evitar sumirme en el mayor de los gozos; viaje a lo desconocido pero dulce trayecto por las carreteras de tus mares. Bebía de tu boca el agua de la vida y sin ella yo sentía que moría. ¿Cuántas estrellas pudimos contar bajo la manta en el regazo? Te quedabas dormida con la palabra en los labios, como un suspiro entrecerrado en lo profundo de un armario, fantasma etéreo que se escapaba hasta los confines del multiverso. Yo no podía hacer nada más que mirar y soñar. Lo último que veía al cerrar los ojos era tu sonrisa dormida sobre mi pecho tembloroso, soportando férreo el peso de tu respiración.
Pero todo tuvo que acabar demasiado pronto. Vida truncada por los pliegues del destino; juventud arrancada de las manos de un hombre perdido por ser esta vida demasiado cruel conmigo. Tu muerte fue el fin de mis días. Y el comienzo de mis noches eternas.
La soledad por estandarte y las penas por bandera, me hice poeta de los que beben para olvidar su condena. Poemas ahogados en las copas vacías sobre la mesa, mi alma desgarrada en mil pedazos sin oportunidad de volver a verse como era. Cada vez que me miro al espejo sólo veo lo que una vez pude ser, con tu sonrisa recordándome tu perfume extraído de algún Edén. ¡Y sólo veo tu caminar en los charcos de este frío invierno, caricias gélidas que la nieve me regala con mal avieso!
Y te sueño una y otra vez, te revivo con apasionada vehemencia en cada suspiro de mi ser. Ya no visito tu tumba porque mis rodillas han dejado de querer, pues tiemblan cada vez que rememoran el camino entre los cipreses.
A veces pienso que paseo con la mano apretada, aprisionando el aire vacío que me separa de todo lo que amaba, creyendo todavía que sostengo tu mano en cálido sostén. A veces río solo cuando estoy en la orilla del lago, mis ojos cansados todavía recuerdan tus juegos sobre el infinito verde del prado, ahora cubierto de blanco por la inmaculada nieve del rechazo.
¡Y a veces creo soñarte despierto porque mis labios nunca olvidaron los tuyos, sabor de lo divino por cortesía del destino! Mis retinas mantienen sin descanso tu última sonrisa, grabada a fuego hasta el fin de los tiempos, aunque seguramente a mí ya me quede poco de eso.
A veces beso el cielo pensando que así estoy más cerca de tus cabellos, y con el pecho desgarrado por el dolor que imprimió tu partida, viaje largo sin vuelta pues sólo es de ida, grito a los vientos que algún día te volveré a estrechar contra mi pecho, y entonces, entonces nunca más dejaré que nada nos separe de la orilla de aquel lago que espera por nosotros.
Hace tiempo que decidí no decir adiós, pues, “hasta pronto”, suena mejor en mi corazón.
Me ha encantado, ya echaba de menos estos relatos ^^
En este blog hay sitio para todo tipo de relatos
La musica me ha quedado perfecta, ha ido encajando como piezas de un puzzle en cada palabra leida, solo hubiera necesitado 24 segundos más, para que hubiera sido completamente perfecta.
La verdad, que tambien echaba de menos este estilo
me ha encantado, gracias.
Gracias a ti por leer mis relatos