Ya sabéis que la guerra me fascina. No es que sea un tipo bélico ni conflictivo, simplemente entiendo que el conflicto humano es algo per se, natural en nuestra condición social y por ello me atrae, tanto académicamente desde la carrera que hago como desde el punto de vista literario. Por eso os dejo un relato que he escrito hoy inspirado en la Guerra del Pacífico y que tiene cierto toque poético. ¿Adivináis qué batalla es?.

Foto de Wikipedia
La colinas son de suaves pendientes y están alfombradas con mullida hierba verde salpicada por numerosas flores de color blanco inmaculado; margaritas, como dijo un soldado una vez. Cincuenta hombres mal uniformados caminaban con cierta parsimonia, ahora solamente diez respiran y con dificultad. El fuego de la ametralladora reluce en fragmentos espinosos que forman un lucero puntiagudo; luz mortífera que deja a los hombres dormidos sobre la hierba.
De entre los diez desgraciados uno es el sargento Foley, hombre del norte de California y muy escéptico para con la muerte. Cree, o piensa, que la muerte está sobrevalorada, que no da tanto miedo ni puede ser tan mala, después de todo él es un marine de China. Ahora, rodeado por los cadáveres de los hombres con los que rió, bebió, fumó y durmió, siente que la piel le comprime los músculos y estos los órganos, los huesos se le astillan y su corazón deja de latir.
Sopla la brisa y levanta el aroma de la sangre. De los diez que respiraban ahora quedan dos.
El sargento Foley corre instintivamente hacia un lado cualquiera y con el rabillo del ojo ve cómo la ametralladora sigue sus pasos a un ritmo mucho mayor que el suyo, levantando pequeños montoncitos de tierra y hierba desmenuzada que se acercan cada vez más a sus talones. Un tronco caído le parece un regalo del Cielo y se lanza tras su compacto resguardo, en pocos milisegundos le llueven astillas podridas sobre el rostro.
El otro hombre vivo, un fulano de la Bravo 2-1, está parapetado sin salida en un desnivel del terreno, donde las balas pasan silbando a milímetros de su cabeza.
Entre ellos no hay más de veinte metros, pero lo más notable son los 48 hombres mutilados en esa corta distancia, ocupando el espacio, luchando inertes por cada palmo de terreno. La sangre comienza a descender por la colina como un río escarlata, denso y espeso como crema de caramelo.
El sargento Foley experimenta el miedo por vez primera.
Mmm no es de los que más me ha gustado la verdad, tienes otras historias de guerra mil veces mejores. Eso si, hay una frase que me ha gustado mucho: “Ahora, rodeado por los cadáveres de los hombres con los que rió, bebió, fumó y durmió, siente que la piel le comprime los músculos y estos los órganos, los huesos se le astillan y su corazón deja de latir.”
Es un relato en tiempo presente, no sé, eso de por sí para una temática bélica es algo chocante.
A mí me gusta sin duda cómo queda el tiempo presente, aunque admito que no se puede equiparar a otros textos bélicos que tengo. Sin embargo, siento mucha pena por Foley.
jum Sargento Foley… CODMW2
quien lo haya jugado sabra de quien hablo
Te has inspirado en él?
Por cierto shimo, juegalo, y atento a cuando aparezca el Capitan Price puede que te inspire algo sus frases
Pues cuando lo escribí todavía no lo había jugado.
Ahora que me lo estoy pasando puedo afirmar que es una bonita coincidencia, pero mi Sgt. Foley no es negro xD, por aquél entonces sólo podían ser cocineros y cosas así en el ejército.